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El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

sábado, 17 de mayo de 2008

Blog de Marcelo Figueras

Los cincuenta años de ‘El Eternauta’

La Gran Novela Argentina sigue siendo una quimera. Me sorprende que las primeras candidatas que vienen a mi mente cuando pienso en el asunto ni siquiera sean novelas, al menos en el sentido estricto del término. Una es Operación Masacre, de Rodolfo Walsh, que objetivamente es un libro de no ficción pero que puede ser leído como narrativa pura. La otra candidata es una historieta, que en estos días de septiembre cumple 50 años de su publicación: El Eternauta, escrita por Héctor G. Oesterheld y dibujada por Solano López. Juan Sasturain recordaba días atrás en Página 12 una coincidencia que no es tal: existe una versión de Operación Masacre en historieta, dibujada por… Solano López. Otra coincidencia que no es tal: tanto Walsh como Oesterheld fueron víctimas de la dictadura.

El Eternauta es en su piel un relato de ciencia ficción, al estilo puro y duro de los años 50. Narra una invasión extraterrestre, sólo que en este caso ya no desde el punto de vista de los estadounidenses –los marcianos tienen una rara tendencia a estacionar sus naves cerca de la Casa Blanca-, sino desde un grupo de personas sencillas que viven en los suburbios de Buenos Aires. Leída desde hoy, perturban sus elementos anticipatorios: la ciudad ocupada, el enemigo superior en número y en tecnología, la necesidad de organizarse para ofrecer resistencia. La creación de “la glándula del miedo”, que los invasores implantan en el cuerpo de sus soldados para asegurarse de que cumplirán órdenes ciegamente. (Durante los 70 todos los argentinos fuimos implantados. Algunos han logrado extraer la glándula con trabajo y esfuerzo pero muchos la conservan aún, es fácil darse cuenta, cuando las papas queman vuelven a actuar como corderos o como turba enloquecida que cree que hay que matar para no morir.) Y algo todavía más escalofriante: el hecho de que la esposa y la hija de Juan Salvo se conviertan en las primeras desaparecidas, al final del relato original. Salvo cree que no están muertas porque no ha encontrado sus cadáveres. (Como no se han encontrado los cadáveres de la mayoría de los desaparecidos.) Entonces las busca. Por todo el universo. Por la eternidad toda. Con el mismo empecinamiento de las Madres y de las Abuelas.

La Gran Novela Argentina debería ser una historia excepcional, que más allá de su argumento puntual ayude a narrar quiénes somos, y por qué somos de esta manera y no de otra. Hace ya medio siglo que Oesterheld y Solano López expresaron la tragedia nacional, un mal que no cesa. 

[Publicado el 05/9/2007 a las 10:30]

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Comentarios (7)

  • Desde chico esperé que El Eternauta pasara de la literatura en historieta a cualquier tipo de animación. Como cualquier niño siempre me gustaron los dibujos animados y siempre mi gran sueño fue que los dibujos de Solano López se transformaran en esos. Poder desarrollar la trama en forma animada siempre fue mi gran ilusión. Claro que ahora ya de grande mi gran sueño es que la historia de H. G. Oesterheld valla a la pantalla grande. Sin discutir siquiera que esta sea filmada enteramente en el escenario descrito originalmente en la historieta, en El Gran Buenos Aires. Y si se podría recrear en los años 50, mejor. Tengo terror a que esto no se cumpla ya que los derechos los posee una productora italiana. No concibo un Eternauta sin el Chalet de Vicente López, sin el combate en la General Paz, sin el apostamiento en River Plate, sin el mano en las Barrancas de Belgrano, sin los Gurbos destrozándolo todo en Plaza Italia y el combate casi final en El Congreso. Crucemos lo dedos, larga vida al El Eternauta y que algún día en los confines de la eternidad, Juan Salvo encuentre a Elena y a Martita.

    Comentado por: Ariel Lenin Columbich el 12/2/2008 a las 02:12

  • Caetana: ¿son buenas las traducciones de Pamuk?
    Me resulta atractivo, pero a veces las malas traducciones arruinan todo.

