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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

domingo, 25 de agosto de 2019

 Blog de Julio Ortega

Taller Vallejo

 
 
El primer día de clases les había yo advertido a los alumnos que la experiencia de estudiar la poesía de César Vallejo es peculiar: al terminar el curso uno sabe menos que al comenzarlo.
 
Ahora que el seminario concluye, los siete estudiantes saben menos del poeta pero algo más de sí mismos.  Han aprendido, por su cuenta, que su capacidad de leer requiere ser puesta a prueba.
 
Reconocer la distinta legibilidad de un objeto de arte es parte de la experiencia crítica, de su aprendizaje sin rédito.
 
He hecho varias veces este seminario, que llamo Taller Vallejo, postulando no sin optimismo que el ejercicio de leer a este poeta dificilísimo es imprevisible para uno.  La verdad, uno no se conoce bien hasta atravesar la ciudad de Trilce. Hay que meter las manos en el poema, diagramarlo, dibujarlo, para finalmente concluir que su descripción confirma que lo conocemos un poco menos.  Los siete terminaban las dos horas exahustos y exaltados.
 
“Un buen alumno –le dice el poeta a un tilo del Marne- leyendo va en tu naipe, en tu hojarasca…” Y le llama:”¡Oh profesor, de haber tanto ignorado!”  En ese poema, “El libro de la Naturaleza,” las hojas del árbol son las del libro, pero son también las cartas de una baraja. La lectura las reparte, verso a verso, para aprender a leer de nuevo. El poema es todo lo que nos queda de la Naturaleza.
 
Como buen poema hermético, el de Vallejo invita a la interpretación, a la sobreinterpretación, pero también al disparate. Por algo Trilce es un aparato cuyo nombre no está en el Diccionario. Algunas buenas gentes han propuesto que esa palabra está hecha de otras dos: triste y dulce. ¡Qué vida tan fácil la de esos lectores que apagan el libro!
 
Pero debemos estar pasando por un nuevo ciclo de la lectura, menos predeterminado por teorías autorizadas y métodos positivistas; una de esas eras imaginarias que, cada tanto, reordenan la biblioteca.  Porque en el  pequeño Taller la conversación, de pronto, hizo rizoma. Un estudiante observó el pasar de unos zapatos entre algunos poemas.  Otro, la producción residual de una poesía de los escombros. Alguien más, las tachaduras que en un manuscrito son necesarias al poema…
 
Ese desplegado material que va de la letra a la tachadura, esa escena de trazas y huellas, prometía en la lectura un trayecto de retorno.
 
Es verdad que el “Guernica” de Picasso es lo que más se parece a un poema de España, aparta de mí este cáliz.  Ninguno de los dos cabe en el campo de la mirada.  Es lo que Vallejo llama una mirada “despupilada,” y también, “un día doble.” Había visto el cuadro al volver a París en el Pabellón de la República Española, en la Exposición que se acababa de inaugurar.  Seguramente Vallejo escribía entonces España, aparta de mí este cáliz. Todos somos, en alguna medida, el “Guernica” que vimos. A mí me tocó verlo en mayo de 1969 en mi primera visita a Nueva York. Fue lo primero que vi apenas entrar al MOMA. Después, el que vi protegido en el Prado y, más tarde, el que descansa en el Reina Sofía, no son el mismo.
 
No es casual que Picasso pintara al menos un cuadro para cada museo, previendo al señor que ladea la cabeza para recomponer una figura legible. Vallejo hizo otro tanto, cortando las amarras referenciales del lenguaje.
 
Al final, nos entusiasmamos con ese fervor de lo indecible. Su rebeldía está arraigada, “hasta hacer sangre,” en la materia que se hace lugar en el discurso.
 
Esta vez, fui al museo de Harvard para buscar esos trayectos en la colección de constructivistas rusos. Me sentí como el señor que busca hacer una escena con un cuadro de Picasso. Pero dadas las sintonías que a veces nos salen al paso, me encontré con el cuadro constructivista que equivale, quiero creer, a la forma interna de la geometría vallejiana: los triángulos, círculos y cuerdas están suspendidos en el espacio del cuadro más allá de la ley de la gravedad, contradiciéndola con asombro.
 
Ese esquema conceptual es lo que organiza al lenguaje del poeta peruano, entre tensiones que no se suman y saltos en el abismo que nos restan.
 
