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Editado por La Oficina del Autor

domingo, 6 de julio de 2008

Blog de Jean-François Fogel

LA CULPA ES DE PAPA

Es el ensayo más inesperado del verano. Un artículo del novelista Paul Greenberg, A Fish Tale (un cuento de pez), publicado por el suplemento de libros del New York Times. No sé si el artículo es todavía de libre acceso en el sitio, pero su tema es una pregunta que parece inverosímil: ¿En qué medida Ernest Hemingway tiene la culpa de la desaparición de los peces grandes? Los peces grandes de la pregunta son los peces marlines (azul, negro, etc.), el pez vela, el pez espada, es decir los “peces perciformes, grandes y comestibles que se pescan como deporte”. Todos estos peces han sido resumidos en uno solo: el pez gigantesco de El viejo y el mar.

Según un artículo de la revista científica Nature del año 2003, el 90% de estos peces desaparecieron durante el último medio siglo. Y como siempre frente a una catástrofe se busca un culpable. Greenberg no dice que Papa Hemingway sea el único responsable, pero sí lo define como un hombre cuya actividad contribuyó de manera notable a vaciar el mar de sus peces grandes.

Sobre lo que hizo Hemingway tenemos muchos datos. Descartando sus mentiras, que fueron muchas, quedan el diario de su barco, El Pilar, y las fotografías, las famosas fotografías del gran escritor al lado de un pescado colgado por la cola desde una grúa. Greenberg se dedicó a recopilar las fotografías en los archivos. Sabiendo que solo se sacaba fotografías con los pescados muy grandes, y conociendo la voluntad de no posponer la hora del coctel, Greenberg estima que Papa se sacó fotografías con el 10% de los pescados. Llega así a un número de 40 animales, que corresponde al balance del propio escritor en su declaración más razonable: 91 peces marlines sacados del agua en los años 1932, 1933 y principios de 1934 (el dato figura en un artículo de Esquire de agosto de 1934).

Ahora, un poco de matemáticas: el ratio normal de Hemingway, según las fotografías, es de cuatro peces marlines por un atún de aleta azul; su actividad de pescador abarca veinticinco años; entonces podemos calcular un balance final de 800 peces marlines y 200 atúnes de aleta azul. Si quitamos la mitad (Papa devolvía los peces al agua en muchos casos), e incluimos este dato: la tercera parte de los peces devueltos no sobreviven a las heridas del combate, quedan 530 peces marlines y 130 atúnes de aleta azul. Eliminamos los marlines blancos y con rayas (por ser pequeños), quedan 250 marlines y los 130 atúnes.

¿Cual habría sido la descendencia de estos peces, pregunta Greenberg, al final de cuatro generaciones? (generaciones de peces, claro, no de escritores). Llega el resultado escalofriante: el impacto de la pesca de Hemingway queda hoy en la ausencia de 78.000 marlines azules y 18.000 atúnes de aleta azul. No es poco si se conoce la estimación de la población mundial: entre 100.000 y 400.000 para estos marlines, y entre 20.000 y 30.000 para estos atúnes de ala azul.

Claro, Greenberg no acusa a Papa de manera directa (no se puede presumir lo que habría sido la vida de los peces faltantes) pero denuncia las malditas fotografías del escritor al lado de sus pescados tanto como la publicidad dada a la hazaña del viejo en la novela. “Los pescadores buscan una fotografía a la Hemingway” dice Greenberg al hacer un pronóstico: los textos de Papa serán utilizados en el futuro como documentos históricos, para contar cómo era el mar cuando había peces grandes.

Por mi parte, no echaré la culpa de nada al gran escritor. El artículo de Greenberg me obligó a releer las tres crónicas de Hemingway sobre la pesca publicadas en Esquire. Descubrí una teoría tonta en la crónica de agosto de 1934: todos los marlines, dice Papa, blancos, negros, con rayas, hembras y machos son en realidad varias etapas en la vida de un solo pez, el marlín. Sabía de literatura y también de pesca, pero de zoología, nada.

