El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 30 de mayo de 2012

 Blog de Patricio Pron

Las voces de la Historia

Unos meses atrás, la publicación del libro de Peter Englund La belleza y el dolor de la batalla (Trad. Catarina Pascual. Barcelona: Roca, 2011) pareció restituir el interés de los lectores por una aproximación testimonial a los hechos trágicos del siglo XX, en este caso la Primera Guerra Mundial, que el historiador sueco "contaba" a través de algo más de doscientos fragmentos escogidos de las memorias de una veintena de testigos.
 
La belleza y el dolor de la batalla no era una obra particularmente original (sus antecedentes podían encontrarse en los libros de Dominique Lapierre y Larry Collins entre otros) pero tampoco carecía de méritos, el principal de los cuales fue el de venir a recordar la necesaria complementariedad del análisis y el testimonio de los protagonistas para la comprensión de los hechos históricos. Publicado originalmente en 1993, La tumba de Lenin de David Remnick (y subtitulado "Los últimos días del imperio soviético") reúne ambos aspectos; por una parte, Remnick ofrece interpretaciones personales y brillantes sobre los hechos que le tocó presenciar entre 1988 y 1992 como corresponsal del Washington Post en Moscú; por otra, reúne cientos de testimonios de uno de los períodos históricos más turbulentos del pasado reciente.
 
Por las páginas de La tumba de Lenin desfilan un coronel que excava unas fosas comunes a unos treinta kilómetros de la ciudad de Kalinin con la finalidad de revelar la matanza de quince mil militares polacos a manos del NKVD, el servicio secreto de Iosif Stalin, ocurrida unos cincuenta años atrás, un niño obligado a delatar a sus padres, una escritora crítica con el régimen que escribió una novela sobre las purgas estalinistas mientras esperaba en vano que su esposo regresara de un campo de internamiento, un joven que inició la tarea hercúlea de poner nombre y rostro a los represaliados, una mujer de escasas luces y cierta breve celebridad televisiva que, en la línea del partido conservador Pamyat, "culpaba a los judíos por la falta de alimentos, el sexo en la televisión y el accidente nuclear de Chernóbil" (158), un historiador rechazado por los burócratas y despreciado por los disidentes, los miembros de la importante organización Monumento, el líder del primer grupo político no comunista de la región de los gulags, un abogado pensionado de provincias que entabla pleitos contra los intelectuales y los periódicos que "difaman a Stalin" (214), una mujer que colecciona suvenires estalinistas y vive en un pequeño piso moscovita con dos loros, un adivino que busca fosas comunes con una varita de zahorí, el actor que durante veinte años sería el rostro del régimen en su papel de presentador de las noticias vespertinas, una antigua novia de Mijail Gorbachov, los compañeros de estudios del futuro líder, los dos nietos de Stalin (uno, director teatral y el otro, dramaturgo) que obligan a Remnick a beber a la salud de su abuelo, el ambiguo y vacilante redactor jefe de Moscow News, un sátrapa azerbaiyano que se aferró al poder a base de adulación y megalomanía, una mujer que debe sobornar alternativamente al fabricante de ataúdes, a los sepultureros y al conductor de un autobús para poder enterrar finalmente a su madre, mineros del carbón en huelga por la escasez de jabón, un apparatchik de mal beber de la isla de Sajalín, el hipnotizador televisivo Anatoly Kashpirovsky, un nuevo rico indiferente a las desigualdades de la naciente sociedad capitalista rusa, un puñado de mafiosos que aprendían nuevas técnicas de extorsión viendo filmes como Érase una vez en América, el instructor estadounidense de un equipo ruso de beisbol, un disidente que aprendió a copiar música prohibida utilizando placas radiográficas usadas, la ganadora del concurso "Señorita KGB", el primer agente de la CIA que desertó a la URSS, un sacerdote reformista asesinado a hachazos en una localidad rural, el "Ice-T" de la televisión soviética, un general que expresa su disidencia al escribir una biografía crítica de Stalin, los periodistas del desenfadado Noticias de Moscú, el "Geraldo Rivera" de la reacción comunista, un héroe de la Segunda Guerra Mundial represaliado por negarse a disparar contra huelguistas y los heroicos impresores del periódico Izvestia, que en 1991 se negaron a imprimir el periódico si no se incluía una proclama de Boris Yeltsin contra el golpe de Estado.
 
Aunque Remnick no desdeña a las grandes figuras políticas del período como los historiadores y diputados Yuri Afanasyev y Roy Medvedev, los golpistas Anatoly Lukyanov, Boris Pugo, Oleg Baklanov, Valentin Pavlov, Dmitri Yazov, Vladimir Kryuchkov y Gennadi Yanayev, Alexander Yakovlev, el principal asesor de Gorbachov en los años de la perestroika, Eduard Shevardnadze, el escritor Alexander Solzhenitsyn o el físico y activista por los derechos humanos Andrei Sajarov, son precisamente los personajes anónimos los que le resultan más útiles para captar el carácter de una época confusa. A pesar de ello, la que sobresale entre todas las de esa época es la figura de Gorbachov, un personaje trágico y contradictorio que inició cambios cuyas consecuencias lo superaron y acabaron conduciendo a su caída.
 