Pero ahora que termino de leer los  trabajos finales del Taller, me encuentro con una nota de Enrique Bruce que dice mejor lo que yo intentaba decir. En el no. 54 de la revista limeña Hueso húmero (el título es coincidencia), que acaba de salir, Bruce se pregunta por qué la película “Canciones del segundo piso” (2000) del director sueco Roy Anderson lleva una cita de Vallejo (“Amadas las personas que se sientan,” del poema “Traspié entre dos estrellas”). La conclusion de Bruce es que el director al convertir las palabras en imágenes transforma el poema en una representación conceptual. El poema, que proviene del modelo evangélico, incluye el verso: (Amado sea) “el que se coje el dedo en una puerta.” Anderson escenifica el acto en el andén de un tren donde un pasajero se ha pillado los dedos y los demás lo miran, discuten el hecho, pero no reparan en su dolor.
 
Sobre la representación de las emociones habíamos hablado en el Taller a partir del ejemplo de los formidables videos de Bill Viola que pude ver en el Thyssen.  Mientras que Deleuze había teorizado que el “corte” en el cine es un lenguaje en sí mismo, y la “imagen-tiempo” una unidad del montaje; Viola fue más allá al fotografiar en su video-arte instantes de la emoción que el ojo del espectador no capta y sólo arma como proceso, como relato. De modo que la emoción (si entendí bien, esto es demasiado complicado, lo siento, ¡ya teníamos bastante con Vallejo!) es producida por el espectador, por la mecánica fragmentaria que se resuelve en la percepción y, así, en la interpretación.  Quien haya estado en el Thyssen (“Las lágrimas de Eros”) habrá visto a esos espectadores, yo entre ellos, demudados ante la danza de los afectos de esas parejas, arrebatadas por la ola de agua y luz que Viola ha construido, en la misma lógica de Picasso y Vallejo: en contra de la representación literal, poniendo en cuestión la economía del lenguaje, y cautivándonos con el enigma que somos.
 
Al final, se trata de eso, de navegar el arrebato de la forma vallejiana (o para el caso las rupturas de Picasso, Joyce, Kafka, Pound, Borges, Lezama Lima, Tàpies, Fuentes, Goytisolo, Eltit…); y habiendo sido parte de ese vértigo, saber, al volver al habla diaria, que su uso nos pertenece como herramienta arrebatada a las sociedades que no reconocen  valores sin precio.
 
Esa lectura es la que nos deja Vallejo entre las manos.  Una lectura que no se resigna a su conversión en objeto de consumo, descifrado y desactivado. 
 
En la primera imagen de la película de Anderson alguien lustra su zapato.  Una cita vallejiana, como la cuchara, los huesos húmeros, los caminos.  Siéntate, decía Vallejo en un poema de España…, en tu trono,  ¡tu zapato!.

[Publicado el 10/1/2010 a las 23:14]

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Comentarios (3)

  • Julio, gracias por compartir una nota tan hermosa que mezcla la emoción de la experiencia de la enseñanza, la entrañable poesía de Vallejo (fui a su tumba en octubre en París y le dejé unos dulces), el Guernica de Picasso, los cuadros en diferentes museos, el cine y su movimiento, las nuevas posibilidades de la imagen, la cita, el intertexto. Yo veo así a la literatura, en diálogo con todas las artes, así la pienso, así la investigo y la enseño- Al final Picasso y Vallejo están enseñándonos que la realidad tiene demasiados ángulos, demasiadas aristas y perspectivas. Voto por ese misterio y esa complejidad al momento de componer y leer un texto.
    Y eso también se aprecia en la respuesta de Enrique.
    Un fuerte abrazo,
    Andrea

    Comentado por: andrea jeftanovic el 11/1/2010 a las 19:10

  • eso del constructivista ruso y Vallejo es una unión bien interesante Daría para ser trabajada (las artes = UNA misma cosa )

    "... mucho por hacer"

    Comentado por: juan-andres el 11/1/2010 a las 17:31

  • Querido Julio:

    Así como tú te topaste con los constructivistas rusos para darte luz sobre la poética vallejiana, yo me topé con tu blog para ordenar mis reflexiones sobre el lenguaje del cine y el inevitable Vallejo.
    He aquí el resultado de esas reflexiones que los tomo como boceto de lo que pienso desarrollar después. Las comparto contigo:

    Lo que trataba de hacer la literatura y el arte pictórico de las vanguardias es, curiosamente, hacer una mimesis de la percepción “realista” que proporcionaba la escultura (con su tridimensionalidad) y el cine (con la incorporación del tiempo en la imagen). Estos artistas y poetas querían replicar la “materialidad” convencional de los objetos que vemos, en su tridimensionalidad y su temporalidad. Curiosamente el cine ha querido dar énfasis a ese realismo percipiente desde sus inicios. Desde las linternas mágicas del siglo XIX, pasando por el cine sonoro, el de color y finalmente el tridimensional, lo que se buscaba en el elecran, a través de los proyectos tecnológicos más ambiciosos, era acercarse a la magia del objeto cotidiano que se presentaba ante nuestros ojos.

