El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
domingo, 20 de julio de 2008
Escúchame entre el ruido
Lo más fácil sería decir que se debe a que estoy grande. Yo soy del tiempo en que uno compraba long-plays: discos de vinilo con lado A y B, que lo obligaban a uno a levantarse en mitad de la audición para darlos vuelta. En cambio estos son los tiempos del iPod, de bajarse los hits –y sólo los hits- directamente desde el ordenador.
Cuando yo era chico todo era analógico. Se esperaba con ansias que los padres se fuesen de casa, para subir el volumen al máximo. Uno disfrutaba si estaba solo, disfrutaba más si estaba en compañía de amigos y más aún si molestaba a los vecinos por el mismo precio. El presente es más bien un tiempo de escuchar para adentro, conectado a un par de auriculares mientras se circula por la calle o se corre alrededor de la plaza.
En materia de usos culturales no creo en la existencia de modalidades mejores o peores, tan sólo distintas. Somos adaptables por naturaleza: sin ir más lejos yo empecé escribiendo a mano, terminé mi primera novela en una Remington Rand y aquí me tienen, dándole a un ordenador y alimentando a diario la boca insaciable de un blog. Todavía no tengo un iPod pero es cuestión de tiempo; ahora que estoy al filo de un viaje la tentación reaparece y mis bolsillos tiemblan.
Extraño los discos de vinilo por pura nostalgia, porque me gustaba su tamaño y la generosidad del arte de tapa. Eran un objeto bello, los Cds son ante todo prácticos –y la disciplina del downloading los elimina por completo: la música vuelve a ser música y nada más, sin el regalo del arte gráfico, de las fotografías, de la lectura de las letras. Pero también extraño los long-plays por una razón más seria. La sucesión de ocho, doce, catorce temas constituía una narrativa en sí misma, con comienzo, desarrollo y fin. La secuencia de las canciones era un arte en sí mismo, en nada distinto al del editor de una película: a fin de cuentas se trataba de encontrar la mejor manera de contar la historia en cuestión. Además existía una tapa como ocurría con los libros, también un índice y a menudo un texto con notas y si se estaba de suerte, las letras.
Ahora todo se limita a la magia de una única canción. La escuché por ahí, me gustó y por eso la bajo a mi iPod para que se sume a la lista de canciones que elegí de la misma manera, con la misma arbitrariedad, del mismo modo aleatorio. Está claro que en último término la canción es el elemento constitutivo de cualquier long-play de música popular, los discos son en esencia una colección de canciones. Ocurre que a mí me gusta leer cuentos pero rara vez leo relatos aislados: más bien tiendo a leer colecciones de cuentos porque un cuento solo, por genial que sea, me deja sabor a poco. Si me gustó quiero leer el próximo ya, medir al autor con más cuidado, explorar su universo en profundidad. A fin de cuentas cualquiera puede dar un tiro con suerte, pero ocho o doce tiros similares ya indicarían maestría –y eso es, para ser sincero, lo que estoy buscando.
Por supuesto que una canción o un cuento tienen una narrativa en sí misma. Pero se consumen en un segundo, mientras que nosotros llevamos adelante vidas de largo aliento que se ven –creo yo, después de todo es cuestión de gustos- mejor reflejadas en las colecciones de relatos y en las novelas, en los discos completos más que en los singles, en los largometrajes antes que en los cortos.
Se me ocurrió todo esto el otro día, leyendo unas declaraciones de Ben Harper en el New York Times. “Yo soy uno de esos freaks a quienes les importa lo que la gente escribe y dice. Ni siquiera tengo un iPod. En mi banda me dicen que baje a Tierra pero yo sigo fiel a mi CD player. Ahí uno puede atender a la evolución de la obra de un músico, cosa que una canción suelta no te permite hacer”, decía Harper. Yo concuerdo.
A cada uno le gusta que le cuenten historias a su manera. Me pregunto cuál será la forma que a ustedes los satisface más.
