El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
domingo, 6 de julio de 2008
AUDEN
Soy un tonto. Esperaba algo fuerte ayer: ruidos, comentarios, artículos en los periódicos. Ayer, fue el centenario de Wystan Hugh Auden, o W.H. Auden, tal como lo dicen las portadas de su libro. Pensaba en un evento un poco amplio, un recuerdo compartido, unas lecturas. Nada, o casi nada. En nuestro mundo, los poetas no tienen una segunda oportunidad. Creía que Auden era un caso aparte. Me equivoqué.
Aunque con Auden ocurrió algo inesperado hace unos años. Un poema suyo figuraba en una película y espectadores que ni saben de la existencia de libros de poesía quedaron deslumbrados. La película era Cuatro bodas y un funeral de Mike Newell, y el poema Funeral Blues es tan fácil de entender, tan luminoso y violento en sus palabras, tan ambicioso (se trata de apagar las luces del cielo) que su impacto fue inevitable: un triunfo para Auden. Claro que me equivoqué. No era triunfo sino moda.
Hoy, en el centenario: nada. O casi nada. Un excelente cable de la agencia EFE, firmado por Joaquín Rábago, cuenta la vida del “más importante poeta en lengua inglesa del siglo XX” (supera a T.S. Eliot, insuperable, él, como crítico). Según el diario The Guardian Auden es demasiado popular para ser el héroe de los investigadores en las universidades. Pero tampoco seduce a las masas para ser un bien de consumo cultural común. El Daily Telegraph dice que es la “voz más clara del siglo XX”. Hay que recordar que se trata de un diario inglés, publicado en el siglo XXI: este homenaje se parece a una discreta forma de clavar una navaja por la espalda.
En la ciudad de York (donde nació Auden), hay un plan para obligar los taxistas a aprender sus poemas para satisfacer a los turistas . No es “humor inglés” es “mala broma” para mandar al olvido lo que queda, para mí, del poeta del siglo XX. RIP, Auden, nadie te merece.
[Publicado el 22/2/2007 a las 17:01]
Hay un enigma que se abre cuando dos poetas escriben el mismo poema en lenguas diferentes, cuando un poeta mayor es traducido por un poeta mayor. En conmemoración del centenario de W.H. Auden (1907-1973), el escritor rebelde del siglo XX, presentamos las versiones (originales, distintas) que José Emilio Pacheco hace de dos poemas escritos en 1939 y 1970 por el autor de Gracias, niebla y Carta de Año Nuevo. Además, un ensayo sobre Auden y la idea del artista como artesano:
http://www.eluniversal.com.mx/graficos/confabulario/24-febrero-07.htm
Comentado por: Jaime Garza el 09/3/2007 a las 00:53
Comentado por: armstrongfl el 25/2/2007 a las 14:31
Comentado por: Rodrigo Peñalba el 22/2/2007 a las 23:30
No hay oídos para Auden? Cero comentario.Las estrellas están muertas/los animales no miran/estamos abandonados, solos con nuestro día/y el tiempo es breve..dice Auden, un poeta vacilante estrictamente el término, en su contradicción más inmediata...Poesía confusa, derrotista, epro poesía, y en evrdad el poeta está en su derecho...como el lector a escoger, prefiero a TS Eliot...words strain, Crack and sometimes break, under the burden....
Comentado por: rolando gabrielli el 22/2/2007 a las 21:41
Estimado Jean..un poco fuera de orden mi escrito..pero una noticia para usted..Carnaval de Bolaño en Chile..un tema que espero sea de interés para usted y sus lectores...GRACIAS...
