El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
domingo, 20 de julio de 2008
Palabras peligrosas (II)
Por la cantidad y el tenor de los comentarios, resulta evidente que el texto sobre Cho Seung-Hui y la peligrosidad de las palabras tocó un nervio vivo. La primera conclusión que extraigo del asunto es que, antes que peligrosas, es obvio que las palabras son –o pueden serlo, al menos- ambiguas. Como lamenté la reacción que los profesores de Virginia tuvieron ante textos de Cho definidos como “perturbadores”, alguna gente creyó que yo estaba justificando sus crímenes. No justifico ningún crimen, y los de Cho menos que menos. Si la repulsa a un texto de ficción (Cho había presentado dos piezas teatrales a la consideración de sus mentores) fuese causal suficiente, los originales que son rechazados a diario por las editoriales del mundo generarían infinidad de desmanes. Y nadie en su sano juicio considera que un rechazo de esa naturaleza, por cruel o frustrante que resulte, justifica la comisión de crimen alguno.
A pesar de que lo aclaré con todas las letras, hubo también quien creyó que yo ligaba de manera causal la censura que los textos recibieron (en el sentido en que le hicieron notar a Cho que se trataba de textos censurables, esto es reprensibles) y la posterior concreción de los crímenes. Lo que lleva de un asunto a otro no es una lógica transitiva, el crimen no puede desprenderse de manera natural del acto de censura; pero el hecho de que la lógica que liga ambos asuntos no sea lineal ni cartesiana no implica que debamos ignorarla. No habrá causalidad pero es obvio que hay relación entre ambos hechos, y es esa relación la que debería cuestionarnos y movernos a la reflexión.
Cuando hablé de la peligrosidad de las palabras en relación al caso Cho, me refería al hecho de que por haber escrito dos piezas teatrales “perturbadoras” se le hizo sentir que era poco menos que un criminal… antes de que llegase a serlo en acto. Cho escribió textos de ficción, creó personajes imaginarios, combinó palabras sobre un soporte idéntico al que ahora leen, pero como lo hizo de una forma políticamente incorrecta (habló de cosas que muchos preferirían ignorar, con palabras que muchos desearían no oír) se hizo acreedor de una letra escarlata como la del relato de Hawthorne. Al chico problemático le colgaron del cuello un cartel que aumentaba su ignominia. Esto no justifica crimen alguno, pero marca para cualquier ser humano una estación nueva del vía crucis, un golpe más en un proceso de imparable caida. Si un Stephen King de 23 años presentase hoy el manuscrito de Carrie a sus profesores, sería rechazado por lo que se interpretaría como una reivindicación del accionar de Cho. Si un Chuck Palahniuk de 23 años presentase algunos capítulos de Fight Club a sus profesores, sería denunciado hoy ante los autoridades, espiado, vigilado –y quizás hasta detenido, en estos tiempos del Patriot Act que permiten encarcelar por obra y gracia de la razón de Estado.
Por supuesto que las palabras pueden ser peligrosas. Los que vivimos en países en los que tanta gente murió por emplearlas lo tenemos claro. Pero así como ocurre en el interior mismo de un discurso, la dimensión de las palabras es en buena medida una cuestión de contexto. Al menos en teoría, la repercusión de lo que digo y escribo debería ser muy distinta en el contexto de una sociedad represora, o de un país bajo gobierno dictatorial o de fuerza, que en el seno de una sociedad y de un gobierno democráticos. Román Pineda (o más bien su versión en negativo, puesto que firmó su comentario como Namor Adenip) recordaba casos en los que autores sufrieron represalias a causa de sus textos de ficción, desde el Vargas Llosa de La ciudad y los perros, pasando por José Martí y Reinaldo Arenas en dos Cubas muy distintas, y llegando al Orhan Pamuk que se negó a negar el genocidio armenio a manos de los turcos. Yo mismo he comentado aquí el caso de Rodolfo Walsh, cuyos textos eran considerados tan peligrosos por los militares que además de matarlo, se preocuparon de secuestrar todos sus originales. El asunto es que estos escritores actuaban a conciencia, sabiendo que lidiaban con gobiernos y opiniones públicas con fuertes componentes autoritarios. En cambio Cho escribió en el seno de una sociedad que se tiene a sí misma por la más liberal del orbe, paladín de la libertad de expresión en todos sus registros.
