El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
lunes, 7 de julio de 2008
LECTURA ATRASADA
Todo lector tiene su prejuicio. Conozco el mío: creo lo que se publica en The New York Review of Books. Esta revista me lleva a leer los libros más extraños: historia del desciframiento de los cables diplomáticos en el siglo XX, recopilación de cartas entre oscuros poetas, ensayo sobre el papel de los pigmentos importados de Asia en la pintura del cuatrocento italiano. La lista es amplia, como lo es mi reconocimiento hacia una revista que me es imprescindible desde hace ya más de veinte años.
La larga reseña de Sefarad, de Antonio Muñoz Molina (no hay lectura en línea, casi todo es de suscripción) en el número fechado 25 de mayo de 2006, no podía provocar otro efecto que mi culpabilidad. Nunca había leído a Muñoz Molina. Otro prejuicio, supongo, pero superado este fin de semana con una lectura atrasa de Sefarad, “una novela de novelas” como dice su autor. La semblanza con W. G. Sebald, el autor alemán que tiene mucho de inglés, es obvia. Igual lentitud. Igual recorrido de un relato que no se construye con relación a una cronología definida pero que camina y ofrece, a veces, aceleraciones insospechadas. Igual voluntad de acercar elementos sin vincularlos por completo, dejando al lector la oportunidad de hacerlo. Igual manera de utilizar un “acabo de acordarme de que…”, “no necesité irme muy lejos para que…”. El novelista es más un escultor del tiempo y del espacio que un hablador, aunque se dedica a entregar historias.
Daniel Mendelsohn, que firma la reseña, es una figura establecida de la revista neoyorkina. Concluye con una observación sobre el autor que se parece a un coronamiento: “…hizo lo necesario para que la palabra “exilio” sea la última y demoledora palabra de una obra que, creo, es de un maestro”. Puse “exilio” pues es la palabra “exile” que figura en la traducción al inglés. Pero en el libro de Muñoz Molina que acabo de leer, la última palabra es “destierro”, para nada igual. Muchos personajes van para el exilio, por culpa del nazismo y del estalinismo, pero casi todos, incluyendo los inmigrantes que van a Madrid por falta de trabajo y el propio narrador, pierden su ser íntimo al apartarse de su tierra. Son desterrados.
El largo y lento movimiento del libro que va de España a Nueva York, construyendo una arquitectura dedicada a abarcar toda la historia de los destierros desde la salida de los judíos del reino en 1492 hasta las persecuciones del siglo XX, es una hazaña. El libro no me gustó tanto al apoyarse de manera repetida en los momentos claves en un recurso clásico: tutear al lector para involucrarle. Pero no puedo negar la amplitud de una obra que mezcla los recuerdos de viajes de promoción de un autor contemporáneo con episodios de la Historia sin salir nunca de un camino único, recorrido con gran dominio del oficio. Es una novela sofisticada, indirecta (tiene más recuerdos que vida contada. Su análisis supone un trabajo hondo, largo y de nunca acabar.
No voy a participar en el concurso de hermenéutica que permite esta obra. Pero tampoco voy a negar mi desconcierto: Sefarad tiene algo de exógeno, importado a la cultura española. Lo que escribo no es crítica, mera observación; me acuerdo de mi primera lectura de Juan Carlos Onetti: era obvio que su escritura producía con el castellano algo directo, despojado de retórica e inédito en esta época.
Ahora bien: acabo de descubrir que Muñoz Molina publica Viento de la Luna, una novela que evoca el desembarco del hombre sobre la luna. Quedo nuevamente atrasado en mi lectura de un autor que ya está en la luna. Un atraso de 384.402 kilómetros para ser exacto.
[Publicado el 04/9/2006 a las 11:18]
No sé si fue el entramado o el destierro, o talvez ambos, pero me pegué tanto al libro que ya lo pedí...calculando el comedimiento de la CBC, me queda esperar y esperar, y esperar.
Y sin embargo casi tengo la certeza que valdrá la pena...aun con el atraso.
Y el atraso parece sobrar, no me explico como ante la ocasión del sondeo, de la urdiembre y sus tramas, pueda hablar de él....pero créame que entiendo la carga que contiene esa palabra, casi tan literal como la imagen del porteador.
Comentado por: morgan el 05/9/2006 a las 08:47
No, no voy a hablar del 11-M desde el punto de vista de la confrontación entre ideologías partidarias, sino de una crisis anunciada que se evidencia cada día más: la de la credibilidad del Sistema.
Mientras, por una parte, El Mundo de hoy (4-9-2006) publica la entrevista con Suárez Trashorras, segundo implicado en el 11-M que “canta” –al estilo de Amedo y Domínguez, en el GAL, y tras Rafa Zouhier–, en la que acusa a las Fuerzas y Cuerpos de la Seguridad de dar un golpe de estado, por otra, el Presidente extremeño Rodríguez Ibarra, tras desmentir toda implicación del PSOE en ese crimen, promete que, si se equivoca (es decir, si alguien del PSOE ha estado implicado en la masacre) propondrá que el Partido Socialista se disuelva para siempre.
El día en que eso sucediera, no sólo habría que disolver el PSOE, sino también el PP, y el Partido Comunista en todas sus variantes, y todos los partidos nacionalistas; y refundarlos tras el advenimiento de una verdadera Democracia a España. Una Democracia que haga imposible que delincuentes capaces de matar españoles para poder seguir vaciando las arcas del Estado tengan cabida en el sistema representativo o funcionarial del Estado Español.
Para evitar los crímenes de Estado, debe imponerse, como se inyecta antibiótico ante una tuberculosis, la separación de poderes en el sistema democrático español. Y si el Ejecutivo delinque, o no evita males como el 11-M, el Legislativo debe saltar sobre él y depurar responsabilidades políticas, en vez de encubrirlo; y el Judicial debe investigar hasta sus últimas consecuencias, e imponer penas ejemplares, en vez de procurar su inmunidad.
Pero, para eso, primero han de poder ejercer el poder que les confiere el Pueblo Español. Y el sistema actual, de Poder Único y tres funciones fingidamente independientes, lo impide.
No hay otro procedimiento ni táctica: o reclamamos un cambio de sistema, y conquistamos la verdadera Democracia, o seremos cómplices por omisión de todos esos crímenes que nos revuelven el estómago y hacen picadillo a muchos de nuestros compatriotas. Algún día, puede que nos toque a nosotros mismos. O a alguno de nuestros propios familiares, y nos veamos en el trance de identificarlos en un depósito de cadáveres.
Comentado por: MessageInOut el 04/9/2006 a las 14:23
Jean-François Fogel es francés y tiene 58 años. Periodista y ensayista, trabajó para la Agencia France-Presse, el diario Libération, el semanal Le Point y el mensual Le Magazine Littéraire. Ha vivido una parte de su vida en España donde empezó una segunda carrera como asesor para empresas de prensa. Fue asesor del director del diario Le Monde, desde 1994 a 2002, y sigue trabajando en la concepción y la remodelación continua del sitio Internet creado por el vespertino. Es maestro de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano donde desempeña una línea pedagógica dedicada a la calidad periodística. Publicó varios libros sobre literatura francesa y sobre América Latina. Su libro más reciente es un ensayo sobre el periodismo digital, Una prensa sin Gutenberg (Punto de Lectura, 2007).
Declaraciones de J.-F. Fogel sobre su libro Prensa sin Gutenberg (Vídeo de Youtube)
Artículo en El Mercurio (Chile) sobre conferencia "El exitoso futuro del libro en formato digital".
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