El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
domingo, 6 de julio de 2008
'The sound of music'
¿Cuánto ha cambiado, en los últimos años, la forma en que escuchamos música? Hay un tramo inicial que sigue siendo lo que era: el vientre materno es una cámara líquida que lo asordina todo, por eso en el nacimiento nuestra primera vivencia del mundo exterior es el frío primero, y el ruido después. El mundo es un lugar lleno de sonidos. En algún momento aprendemos a diferenciar lo que es puro estruendo, cacofonía, de las melodías que madre y padre cantan al abrazarnos: nuestra primera experiencia musical. Pero a partir de allí quedamos librados cada uno a nuestra suerte –y a la tecnología.
No había tocadiscos en mi casa cuando yo era pequeño, apenas una radio AM en la que la música constituía tan sólo un elemento entre tanto jingle y tanta noticia. Cuando quería escuchar canciones de Los Beatles, llamaba a la prima de mi madre –que sí tenía tocadiscos- y le pedía que pusiese un disco para poder escucharlo a través del teléfono.
Después llegó el tocadiscos. La adolescencia es para mí el tiempo en que escuchaba música: tenía infinidad de discos de vinilo, de ese tamaño tan generoso y conveniente, y ponía música durante horas mientras leía las letras que venían en los sobres internos o impresas en la tapa misma. Todavía hoy, cuando me encuentro con alguna de esas músicas que no escucho desde entonces, soy capaz de recordar cada nota de cada solo con precisión total.
Después tuve un grabador de esos que reproducía cassettes. Nunca fui hombre de cassette, me gustaba más manipular los discos, que además sonaban mejor. Hoy conservo todos aquellos discos pero ninguna de aquellas cintas: extraño especialmente una de Sally Olfield que me regaló mi amigo Joaquín, a quien le gustaba grabar música para su gente.
Después vino el CD. El primero que tuve fue Peter Gabriel III, que por supuesto ya atesoraba en disco. Todo lo que salió de allí en adelante lo compré en CD, y todavía me falta mucho para recuperar todas las cosas memorables que había coleccionado en vinilo.
Ahora existe el MP3 –todas mis hijas tienen uno- y el iPod –todas mis hijas pretenden uno-, pero yo sigo aferrado al CD. En parte por la costumbre, imagino, y en parte porque aunque vivimos en un mundo de singles yo sigo apegado a la noción del álbum, de la obra que va más allá de los tres minutos de la canción pop, por perfecta que sea. Me parece que manejándome tan sólo con canciones sueltas me pierdo algo, como si pretendiese saborear un postre probando tan sólo los confites que le han echado por encima. Pero supongo que será cuestión de tiempo, nomás; sé que hay un iPod en mi futuro.
Lo definitorio, más allá de la tecnología, es el espacio que se le dedica a la música en la vida. Hace muchos años que ya no me siento a escuchar discos, consagrándoles mi completa atención. En realidad ahora también me siento, pero para hacer otra cosa: el dominio de la música en mi vida se limita al interior de mi automóvil. Subo al auto, lo enciendo y un segundo después estoy escuchando música. No es extraño verme circular cantando a todo pulmón. A menudo me interrumpo para maldecir a algún otro conductor, pero al instante retomo la melodía. Me gusta cantar, y me gusta cantar cuando conduzco. El auto es mi estudio privado, mi cámara de ecos.
Días atrás, por primera vez en siglos, me tumbé en un sillón para dedicarle mi entera atención a un álbum: Continuum, de John Mayer. Me encantó recuperar la experiencia, pasar las páginas del librito interno y leer cada letra, cada crédito. Sin embargo, ahora que estoy instalado en una casa de los suburbios de Buenos Aires, y a pesar de que cuento con un maravilloso equipo de sonido, tiendo a pedirle a mi gente que por favor apague la música. Una de las características de la niña protagonista de mi novela La batalla del calentamiento es su capacidad de oír la música que existe en cada cosa: en el agua que hierve, en los pies al hundirse en la nieve, en la frutilla cuando se la aprieta entre los dedos. Además escucha una radio portátil Spika, pero sabe que la música es mucho más que aquello que los hombres componen e interpretan cuando están convencidos de hacer música. Aquí en Pilar encuentro música en los pájaros, en el frufrú de las hojas al rozarse, en los grillos y en las chicharras, en el viento al rozar el parche del agua. Después de convivir con ella tanto tiempo, debo haberme vuelto un poco Miranda.
[Publicado el 16/1/2007 a las 11:12]
La música? Jajaja, una droga sin efectos secundarios. Al menos sin efectos secundarios de los que avergonzarse. Seguro tienen razón aquellos quienes afirman que la música cambió su vida :D
Por cierto... Björk lanzará un nuevo disco este año! Agárrense a sus asientos que viene un terremoto!
Comentado por: Zeus el 19/1/2007 a las 04:12
Pilar, la música y Miranda. Mientras más leo más siento que "hablamos el mismo idioma" y me encuentro tan semejante a ti que sonrío y me invento tener "algo de escritora" -¡jaja!- por ahí dentro.
Así como tú escarbo entre los libritos que nos regalan los CD, (siempre queriendo indagar un poco más del autor o cantante) y a pesar de los años y las actividades, intento, con éxito algunas veces, dedicar mi tiempo a escuchar de un tirón tal o cual CD.
