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El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

domingo, 6 de julio de 2008

Blog de Marcelo Figueras

El último desaparecido

Comía con amigos en Madrid, el otro día, y uno de ellos me preguntó "qué había sido de ese señor" desaparecido sobre el que yo había escrito algunas veces aquí, meses atrás. Comprendí entonces que era posible que hubiese mucha gente fuera de la Argentina que no tuviese más noticias sobre el destino de Jorge Julio López que las que yo proveía al pasar, en el contexto del blog. Y sentí una responsabilidad tremenda. Leyendo por Internet los diarios de mi país había recibido una noticia inquietante. (La segunda noticia a la que aludía ayer.)

Cuando desapareció de su casa, hace ya más de dos meses, se decía que si López había salido de allí por sus propios medios, como muchos -su familia incluida- pretendían, lo extraño era que no había cumplido con uno de sus ritos diarios: cerrar con llave al salir, y arrojar el llavero al interior de la casa por una ventana. Las llaves no estaban. Finalmente aparecieron, más de dos meses después. Estaban en el jardín. Los peritos científicos las analizaron de inmediato, llegando a dos conclusiones que ponen la piel de gallina. En primer lugar, no hay una sola huella digital, ni siquiera sobre la tira de cuero del llavero, lo cual implica que el objeto fue limpiado concienzudamente. Y en segundo lugar, que el estado de llaves y llavero sugiere que no hace dos meses que estaba en el jardín, sino un tiempo menor, quizás no superior a los quince días. Lo cual sugiere que cuando alguien lo arrojó, López ya llevaba mes y medio desaparecido. Si esto no es un mensaje mafioso, no sé bien qué es.

Una de las cosas que más me revuelve las tripas desde que López desapareció es el efecto de su fantasma sobre mi alma. Se trata del insidioso poder de la figura de la "desaparición", al que de alguna manera, pasado ya tanto tiempo desde la dictadura y en plena consciencia de que aquellos desaparecidos de los años 70 están muertos, había olvidado. La perversión del método de la desaparición es siempre la misma: como en los demás existe la duda sobre su estado -la familia de López insistía en que podía haber sufrido un shock emocional, imaginábamos a López sintiéndose paranoico y escondiéndose en un hueco-, la intensidad de nuestro reclamo y de nuestra preocupación disminuye. Uno no sale a la calle y manifiesta con la misma intensidad, si en el fondo sospecha que es posible que López aparezca en cualquier momento, mostrándose confundido. Si hubiese habido alguna prueba de que había sido secuestrado el país entero habría salido a la calle, en cantidades infinitamente superiores que las que asistimos a las primeras marchas. Pero no había pruebas, tan sólo una desaparición y ninguna pista, ningún testigo. Al menos hasta ahora.

En este sentido, la aparición del llavero es providencial. Porque en su envanecimiento, en el éxito de su primer cometido, es posible que uno de los secuestradores haya incurrido en un error garrafal. No digo que la vida vaya a seguir los derroteros de CSI y que en breve lapso los investigadores logren dar con López; no, yo soy de los que prefieren pensar lo peor y construir desde allí. Pero el mensaje mafioso del llavero, esa forma de decir "lo tenemos, y lo tendremos", me importa porque derrumba buena parte del castillo de terror construido por los violentos de la Argentina. En las películas de horror, el monstruo asusta más cuando no lo vemos. Al mostrarse sobre el final, el disfraz y el efecto digital y el encuadre mismo lo achican, lo vuelven posible, el horror de un organismo físico siempre es menos impresionante que los horrores que construimos en el interior de nuestras mentes. Y ahora estos monstruos se han mostrado. Ya sabemos que son ellos, nuevamente. Todavía no conocemos sus nombres ni sus edades (¿son parte de la vieja guardia militar, o son gente de las nuevas camadas, aquellos jóvenes a quienes el ex dictador Reynaldo Bignone conminó a "terminar con lo que nosotros no pudimos"?), pero ya sabemos que son ellos, los mismos de siempre. Sabemos cómo piensan y qué buscan. Encontrarlos y hacer justicia es sólo cuestión de tiempo. Si hay algo que el accionar de los organismos de derechos humanos nos ha enseñado, es que si uno persiste con paciencia de hormiga la justicia al fin llega.

En mi cabeza, y en la de millones de otros, López ya es un desaparecido más, al igual que aquellos de los años 70. Nuestra lucha, ahora, será la de lograr que sea el último. El último desaparecido de la historia argentina. Como dijo Estela Carlotto, la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo: si no dejamos de luchar por la verdad y la justicia en plena dictadura, mucho menos ahora.

No les tenemos miedo.

[Publicado el 28/11/2006 a las 10:41]

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Comentarios (2)

  • No se rindan, luchen por la verdad, porque se descubra a los culpables. La Argentina debe ser un ejemplo para los que hemos aprendido a callar y a aceptar que gobierno tras gobierno se entierre la verdad sobre los muertos de las dictaduras latinoamericanas. Que no pase lo que a México que ha terminado por perder la memoria.

    Comentado por: NEcia el 29/11/2006 a las 09:06

  • "López ya es un desaparecido más". No estoy de acuerdo con ello, NO puede ser un desaparecido más, DEBE aparecer, DEBEN aparecer los responsables, sino, el próximo también será "el último".

    Disculpa los términos, sé que no es cuestión de ustedes que aparezca o no, yo sólo opino sobre el enfoque.

    Comentado por: Fátima el 28/11/2006 a las 16:38

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Biografía

Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.

 

Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).

 

Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.

 

Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.

Bibliografía

La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara

Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil

Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara

El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara

Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura

El muchacho peronista (1992). Planeta

 

Filmografía

Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos

Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti

Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras

Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo

Obras asociadas

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