El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
lunes, 6 de octubre de 2008
El pato de la boda
El domingo José Pablo Feinmann publicó un artículo en Página 12 que me dejó pensando: lo tituló "La glocalización", y en él oponía el manoseado concepto de la globalización a este concepto nuevo, el de algo llamado glocalización. (Ignoro si Feinmann lo acuñó o si lo tomó de alguna fuente, que en ese caso no cita.) Según Feinmann, la glocalización se opone a la voluntad occidental de exportar e imponer su modo de vida al mundo entero, reafirmando sus propias diferencias. No se trataría de la antítesis del imperialismo occidental –que existe y goza de buena salud, para mal de todos-, en tanto para ser antítesis debería encarnar valores opuestos y el liderazgo de ciertos musulmanes, por ejemplo el iraní Ahmadinejad, tiene tanta fe en la violencia y en el poderío que otorga lo económico que merece ser parangonado al de sus pares del mundo infiel. Feinmann dice que la glocalización es tan sólo la reivindicación del derecho a no ser el Imperio, por lo menos este Imperio, del que todos formamos parte y que conocemos tan bien. Los glocalistas estarían, según Feinmann, orgullosos de no ser nosotros. Yo los entiendo, puedo dar fe de que pertenecer a esta parte del mundo (me refiero a Occidente en su conjunto, que no así a América Latina) tampoco me enorgullece. En todo caso lo que me preocupa es aquello en lo que globalistas y glocalistas se parecen, hasta el punto de dejar de ser lo Otro para convertirse en lo Mismo. En su incapacidad de respetar las diferencias, por ejemplo, confundiendo el todo con la parte y suponiendo que lo que es bueno para mí debe ser ley para los demás. En su culto a la violencia, como ya dije, y por ende en su glorificación de la muerte. (Aquí cabe una diferencia: los líderes de Occidente no tienen prurito alguno en aniquilar a los demás, y el extremismo islámico no tiene prurito alguno en aniquilar a propios y ajenos durante el proceso.) Y también en su anhelo de poder: los hechos recientes en torno de Ceuta y Melilla y la reivindicación de Andalucía como parte del mundo glocalizado hablan de la búsqueda de una gloria que tiene que ver con un pasado imperial, y no con el logro de una paz digna para sus pueblos –que dicho sea de paso, haga posible una paz digna para todos los demás.
Lo cual me lleva a un asunto que viene preocupándome desde hace tiempo, y que no termino de ver expresado del todo al menos en los medios que veo y leo: ¿soy yo, o es que el mundo se está encaminando de verdad a una crisis nuclear en nada diferente, y por cierto no menos terrible, que la que tuvo lugar durante la Guerra Fría? ¿Qué lección elemental de historia se saltearon los líderes de hoy, que con sus actos y omisiones han hecho posible una escalada nuclear que nos aproxima otra vez al Apocalipsis? ¿Aprenderán a tiempo la lección de que el doble rasero no funciona, que no puedo prohibirle a otro que tenga lo que yo tengo con la excusa de que yo soy mejor Guardián de la Humanidad que alguien que reza mirando a la Meca? ¿Entenderán a tiempo que nada parecido a la paz, el equilibrio y el derecho a la existencia de los pueblos se obtendrá mientras los más poderosos insistan en hambrear al resto, humillándolo de paso? Y en lo que hace a nosotros, los que no tenemos cargos públicos ni los ansiamos, los que conformamos la más aplastante mayoría, los que no queremos ser el pato de la boda entre globalizados y glocalizados: ¿cuándo comprenderemos que debemos aguzar nuestro criterio para elegir mejor a nuestros representantes? ¿Cuándo comprendermos que aquellos candidatos que apelan a lo peor de nuestra alma –a nuestro miedo, a nuestro egoísmo- sin indignos de confianza alguna porque serán los primeros en traicionarnos? ¿Cuándo entenderemos que debemos fiscalizarlos mejor –lo cual implica abandonar la indiferencia y optar por alguna forma de acción? La promoción que HBO hace de V for Vendetta en estos días rescata una frase de V, el protagonista del filme: “No son los pueblos los que deben tener miedo de sus gobernantes, son los gobernantes los que deben tener miedo de sus pueblos”. Tan simple, tan real, tan necesario.
