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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

domingo, 6 de julio de 2008

Blog de Marcelo Figueras

El último espectador (6)

El público que leería una nueva obra maestra de la literatura en español existe y está hambriento. Pero no podrá leerla si nadie la escribe.

/upload/fotos/blogs_entradas/junotdiaz1_med.jpg¿No se preguntaron por qué los cuestionamientos sobre esta dificultad de narrar que nos aquejaría, nunca afligen a los narradores del mundo sajón? Allí brotan talentos nuevos debajo de las piedras, gente que narra como quien respira, sin exhibir el menor complejo: Jonathan Franzen, Michael Chabon, Jonathan Lethem, Gary Shteyngart... El Pulitzer de este año lo ganó Junot Díaz, nacido dominicano, por una obra que habla de una familia dominicana. Eso sí, la escribió en inglés, con argumento y con intriga. Si la hubiese escrito en español lo habrían ignorado hasta en su país natal.

Los complejos los padecemos tan sólo los escritores de Hispanoamérica, herencia de cierta francofilia malentendida. ¿No les resulta sospechoso que seamos nosotros los que renunciamos a hacerlo? ¿No les produce desconfianza que pueblos tan jóvenes se reivindiquen esclavos de una tradición que, por ser tan corta, no debería asfixiarnos? ¿Tan pronto nosotros, latinoamericanos, que deberíamos estar a la vanguardia de la narración porque -a diferencia de los hermanos del Hemisferio Norte-, todavía tenemos pendiente la tarea de escribir nuestra Historia con mayúsculas, el cuento de qué pito tocamos en este mundo?

Vuelvo a Piglia: ¿por qué la narración está en otra parte? Porque los narradores cedieron a otra clase de comunicadores, de modo tan gracioso como voluntario, el monopolio de los relatos unificados, de los relatos que batallan contra el mundo para arrancarle un sentido, de los relatos que no huyen de las emociones, de los relatos de vida-o-muerte.En este mundo caótico, donde la noción de lo real está puesta en cuestión, la gente reclama más que nunca relatos que la ayuden a discernir entre el oro y las baratijas.

Hoy en día todos los cuentos en que creíamos a libro cerrado están en crisis: las religiones, la economía de mercado, hasta la misma democracia, que demuestra a diario su ineficacia para desterrar el hambre y evitar un cataclismo climático. La gente -los lectores, el público de cine y TV, los navegantes de la red- no necesita que los artistas socialicen sus neurosis o su inseguridad: lo que busca es algo parecido a una señal de radio en la vastedad del espacio, una onda que le certifique que aun cuando no la registre a simple vista, la estrella neutrón existe.

Si al panorama le sumamos la dificultad que este mundo presenta a aquellos que quieren vivir experiencias verdaderas -no virtuales, no vicarias-, la demanda que la gente entabla a los narradores se torna más clara. La gente busca la narración en otra parte porque las fuerzas ficticias de la narrativa literaria se jibarizaron a sí mismas y palidecen en comparación a las otras fuerzas ficticias, las que nos cuentan apocalipsis, romances, intrigas, batallas, accidentes, sorprendentes hechos de ciencia, triunfos del deporte y del espíritu. Los relatos que producen las otras máquinas de narrar son más poderosos, más conmovedores, más cuestionadores, más adictivos que el 90 por ciento de las novelas que se publican. Los lectores no rechazan la preocupación de los escritores por el lenguaje o la teoría literaria, pero desconfían de los que renuncian a entender algo más, por mínimo que sea, de este fenómeno que es la vida. ¿De qué sirve consagrarnos a los problemas que plantea la biblioteca, cuando el mundo arde a nuestro alrededor?

/upload/fotos/blogs_entradas/pulqui_un_instante_en_la_patria_de_la_felicidad_med.jpgNosotros mismos, que estamos lejos de ser el común denominador en materia cultural, buscamos verdad ya no en los narradores que escriben en nuestro idioma sino en otra parte: en los clásicos o los que escriben en otra lengua (como en la época de Roberto Arlt, nos inspiran más las traducciones que los textos originales), pero también en los noticieros y en los diarios, en los libros de no ficción, de ciencia o de ensayo, en la ficcionalización de historias verdaderas. No sorprende que en los últimos años el cine de la Argentina haya sido pobre en materia de ficción y rico en documentales. Nuestras películas indispensables del inicio del siglo XXI son Pulqui o M, y no sus contrapartes ficcionales.

No es difícil explicar el fenómeno. Cuando el narrador se desprende de la teta de sus lecturas (a ver si lo entendemos de una vez: lo de la biblioteca borgiana no es literal, es una metáfora), las historias que nos desafían a que las narremos se vuelven obvias, tan disponibles como el oxígeno, y el ejercicio del relato deja de ser difícil. Si algo abunda en el mundo son historias que concitan nuestra atención. ¿Alguien se tomó el trabajo de contar cuántas historias aprende cada día, entre las que difunden los medios, lo que le cuenta la gente con que se cruza y lo que le ocurre personalmente? El hecho de que estas historias se parezcan a otras no invalida su novedad. ¿O acaso no son nuevos cada uno de ustedes, a pesar de que ya han existido billones de personas parecidas?

Y conste que no hablo de hacer realismo. Cada una de estas historias puede ser multiplicada por la relectura de los géneros. Más allá del andamio de la ciencia ficción, La sonámbula habla de algo que era urgente en la Argentina de los años 80 y que todavía, mal que nos pese, sigue vigente como pregunta: ¿existe o no para nosotros la posibilidad de despertar de la pesadilla? Pero muchos narradores insisten con esto de que no hay más historias que contar. Se han tragado lo que Feiling define como ‘la historia oficial', siguen la música del flautista hasta la boca del abismo. En este sentido tiendo a ver XXY, la película de Lucía Puenzo, como un documental sobre los narradores de hoy: inmovilizados por su propia duplicidad, incapaces de saber qué son, cómo moverse en este mundo.