    Comentado por: morajú el 06/9/2007 a las 05:23

  • Elba, tu post me ha dado tremendas ganas de viajar en barco, aunque más no sea en las balsas que cruzaban el Paraná en mi infancia. Otros olores, otros colores, pero el balanceo...

    Comentado por: morajú el 06/9/2007 a las 05:19

  • Soy yo otra vez. Me olvidé. De ese Eternauta leído en la cubierta de un barco lento recuerdo varias cosas. La que queda por encima de todas es que me tenía (nos tenía) agarrados sin poder dejarlo. La segunda es que el libro fue el primero que leí en italiano (estaba en un barco italiano entre italianos, y el libro formaba parte de esa situación. Era una edición económica semanal del diario La Repubblica, como suplemento, una colección estupenda en la que también se podía leer Stigmate de Mattotti y Piersanti (muy recomendable) y Maus de Spiegelman. Ojalá en España se puediera encontrar un lanzamiento editorial tan extenso y rigoroso como ese, y como suplemento de un periódico. Aunque tal vez ya se haya hecho.
    De ese Eternauta que me ayudó a entender el italiano con la inestimable ayuda de sus dibujos me han quedado sólo dos recuerdos (tal vez sería la hora de releerlo, aunque sospecho que ese libro siempre estará pasando de mano en mano u olvidado en un rincón vete a saber donde, lo he buscado y aquí no está): recuerdo que me impresionó la parte del estadio de fútbol y aquella en que, desde el refugio de la casa tapiada poco a poco se sale a ver si existe vida fuera de allí. Aunque tal vez me confundo, Marcelo. No me acordaba de ese libro, no señor. Curioso: ahora me acuerdo del viaje en barco, como si el libro que ocupó todo el trayecto haya desaparecido misteriosamente y sólo sirva para hacerme viajar otra vez por un mediterraneo en calma y suaves vaivenes con aroma a sal, sobre una cubierta de acero pintado de verde oxidado.

    Comentado por: Elba el 05/9/2007 a las 16:32

  • Gracias por la recomendación Morajú.
    En cuanto a autores y novelas: Estoy leyendo y recomiendo: Me llamo Rojo, de Orhan Pamuk. en alguna oportunidad comentaste, Marcelo, que te rebelás y no leés a los autores que están de moda. Quizás lo hayas leido, quizás no. Lo recomiendo: todos los personajes y objetos de Estambul, están retratados, pintados y desfilan desde la tela o el papel para hablarnos de sus pasiones, creencias, tanto desde lo cotidiano como desde lo artístico, filosófico, político y religioso. La vida desfila ante nosotros, despojada de velos. La prosa transcurre depurada, esencial.
    No lo dejes de lado mucho tiempo como hiciste con Kundera. Leelo para poder releerlo más tarde.

    En mi familia, El Eternauta pasa de mano en mano, de generación en generación: primero como libro de ciencia ficción y aventuras, más tarde como libro de interpretación de la realidad.

    Comentado por: Caetana el 05/9/2007 a las 15:25

  • Se me hace que la Argentina no puede narrarse en una sola novela, sino como un gran conjunto de relatos. Me viene a la mente en este momento El mar que nos trajo, la saga familiar de Griselda Gambaro, que cuenta las vidas de los inmigrantes en los conventillos, a principios del siglo 20. Un relato sereno, sin pintorequismos ni golpes bajos, con personajes de carne y hueso, de uno y otro lado del mar. Recomendable

    Comentado por: morajú el 05/9/2007 a las 13:47

  • Leí El Eternauta en un viaje en barco. Un viaje en el que todos lo leímos, tal vez porque se nos hacía extraño estar juntos. Buen libro.

    Comentado por: Elba el 05/9/2007 a las 13:19

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Biografía

Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.

 

Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).

 

Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.

 

Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.

Bibliografía

La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara

Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil

Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara

El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara

Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura

El muchacho peronista (1992). Planeta

 

Filmografía

Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos

Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti

Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras

Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo

Obras asociadas

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