El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

viernes, 5 de diciembre de 2008

Blog de Marcelo Figueras

La cuestión de la bondad

Me salió del alma. ‘Si tuviese que definir qué es lo más difícil en este mundo', le dije a mi pobre hija, que no sabía de qué estaba hablando, ‘no dudaría: no hay nada más difícil que ser buena gente'. Las razones que inspiraron el exabrupto distaban de ser trágicas, pero su naturaleza cotidiana y además privada no contradice el argumento: vivimos en sociedades que desconocen cada vez más la noción de bondad, un concepto sospechado de arcaico y por ende de inoperante, al que no puede definirse más que por aproximación en virtud de su rareza -una perla negra por la cual, oportunamente, nadie pagaría un centavo.

Me pregunto cuándo, dónde y cómo habrá aparecido la noción por vez primera. Durante los albores de la especie, imagino que lo bueno debe haber coincido con aquello que convenía al sujeto, y tal vez a su comunidad, del mismo modo en que opera en el contexto de una manada animal: bueno lo que nos cobija en invierno, bueno lo que los alimenta, bueno lo que nos protege de los predadores. Pero en algún momento debe haber irrumpido la duda, propiciando el cuestionamiento. Cuando el hecho de que los más fuertes se quedasen con el abrigo o al reparo, condenando a los más débiles a la muerte, sugirió que el poder quizás no fuese el único de los criterios de discriminación. Cuando algo repugnó a aquellos que estaban comiéndose a sus congéneres. Cuando el arma que hasta entonces había servido para protegerse del tigre fue utilizada contra el hermano, o para robar una mujer ajena. Imagino que estos planteamientos deben haber coincidido con el origen de las religiones, ya no en su carácter de mitos fundantes y explicaciones del mundo natural, sino en su etapa ulterior como propulsoras de una ética individual y comunal. Si algunos de ustedes saben algo específico sobre el origen de la bondad como concepto, o conoce bibliografía ad hoc, sean buenos y compártanlo. No todo es Google en este mundo.

Por supuesto, cuando mi hija preguntó de qué estaba hablando no me remonté a la Edad de Piedra, esas consideraciones surgieron después. En el momento me limité a hablar de nuestra circunstancia, de esta ¿civilización? de la que formamos parte remisa pero parte al fin, y que no sólo desconoce la noción de bondad, sino que además la persigue consecuentemente. Un mundo que lo mide todo en términos monetarios, y que por ende propicia el provecho personal, no encuentra en la bondad utilidad alguna. La bondad no cotiza en nuestras sociedades, en tanto se da de narices con la fuerza propulsora del capitalismo.

Como no todos tenemos dinero suficiente, el dinero es el objeto y la razón del privilegio, y el privilegio es aceite en conjunción con el agua de la bondad. No llegaré al extremo de decir que tener y ser (bueno) son opciones contradictorias, pero creo que la cuestión del tener es en buena medida responsable de la reducción de la bondad al anacronismo, en tanto determina un porcentaje enorme de nuestros actos. Cuanto más tengo, menos quiero perder. Cuanto menos tengo, más necesito. Y cuando tengo suficiente, vivo con tanto miedo de perder lo que tengo que sobreactúo el miedo de los que más tienen. En este mundo angustiado por los alimentos escasos, las hipotecas impagables y la espada de Damocles del agua, el imperativo del tener oblitera la consumación de ser (bueno), quizás más que en cualquier otra época.

Esto se está poniendo interesante. Si no les molesta, la seguimos mañana.

[Publicado el 21/7/2008 a las 10:15]

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Comentarios (5)

  • Me parece que los griegos unían belleza ética con estética. De ahí el término kalokagatía (Safo).
    Pero Marcelo se refiere -creo- a la bondad moral sólamente.
    Sería bueno ahondar en el comportamiento animal para ver si hay algo en común donde se pueda rastrear el origen instintivo del sentimiento.
    Tal vez tenga que ver con el instinto de supervivencia de la raza...

    Comentado por: amalia el 22/7/2008 a las 12:23

  • Armstrongfl cree que la bondad es algo natural, no se consigue con adiestramiento. Lo que hace falta es que uno sea consciente de esa bondad en el otro o en sí mismo.
    Pudo surgir igual que el concepto de belleza, por ejemplo. Una mujer hermosa es la mujer por la que los otros se sienten atraídos. Tiene que haber objeto y sujeto para hablar de belleza. El objeto bello y el sujeto que lo aprecia.
    ¿De dónde surgió la bondad? Tuvo que salir del interior de algún individuo, de una sensibilidad que impidiera ser testigo de una injusticia y no hacer nada. Como el brujo de una tribu, alguien carismático porque hacía sentir a gusto a la gente.

