Mi pasado (televisivo) me condena

La semana pasada fui a un acto escolar en que mis sobrinos mellizos y sus compañeros de tercer grado homenajeaban a sus abuelos. Me sorprendió que el homenaje adoptase la forma de un popurrí televisivo, con los niños recreando viejos programas; y pensé entonces que, en efecto, la generación de sus abuelos era la primera que no había construido recuerdos comunes de la forma más tradicional -a partir de los hechos de su época, de los usos y costumbres sociales, de los titulares de la Historia- sino con la ayuda de esa invención tecnológica que se aplicó desde su nacimiento a fabricar recuerdos a escala masiva: la televisión.
Ahora, además de los recuerdos personales, todos nosotros tenemos recuerdos compartidos por el hecho de haber disfrutado de los mismos programas. Gente que no se cruzó nunca ni tuvo relación alguna produce una empatía instantánea apenas encuentra coincidencia en la visión de tal o cual show: de repente, somos casi como hermanos. ‘¿Te acordás de Sábados circulares de Mancera? ¿De El club del clan? ¿De Tato Bores?' Y eso porque todavía tenemos la experiencia de una época en la que primaba la producción nacional. Aquellos que ya contamos más de cuarenta cambiaremos sin duda de repertorio no bien cruzamos la frontera: en la Argentina, yo crecí disfrutando de cómicos como Balá y Marrone y Dringue Farías y los uruguayos de Hupumorpo, de telenovelas como Rolando Rivas, taxista y de programas infantiles como el del Capitán Piluso -ah, Alberto Olmedo... Imagino que cada uno de ustedes en sus países podría recitar su propia lista sin esforzarse demasiado. Pero en el futuro las listas se harán todavía más comunes, más compartidas. Siempre habrá un programa de éxito local, pero será la excepción. Las preguntas serán las mismas aunque seamos japoneses, turcos o chilenos: ‘¿Te acordás de Lost? ¿De E.R.? ¿De Los Soprano?'
Habrá quien sienta inquietud ante esta novedad, la de millones de personas desconocidas compartiendo los mismos recuerdos. ¿Supone esto homogeneización, una pérdida en materia de idiosincracias? Yo no lo creo necesariamente, pero después de todo soy de los que tiende a ver el vaso medio lleno.
Es cierto que la televisión es vehículo de entretenimientos vacuos (ese programa imbécil que alguna vez mencioné, con participantes que deben atravesar orificios en un muro de telgopor, es un formato japonés que ya tiene sus versiones en Europa y también en USA), puro escapismo, control social en formato electrónico. Pero también es cierto que la comunidad de intereses, de imaginación y de deseos que a la literatura le llevaba siglos construir (‘¿Leíste Moby Dick? ¿Y Crimen y castigo?') y que el cine acortó a tan sólo años (‘¿Viste El Padrino?'), se arma en tan sólo una temporada cuando la televisión hace algo bien, cosa que, seamos sinceros, ocurre cada vez más seguido. Quizás en un futuro no tan lejano, el hecho de haber vibrado con las mismas historias en la India, en Bolivia y en Sudáfrica nos ayude a entendernos mejor y a compartir ya no recuerdos y sueños sino también realidades: más justicia social, menos discriminaciones, igualdad entre los sexos (todos ellos) -en suma, un mundo mejor.
[Publicado el 23/9/2008 a las 07:00]
Yo no puedo ver el vaso medio lleno con respecto a este tema. Me gusta esa sensación de globalización de poder hablar con alguien de cualquier parte del mundo sobre Lost, pero imposible no sentirse atrapado en ese intento de estandarizar la diversidad cultural con estereotipos americanos a través de esas series. Incluso a pesar de que intenten cubrir esa diversidad, siguen cayendo en su visión norteamericana. Me sigo quedando con el cine, en ese sentido (y no el de hollywood, claro).
Hablando de cine, hace un tiempo (años?) me chusmeaste en este blog sobre un director interesado en filmar "el eternauta" (quien no lo está!); pero ya hace meses que Lucrecia Martel está trabajando en esa película. ¿Algún comentario? ¿El resto de la comunidad de directores quedó disgustado? ¿Vos también temblás frente a la posibilidad de una versión snob y muy lejana a lo que todos leímos??
Saludos, Marcelo, y felicitaciones por tu nuevo niño!
Comentado por: Julia el 23/9/2008 a las 21:04
Concuerdo, nuestro pasado y presente televisivo nos define y une, nos da un lenguaje común.
Estamos los que vimos a los Looney Tunes, los Supersonicos, los Picapiedra, a Lucy y Ricky, al tío Martin, a Jeannie, a Samantha Stevens, a Maxwell Smart. Tuvimos al Chavo y al Topo Gigio. Luego nos enganchamos con James T. Kirk y su soberbio sucesor Piccard, mas adelante vimos los X-Files, Seinfeld, Mad about you, algunos, gracias al cable, en idioma original con subtitulos cada vez mejores.
Antes del cable y mucho antes del internet, ya eramos una comunidad televisiva, solo que esas conexiones se establecian con tiempo y distancia, no como ahora, en foros instantaneos, con descargas inmediatas, sin demora ni esperar a las traducciones y a la burocracia de las televisoras. Por cierto, voy a ver si ya termino de bajarse Heroes!
Comentado por: Mayté el 23/9/2008 a las 17:41
Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cinco novelas: El muchacho peronista, El espía del tiempo, Kamchatka, La batalla del calentamiento y Aquarium. Sus libros están siendo traducidos al inglés, alemán, francés, italiano, holandés, polaco y ruso.
Es también autor de un libro infantil, Gus Weller rompe el molde, y de una colección de textos de los primeros tiempos de este blog: El año que vivimos en peligro.
Escribió con Marcelo Piñeyro el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana, considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. Suyo es también el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; de Rosario Tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana) y de Las Viudas de los Jueves, basada en la premiada novela de Claudia Piñeiro, nuevamente en colaboración con Marcelo Piñeyro.
Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.
Actualmente prepara una novela por entregas para internet: El rey de los espinos.
Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.
Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.
Aquarium (2009). Ediciones Alfaguara
La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara
Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil
Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara
El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara
Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura
El muchacho peronista (1992). Planeta
Filmografía
Las viudas de los jueves (2009)
Fecha de estreno: 10 septiembre 2009
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras y Marcelo Piñeyro, basado en la novela de Claudia Piñeiro
Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos
Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti
Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras
Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras y Marcelo Piñeyro según la novela homónima de Ricardo Piglia.
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