Más que de Cho y sus crímenes, de los que sólo sabremos lo que nos digan los medios, me interesaba hablar del panorama que abría su tragedia: ahora que se considera que los textos "perturbadores" pueden ser la antesala de un crimen, todo escritor que actúe en territorio de los Estados Unidos –ya sea como estudiante, como amateur o como profesional- lo pensará dos veces antes de dejar volar su imaginación y plasmar distopías o cuestionarse por los aspectos más oscuros del alma humana. (Después de todo las piezas teatrales de Cho no hablaban de Al Qaeda sino sino de abusos sexuales, expresados en lenguaje profano.) Escribir algo “perturbador” –insisto en las comillas, porque la definición no es mía sino de los profesores de Virginia Tech- puede significar que ese autor es una influencia igualmente perturbadora, y por ende digno de sospecha y de vigilancia. Lo cual permite extender la doctrina bushiana de los ataques preventivos a la vida cotidiana de la sociedad, y en el territorio de su propio país.
Pretendí sugerir, pues, que a partir de Cho los escritores que viven al norte del Río Grande no tendrán más remedio que comprender que su América ya no es la de Abraham Lincoln, y ni siquiera la de Henry Miller, y que por lo tanto deberán hacerse cargo de la potencial peligrosidad de sus palabras –en especial, para sus propias personas.
En lo que a mí respecta, como ya he dicho más de una vez, soy de los que creen que ser escritor implica por definición estar enfrentado al Discurso Único: porque cuestionar lo establecido es parte esencial del impulso creador.
[Publicado el 23/4/2007 a las 09:47]
Marcelo, acabo de leer tu columna ("Palabras Peligrosas") en el periódico Reforma y entré al boomerang únicamente para tratar de escribir un comentario sobre mi desacuerdo con tu texto. No se necesita ser un experto para saber que "algo no está bien" con los textos de Cho. No sé si has leído las obras, pero al menos una está disponible en esta página: http://www.thesmokinggun.com/archive/years/2007/0417071vtech1.html
Coincido con los comentarios de Palo, Xtian y Namor. Cho jamás fue "censurado" (queda claro que jamás se le prohibió escribir), sino que se le trató de brindar ayuda. La "corrección política" a la que te refieres no viene al caso, así como ninguna otra conclusión de la "censura" en Estados Unidos. Al menos aquí no matan a los periodistas que publican lo que les viene en gana.
Comentado por: María Elena el 01/5/2007 a las 06:06
Sr. Figueras, no estoy de acuerdo ni con la primera, ni mucho menos con la segunda parte de su comentario.Vivo en esta sociedad norteamericana,tan humana o malamente humana como cualquier sociedad del mundo.He viajado por muchas partes del hemisferio y me sorprendo porque cada día compruebo que todos somos iguales. Y el Sr. Cho, tipo peligrosísimo, es loco, aquí y en cualquier parte del mundo. Y lamentablemente una persona que sufre de transtornos mentales, tan agudos, como los que él mostraba, se les debe de aislar para que no cometan estas masacres
" de que por haber escrito dos piezas teatrales “perturbadoras” se le hizo sentir que era poco menos que un criminal… antes de que llegase a serlo en acto."
