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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

martes, 16 de julio de 2019

 Blog de Julio Ortega

El lugar (sobrevalorado) del centro


 
 
No se tú, pero yo estoy por creer que el centro está sobrevalorado. Preferiría equivocarme, pero me temo que en el centro ya no queda lugar: la izquierda se mueve al centro, nos dicen los medios, y la derecha anuncia que ocupa el centro. El centro vuelve, de pronto, inocentes a sus ocupas, aunque no por mucho tiempo. Pronto se subdivide en centro derecha y centro izquierda, y en cada lado hay quien termina a la derecha-izquierda de alguien y a la izquierda-derecha de otro. El centro se ha convertido en el capital simbólico del lugar común. 
 
La crisis, una metáfora que primero designó el desequilibrio del cuerpo vencido por la enfermedad, es hoy la pérdida de lugar del cuerpo político, vencido por la economía. Es probable que la idea de centro sea terapéutica, una suerte de hospital donde la gente de derecha, notoriamente malhumorada aun cuando gana las elecciones, recupera la buena conciencia. Y donde la gente de izquierdas se cura en salud. Pero ésta es, claro, una metáfora centrista.
 
Lo cierto es que en todas partes la crisis es una suerte de parálisis. Mi impresión es que  la crisis disminuye los límites de nuestro lenguaje.  Nos impide tomar decisiones, ensayar alternativas, abrir espacios. Esto es, desbordar el penoso lenguaje economicista (la economía, después de todo, se ha demostrado la más modesta de las supersticiones modernas) y ganarle la palabra a la melancolía literal que sus discursos reproducen. Los indignados han mejorado la calidad del español público, con vivacidad e ironía, convirtiendo la Puerta del Sol en una plaza tomada por el lenguaje inventivo. La crisis, en cambio, ha exacerbado el lenguaje maldiciente, que cuando quiere ser cómico resulta patético.  Hasta los corruptos tienen su retórica de vieja cepa; de uno de ellos se nos dice que “no se le podrá sostener la mirada;” supongo que por vergüenza ajena.
 
En Estados Unidos, el centro se ha vuelto exculpatorio y, al final, excéntrico. El liberalismo puritano entiende que la verdad está siempre al medio, y cada vez que alguien expresa una opinión es preciso escuchar la  contraria. La radio y la televisión públicas están obligadas a compensar toda idea con la idea opuesta. Esta fe en el término medio es ilusoria porque el debate siempre es ganado por el más agresivo. El centro termina perdiendo sus papeles. Lo hemos visto estos días en el acre debate entre republicanos y demócratas a propósito de la urgencia de elevar el monto de la deuda pública. El extremismo de la nueva derecha hizo desaparecer a la izquierda, y hasta Obama terminó moviéndose a la derecha del centro.
 
Si el piadoso Robert Burton en su enciclopedia de la Melancolía recomendaba, como buen médico de su tiempo, supositorios de lapislázuli contra el mal bilioso, los economistas de hoy, no menos melancólicos, dados los límites costosos de su ciencia, recetan recortes del gasto social. Después de promover el consumo irrestricto como una medida de la libertad,  demandan desmontar el estado de medio bienestar.  
 
Es cierto que las ideas de la Ilustración encarnaron en la fundación de los Estados Unidos; pero también es verdad que la tradición liberal nuestra, cuyo paradigma inclusivo se gesta en las Cortes de Cádiz, alienta en las fundaciones republicanas de América Latina.  (Cádiz aporta el término “liberal” al lenguaje político de las lenguas europeas). Por eso, leemos la saga de la emancipación como el ensayo de fundar lo moderno desde este liberalismo: desde la constitución, la representación y la democracia social. Pocas regiones del mundo han tenido esa terca vocación democrática. No es casual que la promesa de la revolución liberal haya sido, una y otra vez, interrumpida y colonizada.
 
