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El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

sábado, 5 de julio de 2008

Blog de Marcelo Figueras

Tatuajes en el alma

El otro día, en el auto, mi hija menor solicitó el correspondiente permiso para cambiar de CD. (En el diminuto país dictatorial que es mi vehículo, la elección de la música suele ser un privilegio del Supremo al Volante.) Entre las opciones que había a mano, eligió el último de Lloyd Cole, Antidepressant. Corrieron algunas canciones y se me ocurrió contarle lo mismo que conté aquí hace algún tiempo sobre Cole: que además de la admiración por su música me une a él una corriente afectiva que deriva del hecho de haber crecido en sincronía. Recuerdo que cuando empecé a oírlo, tenía la misma edad de Cole y de su canción 29. Todavía sigo oyendo su música, sólo que ahora Cole habla de un cuerpo que recién le empieza a funcionar los martes, con algunas partes que ya merecerían reemplazo, al punto que ni siquiera le hace efecto Scarlett Johanson.

Mientras seguía manejando, recordé que la primera canción de Cole que me llamó la atención fue Jennifer, She Said, cuyo protagonista lamenta haberse tatuado el nombre en cuestión sobre la piel, sucumbiendo a la pasión de un romance que terminó durando lo que un suspiro. Sonreí, pensando que grabarse en el cuerpo un nombre que termina convirtiéndose en una llaga era algo muy propio del joven que Cole era –que éramos- por entonces. Satisfecho conmigo mismo, pensé que por fortuna no había cometido semejante desatino en su momento. Y de inmediato entendí que no era necesario entender el tatuaje de manera literal. Ser joven hace inevitable tomar una larga serie de decisiones, muchas de las cuales pueden llegar a ser tan equivocadas como irreversibles –al igual un tatuaje.

Y yo, para qué engañarse, tomé decisiones de esa clase a manos llenas. Mi alma está llena de tatuajes a medio borrar. Marcas que me quedaron de tantas relaciones truncas, de tantas omisiones, de tantos fracasos. Algunas resultan casi ilegibles, pero otras permanecen, constituyendo un texto fragmentado que me encantaría expurgar de mi historia, pero que de lograrlo la dejaría incompleta y sin explicación.

Me fui quedando callado, sumido en el recuento de tanto garabato. Mi hija registró el silencio pero no dijo nada. Aunque los adultos pretendemos que nuestra piel no dice nada, los hijos conocen de memoria todos nuestros tatuajes. Por fortuna algunos de ellos tienen la delicadeza de fingir que no los ven, hacen de cuenta de que no pueden leerlos, de que la ropa con que intentamos cubrirlos ha cumplido con su cometido. Esa, según entiendo, es una de las formas más perfectas de su amor.

[Publicado el 03/7/2007 a las 10:55]

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Comentarios (14)

  • ¡Me ha encantado! yo no tengo hijos, pero soy hija y la parte de los niños me recuerda que yo quiero a mucha gente "por transitividad" je je cuando papá quiere a mí se me da también querer.

    Comentado por: Camellis el 12/7/2007 a las 19:32

  • Me has tocado el alma con este escrito.

    Comentado por: dorothy hale el 04/7/2007 a las 16:55

  • Si hablamos de tatuajes, mi alma tiene el aspecto de "el hombre ilustrado". Y no lo digo para hacerme notar.

    Comentado por: Caetana el 04/7/2007 a las 11:12

  • Guido Cuadros, Cuadrado debiera ser tu apellido. El único idiota eres tú, que no sabes intepretar un simple texto. Hablar de tatuajes, en el sentido de este texto, se refiere a "marcas imborrables" en el corazón, en la vida. El autor no critica en ningún momento a los tatuados; usa la palabra de modo elegante y literario para expresar la sensación del paso de la vida en uno.
    Los tatuajes son hermosos, yo tengo tres en tinta sobre mi piel y, tal vez, 100 en momentos especiales en mi vida.

    Comentado por: Maxi el 04/7/2007 a las 08:27

  • exacto los tatuajes son para exhibir,son adornos de la piel, leves modificaciones corporales voluntarias, no me vengan pues a comparar sus traumas y complejos como si fueran ''tatuajes del alma'', acaso ustedes los exhibem?? si los guardan bien dentro sutoy solo para ustedes entonces no pueden ser comparados con tatuajes, ya que los tatuajes son para exhibir, para ser vistos.
    Vamos Figueras no caigas en analogia y metaforas baratas,nohay nada que hacer que la ignorancia es atrevida.
    FIGUERA SI NO TIENES TATUAJES ENTONCES NO HABLES ,REPITO TUS TRAUMAS Y COMPLEJOS NO SON TATUAJES, NI SIQUIERA TATUAJES METAFORICOS.

