El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
domingo, 6 de julio de 2008
LOS DE L.A.
Lo que hay que leer en estos días en Internet es el diario La Opinión. El periódico casi no se ve cuando uno viaja a la parte rica de Los Ángeles. Es normal: su audiencia se encuentra en la parte este de la metrópolis, donde viven chicanos que pasan al oeste para trabajar en zonas muy bien delimitadas: jardines, cocinas, habitaciones de niños, etc.
En su editorial del domingo, La Opinión hablaba del día anterior como de un “día histórico” para Los Ángeles. Medio millón de personas en las calles ya es algo. Cuando este medio millón de personas está compuesto en su gran mayoría por “ilegales” que no tienen ni el derecho de respirar el aire de EE.UU. estamos frente a un proceso nuevo. Un acontecimiento mayor que nos obliga a entender por qué ocurre ahora y no antes.
No hay que dudar de lo que explica la presencia de tantos inmigrantes ilegales: los gringos, que temen por su salud y se preocupan por la seguridad de sus hijos, aceptan sin problema que una persona que prepara su comida o cuida sus criaturas sea un trabajador clandestino, sin recursos ni acceso al sistema de salud y, por tanto, con una probabilidad más alta de caer enfermo. Pero el inmigrante cobra menos y se calla cuando alguien le manda a la calle. Su presencia, tolerada, se explica solo por razones económicas.
Lo que acaba de ocurrir es que el “clandestino” quizás no va a callarse más. Y la muchedumbre que salió a las calles de L.A. representaba un fenómeno tan masivo que podemos adivinar que habrá un antes y un después de aquella fenomenal manifestación duplicada a lo largo de muchas metrópolis. Pero nos equivocamos si pensamos que se trata meramente de la aparición de personas que antes se escondían. Es otra cosa: la comunidad de los latinos va cambiando. Sin romper con sus orígenes cobra una identidad norteamericana (hay que movilizarse, hay que presionar, hay que conquistar puestos políticos para cambiar algo) y se pone en marcha para conseguir lo que le corresponde.
Para decirlo de manera sencilla: los latinos actúan como gringos. Saben que ya constituyen la minoría más grande de un país que es la suma de minorías. A la mitad de este siglo van a representar la cuarta parte de la población de EE.UU. Piden no tanto porque tienen derecho a conseguir algo sino que piden porque saben cómo pedir. Existe un libro, escrito en inglés por Héctor Tobar, un periodista nacido en una familia guatemalteca de Los Ángeles y galardonado con un premio Pulitzer, que lo cuenta muy bien. Se titula Translation Nation. Fue publicado por Riverhead Books el año pasado y lo fascinante es que se trata de un auténtico relato de viaje por EE.UU., dentro de una comunidad que habla español pero que ya tiene una identidad norteamericana. Tobar llama “americanismo” a la aparición de una nueva cultura mixta incipiente entre los latinos.
Ya José Martí explicaba que vivir en EE.UU. era como vivir en las “entrañas del monstruo” y no hay nada soprendente en la ineludible asimilación de los inmigrantes. Pero, cuidado, los tiempos van cambiando, aquel auge de los “clandestinos” ocurre en un momento en que la distancia crece entre ambas Américas. Todavía se puede leer (en inglés), en el sitio del New York Times, un excelente artículo de Peter Hakim importado desde la revista Foreign Affairs. Su título es una pregunta: “Is Washington losing Latin America?” (¿Se le escapa América Latina a Washington?). La respuesta, positiva, se podía ver el sábado en las calles del centro de Los Ángeles. La pérdida del miedo a presentarse en público como ilegal indica una pérdida de influencia de EE.UU. Y no se trata de chavezismo o de la subida de una u otra izquierda en América del Sur. Es un síntoma de retirada, en casa.
[Publicado el 28/3/2006 a las 09:30]
El señor Fogel habla de los latinos en L.A., del alto al fuego de la ETA, habla de Chile, Uruguay, Brasil, Venezuela y también de Argentina. Parece molestarle la corriente que le imprimen los gobiernos actuales de América Latina a sus políticas.