[Publicado el 17/4/2007 a las 10:45]
Pasa, que estos temas, los que mas nos dejan con preguntas internas, son los que menos comentarios reciben. Pero no creas que no dejan huella, somos pocos pero somos.
Comentado por: Mayté/Palas el 18/4/2007 a las 23:01
Desde hace rato camino peligrosamente por el borde del peligro nuclear. Al menos con la imaginación. Y ahora que lo has sacado a relucir me atrevo a decir lo que temo tanto. No por mí, que si desaparezco ya he vivido lo suficiente, sino por los hijos, los nietos; o los biznietos que no llegarían a nacer. La propia desapariciòn no es grave cuando se piensa en la desaparición de todos, incluidos el resto de los animales.
La Tierra, supongo que se repondría con el tiempo. Y el Universo que es inmenso no parpadería. Pero no somos el el Universo sino una especie de animalillos muy extraños. Capaces de producir a un Ghandi y a un Hitler al mismo tiempo.
Comentado por: Ana el 18/4/2007 a las 04:42
Oí narrar al sociólogo Manuel Castells una anécdota a propósito de la importancia de la ‘red’ para la creación de riqueza. El profesor explicaba que un negocio exitoso en Africa era el de unos hombres que se dedicaban a ir en bicicleta o en pequeñas motos por las aldeas para cargar las baterías de los teléfonos móviles (celular) con unas pequeñas dinamos. En algunos pueblos la gente hacía cola esperando que la fuerza de las piernas del hombre cargara las baterías de los teléfonos; en otras aldeas solo había un teléfono para toda la comunidad –que además habían comprado por imitación de la aldea vecina-. Muchas veces tener un teléfono con batería disponible significaba el que los habitantes de estos remotos lugares supieran exactamente cuándo iba a pasar por allí cerca (a lo mejor 30 o 40 Km) un grupo de turistas, a los cuales podían ofrecer diversos productos de artesanía en mitad de su camino. Lo cual era importantísimo para la economía del poblado.
Me pareció una anécdota preciosa. Es una historia que me habla de la dignidad. Pero además me da la esperanza de que hay gente como el profesor Castells capaz de fijarse, estudiar y analizar esa historia que podría parecer mínima. La imaginación de la gente corriente y moliente para salir adelante es infinita, aunque los líderes mundiales y todo el tinglado montado hacen imposible ese sueño en muchos lugares del mundo. Eso me trae una pregunta ¿en qué colegios educan a esos niños? –a los líderes mundiales quiero decir, porque antes, digo yo, habrán sido niños ¿no?-.
A las personas buenas el mundo las hace parecer imbéciles, y al amor una cursilada. ¡No hay derecho!
Comentado por: Serpiente Suya el 18/4/2007 a las 00:18
Hola, te estoy viendo ahora en una entrevista para "La casa de América" de TVespañola y me encanta escucharte. Te conocía sin saberlo. He visto "Plata quemada" y "Kamchatka" y me encanta, tengo que decir que me vuelve loca el cine argentino. Me he apuntado también "Rosario Tijeras" para verla la próxima semana.
Estoy escuchando la sensibilidad que muestras con las víctimas de la dictadura, con los homosexuales, me pareces un hombre maravilloso con unos principios muy correctos! Espero tener pronto noticias tuyas! Bye
Comentado por: Ayatima el 17/4/2007 a las 18:55
Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.
Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).
Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.
Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.
La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara
Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil
Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara
El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara
Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura
El muchacho peronista (1992). Planeta
Filmografía
Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos
Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti
Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras
Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo
04/10/2008 12:15
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Gracias por su post de hoy. Muy...
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