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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

sábado, 17 de mayo de 2008

Blog de Marcelo Figueras

Actuar para vivir

Por segunda semana consecutiva me encuentro aplaudiendo un artículo de Mario Vargas Llosa. Ayer domingo me encantó Dickens en escena, el texto que publicó en el diario El País. Vargas Llosa comenta un libro que ha caído en sus manos (ah, qué envidia): Charles Dickens and His Performing Selves, subtitulado Dickens and The Public Readings (Oxford University Press, 2007), cuyo autor es Malcolm Andrews. Lo que Andrews hace es recrear el periodo final de la vida de Dickens, desde que en diciembre de 1853 se animó por primera vez a leer textos suyos en público hasta que lo hizo por última vez en 1870, tres meses antes de su muerte, disuadido de volver a intentarlo tan sólo por su mala salud y la prohibición de sus médicos.

Según Andrews dice, y Vargas Llosa, Dickens justificó ante su familia la realización de esas presentaciones debido a que le reportaban dinero en un momento en que le venía más que bien. (Andrews calcula que las presentaciones en público lo hicieron más rico de lo que lo habían hechos los libros en sí mismos.) Vargas Llosa añade que más allá de la excusa, había en Dickens una vocación histriónica "o por lo menos, de contador ambulante de cuentos. Lo cierto es que el teatro debe haber sido el primer amor de Dickens. En Great Expectations, Pip revive una excursión a una feria de esas que abundaban en espectáculos callejeros, debiendo bajar al fin su cabeza porque lo que había presenciado era "demasiado para mis jóvenes sentidos". Cuando era pequeño, y más aún: en los momentos más crueles de su infancia, construyó un teatro de juguete que incluía un escenario y personajes de cartón pegados a palillos o cables que facilitaban su movimiento. Ya de adulto, no pasaba una semana sin que viese alguna obra. Y el hecho de haber fracasado como autor teatral, con títulos como The Strange Gentleman y The Village Coquettes, se contaba sin duda entre las más grandes frustraciones de su vida.

Pero interpretar la energía que dedicó a las lecturas en público como su forma de paliar esa frustración sería empobrecedor. Es verdad que era histriónico, aunque no lo suficiente como para ganarse el pan como actor. (Cosa que también intentó.) Dickens no se limitaba a leer sus textos, sino que los recreaba con su voz y con sus movimientos, interpretando el timbre y las modalidades de cada personaje. Si se me permite el atrevimiento de la interpretación, creo que no intentaba tanto poner a prueba una modalidad degradada del teatro, como disfrutar de una conexión con sus lectores que no podía experimentar de ninguna otra manera. Es verdad que vendía miles y miles de ejemplares de sus libros a ambas orillas del Atlántico, y que gozaba en sus días de la popularidad de una estrella de cine o de rock. Pero una cosa son los números de las ventas y las palmadas por la calle, y otra muy distinta la experiencia de registrar qué le ocurre a la gente mientras lee... o mientras oye. No hace falta más que considerar la característica de sus ficciones para entender que Dickens debe haber ansiado la respuesta emocional del público. ¿Cuál es la gracia de conmover, horrorizar y divertir a la gente si uno no puede verla cuando eso le ocurre?

Si hubiese tenido éxito en el teatro habría estado allí cada función, para dejarse empapar por las risas y los sollozos. Si hubiese existido el cine, se habría sentado en la última fila para sentir qué le pasaba a la gente ante la proyección de sus historias. La reacción del público -del público de carne y hueso, que saltaba en sus asientos, se dejaba oír y no escatimaba sus reacciones más viscerales ante una escena- debió haber sido la mejor paga de su vida. Quizás sea Dickens el último de los grandes narradores que haya escrito con la idea de crear comunidad. Aunque todavía seamos muchos los que seguimos creyendo en las ficciones en las que "cada persona(je) se demuestra por encima de los accidentes de la vida, aun cuando no pueda dejar de encontrárselos a la vuelta de cada esquina".

[Publicado el 24/9/2007 a las 10:30]

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Comentarios (4)

  • Al que bebe cerveza en una terraza decírle que no puedo estar más que de acuerdo contigo.
    ¡Salud!

