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Editado por La Oficina del Autor

domingo, 6 de julio de 2008

Blog de Marcelo Figueras

Que se doble, pero que no se rompa

He aquí otra cuestión que me quedó rondando después de la visión de The Night Listener. Cuando lee la autobiografía del inexistente Pete, Gabriel Noone se detiene en un pasaje que refiere a la biografía de Charles Dickens. A los doce años Dickens fue enviado por sus padres a trabajar en una fábrica de betún, hecho que, según “Pete” escribe y Noone acepta, le partió el alma y al mismo tiempo generó al narrador. La pregunta que me quedó dando vueltas es simple: ¿hace falta estar roto para ser buen escritor?

Si optamos por la ruta de la comprobación fáctica, responderemos por la afirmativa. Basta con mencionar nombres de grandes escritores y revisar sus biografías: la mayor parte de ellos han sufrido experiencias tremendas. Cervantes. Shakespeare. Kafka. Borges. Arlt. Stevenson. Hemingway. Hammett. Conrad. (Agreguen los nombres que les vengan a la mente.) Pero el recurso es engañoso: con el mismo criterio, podríamos preguntarnos si existe en verdad mucha gente que no haya sufrido hasta el desgarro. No pretenderé que el niño que fabrica betún y Paris Hilton comparten el mismo dolor, pero tampoco soslayaré el hecho de que los seres humanos tenemos una tendencia innata al sufrimiento, más allá de nuestras circunstancias; los ricos en quienes depositamos tantas fantasías de dolce vita conocen la angustia, la inseguridad y el temor tan bien como nosotros. Así somos. La conciencia de la muerte nos permite a todos saber que, aunque más no sea en el tramo final, nadie escapa al género de la tragedia.

Lo que hay que buscar, entonces, son nombres de grandes escritores que a pesar de haberlas pasado mal en uno u otro momento -como casi todos, a fin de cuentas-, han vivido lo que puede ser definido como una vida plena. Un García Márquez, por ejemplo. Un Cortázar. Un Murakami. (Aquí también se pueden agregar nombres.) Recuerdo haber leído alguna vez –no pregunten dónde, ni de boca de quién- el caso de dos escritores que habían concebido relatos sobre naufragios. Uno, que había sido víctima de un naufragio en la vida real, había escrito un relato mediocre. El otro, que jamás padeció experiencia semejante, había escrito una narración sublime. Lo que define a un gran escritor es en esencia su capacidad proléptica, el talento para imaginar lo que nunca vivió como si estuviese experimentándolo en carne propia. Lo que la anécdota no decía pero yo presumo, es que el escritor que no había padecido naufragios debe haber sufrido aunque más no sea una experiencia parangonable, tal vez en términos de privaciones físicas pero ante todo de privaciones afectivas. En último término, un naufragio no deja de ser una expresión violenta de aislamiento, un tema sobre el que tantísima gente sabe mucho aun cuando nunca en su vida se haya subido a un barco.

No hace falta romperse para ser buen escritor. Lo cual es un alivio, porque me gustaría llegar a serlo algún día sin necesidad de quebrarme en el proceso. Pero tengo claro que la experiencia de vida otorga profundidad, empatía, perspectiva. Lo mejor es vivir intensamente, que la buena escritura se produce por añadidura.

[Publicado el 29/5/2007 a las 10:00]

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Comentarios (8)

  • Lovely Chelo.

    No me ha quedado claro algo. Segun tù hay que vivir intensamente,para que por añadidura podamos escribir algo respetable, entonces nosotros los anacoretas ¿nunca vamos a poder escribir bien? Escuchaste eso Xavier Velasco.
    ¡Oh no Maldicion!
    XX OO

    Comentado por: Namor Adenip el 29/5/2007 a las 18:38

  • Me refería quizás más a una vida interior activa, independientemente de que la exterior lo sea o no. Y la imaginación es fundamental, estamos todos de acuerdo.
    En cuanto a lo de tener interés en contar...bueno, sinceramente creo que todos los escritores escriben para ser leídos. Antes o después; por muchos, por unos pocos o tan solo por una persona. Y aunque no quieran reconocerlo jamás. Pero, de nuevo, es mi opinión.
    Saludos desde Madrid.
    Saludos.