Con Pilar yo también tengo algo. Un muy buen amigo mío vive ahí, y desde el otro día que leí que vacacionabas en ese lugar, fantasié con pedirle que, aunque fuera él, se fijara muy bien en las calles (sé que Pilar es un pueblito chiquito) para ver si no se cruzaba contigo en algún lugar. Fantasía sin sentido claro está, pues él probablemente me mandaría al diablo. Así que bien lo pensé, desistí de mi loca idea. Él me ha descrito de tal manera Pilar, que el próximo mes que regresaré a las benditas tierras gauchas tendré que conocerlo. Así que tal vez sea yo la que me cruce contigo. No te preocupes, no molestaré. Lo prometo.
Y Miranda, ¡oh Miranda!, no haz podido escoger un mejor nombre para tu protagonista. Espero con ansias tu libro, mientras consigo algún otro en este pueblo en el que vivo y lo devoro.
Comentado por: Alejandra Avellaneda el 18/1/2007 a las 00:13
Serpiente pero las serpientes oyen con la piel, como si se tratara de tambores que captan las sutiles ondas del aire, y huelen con la lengua, prodigiosas ustedes!
Recomendacion para cuando compres el "aipok" (asi le puse al mio que es un reproductor de mp3 con vestido de imitación manzanita): cargalo con albums, y programalo para escucharlos todos en orden. Aunque es también delicioso ver como el azar del "random" te compone unas mezclas sorprendentes.
Yo tambien escucho música en el auto y como la radio es de las mas viejas, que ni cassettes toca, estoy al dia en todos los exitos pop como quinceañera cualquiera. De repente uno conocoe así novedades extraordinarias como Snow Patrol, Sandi Thom o el mismo Mayer.
Comentado por: Mayté/Palas el 17/1/2007 a las 21:49
..oó0OFf!
A mí me encanta la música y soy sorda como una tapia. ¡Que le vamos a hacer! Pero una cosa no quita la otra. Yo creo que la llevo dentro. Porque de la música no me entero, pero bailar, lo que se dice bailar, lo hago de maravilla. Cada vez que suena una flauta, ale, a remover los anillos. Y me elevo, me elevo, como si fuera la marioneta de una Parca ¿qué cómo lo hago?, pues yo que sé. Será el instinto, hay cosas que ya me he dejado de preguntar. O de contestar. Conozco a una mujer que sabe tan solo con oler, si al arroz le falta sal.
El vinilo se quebraba. Mirar como el polvo se acumulaba en la aguja eran mis primeras clases de hipnosis, y el “crec-crec” inevitable, un mantra (¡Oh, la aguja! Delicado objeto).
A sus pies
Serps machine
Comentado por: Serpiente suya el 17/1/2007 a las 20:58
NO PUEDO TRABAJAR EN SILENCIO. ASI ESTE DIBUJANDO , ESTUDIANDO O CHARLANDO CON UN CLIENTE LA MUSICA SIEMPRE ESTA.
LA PERIODISTA SILVINA CHEDIEK LES PREGUNTABA A SUS INVITADOS, EN EL PROGRAMA QUE HACIA EN CANAL A CON EL MAESTRO MORGADO, COMO DETERMINADAS CANCIONES O ALBUMS MARCABAN LOS DIFERENTES MOMENTOS DE SUS VIDA. Y COMENZÁS ASÍ A ZAMBULLIRTE, A TRAVÉS DE LA MÚSICA, ENTRE SONIDOS Y RECUERDOS.
AL FINAL HABLÁS DE LOS SONIDOS QUE NOS RODEAN Y QUE PRODUCIMOS, QUE PARA ALGUNOS PUEDEN SER MUSICA. SON TAN DIFÍCILES DE PERCIBIR EN NUESTRAS VIDAS URBANAS. EN VEINTE HORAS ESPERO ESTAR EN UN LUGAR DONDE MI MUSICA SEA EL AGUA QUE CORRE ENTRE LAS PIEDRAS, LA BRISA ACARICIANDO LOS SAUCES...
Comentado por: Loli el 17/1/2007 a las 15:21
Comentado por: Valeria el 17/1/2007 a las 12:07
Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.
Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).
Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.
Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.
La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara
Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil
Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara
El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara
Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura
El muchacho peronista (1992). Planeta
Filmografía
Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos
Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti
Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras
Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo
05/7/2008 18:46
yo lo admiraba demasiado era...
Publicado por: monica
05/7/2008 18:40
Sorry , no te quize ofender, y...
Publicado por: lilith
05/7/2008 14:17
Dear Lilith, sinceramente no...
Publicado por: figueras
05/7/2008 00:24
Todavia no termino de leer esto...
Publicado por: Lilith
05/7/2008 00:18
Publicado por: martin
04/7/2008 12:27
pusiste a bailar las palabras y...
Publicado por: Alba
04/7/2008 10:37
Publicado por: valeria
03/7/2008 23:55
Marcelo: Ante todo, un saludo...
Publicado por: Daniel
03/7/2008 19:00
Publicado por: gonzalo
03/7/2008 08:42
Publicado por: lolichka
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