    Comentado por: armstrongfl el 22/7/2008 a las 10:17

  • A mí se me ocurre citar a Simone Weill. Pensadora nacida en 1909 proveniente de una familia judía. Obra y vida ligadas hasta el fin, contemporánea de sus congéneres murió en un hospital británico de tuberculosis por negarse a comer más alimento que la ración que a sus compatriotas detenidos en la Francia ocupada les estaba permitido. No creo que fuera un misticismo fanático sino una capacidad de sacrificio que le hizo comprometer su vida con el dolor del otro. Debería sonar como una loca en ese momento siendo para todos un espejo de la barbarie ante la que el mundo pretendía cerrar los ojos, aunque no todos, parece ser que Simone de Beauvoir dijo sobre ella : “Me intrigaba por su gran reputación de mujer inteligente y audaz. Por ese tiempo, una terrible hambruna había devastado China y me contaron que cuando ella escuchó la noticia lloró. Estas lágrimas motivaron mi respeto, mucho más que sus dones como filósofa. Envidiaba un corazón capaz de latir a través del universo entero”.

    Dejo un fragmento de “Pensamientos Desordenados”, perdón por la extensión pero no encontraba el momento de cortarlo.

    La vida, tal como es, solamente resulta soportable a los hombres por la mentira. Quienes rechazan la mentira y, sin rebelarse contra el destino, prefieren saber que la vida es intolerable, acaban por recibir desde afuera, desde un lugar situado fuera del tiempo, algo que permite aceptar la vida como es.
    Todo el mundo siente el mal, le tiene horror y quisiera librarse de él. El mal no es ni sufrimiento ni pecado, es una y otra cosa a la vez, algo común a ambos, pues los dos están ligados: el pecado hace sufrir, el sufrimiento engendra maldad, y esta mezcla inseparable de sufrimiento y pecado es el mal en el que estamos, a pesar nuestro; y estar en él nos horroriza.
    Parte del mal que está en nosotros lo arrojamos, lo proyectamos sobre los objetos de nuestra atención y nuestro deseo. Y esos objetos nos lo devuelven, y parece como si el mal viniera de ellos. Por eso llegamos a sentir odio y asco por los lugares en que nos encontramos sumidos en el mal; nos da la impresión de que esos lugares nos aprisionan en el mal. Es así como los enfermos llegan a odiar su habitación y su entorno, aun cuando esté formado por seres queridos; así también como los obreros llegan a odiar su fábrica, etc.
    Pero si dirigimos nuestra atención y nuestro deseo sobre una cosa perfectamente pura, la parte de nuestro mal que arrojemos sobre ella no la manchará; seguirá siendo pura, no nos devolverá el mal y así nos libraremos de él. Somos seres finitos, y también es finito el mal que hay en nosotros; así pues, si la vida durara lo bastante, podríamos tener la certeza de que llegaría el día en que, por este medio y en este mundo, nos veríamos libre de todo mal.
    Nada hay puro en este mundo, salvo los objetos y los textos sagrados, la belleza de la naturaleza (si se la contempla en sí misma, sin tratar de alojar en ella las fantasías propias) y, en menor grado, los seres humanos en los que Dios habita y las obras artísticas surgidas de la inspiración divina.
    El único obstáculo a esta transmutación del horror en amor es el amor propio, que hace penosa la operación de llevar nuestra mancha al contacto con la pureza. Sólo se puede vencer al amor propio si se tiene una especie de indiferencia respecto de la propia mancha, si se es capaz de ser feliz con el pensamiento de que existe algo puro”


    Claro que no todo está en Google, pero me ha ayudado mucho.

    A sus pies.

    Comentado por: Serpiente Suya el 21/7/2008 a las 23:16

  • Qué tema... ¿eh? Creo que viene muy bien discurrir un poco en tal idea, en un momento donde bondad puede emparentarse sin duda con generosidad, altruismo y justicia, ya que dificilmente se pueda navegar alegremene en esas aguas con un discurso inocuo y lavado si no consideramos como premisa la existencia de "un otro" para abordar la bondad.
    Hagamos "La Gran Sócrates" en el sentido de no dejar de hacernos preguntas nunca y de no olvidar la original de cada cuestión.
    Platón decia que los hombres buenos cometen las atrocidades en sueños para no llevarlas a la realidad en la instancia de vigilia. Segismundo seguro tomó algo de allí.
    Por otra parte la sola escena de un padre hablandole a su hija de algo tan básico y profundo (pero no por ello menos ninguneado) que el tema de ser buena persona, obliga a cualquiera a tomar apunte de que algo trascendente y maravilloso está ocurriendo en esa relación.
    Y ya vale sólo eso un brindis de "Dia del Amigo", por pueril que suene.

    Abrazo argentino.
    Daniel

    Comentado por: Daniel el 21/7/2008 a las 19:03

  • No soy creyente, pero siempre pienso que en la humanidad el primero que habló de bondad fue Jesús, si es que existió, o su leyenda.Así le fue.
    Y si tener o no tener es la cuestión, viene bien esta frase de Epicuro:
    "El hombre que no se contenta con poco, no se contenta con nada".

    Comentado por: amalia el 21/7/2008 a las 12:34

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Biografía

Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.

 

Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).

 

Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.

 

Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.

Bibliografía

La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara

Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil

Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara

El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara

Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura

El muchacho peronista (1992). Planeta

 

Filmografía

Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos

Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti

Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras

Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo

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