El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
domingo, 6 de julio de 2008
LA GRANDEZA DE LA DICTADURA

Una revolución tiene que ser grande. No se puede imaginar una revolución pequeña. Una revolución va para el todo o nada. «Hicimos una revolución más grande que nosotros» es una frase que Fidel Castro pronunció muchas veces en Cuba. La revolución bolivariana socialista de Venezuela llega ahora a la etapa de su grandeza.
Ayer, frente a la estatua de Simón Bolívar y a los miembros de la Asamblea Nacional, el vice-presidente, Jorge Rodríguez, fue preciso al definir los efectos de la revolución sobre Venezuela: «Claro que queremos instaurar una dictadura, dijo, la dictadura de la democracia verdadera y la democracia es la dictadura de todos, ustedes y nosotros juntos, construyendo un país diferente.» Entonces, todo va en camino y no falta la necesaria lucha contra el enemigo cuya existencia confirma la preocupación del presidente George W. Bush. Tenemos el panorama clásico de una revolución en nombre del pueblo y en contra de EE UU. Sólo falta la grandeza o más bien la idea de la grandeza.
Al ser reelegido, el presidente Hugo Chávez, hizo circular una nueva iconografía para implementar la idea de una revolución que acelera con cinco motores a la vez. Con color rojo y flechas para crear de manera inconsciente la idea de un motor de inyección directa. No está mal como símbolo, pero falta lo monumental, lo que obliga al pueblo a romperse el cuello para mirar arriba. Parece que ya viene con una flecha de hormigón de 100 metros de altura que apunta hacia EE UU. Su autor es el arquitecto brasileño Oscar Niemeyer. El artista, que ya tiene 99 años, prometió no revelar su diseño: «no lo voy a mostrar a nadie antes de que Chávez lo vea». Pero como todo artista tiene su orgullo y la Agencia France-Presse, el diario O Globo, en Brasil, y el diario El Nacional en su portada de hoy, mostraron el proyecto. Puro Niemeyer. Será Brasilia en Caracas.
El propio Chávez, en su programa de televisión Aló Presidente, habló de la sierra de El Ávila, la montaña casi virgen querida por los habitantes de la capital venezolana, como sitio para acomodar el enorme monumento. Al pensar en el comandante que se animó tanto con su proyecto y en la flecha de hormigón del viejo arquitecto, se debe recordar la famosa definición de Gustave Flaubert, «Erección: no se dice más que para hablar de monumentos».
[Publicado el 01/2/2007 a las 17:20]
Comentado por: A. el 02/2/2007 a las 15:24
más bien la idea de la grandeza.
Al ser reelegido, el presidente Hugo Chávez, hizo circular una nueva iconografía para implementar la idea de una revolución que acelera con cinco motores a la vez. Con color rojo y flechas para crear de manera inconsciente la idea de un
.........asá qué fuerte!
se le olvidó a Chávez poner debajo: Mao... y ponerse la camisa de Moda de Milán para los hombres... vuelve la camisa tipo Mao, demasiado... us... el misil recuerda ( un obelisco es mucho para él) a los misiles chinos con los que se fotografía la gente o será Japón o será EEUU... ah! no... que la moda en Milán es la camisa con cuello de Mao y el traje espacial... para los hombres claro, el espacial debe ser para EEUU... si es que estos modistas son únicos!
Comentado por: A. el 02/2/2007 a las 15:23
Paso a reproducir un artículo de César Hildebrandt que estuve leyendo (no voy a incluir ningún cartel, imagen, volante ni videoclip, tranquilos), aparecido en el diario La Primera de Lima el 25 de enero. Adjunto al final la dirección completa del artículo.
HjorgeV
Los planes de Alan García
La derecha que perdió todas las guerras, todas las oportunidades de crear justicia y viabilidad social, la derecha que gobernó siempre –con la sola excepción del suspiro de Billinghurst y los siete años de Velasco–, la derecha cuyos ancestros pelearon en contra de la independencia y cuyos abuelos entregaron Lima a la soldadesca chilena, la derecha que se robó el dinero para comprar barcos en plena guerra del Pacífico y remató Arica a precio vil, Leticia por nada, Sucumbios por poquísimo, la derecha que festejó todas las masacres de campesinos y hundió en el oprobio a todos los reformistas que en su tiempo fueron, la derecha que persiguió a los mejores –desde Vallejo a Alegría, pasando por Arguedas y Gustavo Valcárcel– y se unió a los peores o hizo peores a los que ya eran cavernarios –desde Sánchez Cerro a Odría, pasando por el panzón rosáceo de Benavides–, la derecha que tiene el bolsillo chorreando sangre y, hoy, la labia de Alan García a su servicio, la derecha del contrabando, la evasión fiscal, las conversas con Montesinos para ganar juicios, la derecha prochilena de estos días, en suma, quiere erguirse en patrona del pensamiento correcto y llama caviares a quienes no se doblegan ni ante su dinero ni ante su poder mediático.
