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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 21 de septiembre de 2017

 Blog de Patricio Pron

Nicanor Parra, la revolución permanente / Una disidencia (y 3)

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En su Manifiesto (1963), Parra había hecho explícita su voluntad de escribir una poesía social: «Contra la poesía de las nubes / Nosotros oponemos / La poesía de la tierra firme / [...] Contra la poesía de salón / La poesía de la plaza pública / La poesía de protesta social». Temporal es esa «poesía de la plaza pública», cuyas voces el autor reproduce para poner de manifiesto que la experiencia poética está entre los efectos que produce de forma natural el habla cotidiana. En algún sentido (y esto lo descubriría con el tiempo, cuando yo mismo me convirtiera en escritor), la obra del chileno es un correctivo contra las visiones excesivamente optimistas que los escritores solemos tener acerca de nosotros mismos y de nuestro trabajo porque supone un desplazamiento de la noción de valor en literatura, que pasa de la autoría individual (y del consenso acerca del talento del autor, poco o mucho) a la capacidad de la obra para reconstruir una comunidad capaz de producir actos poéticos por sí misma.

La antipoesía de Parra es, en ese sentido, una revolución permanente: se opone a todo lo que ésta había considerado históricamente su tarea y su principal valor, puesto que no propone una poesía cuya dimensión social radique en la dirección que esta sigue (del sujeto individual a un hipotético colectivo de lectores, podríamos decir), sino una que vaya del sujeto colectivo al sujeto colectivo pasando por una pequeña pero significativa intervención del poeta, más un gestor que un creador en el sentido habitual del término, parte de un «nosotros» que no necesita el tutelaje del artista para producir sentido: «NUESTROS MAYORES / Eran más instruidos que nosotros / Sabían cómo se debe solicitar una gracia / Golpeándose el pecho desde luego / Con humildad / Con fe / Con esperanza / Poco se gana con escupir para arriba».


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La obra de Parra responde, pues, a la pregunta de cómo escribir poesía en Chile después de Pablo Neruda y de Vicente Huidobro. La literatura argentina, que presenta un problema similar con Borges y con Roberto Arlt, pone de manifiesto que la mejor forma de superar a una figura de esa importancia es no ignorarla ni imitarla, sino redefinir el marco en el que ésta se inscribe de tal manera que ya no ocupe el lugar central sino uno periférico. Es lo que hizo Parra al apartarse de la visión de la poesía como producción individual y creativa para adherir a la idea de que la realización de experiencias poéticas es colectiva, está en los actos del habla cotidiana y debe regresar a ella tras la intervención del antipoeta, en una actividad necesariamente «no creativa». La pregunta que preside toda su obra es cómo crear una lengua poética que sea privada a la vez que pública; su respuesta es que el poeta no debe crear sino recolectar, reunir, mezclar; y es una respuesta inusualmente temprana: se encuentra en el origen de Quebrantahuesos, el periódico mural que Parra, Enrique Lihn y Alejandro Jodorowsky pegaban en las paredes de Santiago en 1952 y en el que el método antipoético de Parra ya estaba completamente desarrollado. ¿Qué nos dice Quebrantahuesos acerca de Parra? Mejor aún, ¿qué nos dice del Nicanor Parra que todavía no ha publicado sus Poemas y antipoemas? Que prefiere la producción colectiva a la individual, que concibe la creación como una operación de repetición con distancia crítica, que no establece distinciones entre elementos de la «cultura alta» (el collage surrealista) y la «cultura baja» (la prensa periódica), que constituyen la forma en que, consuetudinariamente, aceptamos la existencia de la sociedad de clases y asignamos a cada una de ellas unos hábitos y unas preferencias hipotéticos.

La política de la obra de Parra es, en ese sentido, libertaria; está dirigida al cuestionamiento de las limitaciones impuestas al sujeto por la sociedad, de allí que también opere en el ámbito exterior de la literatura como una invitación a vivir al margen de la forma en que se nos dice que debemos hacerlo. Parra propone la producción incesante de experiencias poéticas que refuercen al sujeto colectivo permitiéndole, en palabras de Leónidas Morales, «elaborar y comunicar una visión de las implicaciones morales y culturales de la experiencia» . En ese sentido, es particularmente interesante observar los pasajes de su obra en los que presenta al sujeto individual: en casi todos los casos se trata de un personaje acobardado, carente de heroicidad, sin una visión certera acerca de sí mismo y de la forma en que vive, un energúmeno. «Este personaje», sostiene Álvaro Salvador, «se salva de los abismos de la locura gracias a los recursos que le proporciona su mismo lenguaje, ese lenguaje elaborado según el modelo del lenguaje hablado de todos los días y en todos los lugares, reforzado por el especial sentido del humor que sus articulaciones gramaticales ponen en funcionamiento para evidenciar lo oculto, sembrar dudas sobre lo evidente o socavar los valores aparentemente más sólidos o inamovibles».

