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El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

viernes, 4 de julio de 2008

Blog de Marcelo Figueras

Sobre libros ‘non-sanctos’ de efectos beatíficos

Así como todos hemos visto películas menores que produjeron acordes mayores en nuestro corazón, también leímos libros –libritos, novelitas- que nos conmovieron de igual forma. A mí me ocurrió, al menos. A lo largo de mi vida, muchas novelas de esas que producen arcadas a los críticos me depararon momentos inolvidables. Recuerdo por ejemplo la lectura de Salem’s Lot, que aunque es la segunda novela de Stephen King fue la primera suya en caer en mis manos. Yo era chico, estaba de vacaciones en Córdoba, me había quedado solo en una casa enorme y crujiente mientras afuera llovía y el viento silbaba entre los sauces. Fue una experiencia maravillosa. Durante la escritura de La batalla del calentamiento traté de reproducir con mi pueblito imaginario de Santa Brígida el mismo efecto que King me inspiró, al meterme de a poco en el pueblo de Salem’s Lot y hacerme sentir que estaba viviendo en él. (Aunque en Santa Brígida no haya vampiros, o por lo menos no de la misma clase.)

Mi madre era una lectora omnívora y quizás indiscriminada. Era capaz de mezclar Haroldo Conti con Aeropuerto y demás novelitas de Arthur Hailey. Su criterio de selección no resistiría un análisis académico, pero sería injusto si no reconociese que le debo buena parte de mi eclecticismo. Una falta de prejuicios que encuentro saludable, para qué los voy a engañar. El otro día, conversando con Marcelo Piñeyro, coincidimos al recordar que en su momento nos había encantado la lectura de El abogado del diablo, de Morris West. Después pasamos por una librería y nos atrevimos a preguntar, pero ya no tenían nada de West desde hace años; después de su muerte todo el mundo olvidó sus libros, que en su hora de gloria vendían al nivel de best-sellers pero contaban historias fascinantes, y por lo tanto dignas de durar. En fin, tengo que pasar por la casa familiar para ver si encuentro sus libros en las estanterías polvorientas. Si los releo, les cuento.

También me encantó cuando era chico otro best-seller que le robé a mi vieja: El solitario, de Guy des Cars. Recuerdo convencerme de que su historia podía inspirar una película fascinante –tenía que ver con un hombre ciego, sordo y mudo al que acusaban de un crimen durante un viaje por alta mar, si la memoria no me traiciona-, pero la película nunca llegó, o de haber existido pasó sin pena ni gloria. (Disculpen que no me ponga a googlear, me divierte más jugar con la baraja de los recuerdos.)

Pero de todos los best-sellers que mi madre compraba, el que me produjo una impresión más duradera fue uno llamado La palabra, de Irving Wallace. El protagonista era un exitoso publicitario norteamericano, a quien visitaban unos clientes insólitos, por cuanto provenían del Vaticano. La cuestión tenía que ver con el descubrimiento arqueológico de un quinto Evangelio: después de someterlo a las pruebas de rigor, la Iglesia se había convencido de su autenticidad y reclamaba el oficio del publicista para difundir la buena nueva al mundo. Este hombre, escéptico por naturaleza, leía el texto recuperado y se descubría tocado en el alma: si bien los hechos atribuidos a Jesús eran los mismos en esencia, sus palabras echaban luz sobre cuestiones de innegable actualidad, como el racismo, la discriminación por causas sexuales y la violencia. Al final el quinto Evangelio es divulgado ante el mundo y produce un efecto beatífico en todas partes. Pero el publicista descubre que se trata de un fraude y se ve enfrentado a un dilema: ¿debe callarse y dejar que su efecto benéfico siga operando sobre la gente como lo está haciendo, o debe decir la verdad por inconveniente que sea? En fin, hoy no puedo dar fe del mérito literario de La palabra, pero como ven, su historia sigue viviendo en mí aunque pocos se acuerden del viejo Irving Wallace.

Me imagino que ustedes también deben recordar libros non sanctos que sin embargo los conmovieron…

[Publicado el 27/7/2007 a las 10:30]

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Comentarios (7)

  • No sé que tan non sancto sea pero recuerdo Shangai hotel, que era creo de una alemana medio best seller, Vicky Baum. El libro que hasta era de pasta dura con el tiempo se perdió del estante en que lo ponían mis padres. Y recuerdo bien que fue mi primera inmersión en el oriente, su dura pobreza, las guerras de comienzos de siglo XX y algo de ese ambiente que luego reconocí en la pelicula de Margarite Durás, El Amante. Libro casi de 400 paginas que eran una exageración para mi. Y creo que le sobraban paginas pero lo leí de cabo a rabo.