    Comentado por: Serpiente Suya el 25/9/2007 a las 09:52

  • "Si se me permite el atrevimiento de la interpretación, creo que no intentaba tanto poner a prueba una modalidad degradada del teatro, como disfrutar de una conexión con sus lectores que no podía experimentar de ninguna otra manera. Es verdad que vendía miles y miles de ejemplares de sus libros a ambas orillas del Atlántico, y que gozaba en sus días de la popularidad de una estrella de cine o de rock. Pero una cosa son los números de las ventas y las palmadas por la calle, y otra muy distinta la experiencia de registrar qué le ocurre a la gente mientras lee... o mientras oye."

    ..........

    Se me ocurre decir que eso de las palmadas por la calle, según el carácter de la persona que las recibe y según quién y cómo las dé, debe ser un agobio. Gafas de sol. A mí particularmente, me daría vergüenza parar a alguien cuya obra admiro para contárselo. No tengo nada en contra de los que le echan morro y lo hacen, como las abuelitas que esperan para que su autor favorito (o el primer autor o actor de teleserie que pase) les firme el libro o un autógrafo y aprovechen ellas para —eso sí, cordialmente— contarle que lo siguen desde el año en que Cristo perdió la alpargata.
    Claro que habrá de todo y hay gente lanzada pero no avasalladora.
    Escribo esto, Marcelo, al hilo de lo que escribes, pues todos somos admiradores de la obra de gente que parece estar viva (los muertos son otro tema más o menos serio) y a la que seguimos a distancia prudente (prudente para ambas partes). Dicho lo cual, a lo que iba. Para mí esto de los blogs literarios es algo que me permite estar en contacto con gente que escribe sin darles mucho la lata, pero no deja de ser un atrevimiento poder escribir y ser leído por autores que saben lo que nosotros no sabemos: pelearse consigo mismos escribiendo desde hace tiempo y con voluntad manifiesta de publicar libros y de ser leídos por una cantidad de gente X (variable y hasta de carácter variable). Digamoslo claramente: sois unos desvergonzados y eso os hace simpáticos. Nosotros nos entrenamos para no se sabe muy bien qué (por lo pronto para pasar un buen rato escribiendo), pero a veces se da la conversación sin más, sobre temas que interesan al escritor y al lector (permítaseme marcar la justa distancia), y no es la conversación íntima de la lectura de algo que para ellos sucedió y para nosotros está sucediendo sino algo que tiene un componente improvisado, algo que se va haciendo, palabra a palabra, algo que tiene causas y efectos aunque surjan casualmente pero con una cierta energía en la provocación, es en cierta manera una insolencia puntual pero, qué caramba, es un buen contacto, para mí seguro. Desde que ando por estos blogs leo más que antes, no pasan tres días sin que se haga una recomendación interesante por parte de unos o de otros o se lance un pensamiento que lleve a otros pensamientos —aquí o allá, todo está interconectado— y uno empieza a tejer o a deshilachar, esto es lo bueno. ¡Y que dure!
    También se aprenden otras cosas, por ejemplo: que hay que hacer lo que a uno le gusta, es lo que cada día hacéis escribiendo, pase lo que pase. Pobre del que piense obsesivamente en no hacer el ridículo, en dar una imágen que no se cree ni él o en estar pendiente de lo que piensan otros de su texto: ése no va a ninguna parte. Aunque donde haya que ir es al precipicio, cada día tengo menos dudas al respecto, es buena la compañía de los locos que escriben con tantas dudas.

    Sólo añadir: ¡Que viva la Pepa!

    Salud!

    Buenas noches.

    Comentado por: el de la cervecita en la terraza (hoy oí: vinow blancow, fantastic!) el 25/9/2007 a las 00:39

  • Recomedable: los cuentos horrorosos preferidos de Alberto Laiseca, por I-Sat, seguramente lo reponen de tanto en tanto (tiene algo de puesta y efectos, pero apenas)

    Comentado por: morajú el 24/9/2007 a las 13:30

  • El relato oral es una de las maneras más efectivas de compartir, el contacto es bien directo, no hay dispositivos técnicos en medio, ni hacen falta grandes esfuerzos escénicos. Basta con la fuerza emotiva de la propia historia, y la capacidad del narrador de sentirla y entregarla a los escuchas. No me hubiera perdido las sesiones de Dickens oral, por nada del mundo.

    Comentado por: morajú el 24/9/2007 a las 13:22

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Biografía

Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.

 

Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).

 

Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.

 

Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.

Bibliografía

La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara

Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil

Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara

El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara

Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura

El muchacho peronista (1992). Planeta

 

Filmografía

Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos

Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti

Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras

Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo

Obras asociadas

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