El Carnaval de Bolaño en Chile
ROLANDO GABRIELLI
La batería es un lagarto agazapado, en cualquier momento te deja sin velocidad, muere en tus manos para inmovilizarte y te aprisiona con su silencio de esponja seca, su silencio devastador. El tiempo comienza a deslizarse como una barra de hielo. Es liso, inasible, incomprensible, se convierte en un líquido memorioso. Esa noche dejé el Sótano tardíamente y una luz enceguecedora de un reflector me despertó en la calle. Había un movimiento de máquinas y ese olor del asfalto que impregna la atmósfera de una rara y lenta asfixia nasal. Se movían unos hombres en las densas sombras de la noche. El tráfico automotor no circulaba por este tramo. Las máquinas con sus rodillos, sin personalidad, lentas, iban dejando caer el líquido negro y otras pasaban sobre el asfalto nuevo, una capa que la noche confundía con su propia cara. No había siquiera murmullos sobre los implacables rodillos. Avancé buscando un taxi por estas calles tomadas por la noche, repetidas en el rostro del asfalto y me encontré con una de las arterias principales cortadas.
Fue en ese momento que comprendí que estábamos en la víspera del Carnaval 2007, una fecha sagrada en Panamá. Seguí mi marcha con el ruido del Carnaval en mi imaginación y ya se descolgaban los vehículos por la Tumba Muerto, una vía no involucrada en la fiesta del Dios Momo. Me interné en la noche a la ventura. Venía con el noticiero en la oreja, los duendes de un destino casi misterioso contaban las aventuras en y de la ciudad. Los pasos previos y perdidos antes del Carnaval, donde lo real ficciona y viceversa, ese límite que nadie conoce cuando el cuerpo reclama una incesante lluvia de estímulos y goces que superan la voluntad.
La cinta la ha comenzado a rodar el Carnaval, un rollo que terminará el Miércoles de Ceniza, con un recuento que pudiera tener más sentido en lo personal, porque la ruta del universo de la fiesta de la carne es conocida cada año por las estadísticas. Se pueden superar a sí mismas, pero traducen un mismo tono. La ciudad se explica en su historia casi inventada y respira como puede. El Sótano ya era una realidad muda, silente en la página de un día concluido. Las computadoras negras, las columnas negras, el piso negro del pasillo, la luz tenue desplazada sobre las mesas de los arquitectos, enmudecían aun más el silencio y sólo el papel sketch amarillo brillaba en la cercanía de los ojos, descolgado como un final de fiesta. Recordé cómo las fechas coinciden para concluir coincidentemente un capítulo de algo. Nada se trunca sin historia, todo concluye en el espeso ejercicio de la memoria.
El paisaje de las calles y avenidas ha cambiado, porque han aparecido los policías y los tranques se han incrementado. Sólo queda esperar que esta madrugada sigan abandonando miles de automovilistas la ciudad hacia el interior del país, donde los carnavales tienen mayor atractivo para la gente, que aprovecha de ver a sus parientes. Es un país de bolsillo, de 3 millones de habitantes, y basta atravesar el Puente de las Américas para desentenderse de lo que se deja detrás. Un puente tiene dos vías y la imaginación lo corta o reconstruye a la medida de las circunstancias.
La ciudad se disuelve ante el Carnaval, se arrastra como una comparsa, se somete al ritmo de un nuevo dios. La noche ya está en Carnaval y todo se ha detenido ante su marea que no cesa de avanzar y desplazarse durante cuatro días eufóricos, donde puede perderse la vida y algo menos. Sol, agua, música, alcohol, carros alegóricos, reinas, orquestas, son los principales ingredientes del Carnaval, que está en las cuatro esquinas con su estridencia y ubicuidad. El Carnaval va en la piel, sentimientos, el cuerpo lo registra, torea y se deja cornear por la bestia indómita del evento más serio del país. El Carnaval se vive y se muere en la carne, y después vendrá la resurrección si el cuerpo quedó en la ruta para contarlo. El Carnaval vivirá estos días de manera independiente, crecerá como una flor, un pez en el agua, una lluvia de sol, la hamaca flotando en la campiña, un carro alegórico sonando con su música, los pies en las pistas de los hoteles y casinos, porque tiene vida propia, su cabeza y cuerpo es la multitud danzante que no reconoce lugar, ni fechas, ni tiempo, más que el pedazo de tierra o pista, el minuto ardiente de sus sentimientos, que tienen principio, pero no fin. Un Carnaval pareciera ser, el compromiso total, una manera de vivir a fondo el intervalo entre la vida y la muerte.