No se le hizo sentir Sr., esa era una manifestación de un alma perturbada. El era un criminal en potencia,desde mucho antes que cometa los crímenes. Que si las autoridades hubieran actuado como debería ser,no estariamos llorando la muerte de 32 inocentes. No nos enredemos en romance de la literatura ni mucho menos de la libre expresión, este no es el caso. El Sr. Cho se expresaba así no por dar mano a una literatura tétrica o macabra; este Sr. expresaba sus vivencias, sus pensamientos deformados, sus ansias de venganza hacia un ámbito que el era hostil por la enfermedad mental que le aquejaba. Nada más.
"pero como lo hizo de una forma políticamente incorrecta (habló de cosas que muchos preferirían ignorar, con palabras que muchos desearían no oír) se hizo acreedor de una letra escarlata como la del relato de Hawthorne"
Sr Figueras, creo que una vez más está errado. Si el Sr. Cho, no hubiera cometido tremenda atrocidad, lo que Ud. escribió de politicamente incorrecto, estaría correcto. Pero como ya sabemos el resultado de este macabro acontecimiento creo que es contraproducente el resultado de su análisis.
No sé por qué se empeña en darle a este caso un matíz político, literario, de discriminación, de libertad de expresión o sabra Dios qué, pero no el verdadero motivo por el cual este Sr. reacciono así ante la vida.
Comentado por: Martín de Mary el 25/4/2007 a las 16:40
Marcelo, no sé si concuerdo con tu análisis. Lo perturbador de los textos de Cho no es necesariamente su contenido y el efecto que ese contenido pueda tener en quien lo lee, lo perturbador puede ser también el que esos textos sean una manifestación de un tipo con una objetiva enfermedad mental. Estoy de acuerdo en defender el romanticismo de poder decir y escribir lo que se nos ocurra, pero hay que tener en cuenta cual es el proceso por el que el tipo llegó a esa manifestación, que bien pudo no ser un proceso creativo y artístico sino reflejo de su clínicamente desquiciada mente. De lo que se escucha, y al decir de mi médica esposa especialista en jóvenes adolescentes, Cho pudo ser un tipo que necesitaba urgente tratamiento psiquiátrico. Las luces de alarma que encendieron los escritos de Cho a lo mejor indicaban eso y no, como decís, simplemente un caso de censura social típicamente yanqui. De lo que escuche hablar a la profesora que saco el tema, a mi me pareció que iba para ese lado.
Saludos.
Comentado por: Palo el 24/4/2007 a las 23:49
Al releer el primer post de Marcelo, encuentro:
"No voy a pretender aquí que uno más uno es dos, y que la masacre es consecuencia del haber convertido sus textos en anatema, algo prohibido e inconveniente."
Por lo tanto está de más insistir en que se está justificando la matanza, simplemente señala dos cuestiones relacionadas, y la repercusión que podrá tener esto para toda la libertad de expresión en EEUU, y para la creación literaria en particular y la artística en general, ya que estas pueden despertar suspicacias al rozar lo patológico con facilidad. De acuerdo.
La confusión creo que viene con esto:
"A pesar de que vivía rodeado de gente a la que se supone tan inteligente como preparada, Cho Seung-Hui terminó siendo un mártir de la corrección política."
Es indudable que suena como una especie de atenuante, sobre todo porque se traslada parte de culpa al juicio de aquellos que advirtieron en los textos de Cho algo "políticamente incorrecto", lo señalaron y se lo hicieron saber.
¿Si hubieran tolerado su libre "expresión artística" tendría otro final la historia ? No lo sé. Me inclino a pensar que no porque la raíz de un acto de esa magnitud debe ser algo mucho más profundo y complejo.
Definitivamente las palabras pueden ser peligrosas, generalmente para los que expresan cuestiones incomodas ó desafiantes y las defienden valientemente. En cualquier caso, la hipótesis de que estas puedan afectar a terceros inocentes, no involucrados, y de manera fatal me resulta espantosa. La culpa fue toda de Cho, y a nadie más puede compartirle ni la más mínima parte.
De todas formas, que buena controversia.
