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El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

domingo, 20 de julio de 2008

Blog de Marcelo Figueras

¿Son peligrosas las palabras?

De todas las cuestiones que este chico Cho Seung-Hui planteó al matar a 32 personas y después matarse en el campus de Virginia, hay una en particular que no me deja dormir. Según fuentes diversas, los textos que Cho produjo para su curso de escritura creativa eran perturbadores; fue a causa de esos textos que le pidieron que se presentase ante los consejeros de la universidad. O sea que, si no entiendo mal, Cho escribió textos en los que canalizaba su angustia existencial, páginas que seguramente expresaban violencia y deseos de muerte (como tantos libros que andan dando vueltas, como tanto cine taquillero), y esa escritura le valió ser singularizado y expuesto ante las autoridades del campus. Supongo que las charlas que lo conminaron a tener con los consejeros no entrañaban per se sanción en su contra, pero seguramente lo disuadieron de seguir escribiendo, o por lo menos de compartir sus escritos. Al definir sus textos como perturbadores, los docentes y funcionarios de la universidad volvieron difícil para Cho, si no imposible, el ejercicio de la expresión mediante la escritura. No voy a pretender aquí que uno más uno es dos, y que la masacre es consecuencia del haber convertido sus textos en anatema, algo prohibido e inconveniente; pero tampoco voy a dejar de relacionar lo evidente, soslayando la evidencia histórica que enseña que la persecución de un medio de expresión siempre resulta en otro tipo de expresión –aunque sea violenta, aunque se le llame masacre.

Lo que temo es que la creciente invasión de la privacidad, alentada por los países más poderosos en su paranoia, aliente ahora la vigilancia sobre los textos que se escriben, aún cuando se definan a sí mismos como ficción. De aquí en adelante está claro que en los Estados Unidos cada joven con rasgos orientales –coreano, chino, japonés: les dará igual- será sospechoso de ser un Cho en potencia, mirado con sospecha, tratado como un paria o un cómplice intelectual por simple portación de cara. Pero además, cada persona que presente un texto ante un profesor o editor potencial quedará expuesto al mismo tipo de sospechas: si en el texto expresa violencia en alguna de sus formas, y si para colmo emplea determinadas palabras y pone en juego a cierto tipo de personajes, se hará merecedor de atención indeseada, y quién sabe si no termina en las listas de algún profiler del FBI como terrorista o asesino en potencia.

Cho debería haber sido alentado a seguir escribiendo, a volcar su mundo interior en los textos por más que a muchos les pareciesen perturbadores o hasta perversos, mientras se lo acompañaba humanamente para ofrecerle algún tipo de contención. Estoy convencido de que la reacción que sus escritos produjeron le demostró a Cho que esa vía de expresión individual se le había cerrado, tornándolo todavía más antisocial, un verdadero descastado. Uno de los detalles de la masacre me resulta revelador a ese respecto. Después de matar a tanta gente, Cho se disparó a sí mismo en la cara. Quiero decir que a la hora de suicidarse borró deliberadamente sus rasgos, las facciones que lo convertían en un ser único. Para ese entonces debe haber entendido que ya había dejado de ser una persona individual, alguien que en su condición de tal podía expresarse de manera creativa –mediante sus textos, por ejemplo-, porque al sucumbir a la violencia y la arbitrariedad se había convertido en uno más, otro miembro anónimo de la humanidad a la que parecía despreciar, con argumentos que la consideración a posteriori de los hechos parece justificar tristemente.

A pesar de que vivía rodeado de gente a la que se supone tan inteligente como preparada, Cho Seung-Hui terminó siendo un mártir de la corrección política.

[Publicado el 19/4/2007 a las 10:30]

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Comentarios (17)

  • quiero palabras con la g porfi no seas malo plis

    Comentado por: luana el 05/12/2007 a las 17:49

  • No estoy para nada de acuerdo con la línea de argumento de Marcelo. Doy un taller literario con Sandra Russo y he leído toneladas de textos perturbadores de todo tipo. Todos tenemos zonas oscuras y en un taller o en una clase de literatura esas zonas se exploran. Pero cuando los textos se discuten, se charlan, ahí se ve si la persona que los escribió está perturbada en serio o si necesita ayuda terapéutica. Tengo la impresión de que esas charlas, esas discusiones sobre los textos que escribió este chico fueron las que determinaron que fuera enviado a ayuda terapéutica, no el contenido de los textos en sí.

    En la escritura se desnudan cosas que en otros lugares no, es un lugar donde hasta las personas retraídas no pueden sino abrir algunas puertas y mostrarse. No me resulta sorprendente que los profesores de la clase de escritura hayan notado que el chico este era raro o necesitaba ayuda y no lo hayan notado sus profesores de cálculo 2 o teoría de la información.