Bolaño en el corazón del DF
Yo pensaba en otro Carnaval cuando abandoné el Sótano sin más esperanza que encontrar un pedazo de cielo y de noche, esa armonía que no tiene espejo, ni otra luz que el neón solitario o la luminaria callejera titilante. Divagaba en el Carnaval de Bolaño, la gran fiesta de la literatura que organiza un grupo de jóvenes poetas chilenos audaces, en un homenaje y reconocimiento a un escritor chileno, latinoamericano, universal, que reencantó la novela en idioma castellano y puso a respirar más profundamente a Chile en ese díscolo género. Bolaño “le hincó el diente al género” y trató de no dejar tela para cortar. Desde donde lo arrastraron las circunstancias, Chile, México y España, escribió y nos contó a su manera las historias que traspasaron su realidad, los mundos más allá de la palabra, esos encuentros y desencuentros, plazos fijos de un espacio que habitó a pulso con su utopía bajo el brazo. Su literatura lo trasciende, sin duda, pero la espiral de sus sueños, la utopía que desgranó en el corazón del DF hacia América Latina, lo humaniza definitivamente.
Poeta, cuentista, novelista y polemista, Bolaño no se escondió debajo de las letras, ni posó en el altar de la fama, pese a haber sido uno de los escritores más premiados en vida. Más bien arrastró su carpa con el circo y todo, el lenguaje, lúdico, fabulador, crítico, como un anarquista solitario, consciente de sus espantosas limitaciones y de las grandezas de un oficio que no tiene patria, como la literatura verdadera, la de Bolaño. Un escritor que supera la insularidad, el gesto náufrago de la atorrancia local, la voz trivial de la “patria”; sobre la frontera del claustro pena la palabra de Bolaño en la frontera circular del planeta. Las muchas voces en la voz de Bolaño, como en un Carnaval, donde los coros suelen ser largos monólogos y también bumerang de sus silencios, caminos iniciáticos, búsquedas incesantes, un giro a la nada y el infinito. La novela chilena se había quedado en El obsceno pájaro de la noche, de José Donoso. Bolaño entró con su propia carpintería, materiales de zapador y encontró su única salvación, que es ninguna definitivamente.
El Carnaval tiene movimiento, colorido, vitalidad, es expresión popular, mantiene a la realidad con los ojos abiertos, balbuceante, insomne, un poco menos real que la ficción, algo más ficcional que sí misma. Así fue la literatura de Bolaño, un límite dentro del límite, el horizonte inacabado, lo que siempre está para ser contado.
¿La literatura, un delito?
Lo original del Carnaval dedicado a Bolaño es que se trata de jóvenes poetas que buscan re-descubrir a un autor importante olvidado por la banda sonora del cine mudo chileno. El Carnaval en la palabra de Bolaño, pensado por poetas chilenos que creen en la palabra renovada, en memoria de una estrella distante, presente, un poeta de la diáspora. Si Chile supiera que la diáspora existe, que Chile es más que un invento geográfico, o que Chile es una larga pared montañosa y de agua, en cuyos extremos crecen el desierto y los hielos antárticos. Al centro, un valle de humo y frutas, pero en toda su geografía se mezcla inexorablemente la palabra. La palabra se cuela por el largo intestino de Chile, sobre su espinazo rocoso, se instala con sus caderas saladas en el desierto, pero no ignora que la palabra es un río que no cesa de alimentar la palabra. En el Carnaval de la memoria, Bolaño mira por la cerradura de Chile, nos deja su hilo, Los detectives salvajes, 2666, Llamadas telefónicas, Amberes, Estrella distante, Nocturno de Chile, Amuleto.
Bolaño de norte a sur
Son más los libros, pero uno sólo el delito: la literatura. Bolaño no se bañó una vez, sino mil veces en la misma palabra, que arrancó cortada en verso, poética, aunque en prosa también hizo poesía, pero desde el origen primitivo de su poética, arrancó con sus personajes, el hilo conductor de sus cuentos y novelas, como un viejo puzzle.