Comentado por: gdagar el 24/4/2007 a las 22:52
Comentado por: Fátima el 24/4/2007 a las 17:12
Que las palabras de Xtian y Fátima sean también las mías. Discrepo con el ángulo de enfoque y con el espíritu del artículo.
Comentado por: Leonardo el 23/4/2007 a las 21:18
A ver si terminamos de una vez con las malas interpretaciones... Querido Xtian: a la luz de los hechos post-11 de septiembre, ¿realmente crees que la gente va a estar paranoica un tiempo y despues se va a calmar, o mas bien habria que creer que el gobierno de USA empleara a Cho como excusa para aumentar su intromision en la vida privada de los ciudadanos y vigilar cada cosa -lo cual incluye hasta las ficciones- que escriben? Querida Fatima, ¿realmente crees que dejar suelto a Cho fue un error? Si lo hubiesen encerrado tan solo porque era retraido, sacaba fotos con su movil a las piernas de las chicas y escribia textos en los que figuras de poder abusaban sexualmente de hijastros y alumnos, ¿no crees que tambien ese encierro hubiese sido un crimen? Si uno pudiese anticiparse a todos los crimenes pre-juzgando a los presuntos criminales por su comportamiento fuera de lo ordinario, nuestro mundo no seria el imperfecto que es, sino una espantosa mezcla de Minority Report y 1984. Por lo demas, nunca compare al "chico loco" con Vargas Llosa (¿como podria hacerlo si no he tenido oportunidad de leer los textos de Cho, que por lo demas esta lejos de ser un autor edito?), sino por el contrario, marque las diferencias entre las sociedades en que actuaron uno y otro. Cualquiera que suponga que todo lo que le hicieron a Cho fue mandarlo al psicologo, desconoce por completo el sistema universitario de USA y su correlato social de premios y castigos. El propio Stephen King admitio que las cosas que escribia durante su tiempo de estudiante "serian hoy como banderas rojas", y que no dudaba que alguien podria haberlo calificado como "mentalmente enfermo". King defiende el uso de la imaginacion como sublimacion: "Visualizamos lo que nunca hariamos". Pero no existe ni existira forma de predecir la diferencia entre quien tan solo imagina y quien quizas pase al acto: en una sociedad que se pretende libre y que como tal se funda en la responsabilidad individual de los ciudadanos, nadie puede ser encerrado ni marginado por crimenes que todavia no cometio, y que tal vez nunca cometa.
Todo lo que quiero decir, a fin de cuentas, es que lamento que de aqui en mas vayan a usar el incidente de Cho para aumentar el control sobre los ciudadanos. Pobre de aquel estudiante a quien se le ocurra entregar un paper que suene politicamente subversivo... Si Fatima se sale con la suya, a los Stephen King del futuro (asi como a los Malcolm X del futuro) les espera un largo tiempo en prisiones y neuropsiquiatricos.
Comentado por: figueras el 23/4/2007 a las 21:17
Incluso luego de leer el capítulo II sigo pensando que se le quiere buscar la quinta pata al gato. Al chico lo mandaron en busca de ayuda psicológica con justa razón, no fue una medida represiva, fue una medida correcta. Realmente no entiendo cómo lo dejaron suelto, se hubiera evitado un dolor infinito a 32 familias.
Además, me parece que en el post se están "asumiendo" demasiadas cosas, y tampoco se podría comparar a un chico loco (me disculpan, pero eso es lo que era, no un "mártir de la represión") con un genio creativo, como Vargas LLosa o etcéteras, sólo porque lo mandaron al psicólogo.
Comentado por: Fátima el 23/4/2007 a las 19:59
Sigo sin estar de acuerdo. Dudo que todos los adolescentes que escriben cosas gore o violentas sean enviados a ayuda terapéutica. Los psicólogos no darían abasto, cosa que claro, no pasa.