Cuando busco el texto que escribió el pasado 24 de Marzo me encuentro con que efectivamente tuvo algo que decir sobre la Argentina, pero se equivocó con el tema. El 24 de Marzo pasado se cumplieron 30 años del último y más trágico golpe militar que redundó en la desaparición y muerte de mas de 30 mil personas. Por si no sabía.
¿Y por Francia, perdón, por casa como andamos ?
Comentado por: Bruce el 29/3/2006 a las 00:25
estupendo articulo del sr françois
si,es verdad,han perdido el miedo los clandestinos....al menos el anfitrion del blog esta reconociendo q la economia anglo-americana es una explotacion tremenda donde la tez de uno,su origen, su acento,su habilidad para manejar un idioma no materno,cuenta. como ya se dio cuenta olof palme,a los eeuu no ha llegado aun el estado del bienestar.q verguenza
espero q por fin el cono sur se libre de la influencia infecta de esa mugre de pais y cultura y mire a francia,alemania,austria,españa e italia en el aspecto organizativo,cultural y humano
pero q detras de esa hasta ahora libertad sudamericana esta china. china esta empezando a manejar toda africa con su honradez en los intereses de la deuda africana,en ayuda a los negritos en donaciones(de ahi ese interes de bono y demas anglos este verano en salvar africa).y detras de chavez,castro,lula,evo esta hi jintao,los comunistas. buen texto,si señor
Comentado por: jevi-llano el 28/3/2006 a las 22:42
La conciencia colectiva latina despierta en Estados Unidos
Por primera vez en la historia un grupo de latinoamericanos —en su mayoría ilegales— se manifiestan en las calles de varias ciudades estadounidenses. Eso tiene muchas lecturas.
Uno de los principales efectos de la globalización es la emigración masiva de las zonas rurales a las ciudades grandes y a otros países. El caso de México es muy notorio y ha dado pie a múltiples estudios y focos rojos tanto en los Estados Unidos como en México. La sustitución de mano de obra por tecnología en el campo ha provocado un incremento en la emigración de mexicanos a los Estados Unidos, el más cercano de los países de alto desarrollo. Actualmente, el asunto está en las agendas de la relación colateral de los presidentes George W. Bush y Vicente Fox, pero la relación entre ambos países es la bíblica metáfora de David Y Goliat. ¿Puede sentarse el presidente de México a negociar en igualdad de condiciones con el del país vecino? ¿Pueden los mexicanos emigrar al país más poderoso del mundo, y conservar su identidad, sin integrarse al American way of life? Intentemos analizar los dos cuestionamientos.
De acuerdo con Roberto Cardoso de Oliveira, las nociones del “buen vivir” y del “deber”, se insertan en el campo de la moral y de la ética. El campo de la moral implica valores, en particular las formas de vida que son consideradas mejores; el de la ética implica normas que posean además, un carácter preformativo, una directiva a la cual se debe obediencia, pues seguirlas es obligación de todos los miembros de la sociedad.
El choque de dos culturas, provocado por la emigración masiva, se torna problemática porque envuelve expresiones de juicios de valor (¿cuál de las dos culturas es la más conveniente?), ¿cómo cotejar —pregunta Cardoso— las culturas entre sí, a no ser por un método comparativo, que en sí mismo denuncia un compromiso con una cultura? El reto estriba en establecer criterios para analizar objetivamente el encuentro de dos culturas tan diferentes, cuando las sociedades portadoras de esas culturas guardan entre sí relaciones profundamente asimétricas, caracterizadas por la dominación de una sobre otra.
Cardoso utiliza la teoría, para ejemplificar la diferencia entre los lenguajes de una comunidad indígena y el gobierno del país, pero yo la traslado a la diferencia entres dos países, uno rico, colonizador y dominante, otro pobre, dependiente y subdesarrollado.
Finalmente es el enfrentamiento de dos morales, dos éticas, dos culturas válidas y perfectamente racionales. Cardoso propone la distinción de los espacios sociales en los que puede ser observada la actualización de los valores morales, y Apel lleva esas esferas al campo de la ética, considerando una microética, una mesoética, y una macroética.
La primera corresponde a la esfera de las relaciones que se dan en el medio comunitario, en la casa, en el pueblo del emigrante potencial. La segunda, a las relaciones sociales mediante los Estados nacionales (México y Estados Unidos), a su leyes e instituciones; la tercera, la macroética, corresponde a las acciones sociales de instancias internacionales que pueden fungir como mediadores, como la ONU, la OIT, la UNESCO, la OMC, que pretenden ser reguladas por una ética a nivel mundial.
