El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
sábado, 5 de julio de 2008
De mi primera visita a El Cairo
Vaya a saber uno cómo fue el bar El Cairo en su hora de gloria. Ahora está refaccionado a nuevo, en la misma esquina de Sarmiento y Santa Fe, a metros del cine El Cairo y por ende en pleno centro de Rosario. Pero mentiría si dijese que a pesar de su modernidad no me emocionó estar allí, acodado sobre una mesa y haciendo lo inevitable: esto es, escribiendo. Supe de El Cairo por Fontanarrosa, pero si no me equivoco la primera vez que oí de él fue por culpa de la escritora rosarina Angélica Gorodischer. Creo que uno de los personajes más entrañables de Angélica, el viajante de comercio intergaláctico Trafalgar Medrano, recalaba allí cada vez que paraba en Rosario, en merecido descanso de sus travesías interestelares. Bebiendo el café negro de rigor, me pregunté mientras miraba para todas partes –me faltaba el cartel de turista colgando del cuello- cuál será la razón por la que me gustan los bares “de escritores”.
En Venecia no resistí la tentación de beber algo en el Caffe Florian, que da a la piazza San Marco, a conciencia de que Charles Dickens disfrutó del lugar durante su estadía. Sentarse a una de sus mesas es igual a viajar en la máquina del tiempo. También quise disfrutar de un martini en el Harry’s Bar, pero di vueltas en vano y no lo encontré, lo cual sintetiza la relación que tengo con la literatura de su cliente más legendario, el siempre excesivo Ernest Hemingway.
En Madrid me gusta el Café Gijón, que está lleno de historia y donde alguna vez bebí algo con Rafael Azcona, José Luis Cuerda y Juan Cruz. Pero frecuento más el café del Círculo de Bellas Artes. Siento debilidad por sus ventanales con vista a la Gran Vía, por sus estatuas, por su aire que es digno sin pecar de majestuoso. Cuando estoy allí me dan ganas de escribir. Lo hice muchas veces, sacar mi libreta Moleskine en reverencia ante los maestros y ponerme a garabatear sin más, con la excusa que fuere. Está claro que ahora uno puede ir a un bar con su laptop y darle al teclado como en casa, pero aunque práctico, les juro que no es lo mismo.
Lo disparatado es que no tenga un bar favorito en Buenos Aires. Son las cosas que pasan en el sitio donde uno juega de local. El Café Tortoni posee su gracia, por cierto, pero es demasiado ruidoso y suele estar lleno de turistas, que me molestan del mismo modo en que yo molesto a los clientes del Círculo. (Esto se llama justicia poética.) Quizás se deba al hecho de que en mi ciudad tengo un refugio claro para escribir: mi propia casa, que es como el barco en que navego a diario; donde estoy a gusto, donde nadie me perturba. Cuando uno se vuelve extranjero, la casa que ocupamos fugazmente, o la habitación del hotel, no logra convertirse nunca en un hogar. Para eso están los bares. Allí me siento cómodo, allí me entran ganas de escribir, en la esperanza de que su aire conserve alguno de los átomos que los grandes exhalaron durante su paso y así pueda participar, aunque más no sea de forma vicaria, de un genio del que carezco.
Al menos ahora cuento con El Cairo, que no me queda tan lejos. La frase suena bien, parafraseando a los amantes de Casablanca: “Siempre tendremos El Cairo”.
[Publicado el 05/7/2007 a las 10:52]
La dueña de la librería en la que solía comprar las novedades del mercado, me regaló una vez un moleskine. Lo llevé durante un tiempo conmigo, pero no llegó a cuadrar con mis necesidades.
Para ser completo tendría que haber llevado -por lo menos- un lapicero/bolígrafo incorporado y permitir el repuesto de hojas.
Por allí debe estar mirando desde su rincón del olvido y con sus páginas vacías, cómo sus colegas más humildes y menos pretenciosas (simples libretas de apuntes) se van llenando alegremente de contenidos a diario.
Comentado por: HjorgeV el 08/7/2007 a las 15:28
Yo, que no soy escritora pero escribo, llevo dentro de mi bolso verde una imitación de Moleskine. Sus tapas son de cartón grueso, con el fondo color amarillo crema. Están llenas de corazones multicolores atravesados y rozados por flechas flexibles. La goma que lo cierra es roja. Cuando lo escribo, utilizo siempre un bolígrafo de color azul. Azul mares del Sur, ese es el nombre del color.
Comentado por: Serpiente Suya el 06/7/2007 a las 12:39
En calidad de extranjero en Arizona, EUA, los únicos cafés que me quedan cerca son los famosos "Starbuck's" (hay cinco en apenas un par de cuadras), y aunque el café de ahí no me gusta (normalmente pido chocolate caliente) ha sido el único lugar en el que me puedo sentar por horas sin que nadie me diga nada. Leyendo y escribiendo y también cargo con mi Moleskine. ¿Será que en eso todos los escritores (y novatos) estamos cortados con la misma tijera?