Pero si un pibe chino escribe un texto en el que un chino descuartiza a todos sus compañeros de clase y cuando se le pide que cuente como lo escribió dice: "sueño con eso todas las noches y se me ocurrió escribirlo". Y a la semana siguiente escribe un texto similar, pero incluyendo como personajes los nombres reales de 4 pibes de la clase, entonces ya es otro tema. No digo que esta haya sido la situación, digo que me parece insólito acá señalar con el dedo y extrapolar y hablar de censura, cuando esos profesores, hicieron, en mi opinión lo correcto y ahora deben estar diciendo, con razón: I told you so.
Hay otra cosa que me resulta extraña en tu texto. A este pibe no se lo trató como criminal. Sugerir ayuda terapéutica no es tachar de criminal peligroso. A este pibe no se lo expulsó del colegio, ni se lo metió en cana, se le sugirió que viera a un psicólogo. No es acá el lugar para discutir el valor o no de la psicología, pero ¿cuál sería el gran problema de mandar a King o Pallaniuk a que charle con un psicólogo? A mí me han mandado al psicólogo. Fui, charlé un rato, y me dijeron listo, vos no necesitás psicólogo, chau.
Ya que estamos todos leyendo este hecho como si fuera un códice a descifrar. Es llamativo que en las largas diatribas que se mandó este pibe, no haya ninguna mención a sus profesores de literatura ni a sus psicólogos. Si ese señalamiento como criminal o perturbado le jodió tanto, ¿por qué no aparece en su diatriba vomitada?
La relación entre los dos hechos no es causal, sino más obvia: ambas son expresiones de los mismos desajustes, de las mismas violencias internas. Claro, no siempre es así. La gente va a estar un poco paranoica un tiempo y luego se va a calmar. Y los adolescentes seguirán escribiendo gore malo y escuchando Marylin Manson y jugando al Street Fighter durante muchos años más.
Comentado por: Xtian el 23/4/2007 a las 17:29
Querida Mayte:
No podemos, en pos de negarle a Cho sus 15 segundos de fama, obviar lo obvio, seria de verdad tragico.
Te mando un par de palabras: Cipote colocho.
Chelo Fuigeras, y que hay de James Patterson, Robert Ludlum o Tom Clancy.
Comentado por: Namor Adenip el 23/4/2007 a las 16:44
Dejando en paz a Cho, (porque si eso era lo que el queria, la atencion negativa, me niego a darsela), esto del matiz de las palabras encadena muy bien con una nota del diario de hoy: en España por el día del Idioma se pidio apadrinar palabras que consideremos en desuso. Aun no tengo las mias, pero comparto aqui la inquietud.
Comentado por: Mayté/Palas el 23/4/2007 a las 16:40
Querido Ludo.
A ti te pido la direccion de aguna armeria en Estados Unidos o en el Mundo donde practiquen un test que sirva para poner en evidencia las tendencia violentas, o, ¿acaso el que le vendio el arma era alguno de los maestros de Cho o algun compañero?, porque si no, no le veo manera querido Ludo. Bueno mantenme al tanto.
Comentado por: Namor Adenip el 23/4/2007 a las 16:35
Muy sabias palabras, uno esperaría que en tradicionalmente liberal ambiente académico norteamericano, hubiera más respeto al arte. El problema real no era la psicosis del muchacho, sino que a un tipo con tendencias manifiestamente violentas se le haya vendido un arma.
Comentado por: Ludo el 23/4/2007 a las 16:09
Hola Chelo.
Si me permite el atrevimiento, mandeme pues el link o los documentos que leyò usted y de donde se entero del contendio de los textos de Cho. Digo, para que le demos los dos a la pelota.
Un Cronopio y Una Flor.
Comentado por: Antìtesis (Namor Adenip) el 23/4/2007 a las 15:58
Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.
Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).
Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.
Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.
La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara
Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil
Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara
El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara
Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura
El muchacho peronista (1992). Planeta
Filmografía
Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos
Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti
Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras
Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo
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