El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

viernes, 5 de diciembre de 2008

Blog de Jean-François Fogel

EL ARCHIVO FOTOGRÁFICO DE CORTÁZAR

La exposición se llama El viaje infinito. Su contenido es el producto de un destino humano y del azar. Como dice Julio Cortázar en un video “el azar hace muy bien las cosas, mejor que la lógica”. Estamos en la “Maison de l’Amérique Latine”, boulevard St Germain, en París, donde siete salas proponen un pequeño milagro: la evocación no de una obra sino de un artista, un hombre ubicado en un cierto momento de la literatura y del exilio latinoamericano en la capital francesa: Julio Cortázar.

En general, no me gustan las exposiciones sobre escritores, y tampoco soy un fanático de la obra del novelista argentino, pero me cogió una especie de encanto ligero, de gracia amable en la acumulación de recuerdos de Cortázar. Provienen de un fondo de cuatro mil imágenes, un sin fin de cintas de cine súper 8, documentos, cartas, libros. Hay una carta de Cortázar a Francisco Porrúa para hablarle de un proyecto de libro de entrevistas de autores latinoamericanos. Su autor, dice, será Luis Harss. Es un libro muy importante para establecer la existencia de una dinámica literaria: Los nuestros. Cortázar es uno de los nuestros en esta época y aparece como tal en la exposición.

Los nuestros son los autores del boom. Los que pusieron al final de los años 60 y 70 un continente en el mapa del mundo cultural universal. En un video Cortázar desmiente muy bien la sospecha de una “maniobra editorial” en la aparición simultánea de autores con éxito mundial. Cita a García Márquez, Fuentes, Vargas Llosa. Los tres aparecen a su lado en fotografías, pero lo más emocionante es una fotografía de Cortázar, Alejo Carpentier y Máx Aub en París: los tres comparten una obvia felicidad. Aunque lo más impresionante es un documento en blanco y negro (los blancos muy blancos y el negro casi azul) de Cortázar con Lezama Lima en La Habana en 1966. El autor de Paraíso parece enorme, hermético, lleno de secretos y de supuesta sabiduría; es imposible interpretar su mirada al fotógrafo; ¿está o no está? A pesar de que ambos están sentados se ve Cortázar flaco, alto, libre.

La imagen de Cortázar es doble: con barba, bigote y pelo largo es el arquetipo del izquierdista argentino, de estos que fuman dos cajillos de cigarrillos en una confitería para denunciar el capitalismo; sin barba, con corbata, abrigo y zapatos Hush Puppies es un personaje de John Le Carre, tan inalcanzable como un inglés, guapo e incapaz de esconder una herida íntima.

La exposición pinta otra época de París, en los años 50: sus jardines, las orillas del Sena, un perfume de ciudad apacible que ya no existe. Músico (se le ve con su trompeta, se oye su música preferida), cineasta (sus cintas de juegos de niños, de insectos, son casi abstractas), fotógrafo (sublime captación de la luz sobre el observatorio del sultán de Jai Singh en Jaïpur en la India), traductor (tecleando con los dos índices en su maquina de escribir eléctrica). Cortázar parece ser un hombre determinado en no apartarse de sí mismo. La similitud física entre su primera esposa y su última compañera (Aurora Bernárdez y Carol Dunlop) da una impresión de más de lo mismo como verdad secreta.

Hay una rayuela, claro, en el suelo de una de las salas del sótano: es, reproducida en una alfombra, la misma rayuela que se veía en la portada de la novela homónima cuando se publicó en Buenos Aires (editorial Sudamericana). Creo que Cortázar está cerca del cielo.

(El Centro Cervantes de París, avenue Montaigne, propone también una pequeña exposición de Cortázar, con libros suyos hechos con pintores o fotógrafos.)

