El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
sábado, 17 de mayo de 2008
¿El final del camino?
Los aviones son un sitio inmejorable para leer. En el trayecto Tel Aviv-Frankfurt (dicho sea de paso, el aeropuerto Ben Gurion es el único cuyo duty free ofrece carritos de supermercado para comprar a lo bestia) di cuenta de The Road, la nueva novela de Cormac McCarthy. Hacía mucho que venía oyendo comentarios exultantes sobre este escritor. De hecho me compré hace algunos meses No Country For Old Men, que aún no pude leer; ahora que se ha convertido en una película de los hermanos Coen, protagonizada por Tommy Lee Jones y Javier Bardem, no sé qué prefiero hacer primero, si leer o ver el filme: cualquiera de las posibilidades me llena de emoción, y a la vez del temor de que una experiencia anule a la otra. En estos días se habla mucho de una posible versión cinematográfica de The Road, protagonizada posiblemente por Viggo Mortensen. Pero en este caso ya no padecer el dilema. Como ya he dicho, le The Road en el avión, de una -literal- sentada. La película vendrá después. Si es que existe un después.
The Road es una historia post-apocalíptica. Un hombre viaja junto a su hijo pequeño rumbo al Sur, en busca de latitudes más cálidas -es consciente de que no podrán sobrevivir otro invierno tan crudo como el que acaban de dejar atrás-, después de que un cataclismo innominado haya arrasado con el mundo entero, o al menos con los Estados Unidos. La inmensa mayoría de la población ha sido diezmada. (McCarthy no pierde tiempo en explicar cómo, o por qué: todo lo que le concierne es ese hombre y ese niño.) No hay animales. Las frutas y verduras se han echado a perder. Todos los paisajes están cubiertos por una inquietante ceniza. Y los sobrevivientes se han entregado al salvajismo: las prácticas caníbales son comunes, porque en esa Tierra reseca no ofrece otras alternativas al hambre.
El hombre y el niño -que ni siquiera tienen nombre propio: son apenas eso, nada más y nada menos que eso, hombre y niño- se resisten a pensar en la posibilidad de comer carne humana. Las escenas que presencian durante su peregrinaje tienen mucho de dantesco; como hay tanto de bíblico en el tono que McCarthy emplea, no cuesta nada remitirse a las narraciones sobre el sitio que los babilonios establecieron sobre Jerusalén. (Recuerdo, por ejemplo, el episodio de la madre esperando parir para poder alimentarse con la carne del recién nacido.)
Creo que McCarthy no perdió tiempo en explicar las causas de este apocalipsis porque será redundante: están allá, al alcance de cualquiera, basta con leer los diarios. Apenas despego me entero del atentado en Siria, de la amenaza de Irán de atacar territorio israelí en caso de resultar agredida por los Estados Unidos, de la nueva condena de Rice a Hamas -una criatura que en todo caso han contribuido a crear, y a la que ahora amenazan con cortar el suministro eléctrico y de agua en su bastin de Gaza; si cumplen con esa promesa no habrá necesidad alguna de rodar una película, porque Gaza se convertirá en The Road, o viceversa.
Como en el viejo poema de Yeats, dondequiera que miramos se percibe que "los mejores carecen por completo de convicción, mientras que los peores / están llenos de una intensidad apasionada". McCarthy trabaja a consciencia con el mismo lenguaje profético, y con las mismas intenciones: "La fragilidad de todo revelada por fin. Viejos y problemáticos asuntos que se ven resueltos en la nada y en la noche". En el mundo desprovisto de electricidad de The Road, la oscuridad es visible y lo cubre todo.
Pero a pesar de la dureza de lo que describe, y de la sensación de inexorabilidad de ese apocalipsis (nunca le sobre una destrucción que sonase más próxima, más inevitable), McCarthy se aferra a la esperanza con la misma obstinación que mueve a su protagonista a seguir camino. Ese hombre no tiene otro deseo, otro objetivo en la vida, que el de proteger a su pequeño hijo. En medio de una situación desesperante, ese amor que se mantiene tan puro y tan constante me hizo llorar como una criatura; porque como no tengo más remedio que ver la estupidez criminal que impera en el mundo -cómo no verla, si me la refriegan a diario en la jeta-, sí que también habitan en nosotros sentimientos de infinita delicadeza, una vocación inconstante por la belleza -y por la belleza que existe en la justicia.
El niño le pregunta a su padre una y otra vez si ellos son "los buenos", y si existe otra gente buena además de ellos. El padre responde que sí aunque en el fondo lo dude. Esa falta de fe le impide llegar a la tierra prometida, un destino parangonable al de Moiss. No debemos cometer el mismo error: aunque todo parezca sugerir lo contrario, la gente buena existe. Ellos son nuestra única esperanza, del mismo modo en que nosotros lo somos para ellos. Necesitamos contar los unos con los otros, aunque todavía no nos conozcamos. Saber que la mano estará allí en caso de precisarla, del mismo modo en que un niño da por sentado el amor de su madre o de sus hermanos. Un paisaje sencillo y conmovedor de The Road explica en tres líneas la incondicionalidad del amor que nos debemos:
El niño se moví dentro de las frazadas. Entonces abrí los ojos. Hola, Pa, dijo.