[Publicado el 31/8/2007 a las 11:10]
Si, a mi tambien me gusta el panorama que ofrece un disco ya sea Long play o compacto. Lo del arte de tapa del long play no tiene desperdicio.Yo ahora me calzo "los de ver de cerca" y logro conectarme al arte de tapa del compacto. El ipod, para mi todavía es de otra vida. No puedo dejara de sentir algunas veces(y eso que lo escondo y lo reprimo eh!!!) que lo de antes era mejor, o sea, lo de escuchar la musica para afuera, lo de compartirla y tambien lo de molestar al que no la compartía.
Me reto a mí misma por pensar así y bueno, acá estoy diciendo que si y que no, que blanco pero negro y que Manal o El Otro Yo.
Saludos y hasta la próxima.
Comentado por: marcela el 17/9/2007 a las 02:45
Marcelo: hay un par de cosas para acotar.
1. no está claro que la PRODUCCIÓN de canciones se resienta si los músicos las piensan como singles y no como álbumes. Aunque en la Argentina nunca se hayan consumido singles en forma masiva, lo cierto es que bandas super grosas como The Beatles o The Smiths (en momentos bien distintos), produjeron una serie de canciones extraordinarias acumulando singles. Quizás no se hubieran podido producir discos conceptuales a la The Wall de esa manera, pero yo prefiero un compilado de Smiths antes que ese disco, es más, The world wont listen me parece más sòlido que The wall.
2. No es cierto que lo analógico se traduzca en escuchar un disco entero y lo digital en bajarse de a una las canciones. Yo me bajo de eMule discos completos, de 14 canciones. Y los 80s me los pasè grabando casetes, con mezclados (algo que Hornby homenajea a full en Alta Fidelidad). Me acuerdo de esperar con el dedo en la tecla record mientras escuchaba un buen programa de radio para grabar un tema apenas escuchaba los primeros acordes. Incluso había disquerìas que les llevabas un TDK y te grababan un compilado de los discos que quisieras.
3. Esto va a sonar raro, pero siempre el consumo de canciones es por unidad. Escuchás UN tema en la radio. Escuchás un tema en la casa de un amigo. Y después decidís escuchar el disco. Dudo muchisimo que te hayas comprado un LP de todo lo que potencialmente podría ser bueno. Una vez que te engancha un tema o dos, te comprás el disco (salvo que tengas mucha guita). Eso, por lo menos, hacíamos todos en los 80s y los 90s. Veíamos un video en MTV o escuchábamos un tema y de ahí saltábamos al interés por el disco, que nos confirmaba que el grupo era buenísimo o un fiasco.
4. Hay algo que no extraño de los CDs y los LPs. Se rayaban. Saltaban o se quedaban trabados. Que el CD no haya podido solucionar este tema era sumamente irritante. Nunca me voy a olvidar cuando se me grabó el disco Piano Bar al principio del grito primal de Charly en No se va a llamar mi amor.
Saludos, buenísimo que plantees estos temas.
Comentado por: Xtian el 05/9/2007 a las 21:57
Marcelo y bloggeros (blogueros),
Les ruego que lean este articulo (o mas bien, ensayo), "The future (or not) of the album". Vene como anillo al dedo al tema de hoy. Denle una oportunidad y verán.
http://www.fingertipsmusic.com/comment_albums.htm
Comentado por: Kame el 04/9/2007 a las 08:30
Marcelo y bloggeros (blogueros),
Les ruego que lean este articulo (o mas bien, ensayo), "The future (or not) of the album". Vene como anillo al dedo al tema de hoy. Denle una oportunidad y verán.
Kame
Comentado por: Kame el 04/9/2007 a las 08:29
Es verdad lo que dice M en su comentario: no se si habrá sido un empacho de tecnología, pero me había olvidado que hace no más de 15 años armaba mis propios compilados en casete. El de rock, el de lentos (un clásico), el de marcha. En esa época las vecinas pedían prestado el teléfono y sus hijos el doblecastera.
Comentado por: bruno el 03/9/2007 a las 10:08
Algo de esa magia perdida:
http://soundpedia.com/music/MjM2NDU=/album/724827/listen.html
Comentado por: H. el 03/9/2007 a las 09:53
Lo que decís subraya el rito, la ceremonia (privada o compartida) que incluye el escuchar un disco o leer un libro. Es, cómo no, una suerte de puesta en escena donde todo se juega y es significante en la búsqueda de los complejos placeres que nos aligeran el día. Yo disfruto del objeto CD o del objeto libro antes de darle play al equipo o de empezar el capítulo uno. Y entro o no, dudo, me distraigo o me aburro, en el mundo que se me propone. Mi deleite es apreciar toda la historia, desde el arte de tapa a los créditos en los discos y desde la solapa al colofón en los libros. La tecnología determina hábitos culturales con mayor o menor felicidad de sus consumidores. Yo elijo obtener toda la felicidad posible. Prefiero las obras completas. Detesto las antologías.
Comentado por: Patricia Rodón el 03/9/2007 a las 07:40
En esta época de cortar y pegar, de mashups, se nos desvanece el contexto de todo. ¿Es casual o una forma de leer al mundo en fragmentos sueltos? No estoy seguro que sea un contraste entre lo analógico y lo digital, porque recuerdo haber armado cassetes con temas para regalar. Era una forma de decir: seleccioné estas flores una por una y te armé un Ikebana, el mío.
Es una actitud entre la que voy y vuelvo en distintos ámbitos. En música, cargo álbumes completos pero también tengo listas de temas que toman algunos de cada uno que acomodo para algún viaje diario. Tal vez hay momentos para conectarse con el mundo y el contexto del artista, y hay otros para concentrarse en el propio con la banda de sonido elegida sonando de fondo.
Comentado por: m. el 03/9/2007 a las 03:59
En sentido práctico, la revolución digital libero a la musica del formato LP y democratizo el acceso a la musica. Parece cliché de Apple, pero es chevere recorrer la ciudad con musica, armando el soundtrack de tu vida. Aunque extraño un disco conceptual. La ventaja es que puedes armar un meta-disco en su version real. (Ejemplo, la discografía de Dream Theater)
Comentado por: Ludo el 03/9/2007 a las 02:55
Los LP's pasaron del formato de la mera colección de canciones a la categoría de obra conceptual allá por los 60's, con la aparición del Sgt. Pepper's y el Satanic Majesties. Luego, los grupos de rock sinfónico recogieron la idea convirtiéndola en moda bastante cargante, que quedó relegada al olvido y uso de algunos grupos recónditos que lo mantuvieron como forma creativa. (Toda la obras de Los Residents está planteada así, por ejemplo). En un pasado más reciente algunos artistas, de forma puntual, dieron la medida de hasta qué punto puede llegar a ser el pop o el rock algo cercano a la obra clásica, equiparable a la sinfonía, la ópera o el ballet. No me refiero, por supuesto, al híbrido un tanto chabacano de la ópera rock, sino al rock cuando decidió hacerse adulto, ya tomando conciencia de sí mismo, como en el caso del Ziggy Stardust de Bowie; ya tocando problemáticas estrictamente adultas, como fue el Berlín de Lou Reed.
De esos discos no se pueden escuchar una canción suelta sin cometer casi un sacrilegio.
Comentado por: Coco el 01/9/2007 a las 13:07
Pues yo sí que tengo un iPod, y me gusta, lo llevo todo ahí. No suelo meter singles, sino los discos completos.
Por otra parte, sigo comprando cds, más que nada por el arte gráfico, si te soy sincero, muchos de ellos ni miro a ver si funcionan, los descargo directamente desde internet y los meto en el iPod.
Aunque no viví tan de pleno la época del vinilo, me encantan, y siempre que encuentro alguno que me gusta, me hago con él, los considero objetos de colección y los cuido con mimo.
Saludos desde España!
Comentado por: Peter Dreamer el 01/9/2007 a las 03:16
A mi, si una canción me engancha me bajo todo el disco. Y me encuentro con verdaderas sorpresas, recientemente se llaman Anna Nalick, Jem y Jack Johnson. También me ha permitido conseguir algunas canciones que escuché una vez o dos y que sin la magia del internet no hubiera podido tener jamás.
Tengo un reproductor de mp4 apócrifo, al que bauticé como el "aipok", tiene apenas 512 así que toca o toca hacer la selección y vaya que el shuffle tiene su encanto y debo decir, hasta su sabiduría. ¿A quién se le podía ocurrir poner "Sweet dreams" de Beautiful South, después de "Un lugar en tu almohada" de Jorge Drexler? Un ejercicio de coincidencia totalmente afortunada.
Comentado por: Mayté/Palas el 31/8/2007 a las 22:52
Hola Figueras.
Recien ayer pude ver en DVD Zodiac la pelicula de David Fincher.
Me interesa volver a leer el post que colgaste sobre la pelicula, unos meses atras. Si no le causa molestia o incoveniente, mandeme el link.
Se lo agradecer mucho.
XX OO
Comentado por: Namor Adenip el 31/8/2007 a las 17:35
En tiempos remotos, los tiempos del vinilo, exprimíamos un LP por la sencilla razón de que era el único que teníamos. Puedo cantar de memoria el Beggar´s Banquet de los Rolling Stones y aún conservo la placa ruidosa. Mis hijos me regalaron el CD hace un par de años, pero ya hay otras músicas.
El pecado de gula (comerse la cremita de arriba y dejar el resto del bollo) se da también con los discos, se me aplica a mí como escuchante de música. Ahora que escucho música mientras trabajo en la PC, pongo el CD completo, empiezo por el hit(ej. en Jorge Fandermole "Navega" comienzo por Oración del Remanso) pero después empiezan a entrarme las otras, como por ósmosis les voy descubriendo cosas, pequeños vericuetos interesantes a la música o a la poesia.
Acuerdo con Marcelo, hay que darle la oportunidad a todo el lote.
Comentado por: morajú el 31/8/2007 a las 14:11
Hay un músico español —aunque el nombre suene poco castizo: Cooper– que publicó hace un par de años un manifiesto explicando por qué renunciaba al LP como formato, y a partir de entonces sólo ha publicado singles y EP's.
Hablaba de que la obligación de "rellenar" un disco grande era una imposición para el artista, que acababa con la frescura.
Yo realmente prefiero las canciones sueltas, seleccionadas. Y eso que, de mis grupos favoritos, tengo las discografías completas, y me gusta escucharlas enteras de vez en cuando.
Pero gracias al mp3 se ha terminado aquel suplicio de comprar discos por una sola canción, y luego sufrir cuando se te caen los ídolos, por culpa de sus nefastas caras B (aunque, en otros discos, precisamente eran las caras B las más interesantes). Sobre esto, es muy interesante la "Canción de relleno", del último disco de Los Acusicas.
Comentado por: Javier Menéndez Llamazares el 31/8/2007 a las 12:55
Coincido con lo que decís... pero la verdad, nunca me bajé una canción "suelta", siempre el disco entero. Tampoco veo la necesidad de hacerlo: ¿para que bajar una sola canción, si por el mismo precio (nada) me puedo bajar el disco entero?
El fetichismo con los CDs me lo quité hace rato. Me acuerdo que cuando compre mi primera grabadora, es decir, al principio de los tiempos, me esmeraba en diseñar las tapitas, las imprimía, las recortaba para que entrasen perfectamente en la cajita del cd.
Hoy ya no, y además sería imposible: con 10 discos por CD (porque ahora, a diferencia de hace 10 años, los equipos de audio leen mp3) sería imposible escribir los nombres de más de 100 temas.
Y de paso, acabé también con el fetichismo que tenía conlos libros: no los escribía, no les doblaba las puntas, no los prestaba. Hoy cuanto más escritos doblados, prestados (es decir, cuanto más leídos), mejor. Y si los presto y nos los devuelven, mala suerte. Habrán encontrado mejor destino.
Comentado por: bruno el 31/8/2007 a las 12:31
Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.
Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).
Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.
Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.
La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara
Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil
Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara
El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara
Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura
El muchacho peronista (1992). Planeta
Filmografía
Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos
Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti
Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras
Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo
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