Un subproducto de la crisis es que los comentaristas internacionales han perdido la capacidad de leer sin prejuicios la evolución económica y la voluntad social de inclusión en América Latina. Hasta Chile, que fue el país que consagró el neo-liberalismo de mercado irrestricto, descubre hoy (ojalá que a tiempo) los límites del modelo, desbordado por la demanda social de inclusión: las víctimas del terremoto, las poblaciones originales que se reclaman mapuches, y los estudiantes universitarios, masivamente, y no sin drama, han hecho evidente las insuficiencias de un modelo que en sus términos no da más. Estuve en Santiago el día de la gran manifestación de estudiantes que reclaman democratizar el sistema universitario, que tiene grandes universidades pero no son para quienes no puedan pagarlo. Yo nunca había estado al pie de una marcha multitudinaria de estudiantes que quieren estudiar. Es gracias a esos estudiantes que América Latina no está en crisis.
 
A nombre del pensamiento radical y el lenguaje de invención, y por deformación profesional, me gustaría proponer que leamos la historia hispánica no como una serie de hechos pasados sino como una saga de futuros ensayados. Adelanto la hipérbole de una hipótesis: nuestra historia es una historiografía del futuro.
Cada rebelión, cada revolución, cada reforma constitucional, debería leerse como el proyecto republicano, liberal, secular y utópico, de construir la comunidad del futuro en un español crítico.
 
Los comentaristas han anunciado que el nuevo presidente peruano “se ha movido al centro.” Pero que Ollanta Humala en su discurso inaugural del 28 de julio haya jurado por la Constitución de 1979 y no por la actual hecha por el fujimorismo, revela que las constituciones disputan el modelo de lo moderno: son el contrato social donde la ciudadanía recupera su definición histórica; es decir, su futuro. Anuncia también que su proyecto de mayor horizonte, la inclusión (mejor distribución del ingreso, más educación, lucha contra la pobreza) articula la tradición liberal de la democracia social; y conceptualiza (al sumar a Mariátegui, Haya de la Torre, Belaúnde y Basadre) en la historia de las ideas el principio de futuridad peruana.  Esa suma es radical: integra lo diferente en lo colectivo.  No mencionó Humala a José María Arguedas, cuya visión de los dramas de sumar en el Perú sostiene la noción de una modernidad democrática, donde por fin el estado sea parte de la nación. Pero Arguedas estuvo, tácito y actuante, en ese renovado contrato cultural.  Una comunidad de naciones se anuncia en ese horizonte.
 
 
 

[Publicado el 01/8/2011 a las 01:34]

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Comentarios (1)

  • Pues a mí la idea de que no existe la verdad absoluta y de que a cada idea se le debe buscar la opuesta para ir acercándose a un punto de vista global en vez de parcializado, me parece correcta. De hecho, me parece que la verdad es un camino, más que una certeza o una meta al final. Y creo que esa forma de andarlo es correcta.

    Comentado por: loyor el 06/8/2011 a las 11:32

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Biografía

Perú, 1942. Después de estudiar Literatura en la Universidad Católica, en Lima,  y publicar su primer libro de crítica,  La contemplación y la fiesta (1968), dedicado al "boom" de la novela latinoamericana, emigró a Estados Unidos invitado como profesor visitante por las Universidades de Pittsburgh y Yale. Vivió en Barcelona (1971-73) como traductor y editor. Volvió de profesor a la Universidad de Texas, Austin, donde en 1978 fue nombrado catedrático de literatura latinoamericana. Lo fue también en la Universidad de Brandeis y desde 1989 lo es en la Universidad de Brown, donde ha sido director del Departamento de Estudios Hispánico y actualmente es director del Proyecto Transatlántico. Ha sido profesor visitante en Harvard, NYU,  Granada y Las Palmas, y ocupó la cátedra Simón Bolívar de la Universidad de Cambridge. Es miembro de las academias de la lengua de Perú, Venezuela, Puerto Rico y Nicaragua. Ha recibido la condecoración Andrés Bello del gobierno de Venezuela en 1998 y es doctor honorario por las universidades del Santa y Los Angeles, Perú, y la Universidad Americana de Nicaragua. Consejero de las cátedras Julio Cortázar (Guadajara, México), Alfonso Reyes (TEC, Monterrey), Roberto Bolaño (Universidad Diego Portales, Chile) y Jesús de Polanco (Universidad Autónoma de Madrid/Fundación Santillana). Dirije las series Aula Atlántica en el Fondo de Cultura Económica, EntreMares en la Editorial Veracruzana, y Nuevos Hispanismos en Iberoamericana-Vervuert.  Ha obtenido los premios Rulfo de cuento (París), Bizoc de novela breve (Mallorca), Casa de América de ensayo (Madrid) y el COPE de cuento (Lima). De su crítica ha dicho Octavio Paz:"Ortega practica el mejor rigor crítico: el rigor generoso."