    Por otro lado: fui docente durante 4 años en Rutgers, una universidad muy parecida a Virginia Tech. En una de las clases, un chico oriental, se enojó con la nota que le puse en un examen y se obsesionó conmigo. A los pocos días empecé a recibir emails anónimos con amenazas. Pedí ayuda a la universidad, quise dejar precedente del problema. Me sugirieron esperar, y por suerte nunca pasó nada más y no recibí más email (igualmente los que recibí me quitaron el sueño durante días).

    Es inevitable que se hable de este tema, que se generen conclusiones (algunas más o menos aceptables), que se le eche la culpa a los juegos electrónicos, a la alienación yanqui, a las armas. Es inevitable recubrir estos hechos con un marrón glacé racional, pero ahí abajo sigue revolviéndose cosas que son muy difíciles de explicar.


    Comentado por: Xtian el 23/4/2007 a las 17:11

  • Interesado por el caso Cho, redacte una entrada en mi blog que en cierta manera responde al texto de Marcelo Figueras:

    Algunos columnistas han interpretado el fenómeno diciendo que ciertos jóvenes y ciertos sectores de la población excluidos del monopolio del discurso (político, académico, literario, etc.) optarían por la violencia como único modo de expresión. Este modelo argumentativo explicaría el comportamiento violento de Cho Seung-hui tras la censura por parte de sus profesores de literatura.

    No obstante, el fenómeno es mucho más complejo: expresión y violencia no se excluyen sino que coexisten. El discurso no evita la violencia. Al contrario, habría correlaciones entre discurso y violencia que pueden rastrearse en el caso de las dictaduras, los grupos terroristas y los jóvenes asesinos. Perro que ladra sí muerde.

    http://elplaneta.blogspot.com/

    Comentado por: El editor el 20/4/2007 a las 18:10

  • Enojados con la sociedad podemos estar muchos. Acorralados por el "status quo" un sin número más.

    Pero se necesita más que un un joven(no, no le daré el calificativo de escritor) frustrado para acabar con la vida de otros, así por así. Una enfermedad de mente, espíritu y alma, que, quizás afortunadamente, nadie de apie puede entender.

    Nada lo excusa, ni su tal sufrimiento ni su "me obligaron a hacerlo".

    Sospecho que aún fueran sus "escritos" "celebrados" por sus compañeros y profesores, su mente retorcida encontraría una excusa para su terrible desahogo.

    Comentado por: Anne el 20/4/2007 a las 00:05

  • Frank McCourt, el autor de Las cenizas de Ángela, que fue maestro por 30 años en secundarias de NY, cuenta en su libro titulado El profesor, que en sus clases de redacción creativa salía de todo en los textos de los chicos. en ellos se reflejaban las angustias, los dolores, los problemas y las ilusiones que tenían. dice que igual nunca sabrás qué has hecho (por) o qué les has hecho a los cientos de alumnos que iban y venían, y que él sólo trató siempre de empujar sus miedos hacia un rincón. pero claro, maestros como McCourt hay muy pocos. él mismo era burlado al comienzo por sus alumnos norteamericanos, por su acento irlandés con el que les enseñaba inglés. el problema del desconocimiento del idioma aquí en el caso del chico coreano es clave. ajeno a su medio, a su lengua, a su cultura, su proceso fue, al parecer, mucho más complicado que el que tiene un latino para adaptarse a la sociedad norteamericana, por ejemplo.
    comparto algunas de las inquietudes de Marcelo. es verdad que a partir de ahora los de rasgos achinados se fregaron, igual que los de tipo físico a lo árabe. a estos los etiquetaron de terroristas. a los otros los etiquetarán de sicópatas peligrosos, y así los usamericanos seguirán con su -esa sí peligrosa-costumbre de ponerle una etiqueta a todo el mundo. hay muchas cosas discutibles. podríamos desgajar más el tema, pero como no me gustan los comentarios demasiado largos, me abstengo. Aparte, Marcelo, está muy chévere tu trabajo investigativo previo a tu escritura de novela o guión. me refiero al blog de ayer ;)

    Comentado por: lolichka el 19/4/2007 a las 23:45

  • Mi humilde opinión: Dice muy poco alguien que se rinde ante la represión. Hay demasiados casos de escritores que han tomado fuerza con tales ataques. Por otra parte, ¿será Stephen King un retorcido asesino en potencia? por el simple hecho de escribir cosas retorcidas.

    Tal vez, las personas que leyeron en los escritos de Cho realmente estuvieron alertas...