Estoy aquí.
Ya lo sé.
[Publicado el 20/9/2007 a las 10:30]
Marcelo: gracias por la recomendación. Vi el libro ayer, solitario, sobre la mesa de novedades de la biblioteca. Creo que su apática tapa negra fue la responsable de que no volara como suele ocurrir con las novedades.
Me senté a leerlo a medianoche y lo terminé tres horas después, sin ganas de que se acabe.
Como me costó dormirme.
PD: que lindo es leer un libro de un tirón. Creo que es como más los disfruto. Leerlo de a cachos es leer un libro distinto. ¿Alguien mira una peli de a ratos?
Comentado por: bruno el 03/10/2007 a las 14:13
Comentado por: figueras el 23/9/2007 a las 21:23
Comentado por: figueras el 23/9/2007 a las 21:23
Comentado por: Bis el 23/9/2007 a las 15:01
Comentado por: Carmen el 22/9/2007 a las 20:12
"los mejores carecen por completo de convicción, mientras que los peores / están llenos de una intensidad apasionada". Quizás no sea por casualidad. Creer en algo con demasiada intensidad, aunque sea, por ejemplo, en la bondad y en el amor, suele justificar demasiadas cosas solitarias. Me ha gustado mucho este texto.
Hay temporadas en que necesito desconectarme para volver a encontrar la armonía. Cada vez detesto más los periódicos. Y la gente suele hablar de paz pero siempre para ellos, no de la que pueden otorgar a los demás. Añada a sus noticias lo de la bomba rusa...
Bueno, su texto es como un pequeño respiro, algo calmado y sereno, y bondadoso. Un pizco de luz para todos, incluso las ballenas necesitan salir a coger aire.
Comentado por: Piel el 21/9/2007 a las 20:58
A veces solo aspiro a que me dejen tranquila y a meterme debajo de un gran acolchado. Como Sandra Russo en su articulo de hoy, a veces no tengo una gran confianza en la gente. Por suerte sé que por ahi no muy lejos andan la belleza, la alegria, los encuentros...
Comentado por: valeria.s el 21/9/2007 a las 17:29
Comentado por: morajú el 21/9/2007 a las 17:14
Los que aspiramos a ser buenos somos muchos, somos silenciosos, pacíficos, mansos (pero no mensos, jajajaja!). Nos encontramos, nos atraemos, nos conectamos a través de la alegría, la belleza, la reflexión, el dolor por el sufrimiento que vemos reflejamos en los otros, que intuimos que somos nosotros mismos, podríamos ser ellos... Gracias Marcelo por compartir tu viaje: el externo y el interno. Es un placer ir espiando encima de tu hombro.
Comentado por: Mayté/Palas el 21/9/2007 a las 16:50
Una gran diferencia con la historia que nos cuenta Keoruac...hace medio siglo...aunque algunos tremas permanecen fijos, petrificados, como si el tiempo no pasara...Caso de los negros de Jena, Luisiana....
Sal Paradise
Padre,
este cielo da lo mismo,
nos pertenece
a mí y a ese ángel devorado
que pulsa la sombra
con la yema de sus dedos
y se ríe con nosotros.
Camina con mis pies
y se aleja en las noches.
Tú muestra la cara
a tus desamparados
y no conviertas este paraíso perdido
en tierra de nadie más.
Mis rodillas no tienen importancia,
ni mi voz representa nada.
Saldré a desayunar
porque es un nuevo día,
esos que caen del cielo.
Rolando Gabrielli©2007
Comentado por: rolando gabrielli el 21/9/2007 a las 15:07
Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.
Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).
Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.
Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.
La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara
Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil
Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara
El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara
Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura
El muchacho peronista (1992). Planeta
Filmografía
Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos
Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti
Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras
Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo
17/5/2008 04:10
Me suena a que la idea de este...
Publicado por: Jacinta
16/5/2008 23:45
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16/5/2008 22:41
ESTA SUPER BIEN RELATADO ME...
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16/5/2008 12:00
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15/5/2008 18:58
Y este post es para que? para...
Publicado por: Mayte
15/5/2008 07:35
quiero saber de mi idolo si...
Publicado por: pilar acevedo de carrión
15/5/2008 07:32
pensaba q abia muerto..... x q...
Publicado por: pilar
14/5/2008 06:31
Publicado por: lolichka
13/5/2008 20:43
Hoy, trece de mayo,a las 22:30,...
Publicado por: kdh
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