El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
viernes, 29 de agosto de 2008
Salvando a Piggy Sneed
No siempre la luz llega a nosotros de manera directa: a menudo debe reflejarse en cuerpos ajenos y en otras superficies, hasta que al fin despeja nuestra mirada.
Estaba yo en Barcelona con Rodrigo Fresán, quien me habló de Robertson Davies, a quien yo conocía tan sólo de nombre. “Es el escritor del que habla John Irving en Trying to Save Piggy Sneed”, me dijo. Confesé que tenía el libro de Irving, autor de novelas maravillosas como The World According to Garp y The Cider House Rules, pero que nunca lo había leído. Convencido de su teoría sobre mi afinidad no descubierta con Davies (a lo largo de la vida aprendí a confiar a ciegas en las intuiciones de Rodrigo en materia literaria), me llevó de las narices hasta la librería en que me compré la Trilogía de Deptford, que comprende las novelas Fifth Business, The Manticore y World of Wonders. En el avión de regreso arranqué por el principio y no pude parar. Fifth Business me fascinó. Tanto, que apenas llegado a casa corrí a la biblioteca a buscar Trying to Save Piggy Sneed: John Irving es uno de mis escritores favoritos, y si él decía algo positivo sobre Robertson Davies yo quería saberlo.
Resultó que todo lo que Irving hace con Davies es citar un párrafo de Fifth Business. En este sentido la lectura fue frustrante, pero por culpa de Davies –y por extensión, de Rodrigo- terminé disfrutando de Trying to Save Piggy Sneed, que en esencia es la explicación de Irving sobre por qué llegó a convertirse en escritor. Una explicación que Irving pretende biográfica (de hecho responsabiliza del asunto a su abuela y a un recolector de basura retardado a quien le decían Piggy Sneed), pero que de alguna manera echaba luz sobre mis propias motivaciones a la hora de crear una ficción.
“La memoria de un escritor de ficción es especialmente imperfecta a la hora de proveer detalles”, dice Irving. “Siempre imaginamos un detalle mejor que aquel que podemos recordar… El detalle más revelador es aquel que podría haber ocurrido, o que debería haberlo hecho. La mitad de mi vida es un acto de revisión; más de la mitad del acto es realizada con pequeños cambios. Ser un escritor significa un matrimonio agotador entre la observación cuidadosa y la casi tan cuidadosa invención de las verdades que no has tenido oportunidad de ver. El resto es el manejo estricto y necesario del lenguaje; para mí esto significa escribir y reescribir las frases hasta que suenan tan espontáneas como una buena conversación”.
Después de dar cuenta de estos principios del oficio Irving habla de su abuela, que durante años fue la persona más vieja en haberse graduado en Literatura Inglesa en la Universidad de Wellesley. Según dice, la abuela era cultísima y además amabilísima, una de las pocas personas de Exeter, New Hampshire, en mostrar verdadera misericordia cristiana con el retardado de Piggy Sneed. Como todos los niños del pueblo, Irving revistaba en cambio en filas de la turba que se burlaba a diario del tonto. (Imagino que este apellido forma parte de los pequeños cambios que Irving realiza al recordar: Sneed se parece demasiado a sneer, que designa una burla condescendiente, como para tratarse de un detalle real.)
La cuestión es que un día la cabaña infecta en que Piggy y sus cerdos vivían se incendió. Mientras la gente la veía arder sin remedio e imaginaba el trágico destino de sus habitantes, Irving, que para entonces se había convertido en bombero voluntario, alzó la voz y expresó su convicción de que Piggy no podía estar allí dentro. Era loco, pero no estúpido. Seguramente se había ido del pueblo, harto al fin de los cerdos. Estaría en Florida, el sitio que sin dudas habría elegido para vivir sus últimos años como tantos otros viejos.
De inmediato Irving advirtió que todo el mundo le prestaba atención. La forma en que imaginaba el destino de Piggy Sneed había capturado las voluntades de los presentes, aunque más no fuese por un minuto. Por supuesto, al rato las llamas se extinguieron y los restos de Sneed y de sus cerdos aparecieron entre los despojos.
Años después la abuela de Irving le preguntó por qué se había convertido en escritor. Recurrió entonces al recuerdo de Piggy Sneed y al de la epifanía que lo iluminó al mismo tiempo que las llamas: Irving había comprendido entonces que el escritor necesita al mismo tiempo imaginar el posible rescate de Piggy –y a la vez encender el fuego que lo acosa. Demostrando que ante todo era una mujer de sentido común, su abuela interrumpió su justificación para decir: “Johnny querido, te habrías ahorrado muchos problemas con tan sólo tratar al señor Sneed con un poco de decencia cuando estaba vivo”.
Irving pertenece, pues, a esa clase de escritores a la que me gustaría sumarme, en el improbable caso de hacer alguna vez los méritos suficientes. (Porque hay otras clases de escritores con las que no me gustaría saber nada: están los que tan sólo tratan de salvarse a sí mismos, o de vengarse del mundo, o de engrosar su cuenta bancaria, o de desplegar plumas como pavorreales.) Al igual que Dickens y que su admirado Robertson Davies, Irving es de aquellos escritores que han padecido penurias ciertas y provocado otras tantas, y que en absoluta consciencia de su humanidad (lo cual equivale a decir a sabiendas de sus limitaciones como hombres), escriben tratando de salvar a Piggy Sneed.
[Publicado el 27/12/2006 a las 10:00]
Comentado por: Sveta el 28/12/2006 a las 10:09
Dice su colega Guillermo Arriaga que para escribir hace falta no sólo vivir sino tomar tiempos de reflexión. El escritor es un observador que digiere los mínimos detalles, de ellos nacen grandes historias, las más grandes nacen de un descuido, de un vistaso, de una mínima intención, de una palabra,de un nombre, de un silencio. Luego puede ser que aquel pequeño detallito no se lleve a buen fin, pero siguen esos detalles que maravillan permanentemente.
Comentado por: NEcia el 28/12/2006 a las 08:55
La literatura es una sola.Está más cerca de la sangre que de la tinta.El escritor del corazón y de la piel, que del papel.Todo lo demás es literatura.Lo snob, las boutades, las citas de citas, son parte del caramelo del escritor, pero la esencia está en el chocolate espeso, el barro, la mierda....La literatura no tiene comienzo ni fin, no hay una punta.....
Comentado por: rolando gabrielli el 27/12/2006 a las 14:29
Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.
Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).
Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.
Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.
La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara
Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil
Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara
El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara
Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura
El muchacho peronista (1992). Planeta
Filmografía
Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos
Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti
Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras
Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo
29/8/2008 18:27
Estoy un poco harto de que se...
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Voy por la segunda lectura de...
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Ojala a todos nos doliera el...
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Pues en Argentina sorprende pero...
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