PRISA utiliza cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia de navegación y realizar tareas de analítica. Al continuar con tu navegación entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

Cerrar

El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 3 de diciembre de 2020

 Blog de Julio Ortega

La literatura, el libro y la era digital


  

En el principio fue el verbo, luego la escritura y enseguida el libro.  Sobre esa lógica causal se funda, desde el Humanismo, la visión de que los libros, escritos no por un dios sino por los hombres, nos harán más libres, a veces felices, incluso sabios. Petrarca fue el primero en lamentarlo: ya hay demasiados libros, dijo, tanto como dudosos licenciados. Cervantes, con una sonrisa “más liberal que española,” como dijo Alfonso Reyes, hizo de la lectura la forma irónica de la crítica. El Quijote fue un best-seller en Hispanoamérica y ese mismo año de su publicación, en una fiesta popular, dos lectores peruanos fueran los primeros en disfrazarse de Don Quijote y Sancho. Don Quijote es el primer amigo español que todos hemos tenido. El libro es uno de los orígenes de América Latina; la imprenta, el ocupadísimo  instrumento de nuestra modernidad.  Gracias a la imprenta y al libro la historia de América Latina no ha sido, como vulgarmente se repite, una historia de fracasos sino todo lo contrario:  un historia del futuro, de su ensayo y recomienzo permanentes.  Este aniversario atlántico de las Cortes de Cádiz, me gustaría proponer que dejemos de leer nuestra historia como una suma de meras frustraciones y la leamos, más bien, como una suma de proyectos de futuro comunitario, ciudadanía imaginada y representación ensayada. Una historia que está siempre haciéndonos, desde el comienzo, con la lengua del sujeto que asume su lugar en los relevos. Nunca el mundo ha tratado tantas veces de ser otro mundo como en las Américas.

 

Si la cultura latinoamericana, por definición, es una figura en desenvolvimiento, una práctica de apropiaciones (antropofagia, la llamaron en Brasil con entusiasmo), cuya sintaxis  incorpora lo nuevo y lo ajeno, ¿cómo no creer que la tecnología será también puesta a trabajar a favor de esa figura? El apetito popular por las nuevas tecnologías es conmovedor. Lo vemos en la extraordinaria fe latinoamericana en la educación democrática, que nos hace tener, a veces, más universidades que profesores y, en esa lógica de los procesos siempre en obras, más estudiantes que Universidades. Sólo en Chile es posible que cien mil estudiantes vayan a la huelga porque quieren estudiar. No menos asombroso es que en este siglo XXI los jóvenes  de cualquier país sean todos semejantes: tienen el mismo lenguaje tecnológico y comparten herramientas equivalentes.

 

Ya los intelectuales indígenas de los tiempos de las fundaciones recomendaban aprender la escritura, y en la gran tradición Humanista todos nuestros héroes culturales (Martí, Bello, Sarmiento, Hostos, Rodó, Darío, Henríquez Ureña, Reyes), han escrito para los que no saben leer, como si la escritura fuera un remedio contra la ceguera, y el lenguaje abriese el horizonte habitable. El día que proclamó la Gran Colombia, Bolívar tuvo a su lado un asombrado maestro inglés que traía el modelo de la Escuela de Lancaster. Lo que Carlos Fuentes llama “la gran novela latinoamericana”, que hace nuestra a la española,  es lo más moderno que tenemos: es un superconductor que enciende la memoria crítica, anima la comunidad dialógica, promueve la razón secular, y  da fe de que la invención es nuestro apetito de porvenir. Se trata, propongo, de un algoritmo barroco.

 

Pues bien, ¿cómo no creer que la formidable tecnología digital  multiplicará una nueva civilización de la lectura? Después de todo, Alfonso Reyes y Ortega y Gasset fueron nuestros primeros blogeros: escribieron miles de páginas que daban cuenta viva de la actualidad, ese presente hecho verbo, que la tecnología de su tiempo,  esa gran prensa, multiplicaba con su tipografía no menos digital. Rubén Darío debe haber apurado dos crónicas por día, tan actuales que parecían escritas mañana; y con tanta prisa que adelantaba las necrológicas de sus enemigos, quienes al leer tales elogios le devolvían la amistad. Dos hombres que leen el periódico, ha dicho el historiador Benedict Anderson, presuponen una nación.

