Proceloso caballero
La revista Nueva Sociedad, dedicada a los dilemas de América Latina, prepara un próximo número sobre uno de los más actuales y cruciales, el dinero. Me piden decir algo al respecto pero mi experiencia con el tema es, lamentablemente, modesta, y apunto en esta bitácora aproximaciones al mismo, por si el lector, espero que más ducho, quiera sumarse aunque sea para no restarse.
Se trata, claro, de un dilema, en primer término, histórico (el oro del Nuevo Mundo produjo la banca moderna en Italia, y sustentó la primera gran burguesía en Flandes); y en segundo término, filosófico (la ética protestante alentó el desarrollo del capitalismo); aunque fue también un dilema cultural (la abundancia americana, hecha en la fecundidad del intercambio, postuló que el modelo de lo moderno es la mezcla). Góngora se pasó la vida reclamando por “mis alimentos;” y Cervantes protestó servidumbre al horroroso Conde de Lemos en las vísperas de su muerte, en vano. Una amiga me recuerda que no sólo buena parte de los más grandes escritores españoles conoció prisión, sino que de ellos no quedan ni sus huesos: brazo, cabeza, restos, han desaparecido. La mejor crónica sobre el tema se debe a Juan Valera; explicando que un escritor español no puede comprarle con sus magros ingresos un buen vestido a su mujer, concluye que somos unos miserables.
Antonio Machado le pidió dinero prestado a Rubén Darío para llevar a su mujer, enferma en París, de vuelta a su pueblo; y Darío, a quien todos creían rico aunque era el más pobre, se lo consiguió. Vallejo escribió cartas lamentables pidiendo préstamos a los amigos, que se los giraban de buena gana. Gerardo Diego fue uno de los más generosos, pero cuando en una conferencia en Lima recordó el préstamo, Georgette Vallejo le arrojó unas monedas –ofendiéndonos, de paso, a todos. No en vano repetía Vallejo: “La cantidad de dinero que cuesta ser pobre.” En cambio, Ernesto Cardenal, al narrar el Apocalipsis (durante el cual, según un economista, la inflación llegó al 120%), profetiza:
Y el ángel me dio un cheque del National City Bank
Y me dijo: Cambia este cheque
Y en ningún banco lo pude cambiar porque todos los bancos
habían quebrado.Si finalmente logro vencer el tabú de hablar sobre el tema, tendría que empezar por las grandes novelas latinoamericanas (para no demorarme ya en las de Balzac, Dickens o Flaubert) que giran en torno al dinero. Pedro Páramo, por ejemplo, tiene su eje en la avaricia; como Los ríos profundos, la formidable novela de José María Arguedas, donde el avaro vacía de sentido al mundo, desde su centro, el Cusco. En cambio, en La muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes, la economía simbólica es moderna: Artemio es un capitalista sin reglas ni escrúpulos, cuya acumulación lo termina devorando. La novela hace el trabajo de luto: 350 páginas apenas alcanzan para su obituario.
Las familias, en español, sólo hacen buenas novelas cuando empobrecen. Gracias a ello, todas las grandes novelas nuestras son sobre familias venidas a menos. El héroe de la novela europea del siglo XIX es un joven de provincias que viene a la capital a probar fortuna: basta verlo vestido puntillosamente, inclinado sobre la mesa de juego, poniendo a prueba su suerte, para saber que es totalmente legible: representa la fe en la sociabilidad. La novela del XIX es un formidable aparato de leer, al revés y al derecho, el destino social, que todo lo decide en sus términos.
No es irónico sino lógico que el fundador del Partido Comunista Peruano, José Carlos Mariátegui, haya sido el primer intelectual moderno nuestro: creyó en una vía nacional para el socialismo, cultivó las vanguardias, y fundó el patrimonio de una editorial próspera, la Minerva, editora de sus obras completas y responsable de la escolaridad peruana.
La pobre Ingrid Betancourt ha querido ser recompensada por su gobierno por sus años de cautiverio, pero el imperturbable Uribe le pasó la cuenta del precio de su liberación, y ella ha perdido el aura que tanto le costó. Podría asumir el coraje de la víctima que supera, en sus memorias de cautiverio, la miseria de sus cancerberos. Sería hoy un best-seller. Pero habiendo dilapidado su capital, tendrá que resignarse a la ronda de los famosos que la tele española infama.
La economía del discurso está hecha de paradojas probablemente irresolubles. Digamos, para acordar lo básico, que es bueno que los narradores cobren muy bien por su trabajo y puedan vivir, holgadamente, del mismo. No todos han tenido esa fortuna, cuya ecuación es reciente, y está dictada por el mercado más que por la misma calidad de los libros, como es obvio. Pero tampoco cabe sostener que el éxito se debe a la mala calidad, o que el fracaso económico bendice a lo mejor. Acabo de ver la lista de los libros más vendidos en Chile: todos, sin excepción, son basura. Urge que una excelente novela, como la de Arturo Fontaine (La vida doble, Tusquets), esté en la próxima lista.
