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El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

domingo, 6 de julio de 2008

Blog de Marcelo Figueras

Aprendizaje (II)

Hace unos días vi The History Boys, la película de Nicholas Hytner basada en la obra homónima de Alan Bennett. Su anécdota es simple, y a la vez engañosa: un grupo de estudiantes se gana la oportunidad de ingresar en las más prestigiosas universidades británicas, y en su preparación para el examen decisivo oscila entre apegarse a los conceptos creativos y por ende caprichosos del viejo profesor Héctor, o al approach utilitario –y por eso deshonesto, de ser necesario- del joven profesor Irwin. Digo que la anécdota es engañosa porque al describirla suena a película de Hollywood, articulando falsos enfrentamientos entre buenos y malos con catarsis garantizada sobre el final. Y The History Boys borra las líneas arbitrarias entre presuntos buenos y presuntos malos y al final nos abandona, sin habernos vendido nada más allá de la certeza de que necesitamos respuestas que exceden la duración de su metraje. En todo caso, lo que el film hace es convertirnos en un alumno más, sometiéndonos a la tormenta de ideas que tanto Héctor como Irwin desencadenan con sus rayos. Lo que saquemos del chubasco, si es que sacamos algo, será pura y exclusivamente resultado de nuestro mérito.

El joven profesor Irwin no es un villano. El desafío que plantea a sus estudiantes sería provechoso –negar los preconceptos para considerar el otro lado de las cosas, aunque esto signifique preguntarse si Joseph Stalin no habrá tenido algún rasgo positivo-, de no ser porque los motivos que lo animan son espurios: no está alentando a sus estudiantes a abrir sus mentes, a aumentar su capacidad de asimilar contradicciones, sino a fingir una originalidad que no tienen, con el único objetivo de impresionar a los miembros de la mesa examinadora. Parecer, en vez de ser. Obtener un fin sin considerar los medios. Para ponerlo en los términos de ayer: se trata de inscribirse en la carrera para obtener la mayor utilidad posible, a cualquier precio.

Lo que el viejo Héctor pretende de sus alumnos es bastante más radical: nada. Los deja hacer, da vía libre a su exuberancia natural, suscribe cada uno de sus impulsos románticos –y también algunos bastante prosaicos, dicho sea de paso- con los versos de algún poeta inolvidable, el estribillo de una canción o apelando a los diálogos de una película. Es verdad que Héctor tiene razones non sanctas por las que ansía el afecto de los jóvenes, pero su locura, diría Shakespeare, no está exenta de método. ¿Cuántos conocimientos sobrevivirán la prueba del olvido una vez que esos alumnos salgan al mundo? ¿Cuántas cosas concretas recordamos nosotros, de las miles que nos obligaron a memorizar durante el tránsito escolar? Más allá del saber puramente funcional –el uso del lenguaje y la aplicación cotidiana de las matemáticas, algunos conceptos de cultura general-, creo que lo más trascendente de nuestra experiencia de aprendizaje no queda cuantificado en boletín o planilla alguna. Lo que nos llevamos puesto, en todo caso, es lo que aprendimos sobre la convivencia con el otro, sobre nuestra capacidad de controlar nuestros propios impulsos, sobre los valores que priman en nuestro universo social. Héctor se contenta con hacer felices a sus alumnos, y con sembrar en sus corazones versos que quizás no entiendan del todo, en la esperanza de que con el tiempo, cuando la vida los enfrente a esas situaciones que, ay, nos resultan inescapables, aquellas frases de Yeats o de Breve encuentro salgan a flote, disipando con su luz la niebla de la angustia, o del simple temor que entraña ser humanos cuando nos creemos solos, únicos en nuestra desgracia.

Art wins in the end, dice uno de los alumnos. Al final gana el arte. Yo comparto la idea. En este mundo que nos conmina a ganar o ganar aunque la experiencia lo desmienta a cada paso, no hay nada como el arte para enseñarnos a lidiar con las pérdidas sin perder lo más importante: el estado de gracia.