Según Remnick, "incluso los críticos más sinceros de Gorbachov no comprendieron qué representaba ni quién era. Gorbachov no era Andrei Sajarov. No era un profeta moral o un gigante intelectual. Ni siquiera era un hombre de bondad excepcional. Gorbachov era, por encima de todo, un político. Combinaba un tosco sentido de la decencia con una increíble habilidad para manipular un sistema que desde fuera parecía inquebrantable" (751).
 
"Puede que sin Sajarov no hubiese existido un Gorbachov [...], pero hubo otras personalidades, más difíciles de querer, más ambiguas, que gozaron del poder político que permite concretar las ideas" (268). Remnick recuerda entre ellas a Gorbachov y a sus asesores, "aquellos que maduraron durante el 'deshielo''de Jruschov y que perdieron las ilusiones cuando los tanques rusos aplastaron la Primavera de Praga en 1968" (269), un puñado de "políticos, académicos y periodistas cuyas vidas estaban llenas de dudas, pequeñas victorias y tristes compromisos. Habían hecho cosas de las que se avergonzaban o deberían avergonzarse. Su ambición los llevaba a contarse mentiras y verdades a medias" y "sirvieron a amos brutales sin experimentar grandes remordimientos" (268).
 
"No hay evidencia alguna que nos permita suponer que Gorbachov quisiera minar, y mucho menos destruir, los cimientos básicos de la ideología o del Estado de la Unión Soviética" (95). Gorbachov "abrió sin embargo la puerta. Y el león de la historia entró rugiendo" (97). En ese sentido, Remnick sostiene que "el retorno de la historia a la vida política e intelectual del pueblo de la Unión Soviética fue la base de los grandes cambios posteriores" (86) y ejemplifica ese retorno con la aceptación popular del filme de Tengiz Abuladze Arrepentimiento (1987), acerca de la "necesidad moral" de afrontar el pasado (87) que Mijail Gorbachov realizó en la celebración del septuagésimo aniversario de la Revolución de Octubre y en el que abogó por el reconocimiento de los crímenes de Stalin. Al discurso de Gorbachov siguió la publicación de obras prohibidas hasta entonces como el Réquiem de Anna Ajmatova, Chevengur de Andrei Platonov y los libros de Boris Pasternak y George Orwell, toda una literatura que contrastaba con lo que Remnick denomina "la prosa del Partido Comunista": "grumos de lenguaje sin otro propósito que el sinsentido, el privar de significado, el desvirtuar el significado" (112-113).
 
Aunque no olvida mencionar la crisis económica, la corrupción endémica y la impericia política como los principales factores que condujeron a la caída del régimen comunista, Remnick insiste en que el Partido Comunista perdió sus perspectivas de futuro al perder la hegemonía sobre el relato del pasado, y, en ese sentido, el autor no oculta su simpatía por los líderes de Monumento, una organización cuya finalidad inicial era crear un memorial para las víctimas del estalinismo pero que acabó convirtiéndose en el grupo político disidente más importante del período, y los periodistas.
 
La tumba de Lenin es también la historia de cómo la prensa soviética fue despojándose poco a poco de las restricciones que se le habían impuesto durante décadas y ampliando los límites de lo que podía ser dicho públicamente en una especie de viaje sin mapas. A pesar de que para escribir La tumba de Lenin Remnick recorrió ciudades abandonadas, pueblos mineros, factorías e islas remotas como Sajalín, e incluso visitó Kolimá y Perm-35, el último campo de prisioneros políticos de la Unión Soviética, son las voces de aquellos con los que se encontró en esos y en otros sitios los que convierten esta obra (por la que obtuvo el Premio Pulitzer en 1994) en imprescindible. Son las voces de una historia a las que ni siquiera uno de los regímenes más sangrientos de la historia de la humanidad pudo acallar de forma definitiva.
 
 
David Remnick
La tumba de Lenin. Los últimos días del imperio soviético
Trad. Cristóbal Santa Cruz
Barcelona: Debate, 2011

[Publicado el 02/1/2012 a las 12:00]

[Etiquetas: David Remnick, Crónica, Debate]

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Biografía

Patricio Pron (Argentina, 1975) es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999), El vuelo magnífico de la noche (2001), El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (2010) y Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010 (2011) y de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007), El comienzo de la primavera (2008), ganadora del Premio Jaén de Novela y distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año, y El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), que será traducida al noruego, francés, italiano, inglés, neerlandés y alemán. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia, Perú y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones comoThe Paris Review y Zoetrope (Estados Unidos), die horen (Alemania), Etiqueta Negra (Perú), Esquire (México), Il Manifesto (Italia) y Eñe (España). Recientemente la revista inglesa Granta lo ha escogido como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español del momento. Pron es doctor en filología románica por la Universidad «Georg-August» de Göttingen (Alemania); en la actualidad vive en Madrid.

Bibliografía

 
 
 
 

 

Ficción

 

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

 

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

 

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

 

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

 

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

 

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

 

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

 

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

 

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

 

 

Edición

 

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

 

 

Crítica

 

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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