El Carnaval dedicado a Bolaño en Chile, cuya idea surgió en la imaginación de poetas chilenos admiradores de su obra, postura de “intelectual” comprometido, quien fuera cuidador de un camping catalán llamado Estrella de Mar, cubrirá cuatro ciudades, tres principalmente y la capital, si el itinerario llega a feliz término, porque toda ruta física es susceptible al cambio. En noviembre arranca este festival bolañístico que cruza Chile de norte a sur, un encuentro con la primavera chilena de Bolaño, autor excepcional de la diáspora que vivió como latinoamericano en tres países: Chile, México y España. Son 5 poetas mosqueteros los que pondrán a soñar a Chile y América latina con este gigante fabulador, en las ciudades de La Serena, Concepción y Puerto Montt.
Mosqueteros del Carnaval
El poeta Nibaldo Cáceres Carreño, principal organizador y promotor de la fiesta, me ha informado lo siguiente: “Los invitados son el novelista argentino radicado en España y amigo de Bolaño, Andrés Neumann; la periodista y escritora argentina radicada en México y también amiga de Bolaño, Mónica Maristain; el escritor chileno amigo de Bolaño Roberto Brodsky; y probablemente el poeta mexicano amigo de Bolaño Orlando Guillén y usted, por supuesto”. Son más, seguramente, los que se sumarán al Carnaval, con su palabra, máscaras, trucos, la gracia de una fiesta popular que supera la dimensión de los festejos, porque el homenajeado trasciende los destellos de la usual retórica, el flirteo o el amague frente al espejo, un verdadero juego de sombras ante la pared. (Yo vi esa noche en el Sótano, cuando ya la ficción sometía la noche, a Herralde y Parra, pedir un minuto de silencio por la literatura chilena, vestidos de negro, llenando de autógrafos el auditórium, como si arrancara de sus manos un arco iris).
Tres universidades chilenas serán la sede de los foros, mesas redondas, reuniones, actos poéticos y musicales, a saber: Universidad de La Serena, Universidad de Concepción, Universidad San Sebastián (Puerto Montt). Son los kilómetros de la literatura de Bolaño que recorrerán Chile en la espléndida geografía de su palabra. Es justo y necesario, por la dimensión de su obra y no decimos nada nuevo, porque Susan Sontag, como la crítica francesa y posteriormente la prensa norteamericana, se han desecho en elogiosos comentarios.
En literatura la apuesta es sobre una hoja en blanco, como el futuro. Bolaño no desconocía este principio, nunca lo desestimó, apostó, jugó, ganó en la misma derrota de un oficio que impone desde su partida el fracaso, ejercicio que requiere el pulso de un oso frente a un panal. Todo lo demás, inclusive el miedo, el bosque, lo que no se ve y deja ver, lo que se encuentra y pierde, la respiración bajo el blanco papel, es en realidad ficción.
Comentado por: rolando gabrielli el 22/2/2007 a las 18:35
Archaelogy - Coda
From Archaelogy,
one moral, at least, may be drawn,
to wit, that all
our school text-books lie.
What they call History
is nothing to vaunt of,
being made, as it is,
by the criminal in us:
goodness is timeless.
(From Archaelogy, "Thank You Fog", 1974)
Creo que el bueno de Auden lo sabía y no le importaba, aunque agazapados y ánonimos seguimos sus lectores. ¡Gracias por el recordatorio!
Comentado por: Fahrenheit el 22/2/2007 a las 17:35
Jean-François Fogel es francés y tiene 58 años. Periodista y ensayista, trabajó para la Agencia France-Presse, el diario Libération, el semanal Le Point y el mensual Le Magazine Littéraire. Ha vivido una parte de su vida en España donde empezó una segunda carrera como asesor para empresas de prensa. Fue asesor del director del diario Le Monde, desde 1994 a 2002, y sigue trabajando en la concepción y la remodelación continua del sitio Internet creado por el vespertino. Es maestro de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano donde desempeña una línea pedagógica dedicada a la calidad periodística. Publicó varios libros sobre literatura francesa y sobre América Latina. Su libro más reciente es un ensayo sobre el periodismo digital, Una prensa sin Gutenberg (Punto de Lectura, 2007).
Declaraciones de J.-F. Fogel sobre su libro Prensa sin Gutenberg (Vídeo de Youtube)
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