Bibliografía

Crítica

 

Transatlantic Translations. Londres: Reaktion Books 2006

 

Rubén Darío y la lectura mutua. Barcelona: Omega 2004

 

Caja de herramientas. Prácticas culturales para el nuevo siglo chileno. Santiago: LOM 2000

 

El principio radical de lo nuevo. Lima: FCE 1997

 

Retrato de Carlos Fuentes. Madrid: Circulo de Lectores 1995

 

Arte de innovar. Mexico: UNAM 1994

 

El discurso de la abundancia. Caracas: Monte Ávila 1992

 

Una poética del cambio. Prólogo de José Lezama Lima. Caracas: Biblioteca Ayacucho 1992

 

Reapropiaciones: Cultura y literatura en Puerto Rico. San Juan: EUPR 1991

 

Gabriel García Márquez and the Powers of Fiction. Austin: Texas Press 1988

 

Crítica de la Identidad. México: Fondo de Cultura Económica 1988

 

Cultura y modernidad en la Lima del 900. Lima: CEDEP 1987

 

Poetics of Change, The New Spanish-American Narrative. Austin: Texas Press 1986

 

Figuración de la persona. Barcelona: Edhasa 1971

 

La contemplación y la fiesta. Caracas: Monte Ávila 1969

 

 

Ficción

 

Teoria del viaje y otras prosas. Madrid: Ediciones del Centro 2009

 

Adiós Ayacucho. Lima: U de San Marcos 2007

 

Puerta Sechin. Tres novelas breves. México: Jorale Ed. 2005

 

Habanera. Palma de Mallorca: Bitzoc, 1999; Lima: Fondo PUC 2001

 

Emotions. Poems. New York: 2000

 

La mesa del padre. Cuentos. Caracas: Monte Ávila 1995

 

Ayacucho, Good Bye. Pittsburgh: Latin American Review Press 1994

 

 

Ediciones

 

México Transatlántico. Con Celia del Palacio. México: FCE 2008

 

Rubén Darío: Poesía. Barcelona: Círculo de Lectores 2007

 

Carlos Fuentes: Obra reunida. México: FCE 2006

 

Gaborio. Arte de Releer a Gabriel García Márquez. México: Jorale 2004

 

"El Aleph" de Jorge Luis Borges, ed. Critica. Con E. del Río Parra. México: El Colegio de México 2008

 

The Picador Book of Latin American Stories. Con Carlos Fuentes. London: Picador 1998; New York: Viking 2000

 

Alfredo Bryce Echenique: La vida exagerada de Martín Romaña. Con M.F. Lander. Madrid: Cátedra 2002

 

Antología del cuento latinoamericano del siglo XXI. México: Siglo XXI 1997

 

La Cervantiada. Madrid: Libertarias 1994

 

César Vallejo: Trilce. Madrid: Cátedra 1996

 

Julio Cortázar: Rayuela. Con Saúl Yurkievich. París: Archivos 1993

 

America Latina in its Literature. Con César Fernández Moreno. New York 1984

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