Los norteamericanos se asustan...
encienden focos rojos de alarma. ¡Nos están invadiendo los mexicanos!, dice Samuel P. Huntington. La inmigración mexicana es capaz de acabar con el predominio de la cultura “angloprotestante y blanca” característica de los Estados Unidos de Norteamérica.
Los mexicanos reconquistan las zonas que los estadounidenses les arrebataron en el siglo XIX. Compara la mexicanización con la cubanización de Florida. La frontera se está difuminando —dice—, se está colando una cultura muy diferente, una sociedad híbrida que no es ni estadounidense ni mexicana. Estados Unidos es el único país del mundo que tiene una frontera terrestre con un país del tercer mundo, una frontera de tres mil kilómetros lo que dificulta el control de la inmigración. Los mexicanos pobres, que no encuentran trabajo en su país, caen en la atracción económica, política y social del gran vecino y aprovechan la contigüidad para ir y venir sin mayores dificultades. En el año 2000 las cifras de mexicanos en Estados Unidos rebasaron al número total de negros, y se estima que en 2040 representarán un 25% de la población. Otro de los grandes problemas es la inmigración ilegal, que se estima en 350 mil al año. Esto ha provocado algunos cambios en la demografía de Estados Unidos, en especial de algunas ciudades. En Los Ángeles, por ejemplo, en el año 2000 el 46.5% de los residentes eran hispanos y el 64.5% de los hispanos eran de origen mexicano. Si a esto agregamos la notoria diferencia entre las tasas de fertilidad de los mexicanos —patentemente superiores a las de los nativos—, encontramos que las escuelas de Los Ángeles se están volviendo mexicanas.
La preocupación principal de Huntington reside en que los mexicanos saben que esas tierras alguna vez fueron suyas; pretenden mantener el dominio cultural y demográfico sobre la sociedad y el espacio, sienten que tienen algún derecho sobre esos territorios; los mexicanos hablan español en sus casas, muchos ni siquiera aprenden el inglés; no quieren asimilarse a la cultura estadounidense; le quitan oportunidades de empleo a los estadounidenses. Los mexicanos son una comunidad cohesionada, que se mantiene como tal a través de varias generaciones. Si la tendencia continúa, se podría producir una consolidación de áreas de predominio mexicano, que podrían llegar a ser un bloque autónomo, cultural y lingüísticamente diferenciado y con independencia económica dentro de Estados Unidos. Un país dentro de otro país.
Los mexicanos son pobres —afrima Huntington—, y lo seguirán siendo durante algún tiempo, pero constituyen un gran mercado consumidor en Estado Unidos. Las empresas con su política mercadotécnica de segmentación, diseñan y producen artículos dirigidos especialmente a los hispánicos, hacen publicidad en los medios masivos de comunicación, programas, periódicos y revistas en español. En síntesis: los elevados márgenes de inmigración mexicana, y las bajas tasas de asimilación de esos inmigrantes a la cultura norteamericana, podrían transformar a Estados Unidos en un país bicultural y bilingüe. Dos pueblos diferentes. Una amenaza para el verdadero american dream.
Los mexicanos responden.
Huntington: El falso profeta
¿Quién ha reclamado, cuándo, algún derecho histórico sobre tierras norteamericanas? A ningún mexicano, político, intelectual, se le ha ocurrido tal barbaridad a través de la historia. Ni siquiera Venustiano Carranza tomó en serio el telegrama Zimermann, en el que Alemania prometía a México recobrar el territorio robado por los Estados Unidos. ¿De dónde saca Huntington tal idea? Aunque los libros de texto señalen el episodio, a los mexicanos se nos olvidó hace mucho, y más bien tenemos temor de que nos quiten otra parte. Aceptamos que fue una guerra injusta, condenada incluso por Abraham Lincoln, pero vive solamente en el festejo cívico de los Niños Héroes de Chapultepec.
