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Editado por La Oficina del Autor

domingo, 20 de julio de 2008

Blog de Marcelo Figueras

A propósito de ‘Lost’: de la vida como sufrimiento dulce

Lost

Volvió Lost.

Debería convertir el punto y aparte previo en punto final. ¿Qué decir al respecto que no sea obvio, o redundante? Todo aquel que no viva dentro de un envase de Tupperware sabe ya -los medios se encargaron de la campaña de vacunación masiva- que esta semana arrancó la cuarta temporada de la serie en Latinoamérica, emitida por el canal AXN. La transmisión de las primeras temporadas por canales abiertos logró convertir en adictos hasta a los escépticos. Tan sólo en Buenos Aires somos cientos de miles los que vivimos dentro del Lost-universo, angustiándonos semana tras semana por la coexistencia de microuniversos virtuales, definidos por las temporadas que estamos viendo en tiempo presente. Aquellos que consumen a destajo las viejas temporadas miran como a vates u oráculos a aquellos que estamos casi al día, con los mismos ojos desencajados con que nosotros recelamos de aquellos que ya han visto parte de la cuarta temporada en los Estados Unidos, o se han bajado esos capítulos iniciales de internet.

El deseo de ver más, de saberlo todo, es en efecto un sufrimiento, pero se trata de un sufrimiento dulce. Mientras se emitía este capítulo inicial de la cuarta temporada y las preguntas empezaban a desbordar mi cabeza (¿por qué habla Hurley de ‘los Seis del vuelo de Oceanic?; ¿es que salieron tan sólo seis?; y si tres de esos seis son Hurley, Jack y Kate, ¿quiénes son los otros tres?; ¿quiénes se quedaron en la isla?; ¿quiénes murieron -porque alguien debe haber muerto, sin duda alguna?), no podía dejar de sentir asombro ante mi propia disposición al viaje. Los mismos medios que me venden el fenómeno Lost a toda hora -vendiéndolo como venden todo, tan sólo porque lo consideran llamativo, ubicuo, taquillero: la mercancía del momento- son los que tratan de convencerme semana a semana de que somos un público estructurado, saturado de casi todo, dispuesto tan sólo a reaccionar ante estímulos prefijados por estudios exhaustivos, en la medida en que sólo deseamos más de lo mismo, una papilla predigerida, concebida para tranquilizarnos: placebo electrónico. Y sin embargo, semana tras semana, Lost nos enfrenta a un discurrir que se parece mucho -¿demasiado tal vez, para temor de muchos?- a la vida misma.

Cada interrogante entraña un camino hacia su resolución que termina abriendo nuevos enigmas -como la vida misma. Es verdad que buscamos una respuesta última, definitiva, que lo contenga todo, pero el tiempo nos sugiere que tal respuesta no llegará nunca -como ocurre en la vida misma. Y aunque la intuición de que el saber totalizador, esa Consciencia Absoluta de la que hablaba ayer a cuento de Saul Bellow, no formará parte de esta existencia nuestra (o de esta temporada, cuanto menos), no dejamos de ansiar, de desear, de buscar -como ocurre en la vida misma.

Lo que amo de Lost es que -a diferencia de lo que ocurre con la inmensa mayoría de las películas, de las series, de las novelas de hoy, que nos imaginan estúpidos y nos pretenden anestesiados- nos reconcilia con la idea de que es inexorable vivir en la incertidumbre, en la inquietud permanente. Porque la vida es aquello que nos ocurre mientras estábamos haciendo otros planes, como escribió John Lennon poco antes de morir. ¿O debería decir: antes de escapar de la isla?

[Publicado el 05/3/2008 a las 11:26]

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Biografía

Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.

 

Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).

 

Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.

 

Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.

Bibliografía

La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara

Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil

Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara

El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara

Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura

El muchacho peronista (1992). Planeta

 

Filmografía

Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos

Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti

Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras

Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo

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