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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

viernes, 4 de julio de 2008

Blog de Marcelo Figueras

Bienvenidos al Paradiso

Perdonen que esté más tonto de lo habitual. Es que acabo de ver Cinema Paradiso y todavía no pude bajar de la nube.

Es la primera vez que la veo, aunque pueda sonar absurdo. Padezco de un extraño mecanismo de autocensura que me aleja de cierto tipo de éxito: hablo de esos que se vuelven abrumadores, de esas obras que parecen gustarle a todo el mundo, incluidos los críticos, que por una vez ocultan las hachas con que suelen eviscerar los relatos que complacen a la gente; cuando estos éxitos ocurren, tiendo a desconfiar de las razones de sus autores y del público que los celebra y del silencio cómplice de los críticos, y me mantengo a prudente distancia (tampoco he visto El cartero, si vamos al caso) hasta que el libro o la película de marras llaman tantas veces a mi puerta que al fin me decido a espiar. Estoy seguro de que a menudo este instinto me preserva de infinidad de bodrios. Con La vida es bella no le hice caso, y mi instinto probó estar en lo correcto. En otras ocasiones, ese desplazamiento –ver o leer una obra cuando ya ha pasado de moda, cuando hablar de ella no le otorga a uno patente de inteligente o de informado, cuando incluso pocos la recuerdan- me ha deparado algunos de los mejores momentos de mi vida. Leí La insoportable levedad del ser tiempo después del boom, y la novela todavía figura en mi lista de imprescindibles. Y esta tarde de domingo, Cinema Paradiso hizo por mí lo que sólo hacen las obras imperecederas: habló en clave de mi propia vida, disipando mi angustia como el haz de luz que acaba con la tiniebla de la sala.

Para los que ya no recuerdan, o son demasiado jóvenes: Cinema Paradiso es una película italiana de 1989, que en su momento ganó infinidad de premios –incluido el Oscar al Mejor Film Extranjero. Cuenta la historia de Salvatore de Vita (nombre con sobredosis de simbolismo, por cierto), un cineasta exitoso al que un llamado telefónico que proviene de su pueblo natal, el siciliano Giancaldo, le dispara un racconto tan largo como el filme: Salvatore, a quien de niño llamaban Totó, recuerda su infancia y juventud bajo la tutela de Alfredo (Philippe Noiret), el proyeccionista del cine local, que ocupó el sitial de su padre desaparecido y le inculcó, entre otras cosas, su desaforado amor por el cine como fuente de luz y de sabiduría.

Es verdad que Cinema Paradiso parece más vieja de lo que es. Su narración es convencional, la falta de sonido directo empobrece la percepción y muchas de sus vueltas se ven venir a la legua. (Me ocurrió, por ejemplo, cuando entendí antes de tiempo quién salvaría económicamente al cine incendiado y cuál sería el contenido de la lata que Alfredo lega a Totó como herencia.) Y resulta indiscutible que el relato funciona mejor cuando Totó es niño, interpretado por el simpatiquísimo Salvatore Cascio, que cuando se vuelve adolescente. (Habría que ver en todo caso el filme original de Giuseppe Tornatore, que ha sido editado en DVD, en vez de esta versión con 40 minutos menos que se usó para su estreno internacional.) Pero aun así me llegó al corazón. Desde el comienzo mismo, cuando Totó monaguillo se duerme en plena misa y en cambio abre los ojos en el cine: la sustitución de la fe anquilosada –la de este catolicismo que se pega como una rémora al poder, con el cura que se arroga el derecho de censurar los besos de las películas- por una fe actuante y viva –la del cine, que conecta con lo sublime y nos enseña a vivir mejor-, sintetizó buena parte de mi vida en pocas escenas. Salvatore-Totó permanece fiel a la emoción que lo hizo sentir vivo desde levantaba un palmo del suelo, a pesar de las frustraciones y de los dolores que la historia le regala a manos llenas.

Cinema Paradiso apunta, pues, a una cuestión esencial. En el curso de una vida, ocurren infinidad de cosas que justifican que nos encerremos en el capullo de nuestra peor encarnación: siendo el mundo violento y salvaje como es, es fácil convencerse de que todos andan a la caza de lo que tenemos, de lo que somos y hasta de nuestra piel, y por ende de que hace falta ser egoísta, frío y cruel para sobrevivir. En cambio hay muy pocas, poquísimas cosas que encenderían la flama de lo que podría concedernos una felicidad profunda. No nos la dará nunca el dinero, ni la adulación, ni el poder, ni la sensación de haber obtenido una engañosa seguridad. En cambio –todos, hasta los más desgraciados, hemos experimentado aunque más no sea alguna vez una cosa semejante- es posible apegarse a aquellas chispas que aunque fugaces por definición, han hecho de nosotros quienes somos. La experiencia del amor real en manos de una madre, de un padre, de unos abuelos. La generosidad de un amigo, y hasta de algún extraño en la hora de la necesidad. La iluminación que llegó en un instante clave por vía de una película, de un libro, de una canción. Y la epifanía que nos revela que, a sabiendas de que hemos experimentado al menos una de estas maravillas, no hay nada mejor que vivir para producirlas en otros. A su triste, pírrica manera (porque al llegar a adulto recordaba qué quería hacer, pero nunca porqué), Salvatore-Totó me otorgó consuelo en la tarde del domingo, cuando pensaba que no existía nada más grande ni definitivo que mi dolor, cuando creí, durante un peligroso instante, que ser fiel a las cosas maravillosas de mi vida había dejado de importarme.      

[Publicado el 07/5/2007 a las 10:41]

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Comentarios (12)

  • Estamos dando fin a la posmodernidad. Exacto.