Sólo una parte del México contemporáneo es antiestadounidense: La derecha hispanista y la izquierda marxista. La mayoría de la gente no lo es; es más, una buena parte de los mexicanos admiran a los Estados Unidos. La contigüidad, enormidad, ilegalidad, persistencia, concentración, son los cinco factores que —según Huntington— refuerzan la cultura mexicana a expensas de la base cultural blanca y protestante de allá. Eso es solamente una conjetura. Como las estadísticas no lo apoyan, basa sus alarmantes teorías en puras suposiciones. California no es Bosnia-Hersegovina, la cultura mexicana no amenaza a la estadounidense, los mexicanos buscan desde su llegada asimilarse a los indicadores básicos de supervivencia: Idioma, economía, política, obediencia a las leyes. Por supuesto que siguen prefiriendo su comida (como los hindús, los cubanos), siguen siendo católicos (ni la muerte los haría cambiar), siguen celebrando sus propias fiestas. ¿Y qué? Son ciudadanos silenciosos, pacíficos, tranquilos, buenos trabajadores. Huntington tiene razón en algo: la dimensión cuantitativa de la inmigración mexicana es alarmante. Un asunto espinoso que debe discutirse entre los dos países. México tiene una gran responsabilidad en la solución del problema, pero una responsabilidad que tiene que compartir con el poderoso vecino.
Y aquí volvemos al planteamiento de Roberto Cardoso.
Al establecer un diálogo binacional para enfrentar el problema, influye de manera determinante la cuestión del poder, la “comprensión distorsionada” por el proceso de dominación. Aparece el problema de si la ética discursiva —construida en el horizonte de la comunicación intersubjetiva— es capaz de enfrentar adecuadamente el horizonte de la comunicación intercomunitaria.
Abner Cohen definió etnicidad como “esencialmente la forma de interacción entre grupos culturales que operan dentro de contextos sociales comunes. Cardoso utiliza esta definición para evidenciar el fuerte componente político que preside los sistemas interétnicos, sobre todo cuando las relaciones observables estaban marcadas por la presencia de un Estado preocupado por defender a la etnia dominante. Cómo sostener un diálogo equitativo con un país que tiene en sus manos la economía del mundo, el poder militar, el dominio sobre las organizaciones mundiales. Para acceder a un diálogo congruente, habría que conocer las posibilidades de la emergencia de una ética discursiva que considere el contexto socioeconómico de ambos países. Al igual que los Estados latinoamericanos en relación con sus grupos indígenas, los Estados Unidos buscan disolver la cultura mexicana de los inmigrantes en el interior de su sociedad nacional, sin preocuparse por sus especificidades culturales. Esto sólo podría resolverse en el horizonte de una ética planetaria que asimile los derechos y deberes sustentados en los foros internacionales.
Álvaro Ancona
P.D. La respuesta de Fátima Acioly me parece radical. Es cierto que algunos presidentes de América Latina cumplen cabalmente con los comentarios, pero estamos viendo una nueva generación de políticos que intentan cambiar las cosas. Espero que ninguno se parezca a Bush.
Comentado por: Álvaro Ancona el 28/3/2006 a las 19:58
Por mi parte, yo estoy viendo desde hace algún tiempo como Bush parece cada vez más un presidente (o candidato a presidente) latinoamericano: miente, altera los datos, cuando tiene problemas internos acude a algún "enemigo" extranjero (real o imaginario), se preocupa más por su beneficio económico personal y el de sus relacionados que por el país, etc etc.
Comentado por: Fátima Acioly el 28/3/2006 a las 18:42
Jean-François Fogel es francés y tiene 58 años. Periodista y ensayista, trabajó para la Agencia France-Presse, el diario Libération, el semanal Le Point y el mensual Le Magazine Littéraire. Ha vivido una parte de su vida en España donde empezó una segunda carrera como asesor para empresas de prensa. Fue asesor del director del diario Le Monde, desde 1994 a 2002, y sigue trabajando en la concepción y la remodelación continua del sitio Internet creado por el vespertino. Es maestro de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano donde desempeña una línea pedagógica dedicada a la calidad periodística. Publicó varios libros sobre literatura francesa y sobre América Latina. Su libro más reciente es un ensayo sobre el periodismo digital, Una prensa sin Gutenberg (Punto de Lectura, 2007).
Declaraciones de J.-F. Fogel sobre su libro Prensa sin Gutenberg (Vídeo de Youtube)
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