El problema, en fin, no está en las altas y bajas de la bolsa literaria, de por si inflacionaria. A pesar de los sociólogos de la literatura (que torturan a sus estudiantes con encuestas a los vecinos, cuyas lecturas delatan su clase social), no hay reglas en estos temas. Incluso la proporción calidad-rédito no está decidida de antemano, por más que lo que más vende nos inspire horror y piedad. Resulta anacrónico que Julio Cortázar recibiera 300 dólares por sus derechos y que Borges ignorara cuanto recibía por una conferencia. Nuestra amistad fue anterior a los agentes literarios: cuando nos preguntaron por el adelanto que esperábamos por un librito al alimón, Cortázar y yo respondimos: ninguno.
Más urgentes, por ser de hoy y de mañana, son otras preguntas.
¿Se puede cobrar, sin compartirlo, por unas charlas sobre Sarita Cartonera, la pequeña editorial alternativa, nacida del reciclaje, que empezó el poeta argentino Wáshington Cucurto?
¿Puedo, sin pestañar, recibir un pago por una crónica en que protesto la muerte del cubano Orlando Zapata?
Algunos ejemplos son dignos de consideración. José Saramago creó una Fundación para ayudar a jóvenes escritores. García Márquez donó tanto dinero a tantas causas perdidas que su mujer sopesó la necesidad de proteger a sus hijos. Tomás Eloy Martínez, con quien compartí la alarma de estos temas, me confió que sostenía una escuela en su pueblo. Pero quizá la mayor lección la debo a Toni Morrison cuando la invitamos a una semana de diálogos en Brandeis, y pidió dividir sus honorarios con una fundación educativa.
Se trata, en efecto, de la pregunta por nuestro lugar de escritores en estos tiempos de más pobres y desiguales distribuciones. O sea, por el lugar del otro en ti.
[Publicado el 08/8/2010 a las 23:51]
[Enlace permanente] [Imprimir] [Enviar a un amigo]
Vender el alma al diablo. ¿Cómo calificar la denuncia, por muy justa que sea, cuando se recibe un dinero por ella?
¿qué valor tiene la denuncia de quien no ha sido encumbrado por el éxito profesional y económico al reconocimiento social?
¿cómo separar un ejercicio de ética del beneficio económico que puede conllevar?
Para que se entienda mejor lo que quiero decir, baste el ejemplo de los conciertos de música por causas que podríamos considerar justas, y que tanto proliferan últimamente. Lo que esos eventos suponen para los réditos de los grupos que en ellos intervienen es muy superior a la cantidad destinada a la causa por la que se celebraba. Las ventas de sus discos se disparan por la imagen que dan al aparecer en conciertos benèficos. Pero ¿qué hacer?
Efectivamente, poderoso y proceloso caballero.
Comentado por: Unbar Baro el 20/8/2010 a las 18:28
asi es quien busque dinero que no se dedique al arte capaz que viene algun dia pero seguramente el no lo vera
Comentado por: juan-andres el 09/8/2010 a las 01:19
Ya sé que es generalizar pero no deja de resultar \"curioso\" que los más brillantes momentos de la literatura española hayan coincidido con épocas de crisis social y económica: el Siglo de Oro, el 98, el 27... Parece que en España la riqueza y la inspiración literaria se han llevado mal desde siempre, como si nuestra literatura surgiera de una queja, de una huída, de una súplica o de una reivindicación ante una realidad fea y miserable... Eran otros tiempos, con una población mayoritariamente analfabeta y con un mercado literario muy restringido. Ahora, sin embargo, hay un mercado amplio, pero también hay un nuevo analfabetismo cultural forjado por la industria del libro, más interesada en la cantidad, en lo kilos de papel vendido, que en la calidad de lo editado. Para vender tus propios kilos de papel lo fundamental es contactar con las personas adecuadas, darte a conocer en los medios de comunicación de masas llamando la atención, si es posible, con alguna excentricidad circense... Así las cosas, la basura de las librerías suele ahogar las raras perlas que encuentra el que tiene ánimos para escarbar entre tan malolientes despojos de lo que un día fué arte y como siempre los que de verdad tienen talento suelen verse abocados a una vida de olvido y penalidades.
