
Octavio Paz, Jorge Luis Borges y una taza de té conversan sobre el porvenir de la literatura iberoamericana. Crédito: desconocido.
La periodista argentina Leila Guerriero obtuvo el pasado seis de julio el
premio de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano que dirige Gabriel García Márquez por su artículo
"El rastro de los huesos", publicado por la revista Gatopardo en abril de 2008. Guerriero nació en Junín en 1967 y ha publicado dos libros de crónicas, los excelentes
Los suicidas del fin del mundo (2005) y
Frutos extraños (2009), y es colaboradora habitual de las revistas colombianas
El Malpensante y
Soho, de la peruana
Etiqueta Negra, de las mexicanas
Letras Libres,
Gatopardo y
Travesías y de las chilenas
Paula y
Sábado, además de colaborar regularmente con
El País Semanal y
Babelia. En este último medio publicó el sábado pasado un reportaje dedicado a "los avances, retrocesos, dudas, deudas y paradojas del castellano" a raíz de la vigésimo cuarta edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México); como mi testimonio apareció incompleto allí, y a raíz de que éste recoge varios asuntos tratados previamente en este blog, lo incluyo a continuación, con un agradecimiento a Leila Guerriero.
-Haciendo un pequeño repaso por los acontecimientos de los últimos meses, uno podría ver que Argentina ha sido el país invitado a Frankfurt, que Granta dio a conocer su tan sonada -y criticada- lista sobre las nuevas voces en español, y que, como frutilla del postre, Vargas Llosa recibió el premio Nobel. ¿Creerías que eso refleja una suerte de interés especial por la producción de la literatura en español, o se trata, más bien, de hechos fortuitos, separados, sin relación entre sí?
Bueno, la noticia de que Argentina sería país invitado de la Feria de Frankfurt en 2010 se produjo hace dos años y no es una noticia literaria, y el Nobel a Mario Vargas Llosa premia una trayectoria que no se remonta precisamente a los últimos meses; sin embargo, la decisión por parte de la revista angloamericana Granta de dedicar por primera vez en su historia un número a los "mejores narradores en español" y el número de traducciones recientes de autores hispanohablantes al inglés sí señalan un aumento del interés de ciertos lectores, particularmente estadounidenses, por la cultura hispanohablante y, de forma marginal, por su literatura. Las razones para ello me parece que deben buscarse (al menos en lo que hace al interés emergente en los Estados Unidos) a los cambios demográficos de las últimas décadas en ese país y a la creciente aceptación del español y de la comunidad hispanohablante como parte importante de esa sociedad y de su economía.
-Desde tu punto de vista, ¿hay en la literatura en español de los últimos años -la que se hace en América, y la que se hace en España- algo que pueda hacer pensar en un nuevo posible boom, o es una literatura adormecida?
No tengo la impresión de que haya nada en la producción literaria reciente en español que haga posible pensar en un nuevo boom; lo que sí hay es un gran deseo entre gestores de cultura, agitadores culturales, agentes literarios, editores, prensa cultural y escritores de que ese boom se produzca de algún modo, y a menudo basta que la suficiente cantidad de personas crean en algo para que eso que creen que existe lo haga realmente; en ese sentido, supongo que sí puede hablarse de un boom.
-¿Qué dirías que caracteriza hoy en día a la producción literaria en español, y la diferencia de otras literaturas, como la norteamericana, la inglesa, la francesa? ¿Es válido hacer esa diferenciación o es un dislate?