    Comentado por: ces el 19/4/2007 a las 23:08

  • De ninguna manera se puede disculpar a este tipo. No hay represión, amenaza ó segregación que justifique agarrar un arma y escabecharse a 30 compañeros, estudiantes ó profesores. Es desmedido.
    Este tipo estaba rematadamente loco y desquiciado y se comportó como tal.
    En su mensaje póstumo ni siquiera alcanza a expresar algo coherente, solo poses infantiles de heroe de ficción con dialogos aprendidos de peliculas ó comics, algo que dista mucho de una mente creativa, no digamos sana.
    No hay que sobrevalorarlo, ni disculparlo. No se vale.
    Ni martir, ni escritor frustrado. Solo un enfermo mental con una pistola.

    P.D.:Y dudo mucho que él mismo se haya pegado el tiro en la cara.

    Comentado por: gdagar el 19/4/2007 a las 22:42

  • Creo que Marcelo está ensayando una línea de pensamiento, no sacando de la manga un justificativo tirado de los cabellos para lo que hizo Seung-Hui.

    Coincido en que la diferencia entre un acto de locura dañino y un acto de locura creativo puede ser sencillamente una cuestión de acceso, de oportunidad, de haber sido visible como ser humano para alguien y no haber sido desechado por un sistema experto en desechar y descalificar a los "perdedores" , los "outsiders".

    Hay gente que está loca sin remedio y hay gente que quizá, solo quizá, tomando otros senderos en las encrucijadas pudo tener un final distinto. Nunca se sabrá si ese era el caso de Cho Seung-Hui, como nunca sabremos qué tan distintos podríamos ser nosotros de él.

    Comentado por: Mayté/Palas el 19/4/2007 a las 22:03

  • Factores ambientales que los psicólogos dicen, pueden crear a un sociópata:
    Los estudios muestran que 60% de los psicópatas han perdido a uno de los padres. El infante es privado de amor maternal; los padres están ausentes o alejados. Un régimen incorrecto de disciplina: un padre implacable y la madre débil, el niño aprende a odiar la autoridad y a manipular a la madre. Padres disfuncionales que en privado devastan al infante, mientras que a la sociedad presentan una fachada de "familia feliz".-----------------------



    Comentado por: M&M el 19/4/2007 a las 21:05

  • Factores ambientales que los psicólogos dicen, pueden crear a un sociópata:
    Los estudios muestran que 60% de los psicópatas han perdido a uno de los padres. El infante es privado de amor maternal; los padres están ausentes o alejados. Un régimen incorrecto de disciplina: un padre implacable y la madre débil, el niño aprende a odiar la autoridad y a manipular a la madre. Padres disfuncionales que en privado devastan al infante, mientras que a la sociedad presentan una fachada de "familia feliz".-----------------------



    Comentado por: M&M el 19/4/2007 a las 21:05

  • A este joven le pidieron que presente sus escritos perturbadores y los escritos les dieron la razon al consejo de seguridad: Cho es el autor de una de los peores masacres en la historia norteamericana. Lo de Cho no solo era canalizar su angustia a través de sus macabros escritos, era una manifestación de su personalidad anómala. Un sociópata en potencia. Muchacho solitario, agresivo, renegado de la vida. Varias veces hostigo a las mujeres de la universidad , que no presentaron cargos contre él, groso error. Además no tenía amigos, criticaba a los ricos y al sistema del país. O sea no había congruencia en ningún aspecto con las personas que lo rodeaban. Que la sociedad tiene la culpa, no lo niego. Todos somos respondables de ello. Ahora, creo que no han leido bien, justamente por la protección a la privacidad no pudieron tener acceso completo a los escritos de este hombre.Qué privacidad ni privacidad si está en juego la vida de muchas personas! En Sudamerica y en otras partes del mundo con una sola amenaza de parte de la policía hubieran tenido acceso no sólo a sus escritos sino hasta sus rincones más intimos. Por favor no lo tratemos como un escritor frustado o , pero aún, como un martir ! Lamentablemente este joven tiene el perfil de un sociopata que acabó con la vida de 32 familias.

    Comentado por: M&M el 19/4/2007 a las 21:03

  • Querido Chelo:
    Contesto a tu pregunta: sì, las palabras son peligrosas, se suponen que deben ser, pues acaso no es el escritor un escapista rebelde.
    Lo poco rescatable con este tragedia, es que ahora (al igual que las academias de vuelo ponen las barbas en remoja si algun trigueño barbado solicita clases de vuelo) es que espero las tiendas de armas pongan en remojo sus barbas si un tipo con ojos rasgados compra un arma.
    Poco a poco querido chelo, poco a poco.
    Saludos

    Comentado por: roman pineda el 19/4/2007 a las 19:59

  • Yo me permito discrepar con el autor.