Comentado por: Un bárbaro el 08/8/2010 a las 23:56
Perú, 1942. Después de estudiar Literatura en la Universidad Católica, en Lima, y publicar su primer libro de crítica, La contemplación y la fiesta (1968), dedicado al "boom" de la novela latinoamericana, emigró a Estados Unidos invitado como profesor visitante por las Universidades de Pittsburgh y Yale. Vivió en Barcelona (1971-73) como traductor y editor. Volvió de profesor a la Universidad de Texas, Austin, donde en 1978 fue nombrado catedrático de literatura latinoamericana. Lo fue también en la Universidad de Brandeis y desde 1989 lo es en la Universidad de Brown, donde ha sido director del Departamento de Estudios Hispánico y actualmente es director del Proyecto Transatlántico. Ha sido profesor visitante en Harvard, NYU, Granada y Las Palmas, y ocupó la cátedra Simón Bolívar de la Universidad de Cambridge. Es miembro de las academias de la lengua de Perú, Venezuela, Puerto Rico y Nicaragua. Ha recibido la condecoración Andrés Bello del gobierno de Venezuela en 1998 y es doctor honorario por las universidades del Santa y Los Angeles, Perú, y la Universidad Americana de Nicaragua. Consejero de las cátedras Julio Cortázar (Guadajara, México), Alfonso Reyes (TEC, Monterrey), Roberto Bolaño (Universidad Diego Portales, Chile) y Jesús de Polanco (Universidad Autónoma de Madrid/Fundación Santillana). Dirije las series Aula Atlántica en el Fondo de Cultura Económica, EntreMares en la Editorial Veracruzana, y Nuevos Hispanismos en Iberoamericana-Vervuert. Ha obtenido los premios Rulfo de cuento (París), Bizoc de novela breve (Mallorca), Casa de América de ensayo (Madrid) y el COPE de cuento (Lima). De su crítica ha dicho Octavio Paz:"Ortega practica el mejor rigor crítico: el rigor generoso."
Crítica
Transatlantic Translations. Londres: Reaktion Books 2006
Rubén Darío y la lectura mutua. Barcelona: Omega 2004
Caja de herramientas. Prácticas culturales para el nuevo siglo chileno. Santiago: LOM 2000
El principio radical de lo nuevo. Lima: FCE 1997
Retrato de Carlos Fuentes. Madrid: Circulo de Lectores 1995
Arte de innovar. Mexico: UNAM 1994
El discurso de la abundancia. Caracas: Monte Ávila 1992
Una poética del cambio. Prólogo de José Lezama Lima. Caracas: Biblioteca Ayacucho 1992
Reapropiaciones: Cultura y literatura en Puerto Rico. San Juan: EUPR 1991
Gabriel García Márquez and the Powers of Fiction. Austin: Texas Press 1988
Crítica de la Identidad. México: Fondo de Cultura Económica 1988
Cultura y modernidad en la Lima del 900. Lima: CEDEP 1987
Poetics of Change, The New Spanish-American Narrative. Austin: Texas Press 1986
Figuración de la persona. Barcelona: Edhasa 1971
La contemplación y la fiesta. Caracas: Monte Ávila 1969
Ficción
Teoria del viaje y otras prosas. Madrid: Ediciones del Centro 2009
Adiós Ayacucho. Lima: U de San Marcos 2007
Puerta Sechin. Tres novelas breves. México: Jorale Ed. 2005
Habanera. Palma de Mallorca: Bitzoc, 1999; Lima: Fondo PUC 2001
Emotions. Poems. New York: 2000
La mesa del padre. Cuentos. Caracas: Monte Ávila 1995
Ayacucho, Good Bye. Pittsburgh: Latin American Review Press 1994
Ediciones
México Transatlántico. Con Celia del Palacio. México: FCE 2008
Rubén Darío: Poesía. Barcelona: Círculo de Lectores 2007
Carlos Fuentes: Obra reunida. México: FCE 2006
Gaborio. Arte de Releer a Gabriel García Márquez. México: Jorale 2004
"El Aleph" de Jorge Luis Borges, ed. Critica. Con E. del Río Parra. México: El Colegio de México 2008
The Picador Book of Latin American Stories. Con Carlos Fuentes. London: Picador 1998; New York: Viking 2000
Alfredo Bryce Echenique: La vida exagerada de Martín Romaña. Con M.F. Lander. Madrid: Cátedra 2002
Antología del cuento latinoamericano del siglo XXI. México: Siglo XXI 1997
La Cervantiada. Madrid: Libertarias 1994
César Vallejo: Trilce. Madrid: Cátedra 1996
Julio Cortázar: Rayuela. Con Saúl Yurkievich. París: Archivos 1993
America Latina in its Literature. Con César Fernández Moreno. New York 1984
26/1/2012 06:45
Publicado por: Coki
25/1/2012 01:07
Hola Julio. Es evidente que tu...
Publicado por: Víctor
17/1/2012 00:23
¡Hermosa entrada para empezar...
Publicado por: Alejandra
28/11/2011 09:58
No tendremos nunca palabras...
Publicado por: Andrés Sánchez Robayna
05/11/2011 13:11
Gracias por esta información muy...
Publicado por: Justin William
05/11/2011 07:46
I am very much pleased with the...
Publicado por: Layla Jocasta
04/11/2011 19:36
Publicado por: Manuel
03/11/2011 23:21
Es lo que toca amigo, ir a pecho...
Publicado por: Manuel
02/11/2011 21:39
Publicado por: juan andres
11/10/2011 20:42
Rolando Gabrielli: Una noche de...
Publicado por: Amanecer
Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2011 | Gran Vía, 32 - 28013 Madrid | | Aviso Legal | RSS
Página desarrollada por Tres Tristes Tigres