[Publicado el 15/1/2007 a las 11:51]

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Comentarios (2)

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    Comentado por: marcos el 18/3/2008 a las 01:44

  • LA CIUDAD ES RAYUELA


    Rolando Gabrielli

    La humedad y el calor tropical no le dan paso al azar. La ciudad es un trompo sin dirección, la rueda loca de un ciclista borracho. Voy a ella autorizado por mis propios demonios y Rayuela. Todo se siente pegajoso, el viento tibio forma parte de la piel, nada queda atrás, todo es lo mismo. La ciudad se repite en su paisaje, reconoce el juego de su monotonía, deja una pista para que otro viajero sea tránsito, ruta, camino. Se sabe émbolo, eslabón de sus pies, Norte y Sur, puente obligado, y su centro es el mar. Voy en mi viejo motor en un paseo personal, íntimo, no tocamos el asfalto, un bandoneón suspendido en el fuelle del aire, no vaya a ser que dejemos una huella.

    Es mejor dejarse visitar por la sorpresa que se renueva pegajosa gelatina de su propia atmósfera. Es un viaje de encuentro y desencuentro, una parcela para el que nunca ha llegado. La espalda sobre el respaldo del asiento del chofer de mí mismo, es lo único que me sostiene. A mi lado va Rayuela , en la víspera del aniversario 20 de la muerte de Julio Cortázar, un 12 de febrero. Rayuela casi entera de tapas amarillas con un grueso ribete magenta, un fondo verde, su título en letras blancas, Julio en negro, Cortázar en magenta. Es la edición de Casa de las Américas, que compré un 11 de abril de 1969 en La Habana, después de hacer una larga fila. Trae un prólogo de 24 páginas de José Lezama Lima. 651 páginas, más un apéndice histórico sobre el autor y 10 mil ejemplares de tiraje, un 28 de febrero de 1969.

    Nace un Bruselas en 1914 y 4 años después se traslada con sus padres argentinos a Banfield, suburbio al sur de Buenos Aires. Cuando nació en Bélgica, hijo de diplomáticos, Rubén Darío publicaba Canto a la Argentina y otros poemas.

    En 1949, Cortázar edita Los Reyes , poema dramático y Borges El Aleph . Bestiario en 1951 y se va becado a Francia para siempre. Argentina por ese entonces andaba y seguiría andando en sus revueltas y posteriores dictaduras. En el 56, Final del Juego , 59, Armas Secretas , y en el 60, Los Premios .(Visita Estados Unidos.En 1962, Historia de Cronopios y Famas ; Modelo Para Armar ; el 63, Rayuela (visita Cuba. (Asesinan a Kennedy en Dallas). El 64, una edición ampliada de Final del Juego ; el 66, Todos los Fuegos el Fuego ; 67, La vuelta al día en 80 mundos y el 68, 62 Modelos para Armar . El Libro de Manuel en 1973.

    En la contraportada de la edición cubana, comentan la obra Juan Loveluck. (El acierto máximo de la obra, dice, es la fusión de su forma-aforma, con la variedad del mundo representado, como caos, cambio, el mundo como calidoscopio. Ángel Rama (Por el despilfarro de invención para contar, por la temperatura alta y constante de un estilo maduro, Julio Cortázar alcanza casi un estilo único en la literatura argentina.) Carlos Monsiváis (A medida que se avanza en cualquiera de sus posibilidades de lectura, Rayuela se va deshaciéndose e integrando ante nosotros, en el acto del entendimiento que explota y el nuevo lenguaje que se revela. Rayuela es obra de nostalgia y evocación y de presencia y de augurio, es el resultado del aniquilamiento del orden y de un ordenamiento del caos. Luis Harss (Desde el punto de vista de nuestra literatura, Rayuela es una confirmación. No sería una exageración llamarla nuestro Ulises. Como Joyce, Cortázar, mediante una magnitud personal, ha calibrado nuestro mundo desde el exilio.)

    Sigo en mi viaje, y Rayuela respira, suda, se siente viva, nostalgiosa, pero está la musicalidad del verbo cortazariano zumbando aún en sus páginas. Acerco mi mano frente a un semáforo en rojo, alzo el libro, pesa, y sé que no estoy en París, lo abro al azar en el juego que de alguna manera nos impone, su autor, y arranco en verde. A mi derecha un hombre que supera en la pobreza y en su aspecto a un clochard parisino-aquí se llama piedrero, es drogadicto- atraviesa como un fantasma la calle, esqueleto con largo cabello, uñas largas, la humanidad desajustada a la altura del fémur. A mi izquierda un grupo de vendedores niños, olvidados por la corte de los milagros, deambulan por el sol en búsqueda de algunos centavos de dólar.