 

Borges imaginó que de noche las palabras de los libros se mezclaban, seguramente porque todo libro quiere ser otro libro: siendo un producto de la tecnología se debe a la reproducción. Hoy creemos que los libros tienen una doble vida: impresa una, digital la otra. Y nos parece que todo libro quiere leerse en una pantalla. Típicamente, dada su vocación apocalíptica, los escritores creen que la pantalla remplazará a la página. Pero los jóvenes saben mejor: no confunden la lectura digital (utilitaria, informativa, funcional) con la lectura del libro (reposada, anotada, referencial).

 

Pasamos hoy por la crisis del libro pero no en razón de su competencia electrónica, sino por su maltrato incluso en una de sus capitales, Buenos Aires, donde la aduana retuvo un millón de ejemplares importados y se les exige a los libreros y editores exportar tanto como importan, aun si lo hacen en otros insumos.  La simetría es tan abusiva que resulta impensable. Y ahora el gobierno busca intervenir la producción del papel a nombre de su mayor distribución y  contra  su supuesto monopolio privado.  Mayor ironía aún tratándose de un gobierno que favorece los derechos humanos y hasta tiene una cátedra en Nueva York con el nombre de Néstor Kirchner. 

 

Pero no hay dos libros, lo que hay son dos lecturas. Los jóvenes distinguen leer en uno y otro medio, de acuerdo a la función de su lectura. Son los primeros bi-lectores. Robert Darton, el bibliotecario de Harvard, ha desmentido los cinco mitos de la “era de la información”: 1) el libro ha muerto; 2) estamos en la era de la información; 3) toda información está en línea; 4) las bibliotecas son obsoletas; 5) el futuro es digital. El libro sigue más vivo que nunca: un millón más de libros se han publicado este año; toda era ha sido una era de la información; sólo una mínima parte de los archivos está en línea, y Google solo ha digitalizado el 12% de los libros; las bibliotecas serán el nervio central de un país, nunca han estado más concurridas que hoy; en el futuro, libros impresos y libros electrónicos serán aliados, no enemigos. ¿Cual es, entonces, el problema del libro? En su origen está su perpetuidad: no tiene que saturar al lector con novedades, tiene que inventar al lector con necesidades. Los nuevos lectores se están formando ahora mismo y demandan ya sus propias lecturas. Por ejemplo, son millones los migrantes cuyos hijos serán los lectores del futuro. La lectura ha sido siempre una transición entre países, lenguas, clases, eras. A fines de este año, cuando parecería que los libros eran sustituidos por su versión digital, las estadísticas nos tenían otra sorpresa: los lectores han adquirido más libros que nunca; por un lado los de arte y destreza gráfica y, por otro, los que documentan la actualidad. Para sobrellevar mejor el nuevo siglo nos harán falta los mejores libros, no sólo los probables sino sobre todo los improbables. Como siempre en esta cultura, el lenguaje tecnológico ha ampliado el horizonte compartido. Un futuro que el español y el portugués,  que se acrecientan en el espacio sin fondo del libro, han hecho más creativo y habitable.

 

La historia del futuro es también la del libro: el exilio español de los años 40 nos mejoró la lectura gracias a las editoriales y traducciones que propició en México y Argentina: América, imaginó Juan Larrea, era la nueva realización de España. Cuando la dictadura cerró Brasil, América hispánica  acogió, tradujo y difundió su fecunda literatura. Y cuando la dictadura argentina persiguió a la inteligencia, Brasil recibió escritores y profesores que abrieron el espacio actual de intercambios y proyectos. El español es la segunda lengua en Brasil y, en este siglo, seguramente el portugués lo será en varios de nuestros países. Es más, pienso que Brasil confirma este siglo la existencia de la idea misma de América Latina.

 

La cultura en el siglo XXI será trasatlántica: un horizonte proyectado complementariamente por la lectura mutua.

 

[Publicado el 20/12/2011 a las 23:05]

Compartir:

Comentarios (0)

No hay comentarios

Deja un comentario




Tu correo electrónico:


Escribe los caracteres de la imagen (para evitar SPAM):

Comentario:


