El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
domingo, 20 de julio de 2008
Terry, los piratas y yo
Una de las alegrías que me deparó mi breve viaje a España fue el hallazgo de una edición en forma de libro de Terry y los piratas, de Milton Caniff. Terry es una de mis historietas favoritas de todos los tiempos. Recuerdo haberla leído en mi infancia, en una revista llamada Tit Bits que en los años 70 publicaba lo que ya en ese entonces eran clásicos del género. (Terry apareció en los Estados Unidos entre 1934 y 1946, a modo de tira diaria.) La impresión que me dejó entonces fue tan vívida, que no sólo me recuerdo a mí mismo en el acto físico de la lectura (soy muy pequeño, estoy sentado en la escalera que da al patio de mi casa con Tit Bits entre las manos), sino que además, al releer las primeras aventuras en un cafetín de Madrid, descubrí que todavía recordaba cada pormenor de la trama: ¡hasta la parte en que el Viejo Pa no logra tirar del gatillo porque tiene la mano vendada! A eso sí que puede llamársele impresión perdurable.
Parte del atractivo de la historia estaba resumido en su título: la mezcla de lo común y cotidiano (Terry es un nombre simple, que era aplicado a un protagonista preadolescente –esto es, gente como uno) con la aventura concebida en su marco más exótico: llegado a la China para buscar un tesoro con la ayuda de un mapa que su abuelo le legó, el jovencito Terry se cruza una y otra vez con los piratas del título. Pero no lo hace solo, y es allí donde ya empieza a operar la maestría narrativa de Caniff. Lo acompaña en primer lugar Pat Ryan, un escritor y periodista free lance con cierta experiencia aventurera. Ryan es apuesto, fuerte, valiente y también listo; una figura tan idolatrada que revela sin ambages la mirada ingenua del Terry narrador. Pero también los acompaña George Webster Confucio, alias Connie, el chinito que se les ofrece como traductor y después se convierte en socio todoterreno. Connie puede resultar hoy algo parecido a un estereotipo racista (está allí para ofrecer alivio cómico, tiene unas orejas tamaño plato que convierten al príncipe Charles en un hombre discreto), pero también es cierto que en el transcurso de la historieta Caniff introduce tantos villanos orientales como occidentales, y que ya en la tira inicial Pat Ryan se encarga de dar la perspectiva de respeto con que se acerca a su objeto: “Los chinos ya eran un pueblo antiguo antes de que se descubriera América… China es el origen de nuestra cultura moderna”.
Y ya que hablamos de villanos, ellos también forman parte vital del atractivo de la tira. Caniff los creó inolvidables, desde el educado pirata Judas hasta la misteriosa –y bellísima- Burma. Quizás el más memorable de sus malvados sea una mujer, cuyo nombre pasó a formar parte de la cultura universal como sinónimo de la mujer oriental peligrosa y llena de misterio: Dragon Lady, la Dama Dragón.
Pero el arma secreta de Caniff son sus dibujos. Precursor de lo que más tarde se llamó línea clara, Caniff es un artista excepcional: por la nitidez y la humanidad de su trazo, por el detalle con que enriquecía los pequeños cuadros y por la energía cinematográfica que anima todas sus tiras. Cuando vi por primera vez la saga de Indiana Jones, sentí de inmediato que la deuda de Spielberg con Caniff era inmensa. Ahora mismo, en mi cafetín madrileño, descubrí en el segundo volumen de la saga –que no había leído en mi infancia- que en el combate a puño limpio de Pat Ryan contra los hombres de Papa Pyzon estaban comprendidas todas las escenas de pugilato del Corto Maltés; en esas viñetas el Corto y Pat se parecen hasta físicamente –a Pat sólo le falta la argolla en la oreja para convertirse en la criatura de Hugo Pratt.
La edición española está muy bien, más allá de los inevitables extrañamientos que produce la traducción. (El humor de Connie resalta cuando una de sus muletillas en el inglés original se transforma en: “¡Está todo muy fetén!” Hasta hoy yo hubiese jurado que la expresión fetén era puro lunfardo porteño, yo creía que sólo mis abuelos y mis tías gordas decían que algo estaba fetén, fetén. Pero en fin, la vida te da sorpresas.)
Mi presupuesto alcanzó para comprarme sólo dos volúmenes, cuando hay como dieciséis. No es que necesitase más argumentos para regresar a España –cosa que haré en febrero, para presentar La batalla del calentamiento-, pero es bueno saber que tengo como catorce excusas más para justificar mi entusiasmo al subir al avión.
Todos aquellos que amen la aventura en estado puro, con el aderezo de una pizca de nostalgia (etiqueta que abarca desde Gunga Din hasta el moderno Indiana), tienen con Terry y los piratas una cita obligada.
[Publicado el 29/11/2006 a las 10:51]
Hola, Marcelo soy un seguidor de tu blog y aunque el gancho para llegar a él fue por Santiago, ( debido a que había leído su novela " Abril Rojo"), al leer tus escritos quedé impregnado de esa manera divertida de narrar .
Espero puedas leer mi blog manietag.blogspot.com.
Gracias.
Comentado por: Mauricio Nieto el 14/12/2006 a las 15:45
Un tío mío (que no es gordo pero si dice fetén con mucha sorna) ha dibujado comics durante toda su vida. Disciplinadamente desde primera hora de la mañana divide con escuadra y cartabón sus cuartillas blancas en viñetas preparando su particular campo de batalla, sus lápices afilados, sus plumas y su tinta negra, provisión de tabaco y cenicero encima de la mesa de dibujo, mesa que hoy está bajo una ventana que da directamente al mar de la Costa Brava. Ya es mayor, pero sus manos son más expertas que nunca, después de haber tintado miles de historias. Siempre ha trabajado en casa, cosa que a mí me resultaba extraña, ya que mi padre para trabajar, siempre se iba de ella. Cuando yo visitaba a mis tios, prefería quedarme a su lado en lugar de ir a jugar con mis primos, me quedaba muy callada detrás de él, mirando como de su pluma aparecían por arte de encanto narices respingonas, pelos descolocados, detalles en los vestidos, más perlas en los collares, frondosas copas de árboles, el tubo de escape de una motocicleta echando humo…¿cuánto humo pongo, serpientilla?, yo le decía : ¡mucho, mucho! y él dibujaba nubes de humo al compás de mis risas.
Su escrito me ha hecho recuperar este recuerdo, gracias.
PS: Volviendo a lo del “tres”, mi mini-texto se podría titular: “Figueras, mi tío, y yo”
Comentado por: serpiente suya el 30/11/2006 a las 01:29
Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.
Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).
Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.
Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.
La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara
Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil
Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara
El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara
Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura
El muchacho peronista (1992). Planeta
Filmografía
Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos
Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti
Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras
Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo
18/7/2008 18:30
Publicado por: Eduardo Varas
18/7/2008 15:56
http://vagabundeoresplandeciente...
Publicado por: Lucas M.
18/7/2008 12:40
Gracias Serpiente! Es un caso...
Publicado por: amalia
18/7/2008 02:14
Eduardo olvido mencionar que el...
Publicado por: Mayte
17/7/2008 21:22
Aca esta, la respuesta a todas...
Publicado por: Muchacho Lobo
17/7/2008 17:29
Publicado por: Eduardo Varas
17/7/2008 17:28
Publicado por: Eduardo Varas
17/7/2008 17:23
Publicado por: Fátima
17/7/2008 17:11
Coincido. Neuman es encantador...
Publicado por: Mori
17/7/2008 16:12
Amalia, Espero despejar tus...
Publicado por: Serpiente Suya
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