Un abrazo.
Comentado por: Raúl Pavón Terveen el 06/7/2007 a las 04:13
entonces ya podemos mandarte al Cairo, Marcelo!!! ;) :)
y encima, saber que te irás feliz!!!! ;)
he estado en el Tortoni un par de veces, las que he pasado por Baires, y me ha gustado mirar todo lo que hay allí (no creo que me hizo falta el letrero de turista, hasta las lindas tacitas compré y en ellas tomo de vez en cuando mi café;) porque hay de todo allí: parece escenografía de cine de los años 50, está Gardel, está Borges, sus otros panas escritores, los tangos, el rock del sótano y, hasta Hillary Clinton dejó su autógrafo!!! dime si no hay de todo allí?. la Argentina simbólicamente encapsulada en el tiempo y el espacio!!! me encanta el Tortoni, si vuelvo por Baires, volveré a caer por allí, sure!!!! y claro, pasaré por El Cairo, faltaba más!!! (yo también amo los cafés de escritores, en cualquier parte del mundo!!! :)
Comentado por: lolichka el 06/7/2007 a las 01:29
Es cierto, Valeria, nunca nada ni nadie es como era antes. Es como si el tiempo de la vida abarcara muchos exilios internos.
Persepolis, la tendré en cuenta. Gracias chicas.
Comentado por: Caetana el 05/7/2007 a las 23:37
Moraju : muy bueno lo de deslocalado.
Caetana : si, conlleva algo de desfase, de descoloque, en el lugar en que se vive pero también luego de algun tiempo, claro, en el lugar de donde se viene...
Vi recientemente la pelicula Persepolis (de una chica irani), excelente, que a su manera habla tambien de esto, incluido el exilio interno. Las miradas de unos y otros, de unos sobre otros...
Comentado por: valeria.s el 05/7/2007 a las 20:57
Hay una leyenda japonesa en que un joven pescador naufraga y es salvado por la reina de los mares, que además lo elige como esposo, regresa entonces a su aldea para despedirse de su madre, y encuentra que la aldea es la misma pero ya no hay nadie que él conozca, las personas son otras, en su casa vive gente desconocida. Está descolocado en el tiempo. Algo así me pasa cuando entro en escuela donde hice desde el jardín hasta la secundaria, la sensación de pertenecer es muy fuerte, pero nadie más que yo puedo registrar esa pertenencia. Para los que hoy están ahí, soy una señora, cualquiera. Esto que describo me recuerda la experiencia del exilio interno en la Argentina, durante la dictadura, los lugares eran los mismos, pero nada (o nadie) era como antes.
Comentado por: morajú el 05/7/2007 a las 20:02
Lo que ocurre es que los mitos y las leyendas representan sólo una parte de la realidad; o son metáforas de la realidad.
Valeria y Morajú, pregunto, por pura curiosidad, nomás: ¿uno ya no puede volverse "local" en su lugar de origen o en su lugar de adopción? ¿Uno se convierte en un extranjero para siempre? ¿Se pasa a ser un descolocado para siempre? ¿Será cierto eso de "no soy de aquí ni soy de allá"? ¿Ser extranjero pasaría, entonces a ser una especie de ciudadanía?
Recuerdo una novela de Milan Kundera que toca el tema del exilio a fondo. Pero el personaje descubre que no se siente descolocado en su país adopción.
Comentado por: Caetana el 05/7/2007 a las 19:31
Comentado por: morajú el 05/7/2007 a las 15:26
Qué cosa ! Uno puede volverse extranjero pero una vez hecho ese camino de ser extranjero, ya no puede uno volverse "local".
Comentado por: valeria.s el 05/7/2007 a las 14:32
De mis tiempos de estudiante en Rosario (71-76) y vecina del Cairo, puedo decirte que de leyenda nada, era un lugar sin ninguna gracia y mozos poco hospitalarios, y caro, qué más puedo decir. La leyenda del Cairo es una exageración rosarina, que las hay muchas (digo esto con todo el cariño que guardo por "la rosarinidad", desde aquellos años en que vivimos alegremente en peligro)Quiero a Fontanarrosa, pero sigo detestando ese bolichón venido a más. No te engañes Marcelo, todo eso que ves son maquillajes para ponerlo a tono con su estatus de leyenda.
Comentado por: morajú el 05/7/2007 a las 13:32
Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.
Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).
Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.
Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.
La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara
Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil
Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara
El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara
Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura
El muchacho peronista (1992). Planeta
Filmografía
Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos
Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti
Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras
Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo
05/7/2008 00:24
Todavia no termino de leer esto...
Publicado por: Lilith
05/7/2008 00:18
Publicado por: martin
04/7/2008 12:27
pusiste a bailar las palabras y...
Publicado por: Alba
04/7/2008 10:37
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03/7/2008 23:55
Marcelo: Ante todo, un saludo...
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03/7/2008 19:00
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03/7/2008 08:42
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02/7/2008 21:54
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Totalmente de acuerdo Marcelo,...
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