    Esas búsquedas respetaban prolijamente la narración cinética convencional. Se quería sencillamente hacer que el cine fuera lo más “real” posible.

    Sin embargo, la aventura del cine es doble. Por un lado, como dije, se busca el “realismo” visual para acompañar la recepción de lo narrado. La emoción, hasta esta instancia, se consigue como se consiguió siempre en la narrativa, desde que nos contábamos historias alrededor del fuego. La emoción hasta aquí descansaba en la historia lineal, en el referente.

    Hay otra vertiente de esa aventura. Melié tuvo un accidente: dejó correr una cinta en una calle, y la cámara se atascó. Cuando el cineasta vio lo que se había producido en el rollo, como producto de ese atasco involuntario, notó que ciertos elementos “desaparecían” por arte de magia. Se descubrió así, por puro azar, el montaje. Luego vendrían otros cortes (otros “lenguajes” a decir de Derrida, tal como lo pusiste). Contamos ahora con el racconto, con las escenas paralelas, con la condensación del tiempo en la edición de los cortes y los vasos comunicantes de los elementos en común entre escena y escena.

    Esta nueva vertiente nos invitaba a una nueva percepción de lo narrado. Nos educamos para percibir de otra manera muy distinta a la exposición lineal de lo referido. Esa educación nos llevaría a sentir también, si no de otra manera (¿o sí?), sí a través de un medio percipiente diferente. La emoción fue el resultado entonces de la mediación del montaje.

    Vallejo descreía de la emoción que provocaba el referente convencional. Antes de Vallejo (¿antes del montaje?) no podíamos concebir emocionarnos sin la sintaxis lógica, sin la narración lineal, sin la convención retórica, diacrónica, de la poesía hasta la extrañeza simbólica de Mallarmé, y posteriormente, la objetualización extrema de la poesía (y la plástica) dadaísta. Vallejo procuró rescatar la emoción una vez muerto el lenguaje, al menos tal como lo concebíamos.

    La incorporación del sonido (“El cantante de jazz”), la incorporación del color, la experimentación tridimensional (con la apoteosis de la película del momento, “Avatar”), todas estas innovaciones quieren incorporar, como lo había hecho la poesía y la pintura a principios del siglo que acaba de irse, la percepción realista del objeto. Una oda al ojo, diría yo (y a contrapelo del neologismo de Vallejo, una “pupilación”). Quieren al fin y al cabo, de modo conservador, preservar la emoción de lo narrado, del lenguaje convencional y referencial.

    La “despupilación” de Vallejo es más ambiciosa (aunque aberrantemente, anterior a la mayoría de las intentonas cinéticas tecnológicas). Él busca rescatar del naufragio del lenguaje la emoción de antaño (u otra vivencia emocional talvez). Talvez logremos revivir esa emoción de las cuerdas y figuras geométricas de los pintores constructivistas, o de los que quede de los lenguajes artificiales de la biología y las matemáticas, como desesperadamente lo quiso Vallejo en sus poemas. O de la letra del alfabeto que cante a España con otra voz, a partir de la materialidad de un tintero y la magia de un corderillo.

    Gracias por invitarme a todas estas reflexiones, Julio. He estado empapándome con teoría semiótica y del cine en estas últimas semanas. Ahora tengo una perspectiva algo más clara de lo que quería decir(me). Como diría ya sabes quién: hay, hermanos, mucho por hacer.