    La ciudad es una Santa, sobrevive a tanta miseria, humillación, espanto, vergüenza, abandono, su propio olvido. Pienso en Rayuela , libertad, sueños, pasión, no hay límites nos dice Cortázar, abran la puerta y descubran como los magos sus propios conejos.

    Él contaba con blancos, negros, chocolates, los mezclaba, hasta convertirlos en un tablero de ajedrez, y aún así, seguía jugando de memoria con el lector. Lúdico como pocos, con un gran humor, poético, narrador de la existencia, pero también del presente y el porvenir, Cortázar se adentraba en un mar de palabras como si fuera una pecera. Le daba de comer a las palabras con sus grandes manos, tecleando desenfrenadamente en su apartamento parisino. ¿Quién dará vuelta la próxima página, el gato de Cortázar o de Borges? Para el caso es lo mismo, un solo movimiento silencioso y será suficiente.

    La ciudad sigue pegajosa, desdibujándose, cruzo hacia el lado del mar, hiede, el tráfico es continuo, miro de reojo Rayuela hasta el próximo semáforo. Entonces la abro, y leo en la página 63 y me entretengo con unas letras sobre Jazz de Satchmo,-Louis Amstrong, la cara sudamericana resentida de Oliveira, y la palabra es un ejercicio, la retórica cortazariana de estirar la navaja, suave, juguetón, al gusto del lector, y nos va instalando en el negocio de la vida.

    Ya el rumbo no importa, la ciudad puede haber sido construida por un loco, edificios en cascada, calles sin salida, dejó pasar a unos taxistas rumbo a Indianápolis, doblo hacia algún destino desconocido, ya viajo en la palabra": me desperté y vi la luz del amanecer en la mirilla de la persiana. Salí de tan adentro de la noche que tuve como un vómito de mí mismo, el espanto de asomar un nuevo día con su misma presentación, su indiferencia mecánica de cada vez: conciencia, sensación de luz, abrir los ojos, persianas, el alba."

    Julio Cortázar empezaba a entenderme o yo a él, no sé, pero viajábamos por la ciudad en rigurosa complicidad. Una sola vez lo vi en Chile, alto, gigante, lo más parecido a una escalera larga, esa que los peldaños no terminan nunca, pero era él, pausadamente caminando, dejándonos sus sueños y libertad, sin límites. Una época de Cronopios hoy convertidos en cucarachas obedientes, de smoking, de sonrientes antenas y miradas oscuras.

    Vamos casi en un tuteo por un mundo perfectamente desconocido por ambos, porque la realidad se da una vuelta en la esquina y retorna al mismo punto, pero diferente y se hace la que no nos conoce.

    Tomo la Biblia amarilla, no tiene un mapa de la ciudad, el rumbo me lleva, y me detengo a leer que dice Lezama Lima de Rayuela , el gordo habanero de Trocadero, y gran poeta: la primera línea me parece interesante, pero no la entiendo, porque voy en velocidad. Tendré que disminuir si quiero comprender algo.

    Lezama da en el clavo. Un argentino en Europa revisa los laberintos de sus juegos de infante, y un porteño musicaliza los laberintos de Bomarzo, en la Italia barroca del siglo XVII.

    El autor de Paradiso se monta en un espejo circular y vuela hacia el arco iris. Pero suena bien, es, Rayuela puede ser el crujir de la distancia en el punto ausente, pero prefiere bailar rotando en el tambor que rueda como las manecillas del reloj. Sigo en el recorrido con Cortázar y Lezama, en la ciudad circular, un espacio destruido para construir otro, pero dice Lezama de Cortázar, -no sé que pensará el Alcalde de esta ciudad con tantos lugares vacíos-, pero Rayuela , y cito al cubano: decapita el tiempo para el tiempo salga con otra cabeza.

    La gente camina con menos norte que el que llevo con mis dos pasajeros. Palomas grises sin palomar, aves sin raíces, un gallinero a punto de cloquear.

