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domingo, 6 de julio de 2008

Blog de Jean-François Fogel

LAS CRUZADAS

No me corresponde inventar una hermenéutica de las palabras de un Papa que da gato musulmán por liebre islamista. Escoger un texto sumamente ambiguo del siglo catorce para plantear el problema de la convivencia entre las religiones monoteístas en el siglo veintiuno procede de una visión extraña de la pedagogía. Ya periódicos y revistas se llenaron de distintas interpretaciones, siempre vinculadas con un consenso generalizado: tenemos al primer Papa de la era moderna que, por falta de matices en su expresión, se dedica de manera activa a luchar contra la paz. Hacer peor, es decir hablar de manera más peligrosa, no se puede.

A pesar de todo, hay que reconocer la coherencia del Papa. Habló de buena fe (sin broma). Dijo la semana pasada en una universidad alemana lo que siempre ha dicho en todas partes. Como lo destacó Frédéric Lenoir, sociólogo y sobre todo director del mensual Le Monde des religions: “Ese Papa tiene la obsesión de recordar a Europa sus raíces cristianas”. De esto se trata. Sin interpretar las palabras del Papa se debe denunciar el error de los comentaristas que buscan en ellas una visión de las relaciones entre cristianos y musulmanes que tiene el jefe de la iglesia católica. Hablar (mal o bien) del otro bando es hablar de su propio bando. Prueba de esto dos artículos que leí sobre las cruzadas. Ambos ayudan a entender el ámbito real del discurso pronunciado en el aula magna de la universidad de Ratisbona.

El primer artículo lo firmó Felipe Fernández Armesto en el Times de Londres. Es la reseña de un libro sobre la historia de las cruzadas cristianas. Pero no habla tanto del libro como de la visión errónea que tenemos de las cruzadas. ¿Qué dice Fernández Armesto? Tres cosas:

1. Las cruzadas no provocaron un choque entre civilizaciones; “en el mundo mediterráneo, las comunidades cristianas y musulmanas siguieron en su convivencia”.

2. “El gran conflicto de esta época no fue entre los cristianos y los musulmanes, más bien entre los sunnitas y los chiítas” – con victoria de los primeros sobre los segundos.

3. “El gran efecto de las cruzadas en el reino cristiano fue una aceleración de la piedad religiosa”.

Siempre, una cruzada produce más efectos adentro que afuera. Es lo que explica el autor del segundo artículo, Tony Judt, al denunciar en la London Review of Books la debilidad de los intelectuales liberales que apoyan sin reserva la supuesta cruzada del presidente americano George W. Bush en contra del “islamismo-fascismo” como se dice en la Casa Blanca. Bush no es el Papa pero tiene un discurso muy parecido en el fondo: dice que la violencia, la falta de razón se encuentra en el otro bando. Y el discurso tiene una eficiencia potente al leer la lista, establecida por Judt, de los intelectuales, tanto en Europa como en EE. UU. que no se atrevían a criticar al promotor de la cruzada (Thomas Friedman, Adam Michnik, Vaclav Havel, André Glucksmann, etc.).

Una cruzada es la confirmación de una identidad común, incluyendo la paranoia, las mentiras y el voluntarismo que se esconde en el alma íntima de cualquier pueblo. Al leer al Papa, pensé enseguida en estos artículos. Felipe Fernández Armesto consiguió escribir una historia total del mundo; Tony Judt publicó una historia de Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Son dos hombres que tienen un talento excepcional para la síntesis. Y ambos, escribiendo antes de las palabras del Papa, nos dan la clave de su interpretación: el jefe de la Iglesia Católica hablaba a los cristianos. Cuando de guerra se trata, solo se puede hablar a sus propias tropas. Aun más cuando es la guerra de Dios.

[Publicado el 18/9/2006 a las 10:55]

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Comentarios (4)

  • Rectifico: ¡creía!.


    Comentado por: morganyeldesengaño...suenaabolerito verdad? el 21/9/2006 a las 05:40

  • Y los expertos tienen nuevo término de arte...jaja, buenísima.

    Comentado por: morgan el 19/9/2006 a las 10:00

  • ya casi son las tres y no puedo dormir, ¡otra vez!.


    Comentado por: morgan el 19/9/2006 a las 09:55

  • "Las cruzadas no merecen la atención que están consiguiendo" dice Fernández, y sin embargo es tan difícil no voltear...por muchas más razones que historia, eso es evidente, pero el ejercicio para la memoria se origina en el saber, y eso también es cierto.

    Lo que te lleva al desconcierto es esa voz patente. Al empezar la lectura pensé: que importan los peregrinos, ya en la primera cruzada interactuó una "sociedad ignorante", que creía que "la guerra, así como la castidad piadosa y la pobreza, podría ser un medio de penitencia y salvación", entonces ¿que influencia podía tener siquiera Bush, comparado al Papa?

    Digerirlo es duro, aún al margen de las distintas posturas religiosas, que se tengan, sería absurdo negar su resonancia, más todavía para los creyentes, y me incluyo; el golpe paraliza, pues además, damos por cierta, una doctrina de generosidad y (buena)fe...es por eso mismo y después de leer a Judt, que entiendo una suerte de complicidad, "la violencia , aprobada por la sociedad y apoyada por la religión, ha probado la admisión (la permisión, si prefiere esa traducción) de la comunidad civilizada(?)" que sujetó a los primeros y típicos cruzados que "no eran hijos jóvenes con herencias inadecuadas, o aventureros " sino mas bien "ricos", con "mucho que perder, pero un cielo por ganar"; y hoy a los liberales estadounidenses y europeos, quienes sustentan sus razones en otras fuentes, donde la complicidad deja de tener la fuerza de continente, para ceder el paso a pretensiones personales, o dar un paso al costado, por su propia corrupción, "sin atreverse a usar su voz" en cambio, "se hacen expertos de una cultura que no conocen", pues ya lo apuntó: una cruzada es la confirmación de una identidad común, incluyendo la paranoia, las mentiras y el voluntarismo y "para que tenga sentido, debe haber un enemigo universal, cuyas ideas podemos teorizar"...¿¡idiotas útiles!?.

    Puede ser...han pasado muchos, pero muchos años, entre las primeras cruzadas y estos remedos, y el jefe de la Iglesia Católica habla a los cristianos. Cuando de guerra se trata, sólo se puede hablar a las propias tropas. Aun más cuando es la guerra de Dios.

    Comentado por: morgan el 19/9/2006 a las 09:44

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Biografía

Jean-François Fogel es francés y tiene 58 años. Periodista y ensayista, trabajó para la Agencia France-Presse, el diario Libération, el semanal Le Point y el mensual Le Magazine Littéraire. Ha vivido una parte de su vida en España donde empezó una segunda carrera como asesor para empresas de prensa. Fue asesor del director del diario Le Monde, desde 1994 a 2002, y sigue trabajando en la concepción y la remodelación continua del sitio Internet creado por el vespertino. Es maestro de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano donde desempeña una línea pedagógica dedicada a la calidad periodística. Publicó varios libros sobre literatura francesa y sobre América Latina. Su libro más reciente es un ensayo sobre el periodismo digital, Una prensa sin Gutenberg (Punto de Lectura, 2007).

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Artículo en El Mercurio (Chile) sobre conferencia "El exitoso futuro del libro en formato digital".

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