El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
viernes, 4 de julio de 2008
Mexicanos increíbles, América fantástica
Durante mi último viaje a España vi la película Children of Men, del mexicano Alfonso Cuarón, de la cual hablé maravillas. (Aunque no al punto de creer que es mejor que Blade Runner, como alguien dijo por ahí. En realidad son muy distintas, por lo cual toda comparación sería injusta. Y además eso de meterse con Blade Runner no está nada bien.) Pero también vi en aquellos días otro film que me sacudió con la misma intensidad, y del que no hablé entonces. Se trata de El laberinto del fauno, de Guillermo del Toro. El hecho de que tanto Cuarón como del Toro sean mexicanos no es la única afinidad entre ambos films; de hecho existe una complicidad entre ambos realizadores, al punto de que Cuarón figura como uno de los productores de este Laberinto.
La historia se desarrolla en España poco después del fin de la Guerra Civil. Su protagonista es una niña al filo de la adolescencia, que llega al puesto militar fronterizo liderado por el Capitán (un siniestrísimo Sergi López), que es además el nuevo marido de su madre –y el padre del hermanastro que la mujer lleva en el vientre. Ya desde el mismo comienzo la narración se bifurca. Por un sendero va la historia “real”, que compete al sufrimiento de la niña bajo la égida dictatorial de su padrastro y al enfrentamiento de los nacionales con una banda republicana que resiste en los bosques. Y por la otra vía se mueve la historia “fantástica”, disparada por la aparición de un insecto-hada y de un fauno que revela a la niña que ella es en verdad la princesa de un reino encantado: para recuperar su condición original, deberá llevar a cabo diversas pruebas de las que es necesario que salga airosa.
Children of Men y El laberinto del fauno comparten su libertad narrativa: eligen hablar de males concretos y tangibles del mundo de hoy, pero lo hacen sin sentirse atadas en lo más mínimo a la tierra plana del realismo. Children opta por la ciencia ficción, es lo que suele llamarse una distopía, una suerte de anti-utopía; como en realidad los males imaginarios que plantea están separados de nuestros males por una delgada línea (que el relato sitúa en un futuro del que sólo nos distancia veinte años), Cuarón hace bien al quedarse lo más próximo posible a las estéticas del presente. El laberinto del fauno, en cambio, ocurre en el pasado, y sus divergencias con el realismo vienen de un pasado aun más remoto: hablo de elementos y figuras míticas como laberintos y faunos, raíces de mandrágora y monstruos consagrados a los sacrificios humanos.
A partir de allí empiezan a diferenciarse. Children emplea sus primeros minutos en convencernos de que ese mundo que cuenta es verosímil, y una vez triunfante en su cometido nos deja allí. En cambio El laberinto del fauno juega de manera constante con los dos mundos simultáneos que describe: cómo uno se funde con el otro, y cómo sus hechos se retroalimentan. Donde Cuarón sugiere que este es un mundo único que no ofrece escapatoria, del Toro apela a los espejos deformantes y pretende que existen muchas cosas que nuestros ojos no suelen ver y que nuestro entendimiento no acostumbra a considerar. La violencia fascista del mundo real no se ablanda al convivir con lo fantástico, muy por el contrario: la fantasía revela cuánto de nuestra historia real puede ser interpretado en clave de miedos atávicos y de arquetipos junguianos.
Es necesario elogiar a del Toro por la maestría con que maneja los efectos especiales: están tan bien hechos que entregarse a la fantasía no cuesta esfuerzo alguno. Pero el elogio mayor debería resaltar su talento como narrador a secas. El mundo en apariencia dicotómico que propone funciona a la perfección, y el combate único que describe (que para ponerlo en términos que me son afectos definiría como imaginación versus violencia) encuentra en este tono de cuento de hadas negro su mejor forma.
Me parece magnífico lo que estos dos tipos están haciendo: tanto Cuarón como del Toro hablan de sus más profundas obsesiones, pero para hacerlo optan por escapar de las convenciones del realismo, recurriendo en cambio a la imaginación desbordada tan característica de la América Latina, que arranca con el Popol Vuh y llega hasta Borges y (en una vena completamente distinta) García Márquez. Siempre creí que la mayor parte de las películas sobre la Guerra Civil y sus consecuencias se equivocaban al narrar de la manera seca y adusta que yo no podía menos que asociar con la estética franquista. (El espíritu de la colmena sería una de esas excepciones que me da la razón.) Déjenme pensar que Cuarón y del Toro están llevando esta característica nuestra al primer plano en el cine, y convirtiéndose, al hacerlo, en puntas de lanza de un movimiento que debería llevar a nuestros narradores (cineastas, escritores, dramaturgos) al sitio de preeminencia internacional que sin duda alguna merecen.
[Publicado el 26/12/2006 a las 10:00]
Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.
Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).
Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.
Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.
La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara
Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil
Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara
El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara
Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura
El muchacho peronista (1992). Planeta
Filmografía
Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos
Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti
Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras
Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo
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