 
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La revolución permanente de Nicanor Parra es una revuelta contra la idea del «genio creador»; contra la de la unidad de la obra artística; contra la de la finitud del proceso creativo (tachaduras, correcciones y enmiendas son parte de su producción última, lo que le otorga un carácter de «work in progress»); contra la de «cultura alta» y «baja»; contra las convenciones tipográficas; contra el consenso que en literatura significa la adhesión a un sistema estable de valores; contra la idea misma de un sistema estable; contra la idea de que el soporte literario es el papel y, su unidad, el libro (Parra puede recurrir a bandejas de confitería, trozos de madera, postales, periódicos, objetos cotidianos a los que otorga sentido mediante la yuxtaposición de textos); contra la pseudonimia, que constituye una variante de la separación de literatura y vida, en el sentido de que reemplaza al nombre cívico, real, por uno «literario» (en ese sentido, Parra es uno de los primeros poetas chilenos que prescindió del pseudónimo al que sí recurrieron Lucila Godoy Alcayaga, Carlos Díaz Loyola, Luisa Anabalón Sanderson, Moisés Gutiérrez, Gilberto Concha Riffo, Neftalí Ricardo Reyes Basualto y otros); contra la idea de que la poesía tiene que adoptar bandos (famosamente, «la izquierda y la derecha unidas / jamás serán vencidas» ); contra la idea de la poesía como una propedéutica (¿qué podría enseñar el sujeto individual a un colectivo del que no se considera desmigajado?) o como testimonio (porque ¿cómo podría testimoniar algo que no fuese conocido por ese colectivo, si él es parte de él y lo constituye?); contra los hábitos que presiden la lectura de poesía y la particular relación entre un poeta y su obra (la ironía y el humor son sus recursos para tener en permanente tensión al lector, que no sabe si se le habla «en serio» o «en broma»); contra la idea de que la poesía debe ser hermética o aludir a una realidad «interior» de difícil acceso (el tipo de poesía que estuvo a punto de derrotarme en Argentina, cuando era joven); contra la idea expresada por Theodor Adorno de que ya no se podría escribir poesía después de Auschwitz.

La antipoesía de Parra no se propone servir de consuelo respecto a las grandes tragedias del siglo XX: opera con ellas y constituye una instancia superadora, que pretende devolver la poesía al habla cotidiana y el sujeto al colectivo; es decir, recomponer todo aquello que los totalitarismos y los crímenes del siglo XX disolvieron y anularon. No es poesía, es una experiencia poética en sí misma. No está concebida para aliviar las cargas de la vida: es la vida, manifestándose. Si Raúl Zurita comenzó siendo para algunos de nosotros una nota a pie de página de la obra de Roberto Bolaño, otro poeta más del país de los poetas latinoamericanos por antonomasia (si acaso, el último de su diccionario biográfico), y Nicanor Parra una especie de oráculo irónico ubicado al otro lado de las montañas (yo escapé de casa y quise visitar Chile en 1992, a los dieciséis años: fui devuelto en la frontera por los carabineros, depositado en un autobús de regreso a la ciudad de Mendoza, con un palmo de narices; acabo de recordarlo), con el tiempo terminamos comprendiendo que era más bien el país de los poetas el que servía de nota a pie de página de la obra de Parra, que lo supera en importancia y trascendencia. Entre los poetas chilenos contemporáneos se me ocurre que sólo de Raúl Zurita se puede decir lo mismo: que no es parte de la literatura de un país (cosa que, por lo demás, es de todas formas) sino que es (para sus lectores) ese país, con sus costas y sus precipicios. A ese país (vale la pena insistir) algunos le debemos todo; también le debemos pensar en la poesía, no como en un cementerio marino, sino como en un sitio donde la vida y sólo la vida son más importantes que el dolor y las tragedias de nuestro pasado. Eso, por supuesto, también es algo que aprendimos de Nicanor Parra, cuyos acentos están presentes, de forma sutil pero indisimulable, en la poesía y en cierta prosa argentinas; es decir, en la literatura de un país donde su figura (por fin) ya no es un secreto a voces.
 
 
Publicado originalmente en Estudios Públicos 136 (Primavera 2014), 179-194. 

[Publicado el 08/9/2017 a las 13:15]

[Etiquetas: Nicanor Parra]

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Foto autor

Biografía

Patricio Pron (1975) es doctor en filología románica por la Universidad Georg-August de Göttingen, Alemania. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el Premio Juan Rulfo de Relato, y traducido a diez idiomas. Entre sus obras más recientes se encuentran el libros de relatos La vida interior de las plantas de interior (2013), así como el ensayo El libro tachado: Prácticas de la negación y el silencio en la crisis de la literatura (2014) y las novelas El comienzo de la primavera (2008), El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), Nosotros caminamos en sueños (2014) y No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (2016). En 2010 la revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español. 

 

Fotografía: Javier de Agustín

Bibliografía

 
 
 
 

 
 

 

Ficción

No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles. Barcelona: Literatura Random House, 2016. 

Nosotros caminamos en sueños. Barcelona: Literatura Random House, 2014. 

La vida interior de las plantas de interior. Barcelona: Mondadori, 2013.

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

No ficción:

El libro tachado. Madrid: Turner. 2014. 

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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