    Comentado por: Enrique Bruce el 11/1/2010 a las 03:47

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Biografía

Perú, 1942. Después de estudiar Literatura en la Universidad Católica, en Lima,  y publicar su primer libro de crítica,  La contemplación y la fiesta (1968), dedicado al "boom" de la novela latinoamericana, emigró a Estados Unidos invitado como profesor visitante por las Universidades de Pittsburgh y Yale. Vivió en Barcelona (1971-73) como traductor y editor. Volvió de profesor a la Universidad de Texas, Austin, donde en 1978 fue nombrado catedrático de literatura latinoamericana. Lo fue también en la Universidad de Brandeis y desde 1989 lo es en la Universidad de Brown, donde ha sido director del Departamento de Estudios Hispánico y actualmente es director del Proyecto Transatlántico. Ha sido profesor visitante en Harvard, NYU,  Granada y Las Palmas, y ocupó la cátedra Simón Bolívar de la Universidad de Cambridge. Es miembro de las academias de la lengua de Perú, Venezuela, Puerto Rico y Nicaragua. Ha recibido la condecoración Andrés Bello del gobierno de Venezuela en 1998 y es doctor honorario por las universidades del Santa y Los Angeles, Perú, y la Universidad Americana de Nicaragua. Consejero de las cátedras Julio Cortázar (Guadajara, México), Alfonso Reyes (TEC, Monterrey), Roberto Bolaño (Universidad Diego Portales, Chile) y Jesús de Polanco (Universidad Autónoma de Madrid/Fundación Santillana). Dirije las series Aula Atlántica en el Fondo de Cultura Económica, EntreMares en la Editorial Veracruzana, y Nuevos Hispanismos en Iberoamericana-Vervuert.  Ha obtenido los premios Rulfo de cuento (París), Bizoc de novela breve (Mallorca), Casa de América de ensayo (Madrid) y el COPE de cuento (Lima). De su crítica ha dicho Octavio Paz:"Ortega practica el mejor rigor crítico: el rigor generoso."

Bibliografía

Crítica

 

Transatlantic Translations. Londres: Reaktion Books 2006

 

Rubén Darío y la lectura mutua. Barcelona: Omega 2004

 

Caja de herramientas. Prácticas culturales para el nuevo siglo chileno. Santiago: LOM 2000

 

El principio radical de lo nuevo. Lima: FCE 1997

 

Retrato de Carlos Fuentes. Madrid: Circulo de Lectores 1995

 

Arte de innovar. Mexico: UNAM 1994

 

El discurso de la abundancia. Caracas: Monte Ávila 1992

 

Una poética del cambio. Prólogo de José Lezama Lima. Caracas: Biblioteca Ayacucho 1992

 

Reapropiaciones: Cultura y literatura en Puerto Rico. San Juan: EUPR 1991

 

Gabriel García Márquez and the Powers of Fiction. Austin: Texas Press 1988

 

Crítica de la Identidad. México: Fondo de Cultura Económica 1988

 

Cultura y modernidad en la Lima del 900. Lima: CEDEP 1987

 

Poetics of Change, The New Spanish-American Narrative. Austin: Texas Press 1986

 

Figuración de la persona. Barcelona: Edhasa 1971

 

La contemplación y la fiesta. Caracas: Monte Ávila 1969

 

 

Ficción

 

Teoria del viaje y otras prosas. Madrid: Ediciones del Centro 2009

 

Adiós Ayacucho. Lima: U de San Marcos 2007

 

Puerta Sechin. Tres novelas breves. México: Jorale Ed. 2005

 

Habanera. Palma de Mallorca: Bitzoc, 1999; Lima: Fondo PUC 2001

 

Emotions. Poems. New York: 2000

 

La mesa del padre. Cuentos. Caracas: Monte Ávila 1995

 

Ayacucho, Good Bye. Pittsburgh: Latin American Review Press 1994

 

 

Ediciones

 

México Transatlántico. Con Celia del Palacio. México: FCE 2008

 

Rubén Darío: Poesía. Barcelona: Círculo de Lectores 2007

 

Carlos Fuentes: Obra reunida. México: FCE 2006

 

Gaborio. Arte de Releer a Gabriel García Márquez. México: Jorale 2004

 

"El Aleph" de Jorge Luis Borges, ed. Critica. Con E. del Río Parra. México: El Colegio de México 2008

 

The Picador Book of Latin American Stories. Con Carlos Fuentes. London: Picador 1998; New York: Viking 2000

 

Alfredo Bryce Echenique: La vida exagerada de Martín Romaña. Con M.F. Lander. Madrid: Cátedra 2002

 

Antología del cuento latinoamericano del siglo XXI. México: Siglo XXI 1997

 

La Cervantiada. Madrid: Libertarias 1994

 

César Vallejo: Trilce. Madrid: Cátedra 1996

 

Julio Cortázar: Rayuela. Con Saúl Yurkievich. París: Archivos 1993

 

America Latina in its Literature. Con César Fernández Moreno. New York 1984

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