Foto autor

Biografía

Perú, 1942. Después de estudiar Literatura en la Universidad Católica, en Lima,  y publicar su primer libro de crítica,  La contemplación y la fiesta (1968), dedicado al "boom" de la novela latinoamericana, emigró a Estados Unidos invitado como profesor visitante por las Universidades de Pittsburgh y Yale. Vivió en Barcelona (1971-73) como traductor y editor. Volvió de profesor a la Universidad de Texas, Austin, donde en 1978 fue nombrado catedrático de literatura latinoamericana. Lo fue también en la Universidad de Brandeis y desde 1989 lo es en la Universidad de Brown, donde ha sido director del Departamento de Estudios Hispánico y actualmente es director del Proyecto Transatlántico. Ha sido profesor visitante en Harvard, NYU,  Granada y Las Palmas, y ocupó la cátedra Simón Bolívar de la Universidad de Cambridge. Es miembro de las academias de la lengua de Perú, Venezuela, Puerto Rico y Nicaragua. Ha recibido la condecoración Andrés Bello del gobierno de Venezuela en 1998 y es doctor honorario por las universidades del Santa y Los Angeles, Perú, y la Universidad Americana de Nicaragua. Consejero de las cátedras Julio Cortázar (Guadajara, México), Alfonso Reyes (TEC, Monterrey), Roberto Bolaño (Universidad Diego Portales, Chile) y Jesús de Polanco (Universidad Autónoma de Madrid/Fundación Santillana). Dirije las series Aula Atlántica en el Fondo de Cultura Económica, EntreMares en la Editorial Veracruzana, y Nuevos Hispanismos en Iberoamericana-Vervuert.  Ha obtenido los premios Rulfo de cuento (París), Bizoc de novela breve (Mallorca), Casa de América de ensayo (Madrid) y el COPE de cuento (Lima). De su crítica ha dicho Octavio Paz:"Ortega practica el mejor rigor crítico: el rigor generoso."

Bibliografía

Crítica

 

Transatlantic Translations. Londres: Reaktion Books 2006

 

Rubén Darío y la lectura mutua. Barcelona: Omega 2004

 

Caja de herramientas. Prácticas culturales para el nuevo siglo chileno. Santiago: LOM 2000

 

El principio radical de lo nuevo. Lima: FCE 1997

 

Retrato de Carlos Fuentes. Madrid: Circulo de Lectores 1995

 

Arte de innovar. Mexico: UNAM 1994

 

El discurso de la abundancia. Caracas: Monte Ávila 1992

 

Una poética del cambio. Prólogo de José Lezama Lima. Caracas: Biblioteca Ayacucho 1992

 

Reapropiaciones: Cultura y literatura en Puerto Rico. San Juan: EUPR 1991

 

Gabriel García Márquez and the Powers of Fiction. Austin: Texas Press 1988

 

Crítica de la Identidad. México: Fondo de Cultura Económica 1988

 

Cultura y modernidad en la Lima del 900. Lima: CEDEP 1987

 

Poetics of Change, The New Spanish-American Narrative. Austin: Texas Press 1986

 

Figuración de la persona. Barcelona: Edhasa 1971

 

La contemplación y la fiesta. Caracas: Monte Ávila 1969

 

 

Ficción

 

Teoria del viaje y otras prosas. Madrid: Ediciones del Centro 2009

 

Adiós Ayacucho. Lima: U de San Marcos 2007

 

Puerta Sechin. Tres novelas breves. México: Jorale Ed. 2005

 

Habanera. Palma de Mallorca: Bitzoc, 1999; Lima: Fondo PUC 2001

 

Emotions. Poems. New York: 2000

 

La mesa del padre. Cuentos. Caracas: Monte Ávila 1995

 

Ayacucho, Good Bye. Pittsburgh: Latin American Review Press 1994

 

 

Ediciones

 

México Transatlántico. Con Celia del Palacio. México: FCE 2008

 

Rubén Darío: Poesía. Barcelona: Círculo de Lectores 2007

 

Carlos Fuentes: Obra reunida. México: FCE 2006

 

Gaborio. Arte de Releer a Gabriel García Márquez. México: Jorale 2004

 

"El Aleph" de Jorge Luis Borges, ed. Critica. Con E. del Río Parra. México: El Colegio de México 2008

 

The Picador Book of Latin American Stories. Con Carlos Fuentes. London: Picador 1998; New York: Viking 2000

 

Alfredo Bryce Echenique: La vida exagerada de Martín Romaña. Con M.F. Lander. Madrid: Cátedra 2002

 

Antología del cuento latinoamericano del siglo XXI. México: Siglo XXI 1997

 

La Cervantiada. Madrid: Libertarias 1994

 

César Vallejo: Trilce. Madrid: Cátedra 1996

 

Julio Cortázar: Rayuela. Con Saúl Yurkievich. París: Archivos 1993

 

America Latina in its Literature. Con César Fernández Moreno. New York 1984

Enlaces

Página web de Julio Ortega

Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2020 | Fundación Formentor | Barceló Torre de Madrid. Plaza de España, 18 28008 Madrid (España) | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres