El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
viernes, 4 de julio de 2008
Sexo es futuro
Parece una paráfrasis de la broma sobre el abogado en el fondo del mar. ¿Cómo llamarían a diecinueve escritores hablando de sexo? De llevar la broma hasta el final, habría que llamarlo un buen comienzo. O una orgía literaria, en todo caso.
El buen comienzo, imagino, habrá que atribuírselo a Diego Grillo Trubba, que compiló los cuentos, y a la Editorial Sudamericana por asociarse en la aventura. El resultado es el libro En celo, que se presenta a sí mismo con dos cerditos que la pasan bomba en la portada y una bajada aclaratoria que da cuenta del meollo del asunto: “Los mejores narradores de la nueva generación escriben sobre sexo”.
A muchos de esos autores argentinos los conocía ya, y los valoraba: Mariana Enríquez, Patricia Suárez, Pedro Mairal, Florencia Abbate. A otros los conocía tan sólo de nombre, por lo que celebré la oportunidad de perder la virginidad respecto de su obra: Juan Terranova y Washington Cucurto, por ejemplo. Los otros fueron una completa sorpresa. El primer nombre que me viene a la mente es el de Marina Mariasch, pero es justo que los mencione a todos: Pablo Alí, Gisela Antonuccio, Maximiliano Tomás, Oliverio Coelho, Joaquín Linne, Josefina Licitra, Hernán Arias, Gabriel Vommaro, Natalia Moret, Alejandro Parisi, Félix Bruzzone y Mariela Ghenadenik.
Me gustó que llevaran la premisa hacia sus variantes menos convencionales: sadomasoquismo, transexualismo, zoofilia –o para ser más preciso en la referencia al cuento La chica del setter, humanofilia-, sexo entre machos necesitados de cariño (Cucurto dixit) y un largo etcétera. A esta altura del partido todavía consideramos al sexo como la porción oculta del iceberg, un territorio inexplorado sobre el que depositamos parte generosa de nuestras fantasías. El sexo es la máquina de disparar la imaginación que tenemos más a mano, o al menos aquella a la que recurrimos más a menudo. Es democrático por naturaleza, en tanto nivela al común de la gente y a los profesionales de la imaginación, condenándolos a la misma plataforma de partida: en este dominio todos tenemos iguales oportunidades, y nadie cuenta con particulares ventajas. Coincidirán conmigo en que se trata de una de las materias más difíciles para un escritor. Enfrentados a la página o al documento en blanco, un escritor está en la misma situación del amante primerizo: muerto de miedo, desnudo, en semitiniebla y condenado a hacer el mejor uso posible de sus discretos talentos naturales.
Que empujasen esta piedra angular de la imaginación a sus extremos me llenó de esperanza. En realidad ya estaba entusiasmado desde la premisa. La idea de animar a diecinueve escritores a meterse con una de las experiencias más transformadoras, divertidas e insondables de la vida me producía fascinación. No sé ustedes, pero yo estoy un tanto desencantado de tanto dar con libros que no sé de qué me hablan, que no puedo remitir a ninguna de las cuestiones esenciales de mi vida, ni las más ligeras ni las más profundas. La semana pasada leí en Radar una entrevista a uno de mis héroes, el canadiense Leonard Cohen. El periodista le mencionaba algo dicho por Elvis Costello. Según Costello, hay tan sólo algunos pocos temas de los que vale la pena hablar: quiero a alguien, perdí a alguien, alguien murió. Yo agregaría, en estos tiempos tan virtuales: la aventura de transformar mi circunstancia tanto como la circunstancia me transforma. Cohen reafirmaba la idea, diciendo que en líneas generales todos llevamos el mismo tipo de vida. El artista talentoso que se decide a lidiar con esas áreas comunes (en lugar de irse por las ramas, en vez de esconderse detrás de sus textos) tiene una gran posibilidad de crear obras inolvidables, que nos conmuevan pero que además nos construyan. Según Cohen, la música popular debe versar sobre esos temas. Yo creo que la literatura también, por lo menos la que no se contenta con ser un placer de iniciados, la que defiende ya no su deber, que como tal no existe, sino su derecho a ser popular.