    Cho era un joven (terriblemente) perturbado. Al escribir, lo que hizo fue plasmar su ¿locura?, pero ese desfogue no lo hizo ni más ni menos atribulado. Y hubiera podido escribir cien mil páginas acerca de todo el resentimiento social que llevaba dentro, pero no creo que ello hubiera evitado la masacre de tantas personas inocentes.

    De hecho, estamos "asumiendo" que los profesores le dijeron que no escriba, lo cual es discutible. Posiblemente ellos (profesores de literatura) conocían la diferencia entre un texto que refleja la enfermedad el autor y uno que efectivamente refleja los problemas del autor, pero de otro tipo.

    Creo que hay mucha distancia entre escribir cosas terribles, macabras y funestas, y efectivamente realizarlas.

    El post podrá ser poético, pero lo considero poco realista, no podemos culpar a los gringos (ya bastante culpables de tantos males en este mundo) por los problemas personales de Cho. Yo más bien los responsabilizara por no haber atendido a la señales de alerta y permitir que Cho siguiera en libertad.

    Comentado por: Fátima el 19/4/2007 a las 18:06

  • Es más facil comprar una pistola que escribir poemas perturbadores... eso es norteamérica.

    Comentado por: Rodrigo Peñalba el 19/4/2007 a las 16:50

  • Marcelo,
    Quería compartir contigo un hecho colateral, pero que me ha conmovido atrozmente, de los asesinatos de Cho: la muerte de un profesor, sobreviviente del holocausto, que puso el cuerpo para que sus alumnos pudieran escapar. No es la primera vez que me pregunto por qué (como si hubiera respuesta) alguien que sobrevive una atrocidad como el holocausto muere luego a manos de un hecho fortuito y estúpido. Será porque mi abuela sobrevivió al Ghetto de Varsovia y luego murió atropellada por un micro que se subió a la vereda mientras ella estaba en el paradero...
    De todas las muertes, muchas de gente más joven, terribles, ésta me conmovió especialmente por eso, y por el valor y desprendimiento de la vida propia que reflejó.

    Más allá de eso, coincido en que bloquear la capacidad de expresión no connota ningún bien. Al final las palabras no dañan a nadie. Creo también que es una obligación del a sociedad dar ayuda a quienes la necesitan. Claramente este chico la necesitaba, y no era un misterio para nadie.

    Un abrazo

    Comentado por: andrea m el 19/4/2007 a las 16:41

  • Valiente y desprejuiciada defensa la que el señor Figueras hace de Cho, personaje que por méritos própios deben de odiar un buen número de padres, madres y hermanos. Aunque tal vez, a raiz de las razones alegadas, no sean tan propias. Es decir, y corríjame si lo he leído o lo he entendido mal, la censura, y luego público escarnio, a la que tan dolorosamente fué sometido el bueno de Cho, nutrieron al monstruo silente que cobijaba en su interior. De no haber sido así, si el monstruo, que en puridad nada tiene que ver con Cho, hubiese gozado de una libertad negada, no habría ocurrido la traedia , o por lo menos la física, aunque si la literaria.
    Claro, esto es una bonita historia, pero ¿ donde queda la responsabilidad de cada cual?. Me censuraron, luego maté, a porrillo.
    Sr. Figueras, ¿ha visto Ud. las fotografias de Cho con el martillo, las pistolas y la ametralladora?, ¿le parece un escritor frustrado?,

    Comentado por: panoramix el 19/4/2007 a las 13:22

  • Llevo escribiendo textos "perturbadores" desde hace años

    No soy Cho, y aunque viva en una sociedad autocensurada, como es la sociedad vasca, esto aún no son los USA.

    Pero sí puedo decir que he recibido algún comentario, ese tipo de frases al estilo... joder qué loco estás... provinientes de gente que después se larga al cine a masticar violencia sin parar.

    La historia de la literatura rebosa de textos perturbadores, pero sobre todo, incómodos para las clases dirigentes.

    Y aunque ahora la pregunta sea: ¿Por qué Cho hizo eso? Aunque encuentren mil respuestas, la mayoría de la ciudadanía estadounidense debería preguntarse: ¿Por qué nos estamos ahorcando poco a poco?

    Gracias por tus palabras.

    ¡Salud!

    Willy Uribe

    Comentado por: Willy Uribe el 19/4/2007 a las 11:44

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Biografía

Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.

 

Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).

 

Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.

 

Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.

Bibliografía

La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara

Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil

Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara

El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara

Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura

El muchacho peronista (1992). Planeta

 

Filmografía

Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos

Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti

Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras

Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo

Obras asociadas

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