El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
lunes, 6 de octubre de 2008
Mi silencio me condena
¿Qué clase de pastor es aquel que entrega sus ovejas a los depredadores?
Ayer domingo, en el marco de la Feria del Libro, Horacio Verbitsky presentó Cristo vence, primer volumen de una trilogía subtitulada La Iglesia en la Argentina, un siglo de historia política (1894-1983). El título alude a las cruces que los aviadores pintaron en las alas de sus naves, con una “V” por debajo, antes de bombardear la plaza de Mayo en el intento de derrocar al entonces presidente Perón. (Lo lograron. También asesinaron a infinidad de inocentes en el proceso. Cristo ¿venció?) La intención de la trilogía es simple, aunque supone una tarea titánica: demostrar hasta qué punto es imposible entender cabalmente la historia argentina del siglo XX sin tener en cuenta cada uno de los movimientos de la Iglesia local.
Flanqueado por el historiador Felipe Pigna y el sociólogo Fortunato Mallimaci, Verbitsky recreó ante una multitud el lento proceso de gestación del libro. Recordó que al entrevistarlo a mediados de los 90, el oficial naval Adolfo Scilingo le contó que los aviadores arrojaron personas al mar durante los ’70 en la certeza de que la jerarquía eclesiástica había bendecido el método, calificándolo de “forma cristiana y poco violenta” de dispensar la muerte. Detalló las dificultades para realizar su investigación, dado que la Conferencia Episcopal le negó acceso a sus archivos alegando que no existían. (Con su proverbial humor, Horacio dijo haber sacado patente de agente secreto al conseguir consultarlos de todos modos. Y remató la broma mostrándose confiado en que la jerarquía no se molestaría por su infidencia: a fin de cuentas, tan sólo hurgó en cajones que para el purpurado son inexistentes.) Y mencionó los hechos que demuestran hasta qué punto la Iglesia católica aquí conserva un sitial de poder que no tiene parangón en Latinoamérica –ni siquiera en aquellos países más conservadores que el nuestro.
El Estado argentino todavía es un estado confesional: sigue unido por ley constitucional a la Iglesia católica, apostólica y romana. Las escuelas católicas son subvencionadas por el Estado. (Parcialmente, aunque el Episcopado no cesa de reclamar para que se las subvencione por completo, de modo que el alumno pueda asistir de manera gratuita.) El clero todo recibe dinero público, con virtuales sueldos para los obispos que superan los $ 7000 mensuales (una cifra que no se diferencia de la que gana el Presidente de la República) y que no bajan de los $ 5000 una vez que se retiran, en un país donde los jubilados que llegan a los $ 700 mensuales son privilegiados. (Los obispos tampoco hacen aportes jubilatorios ni pagan impuestos.) Envalentonada por privilegios a los que a esta altura considera intocables, la jerarquía no deja de entrometerse en la vida política del país y en la intimidad de cada ciudadano, católico o no. No hace tanto que el obispo castrense Domingo Baseotto declaró que, por su defensa del control de la natalidad, el Ministro de Salud Ginés García merecía ser arrojado al mar (¡otra vez la metodología dilecta!) con una piedra al cuello.
Terminada la charla, Verbitsky se enfrentó a una kilométrica fila de gente que ansiaba que firmase su libro. Se le veía contento. Yo aproveché para comprarme un libro anterior que todavía no había leído, El Silencio, que se detiene en un episodio que seguramente Horacio retomará en el volumen final de su trilogía. Es una historia estremecedora, aun para aquellos que sabemos hasta qué punto la jererquía eclesial colaboró con el genocidio de los ’70, señalando y entregando incluso a muchos de los suyos. Cuando la Comisión Internamericana de Derechos Humanos visitó en el 79 la Escuela de Mecánica de la Armada –donde, se decía, funcionaba uno de los más grandes campos de concentración de la dictadura-, no encontró nada extraño. No había detenidos, no había instalaciones carcelarias. El medio centenar de desaparecidos que seguía alojado en la ESMA hasta ese momento había sido desplazado hacia otro escondite temporario: una isla del Tigre que era el lugar de recreo del Arzobispo de Buenos Aires. El nombre de la isla es revelador: se llama El Silencio.