Ahora voy por Greenberg: no debería enfocarse tanto en los peces. Existe también la literatura. En abril de 1936, poco antes de salir para la guerra de España, Papa publica otra crónica, una maravilla, sobre estos pescados: “son unas cosas extrañas y salvajes, dice, con una velocidad increíble y también con potencia y belleza”. Y da, de manera muy convincente, su razón para pescar: ver y sentir la potencia de estos peces grandes, lo que “sin pescarlos sería imposible”.

[Publicado el 20/8/2007 a las 10:58]

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Comentarios (6)

  • Viví muchos años frente a una bahia, y de adolecente veía llegar a los pescadores de la elite que al bajar de sus yates se ufanaban del tamaño del animal cazado. Nunca se estimaba el sabor de su carne o sus características como especie, ni nada parecido. Esa moda que nunca pasa, que debería dar vergüenza. Pero no a los ricos.

    Comentado por: caborca el 21/8/2007 a las 16:34

  • Dos apuntes
    1. Entre los libros de Hemingway, no se puede olvidar "A farewell to arms" (adiós a las armas) a pesar de los diálogos.
    2. Un cuento de pez no es castellano, si. ¿ Cual es la buena solución ? Un cuento sobre los peces. No se puede competir con el inglés tan directo que tiene una sola palabra para Fish cuando el castellano tiene pez y pescado.

    Comentado por: Jean-François Fogel el 21/8/2007 a las 14:01

  • Un cuento de peces.

    Comentado por: - el 21/8/2007 a las 01:59

  • "Un cuento de pez" no es castellano.

    Comentado por: Boticario el 21/8/2007 a las 01:59

  • Y da, de manera muy convincente, su razón para pescar: ver y sentir la potencia de estos peces grandes, lo que “sin pescarlos sería imposible”.
    pues acabo de ver en la portada eléctrica de El País una fotografía de hombres del aquarium de Barcelona pescando, bueno atrapando al tiburón que se paseaba por la costa, bellísimo... le tiene rodeado por los brazos, digo con los brazos y me lo imagino esa fotografía es bella, bella. oh! qué hermoso es coger un tiburón así ni siquiera les muerde... si está sano le devuelven al mar... así si que sentirán toda la potencia del tiburón... qué bonito con una red que se ve que ni cabe... muy bonita esa fotografía
    Enea

    Comentado por: Enea el 20/8/2007 a las 21:28

  • Hola Jean Francois.
    Ojala que al Greendberg no le de por leer The Sun Also Rises, ni ver las fotografias de Hemingway en Pamplona, pues de lo contrario culparia a Papà de las muertes taurinas que se dan en Navarra en el mes de Julio y en el resto de España durante el resto del año.
    Vean a Papà como lo que fue: Un magnifico escritor con dos novelas insignia: la ya mencionada, y Paris era una Fiesta. De todo lo demas se puede prescindir.
    XX OO

    Comentado por: Namor Adenip el 20/8/2007 a las 16:54

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Biografía

Jean-François Fogel es francés y tiene 58 años. Periodista y ensayista, trabajó para la Agencia France-Presse, el diario Libération, el semanal Le Point y el mensual Le Magazine Littéraire. Ha vivido una parte de su vida en España donde empezó una segunda carrera como asesor para empresas de prensa. Fue asesor del director del diario Le Monde, desde 1994 a 2002, y sigue trabajando en la concepción y la remodelación continua del sitio Internet creado por el vespertino. Es maestro de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano donde desempeña una línea pedagógica dedicada a la calidad periodística. Publicó varios libros sobre literatura francesa y sobre América Latina. Su libro más reciente es un ensayo sobre el periodismo digital, Una prensa sin Gutenberg (Punto de Lectura, 2007).

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Artículo en El Mercurio (Chile) sobre conferencia "El exitoso futuro del libro en formato digital".

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