    Apostamos por la emoción, los sentimientos, el buen gusto y nos dejamos de andar olfateando los paradigmas culturales que imponen políticos y ratas de alcantarilla.

    ¡Me perdí 40 minutos de Cinema Paradiso!

    Eso es imperdonable.



    La vida es bella, claro que a mí me gustó más que Marcelo. Y Ladri de bicicletti: ya saben quien es la Rosa, no hablo más.

    Comentado por: Lucía Angélica Folino el 13/5/2007 a las 19:03

  • Yo también lo vi, Valeria.s, y fue la repetición de otra visión -triste, empática, solidaria- que tuve en un post de marzo: "Para ser sincero, yo estoy atravesando uno de esos en que el (anti)héroe siente que ya no da más, que lo ha entregado todo de sí; descarnado, el protagonista está a un tris de entregarse y de concederle al Mal su triunfo".
    En cuanto a nuestras reacciones frente al dolor de alguien creo que son tan variadas como personas existimos. Y también cambian en cada uno en consonancia con la etapa que se está viviendo.
    Saludos.

    Comentado por: Laura el 08/5/2007 a las 12:53

  • Qué cosa que solamente Mayté/Palas haya visto -en todo caso escrito- sobre lo del dolor. No era el tema principal pero era suficientemente explicito. Varias veces me he preguntado sobre las reacciones de unos y otros frente al dolor de alguien...

    Comentado por: valeria.s el 08/5/2007 a las 12:00

  • Lo que me pregunto en la relectura es cuál es el dolor de Marcelo, tan inmenso que amenaza ahogar su sensibilidad y su apuesta por la vida.

    Comentado por: Mayté/Palas el 08/5/2007 a las 00:40

  • Y seguro lloraste Marcelo. Yo la ví varias veces y siempre lloré. Y no me da vergüenza confesarlo. ¿La historia? ¿La música? ¿El recuerdo de los que nos ayudaron a encontrar el camino? ¿El amor por el cine cuya magia nos acompañó a lo largo de nuestras vidas? Desde el cine del barrio a los cines del centro, pasando por épocas en que creíamos que desaparecería. Y los ochenta fue una década en que se cerraron muchas salas, por esa razón la película, en su momento, tuvo una razón de ser: fue un homenaje a una época que se terminaba, la del cine como unos de los espacios más significativos de la modernidad.

    Comentado por: Caetana el 07/5/2007 a las 23:42

  • Felizmente la vi hace años y mi adolescencia pasó por alto la previsibilidad de la historia pero me permitió identificar situaciones semejantes en estas latitudes y en mi propia biografía.
    Un aplauso para Marcelo que en plena posmodernidad se anima a proclamar su gusto por una película que apuesta a la emoción.

    Comentado por: Eva el 07/5/2007 a las 21:17

  • este post me llegó muy profundo. Ese libro y esa película son dos de mis imprescidibles también. Cuando vi la película tendría tal vez unos 13 años y solo la vi una vez y me pareció genial, me encantó y por muchos años traté infructuosamente de volver a verla, hasta que lo logré hace unos dos o tres años. Me encantó la historia de amor frustrado y de melancolía que había en ella. Gracias Marcelo por recordármela.

    Comentado por: marielos el 07/5/2007 a las 20:22

  • Ladrones de bicicletas (Ladri di bicicletti) (1948)

    Director: Vittorio de Sica (1901-1974)
    Guionistas principales: Cesare Zavattini (1902-1989) y de Sica

    Óscar a la mejor película extranjera en 1950.
    Basada en la novela de Luigi Bartolini (1892-1963).

    Comentado por: P.A.C. el 07/5/2007 a las 19:04

  • ¿ Y acaso nadie se acuerda del ladrón de bicicletas?¿Que no viene al caso ?¡ Ah bueno perdone usted. ¿Pero en que estaria pensando yo? Ah ya sé en la web --www.antoniolarrosa.com
    No tengo remedio, soy más maloooo.

    Comentado por: Antonio Larrosa Diaz el 07/5/2007 a las 18:37

  • Cuando la ví (no recuerdo hace cuántos años, pero fue en VHS, lo cual ya es decir bastante) la ubiqué inmediatamente como la mejor película que había visto en mi vida (bueno, tampoco es que haya visto muchas). Aun ahora pienso que es una de las mejores que he visto.

    Es una película maravillosa, que habla de la lealtad, de la amistad, del amor, de los sueños, de los recuerdos, y también del vacío, cuando Salvatore es adulto. Lloré con él cuando vio lo que le había dejado Alfredo en la lata. Una película maravillosa.

    Comentado por: Fátima el 07/5/2007 a las 17:04

  • Con el tiempo he descubierto que tengo pesima memoria, o mas bien que tengo una memoria mas sensorial que fáctica. Vi Cinema cuando la estrenaron, y recuerdo muy pocos detalles pero si la sensación de ensoñación, de descubrimiento y como no, las lagrimas al ver el rollo final de los besos censurados.

    Es curioso que hayas diferido tanto este placer, sin embargo, qué bueno que por fin lo hayas disfrutado. Creo que pediré a mi cinéfila de confianza que me la preste a ver con qué me quedo esta vez...

    Comentado por: Mayté/Palas el 07/5/2007 a las 16:32

  • Ennio Morricone - Cinema Paradiso Theme (Concert in Munich)

    http://www.youtube.com/watch?v=E4aVmXrY4dk

    Comentado por: . el 07/5/2007 a las 11:13

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Biografía

Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.

 

Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).

 

Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.

 

Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.

Bibliografía

La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara

Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil

Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara

El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara

Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura

El muchacho peronista (1992). Planeta

 

Filmografía

Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos

Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti

Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras

Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo

Obras asociadas

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