    Comentado por: Guido Cuadros el 04/7/2007 a las 04:13

  • Quisiera encontrarme con la que fui a los quince años y comparar nuestros rostros. Seguramente advertiría los tatuajes invisibles (qué paradoja, un tatuaje es para exhibir) e indelebles que el tiempo fue dibujando en mí.Y vería cómo era mi rostro cuando creía en el amor, o sea, creía en casi cualquier cosa, cuando estaba lista para que rompieran mi corazón. O no.

    Comentado por: Marcela el 04/7/2007 a las 03:07

  • Lloyd Cole es uno de mis cantantes favoritos. Enhorabuena por tenerlo en el auto.

    Comentado por: Asfoso el 04/7/2007 a las 00:41

  • Me gusto mucho lo que escribiste hoy. Pero aunque a veces resulte mucho mas comodo, creo que a mi me gusta mas cuando no fingen que no los ven.
    Una garabata con dos garabatitas durmiéndose.

    Comentado por: valeria.s el 03/7/2007 a las 20:40

  • me parece un poco prejuicioso tu texto, respecto del arte del tatuaje. Por culpa de algun idiota que se tatuo el nombre de una ramera, pensando que era el amor de su vida o algo parecido, no nos vas a venir a encasillar a todas las personas que tenemos TATUAJES como si fueramos unos idiotas que no sabemos lo que hacemos.
    No te pases pues, escribe de lo que sabes hombre, no te metas en camisa de once varas.
    No sabes nada de tatuajes, no te metas a hablar de eso. Tu metafora, tu alegoria, esta mal hecha, de que tatuajes hablas de los que tienes tu?? esos no nos TATUAJES, seran recuerdos o experiancias pero no son tatuajes pues , no seas ignorante figueras.

    Comentado por: Guido Cuadros el 03/7/2007 a las 20:16


  • Tal vez es mejor lo que decimos sin ropa....y con suerte vestirnos de tatuajes no solo de tinta...de los que sin verlos no se olvidan...

    Comentado por: ces el 03/7/2007 a las 16:39

  • La chiquilla que me mira gran parte del día quizá aún no sepa descubrir tatuajes pero bien que lee estados de ánimo y ya aprendió a brindar abrazos, besos y cosquillas sin hacer preguntas, en esos precisos momentos me acaricia la cara y me mira con una bondad, una ternura, una compasión que me pregunto si no estaré siendo más bien yo la hija.

    Comentado por: Mayté/Palas el 03/7/2007 a las 16:00

  • Como persona con tatuaje,s y muy cercana a la cultura del arte corporal, hay ciertas reglas que uno no puede romper: la primera es NUNCA tatuarse el nombre de una persona, por que es el unico tatuaje que te llega al alma... tal vez hay una excepción, los nombres de los hijos. Y a veces, hay tatuajes que te mutilan el corazon... esos duelen

    Comentado por: Ludo el 03/7/2007 a las 15:58

  • No soy madre, pero sí hija, y corroboro lo que has dicho, los hijos conocemos de memoria todos vuestros tatuajes, y sentimos una mezcla entre dolor y ternura, que se mezcla con los garabatos que empiezan también ha llenar nuestro cuerpo.

    Un abrazo.

    Comentado por: GUADA el 03/7/2007 a las 15:17

  • Leyendo lo que ha escrito hoy se me ha puesto la piel de gallina ¿?.
    En ocasiones a mí también me parece que mis culebrillas conocen todo de mí. Que saben de mis secretos más enterrados y ocultos. A veces cuando me miran de según qué manera, parece que sepan todos los porqués de lo que hago y hasta de lo que dejo de hacer. Cuando esa mirada sucede en uno de esos lapsos que usted tan bien ha descrito así: “Me fui quedando callado, sumido en el recuento de tanto garabato”; intento recapacitar y decirme a mí misma que afortunadamente aún, aún no lo saben todo.

    Comentado por: Serpiente Suya el 03/7/2007 a las 14:37

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Biografía

Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.

 

Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).

 

Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.

 

Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.

Bibliografía

La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara

Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil

Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara

El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara

Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura

El muchacho peronista (1992). Planeta

 

Filmografía

Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos

Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti

Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras

Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo

Obras asociadas

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