Como la película muestra, en la duda siempre optan por cogerte. 

                                                      (Continuará.) 

[Publicado el 23/4/2008 a las 07:00]

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Comentarios (6)

  • Ufa, pensé que ibas a hablar más de Junot Díaz. Díaz es para mí el escritor más groso de la nueva camada. Me alcanzó haber leído Drown para decir esto. El tipo es un animal narrativo, con una prosa bellísima, historias llenas de inteligencia y sensibilidad. Lo recomiendo enfáticamente. Estoy apurándome a terminar lo que estoy leyendo para meterme a leer el libro que está sosteniendo en la foto, que dicen que es todavía mejor que Drown. Para los interesados en leer a este dominicano genial, el libro, en inglés, se consigue en KEL. Creo que hay una traducción al castellano, con título "Negocios" o "Los boys".

    Comentado por: Xtian el 25/4/2008 a las 21:34

  • Que Gracioso, no? Yo estoy participando de un taller de escritura con una conocida periodista de Página 12, y en uno de los primeros encuentros dijo que actualmente se escribe más de lo que se lee. Coincido.
    También Marcelo, está claro que el oficio de escritor ha ido mutando. Y hoy, la trama que enreda a un narrador es mucho más compleja. Lo que me parece repercute en ese necesario extrañamiento que se debe hacer sobre el lugar que uno ocupa y sobre el modo en que estamos viviendo. Una mirada al estilo Bourdieu diría.
    Y además, como también escuche en el taller, los narradores deben embarrarse más con los problemas actuales (que son varios). Mirar dónde no se mira, reflexionar allí dónde pasamos de largo, criticar el sentido comun. Ver la microsociologia de la vida.
    Pienso yo...
    Espero poder escribir cada vez mejor.

    Comentado por: Lucas el 23/4/2008 a las 18:50

  • Exacto Unamuno, estoy de acuerdo. Además, son más transgresores. Por ejemplo, un maestro o maestra de "creative writing" de un instituto no regaña a un chico porque en clase no le guste Faulkner o Hemingway y prefiera a Stephen King: tal vez le diga "forget about it and keep writing your stuff (sic)" No lo acompleja. Y el chico se anima y continua leyendo lo que le da la gana, y el maestro lo sigue animando a escribir...Tal vez esto le pasó a Junot Díaz. Si se hubiese educado en Santo Domingo, donde hasta hace poco sólo escribían los presidentes, los grandes abogados o los padres de la Patria, pues hoy no tendría su Pulitzer.
    Vuelvo al tema: no es por más "realismo" que se lee más a Pérez Reverte que a Vila-Matas. Es porque las historias del primero atrapan más que la última bufonada de Hollywood que pasan en el cine local o que la repetición de una serie televisiva que ha perdido su encanto. Entonces no van al cine, apagan la tele y tal vez encuentren, juntos, a "Doctor Pasavento", "La reina del sur", o "Los detectives salvajes". ¿Qué escogería este lector que acaba de renunciar a otras narrativas? ¿Escogerá al gran transgresor y creativo Bolaño? Ojalá...Pero no creo que el lector latinoamericano coopera mucho en este sentido. Creo que los escritores latinoamericanos están más "solos" que los anglosajones debido a una tradición de lectura inferior.

    Comentado por: Carmen el 23/4/2008 a las 16:14

  • Nuestra cultura francófila sobrevalora la ruptura y desprecia la tradición. Hay toda una crítica que prioriza la experimentación, y ningunea las formas eficaces del relato. No está mal la experimentación, al fin y al cabo el arte es búsqueda. El problema es que a la hora de llegar a destino (o sea a nosotros, los lectores), llegan con experimentos que están lejos de significar algo para alguien más que el investigador mismo.
    Es decir, que los lectores les importamos poco, a tantos "artífices" del lenguaje experimental y a tantos críticos.

    Comentado por: morajú el 23/4/2008 a las 16:11

  • Nuestra cultura francófila sobrevalora la ruptura y desprecia la tradición. Hay toda una crítica que prioriza la experimentación, y ningunea las formas eficaces del relato. No está mal la experimentación, al fin y al cabo el arte es búsqueda. El problema es que a la hora de llegar a destino (o sea a nosotros, los lectores), llegan con experimentos que están lejos de significar algo para alguien más que el investigador mismo.
    Es decir, que los lectores les importamos poco, a tantos "artífices" del lenguaje experimental y a tantos críticos.

    Comentado por: morajú el 23/4/2008 a las 16:09

  • Marcelo,

    hay una explicacion muy simple para esto. En el mundo anglosajon, la educacion pone mucho enfasis en la lectura y la escritura. Si bien es cierto que quizas no tengan mucha "cultura general" a la hora de ir a la universidad, basta leer cualquier diario universitario para darse cuenta de que su relacion con el idioma escrito es muy distinta a la nuestra. En nuestro pais (y, me animo a decir, en gran parte de europa continental), la educacion tiene una base enciclopedista y consiste sobre todo en la transmision de conocimientos: ahora bien, a la hora de ser creativo, de aprender a expresarse en forma escrita u oral delante de un grupo de compañeros, la educacion anglosajona es muy superior.

    Saludos,
    unamuno

    Comentado por: unamuno el 23/4/2008 a las 10:21

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Biografía

Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.

 

Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).

 

Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.

 

Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.

Bibliografía

La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara

Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil

Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara

El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara

Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura

El muchacho peronista (1992). Planeta

 

Filmografía

Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos

Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti

Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras

Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo

Obras asociadas

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