Lo que estos escritores hicieron a partir del argumento del sexo me entusiasmó, porque me alentó a creer que harán lo mismo en el territorio de la literatura: llevarla a sus límites sin dejar que se aparte nunca del cuerpo, sufrirla y gozarla en sucesivo o en simultáneo, transexualizarla, vivirla y morirla en sincronía, dejar que nos transforme y transformarla en el mismo acto. Este es uno de los tanto aspectos en que sexo y literatura se parecen: independientemente de los motivos que nos llevan a practicar ambas disciplinas, y aun cuando no lo busquemos con deliberación, su ejercicio puede redundar en la creación de algo que tendrá vida propia –y que en el mejor de los casos nos sobrevivirá.
Como lector disfruté con En celo, me pareció un magnífico juego previo. Por fortuna en la tapa dice Cuentos 1, lo cual significa que no deberé esperar mucho para que procedan al acto.
[Publicado el 20/8/2007 a las 10:38]
En la tapa aparecen dos cerditos jugando. Adentro del libro hay cuentos sobre sexo, y otros que deben referirse al sexo y yo no entendí. Pero mejor, porque al séptimo u octavo cuento fatiga un poco saber que el próximo tratará sobre lo mismo, pero no pude parar de leer.Yo me lo comí de una, quise darme cuenta de que estos culiáus me cagan a baile escribiendo y que me falta mucho para llegar ahí. Te digo la verdad, lo compré para curiosear y porque sigo un poco los blogs de los que escriben, por eso lo compré. ¡Qué envidia! ¡Vos vieras cómo escriben! Fijate Terranova lo que hace acá:
“ Nos fuimos a su casa, me clavó las uñas en la espalda y me dejó marcas. Anoté su teléfono en un papel. Nos empezamos a ver seguido”
Me calentó la descripción de una penetración que hace Mariana Mariasch en Los días negros:
“Encuentra resistencia en la carne todavía seca, pero a los dos o tres golpecitos la abertura cede y adentro hay humedad y cobertura completa”
Me gusta el libro. Me gustó mucho también este párrafo de Parisi:
“Pero la civilización del siglo XXI, la misma que miraba sus comerciales, estaba orgullosa de haber evolucionado, y así como dejaba morir a millones de niños a causa del SIDA, el hambre y la tuberculosis, gastaba fortunas construyendo rampas, botones de braille y páginas web sonoras que alentaban a parapléjicos, ciegos, sordos y mudos a vivir en un mundo que los despreciaba pero que se empeñaba en mantenerlos con vida.”
Me gustaron los dos limpiapiletas que se quieren cepillar a una adolescente rubia en Barrefondo de Félix Bruzzone; al igual que el que se hace una paja mirando una web de nenas amateurs mostrándose eróticas.
Y cada vez que leo a Patricia Suarez sobretodo en su blog) me dan ganas de escribir. Me hace creer que tengo cosas para contar…
Comentado por: Pablo Giordano el 21/8/2007 a las 22:24
Como lector disfruté con En celo, me pareció un magnífico juego previo. Por fortuna en la tapa dice Cuentos 1, lo cual significa que no deberé esperar mucho para que procedan al acto.
qué frase más genial... cuentos 1... plural y singular pero... como los volúmenes.. esperaré elsiguiente
( de muerte la risa que me dijo en letras su escrito... bellisimo)
Enea
Comentado por: Enea el 20/8/2007 a las 15:45
Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.
Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).
Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.
Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.
La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara
Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil
Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara
El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara
Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura
El muchacho peronista (1992). Planeta
Filmografía
Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos
Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti
Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras
Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo
03/7/2008 23:55
Marcelo: Ante todo, un saludo...
Publicado por: Daniel
03/7/2008 19:00
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