    Comentado por: Laura el 29/5/2007 a las 17:37

  • De acuerdo con lo de la imaginacionde HjorgeV, para citar ejemplos: J.K Rowling, Tolkien.
    XX OO

    Comentado por: Namor Adenip el 29/5/2007 a las 16:55

  • Pieso que depende mucho lo que se tiene que escribir. Kerouac tuvo que encontrar a Cassidy para escribir "En el camino". Mishima tuvo que tener desvarios de un japón tradicional, para poder escribir los cuentos que contaba, y sin ir más lejos, en mi país, la genberación decapitada escribía versos como "Amo todo lo extraño, amo todo lo exótico;/ lo equívoco, morboso, lo falso, lo anormal;/ tan solo calmar pueden mis nervios de neurótico/ la ampolla de morfina y el frasco de cloral"

    Y también tienes casos como los de Lovecraft y Bloch. Que tuvieron vidas extrañas, pero tranquilas, y describieron el vacío cósmico y el miedo atávico como pocos....

    Comentado por: Ludo el 29/5/2007 a las 16:36

  • ¿"Que se doble pero que no se rompa"? Leyendo ese titulo uno pensaría que el texto va de otros temas...

    Comentado por: Mayté/Palas el 29/5/2007 a las 16:20

  • @Laura:
    Me permito 'disentir'; pero con 'curva', para decirlo de algún modo.

    El tema es complicado y escabroso. Espinoso. Creo que no es posible alcanzar la verdad aquí (sino, me imagino, ya existiría como tratado adquirible en cada esquina), de tal manera que disentir no significa pretender que tengo más o menos razón.

    Opino que esas tres cosas: la vida del escritor, su imaginación y su interés por relatarles a los lectores su mundo u otros, son categorías que no necesariamente van juntas o, coexistiendo, tienen que actuar íntimamente ligadas entre sí.

    Es un ideal, pero no una 'condicio (o modernamente: conditio) sine qua non', una condición indispensable y forzosa.

    Alguien puede tener una vida interesantísima y llegar o no a ser escritor. Independientemente de su gran o poca imaginación, y de si, verdaderamente, tiene interés en contar (a los demás) lo vivido.

    Otro puede tener la imaginación más brillante, y lo mismo.

    Y me pregunto si es el -solo- interés en contar o relatar su u otros mundos lo que lleva a alguien a escribir.

    Kafka no quería que se publicaran sus obras, por ejemplo. El que conozcamos la mayor parte de ella se debe a una traición -póstuma- de su amigo Max Brod.

    Estoy convencido de que sólo con la imaginación también se puede escribir. No digo si bien o mal, digo que es posible. Creo que una buena imaginación y fantasía bien puede servir para ponerse en el pellejo de otras personas o personajes (que es lo que hacen, básicamente los escritores).

    Respecto a lo tercero, he conocido escritores que lo hacen para satisfacerse a sí mismos, antes que a un público lector.

    Es decir, la lectura es una consecuencia de su labor, no el motivo o razón (principal) de ella.

    Lo que sí me atrevería a añadir, sería una cuarta condición verdaderamente importante en ese oficio, y que muchos escritores, o aspirantes a escritores, olvidan, desprecian insanamente o desconocen por completo: la perseverancia y la constancia, la disciplina y el trabajo duro con el lápiz.

    Pero estas son cosas que se me han ocurrido espontáneamente al leer tu comentario y me han hecho pensar, sin otra pretensión que la de foguear el raciocinio; de tal manera que no hay que tenerlas en cuenta, y, sí, disculpar, quizás, el término disentir.

    Te saluda desde Alemania

    Comentado por: HjorgeV el 29/5/2007 a las 15:27

  • Creo que la respuesta está en tu último párrafo, Marcelo. No es necesario que un escritor haya tenido una vida desgraciada para que sea bueno en su oficio; lo que debe tener, como condición irrenunciable, es una vida intensa, apasionada, hambrienta, inquieta, curiosa, insaciable. Sólo así se mantiene viva la llama de la imaginación y el interés por relatarnos a los lectores ese otro mundo.
    Saludos.

    Comentado por: Laura el 29/5/2007 a las 12:34

  • No creo que sea necesario romperse para ser buen escritor, pero sí creo que los escritores tienen una ¿sensibilidad? extrema, son mucho más reflexivos frente a todos los hechos que los rodean. Analizan más, se ven más afectados por las cosas.

    Verdú, por ejemplo, escribió un lindo texto sobre su reflexión de ver agua junto a su nevera.

    Yo simplemente la hubiera secado.

    Comentado por: Fátima el 28/5/2007 a las 23:03

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Biografía

Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.

 

Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).

 

Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.

 

Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.

Bibliografía

La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara

Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil

Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara

El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara

Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura

El muchacho peronista (1992). Planeta

 

Filmografía

Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos

Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti

Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras

Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo

Obras asociadas

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