    Comentado por: caborca el 31/7/2007 a las 01:20

  • hay algunos libros y películas de descubrimiento, donde los personajes se permiten hacer o decir cosas que en nuestro "ambiente", entorno, nunca hubiéramos sospechado que pudieran pasar por actuaciones normales. Hablando de sirenas recuerdo vagamente, no me debió impresionar tanto, pero sí tengo algo medio onírico flotando por el cerebro, sobre unas mujeres y un lago, ¿medio sirenas? que se ocultaban para contemplar a un chico que se bañaba, desnudo. Una historia de seducción y sensualidades, donde se explicitaba a la mujer como deseadora y no como la típica deseada o buscadora de amor-seguridad.
    No son los hechos en sí sino la forma natural, aceptada, de presentarlos positivamente, como parte de la naturaleza humana, sin degradación. Y la escasez de ese punto de vista entre la saturación de ofertas del mercado. Muy lejos de esas canciones de mujeres fatales de Café Quijano: la Lola y eso. Aunque reconozco que esta canción me gusta mucho, como canción pero ellos, sus letras, me parecen anclados en una perspectiva anticuada y de sabor castizo con tintes machistas. Aún así me gusta su música.

    Comentado por: Piel el 28/7/2007 a las 18:27

  • En la adolescencia leía los de Victoria Holt. Todos eran con base Jayne Eyre: chica sola y hambrienta de amor (o sea yo) va a casa hombre duro que se convierte en hombre amoroso (o sea mi futuro príncipe azul). Ahora que confesé mi pecado me siento mejor aunque reconozco que esas lecturas me causaron daño cerebral permanente (¿o ya lo tendría antes de leer esos libros?). Otros: La Noche de los tiempos, de René Barjavel, el primer libro donde alguien hacía el amor. Después de años de Las mellizas Santa Clara, Los cinco secretos y Nancy Drew, fue una revolución. Para tener hijos tanto el hombre como la mujer tenían que sacarse un anillo. Un hallazgo anticoncetivo inigualable. La isla de las tres sirenas de Irving Wallace, Guy de Cars idem, ¡Los hijos de Torremolinos, de Mitchener! Confieso haber incurrido en un Judith Krantz (lectura favorita de mi mamá). No le hacía asco a nada. Ahora tengo la sensación de que se me acorta el tiempo y soy un poco más selectiva, pero si pienso en una de esas casas que aparecen a veces en las vacaciones, con sus estantes llenos de libros ajenos que hablan de alguien desconocido, no puedo decir "de esta agua no he de beber".

    Comentado por: ines g. el 28/7/2007 a las 15:33

  • Querido Chelo:

    Tambien existe otro Abogado del Diablo, de Taylor Caldwell creo.

    XX OO

    Comentado por: Namor Adenip el 27/7/2007 a las 18:44

  • ¡Yo sí me acuerdo de Irving Wallace! mi papá tenía la isla de las tres sirenas y yo lo tomé prestado alguna vez... me traé buenos recuerdos.

    Comentado por: car el 27/7/2007 a las 16:31

  • Todas las mañanas rumbo a la escuela primaria pasábamos con una amiga delante de la vidriera de la librería- papelería del barrio donde algún osado había puesto en exhibición un ejemplar de La Piel de Curzio Malaparte, en edición super rústica (¿pulp se llama?) con una rudimentaria ilustracion en la tapa de un soldado con casco y bayoneta y una mujer desnuda (onda Coca Sarli) tendida a sus pies. La curiosidad (y el presupuesto)no alcanzaron para comprarlo, pero años después supe de qué se trataba, gracias a Liliana Cavani y al maravilloso Marcello.
    Algún día lo leeré, si lo encuentro en alguna parte, aunque temo que pueda resultar tortuoso para mi menguada paciencia de lectora. Si alguien lo ha leído, cuénteme.

    Comentado por: morajú el 27/7/2007 a las 15:38

  • ¿Non sanctos?
    Mis padres los escondían debajo de la pila de sábanas en el ropero. Yo los leía escondida bajo la mesa de un comedor "Sólo para visitas" y los devolvía a su sitio.
    Siempre sospeché que ellos lo sabían y que no hacían nada por imperdirmelo: Las llaves del reino ( de conocidísimo autor cuyo nombre no recuerdo), Naná de Emile Zola, y tantos otros de los cuales recuerdo argumentos y sensaciones y sentimientos, ya no el nombre ni el autor.
    El solitario, me lo prestó una monja terdermundista (hasta ese momento sólo había recibido de ellas vidas de santos).

    Comentado por: caetana el 27/7/2007 a las 12:31

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Biografía

Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.

 

Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).

 

Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.

 

Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.

Bibliografía

La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara

Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil

Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara

El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara

Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura

El muchacho peronista (1992). Planeta

 

Filmografía

Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos

Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti

Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras

Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo

Obras asociadas

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