Es el colmo. La derecha cree que con lo que evacúan algunos columnistas a su servicio ya ejerce el poder de las ideas y el monopolio de la verdad. La derecha analfabeta está segura de que le basta y sobra con el jarabe de lengua de García, el sancochado delirante de algunos comentaristas y la agresividad de los voceros fujimoristas, para ganar en el campo de las ideas.
¿Y qué aporta la derecha de novedad? Absolutamente nada nuevo. Sus ideas las ha huaqueado del latifundismo occiso y son estas: el Estado no debe meterse con la inversión privada excepto para defenderla con las armas, si es necesario; los trabajadores son mano de obra prescindible y no juegan ningún papel decisivo en el proceso de acumulación capitalista; la política exterior debe estar uncida a la de los Estados Unidos; todos los que no opinen así son potencialmente subversivos.
Y eso es todo el libreto, que es el mismo que recitaba, en los años 30 y 40, Víctor Andrés Belaunde.
Maquillan este librero con un vocabulario flamante y estandarizado por los cuatro vientos: le dicen globalización a lo que antes llamaron panamericanismo (o Alianza para el Progreso); le llaman mundo unipolar al libreto autoritario de la única potencia criminalmente expansionista de nuestros tiempos; le dicen mercado laboral flexible a lo que en tiempos más sinceros se llamaba colchón de desempleados (que sirve para abaratar el salario) y derecho libre de despido; le dicen contratos de estabilidad al saqueo que un ciudadano notoriamente japonés concertó con un puñado de extranjeros avezados (pero no quieren ninguna estabilidad en el empleo); y llaman tasa de crecimiento al promedio de lo que ganan los grandotes, que se encargan luego de que sean las sobras las que “chorreen” (si es que hay sobras).
Todo lo que no está entre estos parámetros es odioso, insurreccional, jurásico, socialistón, caviarón e indeseable.
Y la izquierda no responde. No sé ni me importa saber por qué la izquierda no responde. No sé qué hace la izquierda ni dónde está o yace o hiberna. Debe estar pagando culpas, supongo. O viendo, con vergüenza, cómo algunos de sus ayer voceros (ex comunistas, ex vanguardistas, ex trotskistas) se instalan en el sistema de la banalización mundial y reniegan de su pasado al lado de un dry martini en alguna universidad norteamericana de segunda.
Lo único que sé es que esta dictadura mediática que quiere pintarnos a García como el supremo hacedor y a Correa como a un dinosaurio (y a Chávez como a un mafioso y a Evo como un indio tonto) debe ser combatida. Combatida por toda la gente decente con acceso a la prensa. No es posible que el país que produjo a José Carlos Mariátegui acepte hoy que las ideas de Marianito Prado se han vuelto indiscutibles.
Hoy la derecha gobierna con García, reencarnación del Haya del crepúsculo. Eso está bien, así cada uno asume su papel. Pero quienes nos sentimos de centro, quienes creemos que la injusticia produce hambre y senderismos, no debemos seguir callando en nombre de la prudencia o el desarrollo. El plan de García es crear un frente Fuerza Armada-empresarios-engatusados. Es un plan de largo plazo, un sueño de Huaitita que ahora, con el control de los medios de comunicación, parece posible. ¿Cuántos peruanos nos resistiremos a esta monotonía impuesta por el dinero y sus fabricantes de coartadas? Lo sabremos pronto.
Dicen que Hugo Chávez tomará pronto un canal de TV. Aquí García los tiene todos y nadie dice nada. Aquí el debate sólo puede darse sobre lo secundario. Lo importante ya está resuelto de acuerdo a los intereses de Lan-Perú. ¿Hasta cuándo?
http://www.ednoperu.com/edicionNota.php?IDnoticia=37719&EN=681
Comentado por: HjorgeV el 02/2/2007 a las 06:58
Jean-François Fogel es francés y tiene 58 años. Periodista y ensayista, trabajó para la Agencia France-Presse, el diario Libération, el semanal Le Point y el mensual Le Magazine Littéraire. Ha vivido una parte de su vida en España donde empezó una segunda carrera como asesor para empresas de prensa. Fue asesor del director del diario Le Monde, desde 1994 a 2002, y sigue trabajando en la concepción y la remodelación continua del sitio Internet creado por el vespertino. Es maestro de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano donde desempeña una línea pedagógica dedicada a la calidad periodística. Publicó varios libros sobre literatura francesa y sobre América Latina. Su libro más reciente es un ensayo sobre el periodismo digital, Una prensa sin Gutenberg (Punto de Lectura, 2007).
Declaraciones de J.-F. Fogel sobre su libro Prensa sin Gutenberg (Vídeo de Youtube)
Artículo en El Mercurio (Chile) sobre conferencia "El exitoso futuro del libro en formato digital".
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