    En cambio, nos recuerda en el contraste del paisaje que vemos, una hermosa frase, escena, "Llevarse de la mano a la Maga, llevársela bajo la lluvia como si fuera el humo del cigarrillo, algo que es parte de uno, bajo la lluvia". Poesía, amor, libertad, encuentro, comunión, azar, azar en Rayuela y en mis acompañantes, una página lleva a la otra. Ni ellos ni yo sabemos para donde nos empuja el viejo vehículo. Es mejor que los personajes señalen el camino, difuso, confuso, a su manera. La ruta como la novela, es una sensación. Difícil de asir. Mucho más de armar. Hay rompecabezas que juegan con la tuya como si fuera la realidad. No tienen norte, ni sur, son la esfera concéntrica que pareciera que nunca parte, pero está en movimiento. La literatura de Cortázar, envolvente, en su atmósfera de laberinto, expuesta a su propia sombra multiplicadora.

    Sé que el gran Cronopio está aquí esta mañana rayuelando la ciudad, y le repito esto no es París, ni el Club de la Serpiente, aunque ese ofidio reina en estas tierras selváticas y el manglar es un joven solitario muy productivo, que respira de noche.

    Rayuela libro también de homenajes, Julio, y el suyo hoy como si estuviera vivo, abierto a la noche de los tiempos, deshabitado de prejuicios, de la lombriz solitaria del egoísmo, del sombrero de cuatro esquinas, negro, pérfido, embustero, porque usted detuvo el reloj a tiempo y tañió viejas campanas de Minotauro juvenil, siempre en al renovación del mito, jugando como el hilo de Ariadna.

    Julio, Julio, gracias por su literatura, nos ha dado tanto, todos los fuegos, el principio y el final del juego está en sus palabras. La Maga, Horacio, Talita con la vela encendida abriendo cada día hacia un camino, Traveler, Rocamadour, la música, el Tao, -la ciudad nos va dando la espalda o nosotros estamos dando vuelta- Babs, Etienne, Gregorivius, el milagro en su corte, humo, se inventa el día en una esquina, sopla, sopla, el viejo motor, más bien resopla, esto no es París Julio, sé que le importa un bledo, Rayuela se nos hace la vida en una mano, su cuerpo, nuestro cuerpo, la ciudad, la más grande de las carrocerías, el esqueleto nos corre denso, paralelo, elástico, frágil, liviano, vamos llegando al cementerio, pero no entraremos, qué ejercicio tan precoz la muerte.

    Cortázar es una fiesta


    Un hombre alto con cara de Sur, una escalera al cielo
    Un Cronopio que no buscaba la fama

    Un guionista fantasma frente al espejo

    Un jugador que perseguía vanamente la derrota del azar, con el mismo azar en el infinito de las cosas

    Un Quijote latinoamericano con acento francés

    Un boxeador silencioso de la palabra

    Un jazzista que sopla la noche y caen estrellas de sus muñecas

    Un escritor siempre del lado de acá

    Un innovador que subía y bajaba del cielo sin escalera

    Ulises de la autopista, que Penélope tejía y destejía, un día de lluvia en París y lo esperaba en una gasolinera.

    Un pasajero de La Habana sin tiempo

    Un argentino con puerto definido en el Sur (de los sueños)


    Comentado por: rolando gabrielli el 15/1/2007 a las 18:54

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Biografía

Jean-François Fogel es francés y tiene 58 años. Periodista y ensayista, trabajó para la Agencia France-Presse, el diario Libération, el semanal Le Point y el mensual Le Magazine Littéraire. Ha vivido una parte de su vida en España donde empezó una segunda carrera como asesor para empresas de prensa. Fue asesor del director del diario Le Monde, desde 1994 a 2002, y sigue trabajando en la concepción y la remodelación continua del sitio Internet creado por el vespertino. Es maestro de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano donde desempeña una línea pedagógica dedicada a la calidad periodística. Publicó varios libros sobre literatura francesa y sobre América Latina. Su libro más reciente es un ensayo sobre el periodismo digital, Una prensa sin Gutenberg (Punto de Lectura, 2007).

Enlaces

Declaraciones de J.-F. Fogel sobre su libro Prensa sin Gutenberg (Vídeo de Youtube)

 

Artículo en El Mercurio (Chile) sobre conferencia "El exitoso futuro del libro en formato digital".

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