A casi veinte años de ese hecho de inexcusable complicidad, el silencio que el Episcopado sigue manteniendo respecto de su asociación con criminales no hace otra cosa que condenarlo.
[Publicado el 30/4/2007 a las 10:42]
Comentado por: Mayté/Palas el 03/5/2007 a las 15:43
(Mayté:
No lo vayas a decir, pero creo que están todos en huelga o algo así. Hay mucho silencio, estimada guayaquísima. ¿No será la fiesta en otra parte y no nos hemos enterado?)
Comentado por: C. C. el 02/5/2007 a las 21:30
Estimado Señor Figueras,
el motivo de la presente es para expresar mi descontento por la ausencia de nuevo material suyo ya por dos dias en esta honorable página que tanto me (nos) gusta visitar. Le concedo la gracia de que ayer era el Día del Trabajo, el cual supongo que usted habrá celebrado, como el resto del mundo, con un día de ocio.
Sin embargo, ese día ya pasó, ya estamos a dos de mayo y ¡nada! En espera de una nueva publicación suya, me suscribo de usted,
Cordialmente,
Mayté Bravo
Fiel lectora de Guayaquil, Ecuador desde 2006
Comentado por: Mayté/Palas el 02/5/2007 a las 17:40
Comentado por: C. C. el 02/5/2007 a las 08:35
Me parece que por enésima vez se cae en la "denuncia testimonial" que los malos son malos (según sostiene V.). Los "malos" gozan de tan buena salud, a pesar de las denuncias testimoniales. Si se documentó, por qué no inicia una demanda penal y nos dejamos de las denuncias testimoniales?
Comentado por: Raúl el 02/5/2007 a las 01:03
Marcelo, cómo estás?
Hace algunos post leí un comentario tuyo sobre aquel articulo de Alí por Soriano, en el que de paso comentabas tu cariño por ese gran boxeador.
El tema es que estoy preparando una efemeride sobre Alí para la revista Clase de El Cronista y me gustaría entrevistarte sobre Alí como deportista, pero tambien como icono cultural, la relacion con los escritores de EEUU, su rol como figura contracultural, etc.
Bueno, te dejo mi mail y tel para que me avises si no habría problema en entrevistarte. Saludos cordiales.
Juan Manuel Strassburger
Suplemento NO - Pagina 12
Revista Clase - El Cronista
4121-9315
Comentado por: juan manuel strassburger el 30/4/2007 a las 23:44
Hay prácticas que tiene la Iglesia que yo considero no son aceptables, como por ejemplo, aquella de bautizar los aviones o buques de guerra.
Hace tiempo leí acerca de que los aviones de guerra y tanques de un país habían sido consagrados a (digamos, no recuerdo exactamente) a la Virgen de Fátima y los del país vecino a la Virgen del Cobre. El autor se preguntaba cuál de las dos vírgenes ganaría la batalla, en caso de un confrotamiento.
Comentado por: Fátima el 30/4/2007 a las 21:52
Marcelo, creo que es hora de que la Iglesia empiecen a hablar cada vez menos (a traves de sus "enviados") y hacer una autocritica cada vez mas profunda. Me resulta muy chocante escuchar a Bergoglio en un plenario de Obispos realizado la semana pasada, decir que la iglesia es y sera perseguida. Me pregunto: ¿que hizo la Inquisicion?. Creo que la reflexion tan natural que pudo hacer un Maradona al llegar al Vaticano dice muchas cosas: "Se llenan hablando de los pobres y tienen las paredes de Oro". Tan fresco, tan ingenuo, tan cierto.
Comentado por: Lucas Vesciunas el 30/4/2007 a las 19:45
Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.
Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).
Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.
Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.
La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara
Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil
Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara
El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara
Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura
El muchacho peronista (1992). Planeta
Filmografía
Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos
Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti
Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras
Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo
04/10/2008 12:15
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Gracias por su post de hoy. Muy...
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