[Publicado el 22/5/2007 a las 10:30]

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Comentarios (4)

  • Gracias por hacerme saber que existía esta película. Ya la vi tres veces.Los distintos enfoques para enseñar y aprender la historia: "Facts, facts, facts",dice la profesora. "No se conmemora para recordar, se conmemora para olvidar", sostiene Irwin. "Pasen el paquete", afirma Héctor, describiendo la acción multiplicadora de la transmisión del conocimiento. El discurso del director en el funeral, digno de M.Macri. Tantas líneas, tantas escenas en mi opinión memorables. Gracias otra vez.

    Comentado por: Alicia el 27/1/2008 a las 05:36

  • Es sabido que si los sistemas educativos hicieran hincapié en el desarrollo del aspecto artístico, en el de los sentidos más que el razonamiento, habría menos guerras en este planeta o, por lo menos viviríamos mucho más relajados.
    Disfrutar de la belleza que percibimos a través de los sentidos o dedicarse al oficio de artista, aún hoy, no está muy bien visto y las personas que eligen ese camino son consideradas "diferentes" y poco ambiciosas. Porque ser ambicioso de belleza está sólo relegado a los momentos de ocio, mientras que ser ambicioso de bienes materiales, según los valores de nuestra sociedad, debería ocupar la mayor parte de la vida activa de una persona. Hasta que, en el siglo XX, el mercado, comenzó a ocuparse de los "productos" artísticos. Y la cosa cambió un poco para aquellos artistas cuyas obras están muy bien cotizadas.
    Yo creo que lo mejor es el placer que produce el acto creativo. Y si, además se puede vivir de él, la satisfacción es ilimitada.

    Comentado por: Caetana el 23/5/2007 a las 09:49

  • Siempre he creído que es importante ver cosas bellas. El simple hecho de estar rodeado de cosas bonitas creo que nos hace ser diferentes. Lo que entra por nuestros ojos es parte de lo que seremos y de lo que somos. Por ejemplo, a mí me gusta mucho mirar flores. El aparador de una floristería es un lugar donde se puede calmar el espíritu en un momento de urgencia. La visión de las flores, con sus formas amables y sus variados y alegres colores me transmiten alegría, aunque yo no la tenga, pero solo por su visión ya sé que la alegría es posible. La naturaleza es bella en sí misma y su simple observación nos ubica en el tiempo real en que gira el eje de la tierra y nosotros con él: cuando sentimos el viento en la cara, cuando se marcha el sol...Después de la naturaleza, cuando descubres que las fuerzas que te mueven o te paralizan, son las mismas fuerzas que han movido al mundo desde siempre…entonces, es cuando estás preparado para el arte y los artistas; sean clásicos o contemporáneos; editados o no editados; toquen en grandes salas o en el patio de luces de su casa…Creo que es importante ver lo que otros han plasmado, para comprender, para crecer, incluso para no repetir lo que ya está bien dicho, compuesto, pintado… Y contemplar arte también puede llegar a curar, si más no, de esa sensación de sentirte bicho raro por las cosas en que te fijas, de que lo que te está pasando ya pasó antes que a tí... Lentamente, por supuesto, que nadie espere milagros.

    Ser – pie –ente.

    Comentado por: Serpiente suya el 23/5/2007 a las 00:12

  • Hay una educación que muchos olvidan que debe ocurrir, y de hecho ocurre, en lo mas cotidiano. La educación sensorial, el disfrute del mundo a traves de los sentidos, de saber a qué huele, sabe, suena, siente, luce la vida que nos rodea. He llegado a pensar que es la unica y mejor herramienta de prevencion de los excesos.

    Comentado por: Mayté/Palas el 22/5/2007 a las 18:25

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Biografía

Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.

 

Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).

 

Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.

 

Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.

Bibliografía

La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara

Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil

Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara

El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara

Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura

El muchacho peronista (1992). Planeta

 

Filmografía

Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos

Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti

Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras

Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo

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