Yo diría que lo que caracteriza la producción literaria en español en este momento es la diversidad de intereses y de procedencia de clase de sus animadores, que la diferencia radicalmente de promociones previas de autores en español que estaban vinculados por afinidades políticas y estéticas. El hecho de que la producción sea lo suficientemente grande posibilita que los actores intervinientes en el negocio literario puedan encontrar en ella aquello que mejor se ajuste a sus necesidades o a sus expectativas en torno a lo que el mercado desea; a diferencia de un período histórico en el que el escritor en español era realista o realista mágico, era solidario con los proyectos de liberación nacional en el Tercer Mundo y gustaba de tener opiniones políticas contundentes (lo que reducía considerablemente sus posibilidades en los mercados internacionales, en el sentido de que a las editoriales les bastaba con tener uno para generar la percepción de que la literatura en español estaba bien representada en su catálogo), el escritor hispanohablante actual carece de afinidades estéticas o políticas con sus pares, de allí que sea más fácil para los editores extranjeros encontrar al que mejor le satisfaga: el humorístico, el que apela a los sentimientos de culpa de sus lectores de las clases más favorecidas, el de novela policíaca, el realista, aquel que fomenta el turismo, el de erotismo tropical, el de la epopeya de las mujeres, etcétera.
-¿Hay algo en común entre la literatura que se escribe en el continente americano y la que se está haciendo en España?
Es posible; en los últimos años las fronteras se han vuelto más permeables gracias a la Red, con sus recursos de publicación y promoción de las obras literarias, a la existencia de un mayor interés por la literatura latinoamericana por parte de los lectores españoles, a ciertas publicaciones y al hecho de que un número relativamente considerable de escritores latinoamericanos vive en España y escribe de alguna manera en ese ambiente cultural incluso aunque sus temas sigan siendo latinoamericanos.
-¿Ha cambiado en los últimos años la visión que tienen países de otras lenguas y con literaturas muy fuertes -Francia, Inglaterra, Estados Unidos- de la literatura en español? ¿Hay más interés, más traducciones?
En los Estados Unidos, el número cada vez mayor de estudiantes de orígenes latinoamericanos que exigen que los departamentos de literatura se ocupen de las literaturas de sus países de origen como forma de profundizar en sus raíces ha llevado a que haya un interés mayor por esa literatura. En Francia y Reino Unido se ha producido una saturación de autores provenientes de las antiguas colonias, lo que ha ido en beneficio de los autores en español, creo.
-Si tuvieras que trazar un mapa, muy brevemente, de los cambios o evoluciones o involuciones más importantes de la literatura en español, desde los ´80 hasta ahora, ¿qué observaciones podrías hacer?
Mi impresión es que se ha producido un aumento de la velocidad con la que las modas literarias pasan en el español, y trazaría una especie de corte transversal que afecta por lo menos a la literatura latinoamericana y que comenzaría con los textos políticos y testimoniales acerca de las dictaduras de la región, seguiría con los textos solipsistas de finales de la década de 1980, los primeros textos herederos de la literatura posmoderna en inglés y la metaliteratura de la década de 1990, la literatura del libre mercado reunida en la antología McOndo, la de la reivindicación apolítica de las mujeres, la consagración de Ricardo Piglia como el escritor latinoamericano más importante, la consagración de Roberto Bolaño como el escritor latinoamericano más importante, la reivindicación del derecho del escritor latinoamericano de escribir sobre temas europeos realizada por el grupo mexicano del Crack, la literatura performativa de autores como Mario Bellatin y César Aira y, en la actualidad, la aparición en el centro del negocio literario del escritor latinoamericano realista que practica una literatura seudopolítica de corte policíaco, la fascinación por las nuevas tecnologías, la autoficción y una nueva literatura política no vinculada a ningún proyecto político específico y no necesariamente de izquierdas.
-Se dice y se repite mucho, en el último tiempo, que lo que se está produciendo en no ficción es mucho más interesante que lo que se está produciendo en ficción. ¿Coincidís con eso o te parece un argumento un tanto forzado?
No tengo una opinión formada al respecto; más allá de mi gran interés como lector por la crónica latinoamericana (si es que existe algo así), no suelo leer literatura prestando mucha atención a su estatuto de verdad; si tuviera que decir algo al respecto, sin embargo, diría que lo que más me interesa de la literatura contemporánea es la fusión de ambos tipos de relatos y la literatura que obliga al lector a decidir si lo que está leyendo es ficción o no lo es; es decir, una literatura que requiere una participación activa del lector.
[Publicado el 29/11/2010 a las 10:32]
[Etiquetas: Guerriero, Leila; Entrevista]