Minisite sobre Kapuscinski

El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

domingo, 6 de julio de 2008

Blog de Marcelo Figueras

Criaturas de costumbres (volubles)

Suele decirse que somos criaturas de costumbres. Creo que lo más apropiado sería decir que somos criaturas a las que cambiar de costumbres no les cuesta nada. Ayer mi hija más pequeña me mostró una foto vieja, que me retrataba delante de mi primer ordenador. Pensé: qué antigualla (me refiero al ordenador, ya que por entonces yo era bastante menos antigualla que hoy), y de inmediato recordé la máquina de escribir Remington Rand de mi abuelo, con la que tipeé mi primera novela, El muchacho peronista. En aquella época me levantaba casi de madrugada, robándole tiempo al sueño antes de que se hiciese la hora de ir a mi trabajo formal, y escribía a mano para no despertar a la familia con el rat-tat-tat de la Remington que sonaba a ametralladora dentro del apartamento; recién más tarde, cuando mi familia se levantaba, me animaba a pasar en limpio lo escrito en la vieja máquina que aun conservo como una posesión preciada. Hoy escribo sobre una iMac, cuya pantalla se parece más al widescreen de las salas de cine que a aquellos monitorotes de los ordenadores originales. Y a pesar de tantos cambios, no recuerdo haber sufrido trauma alguno al saltar de un medio a otro. Para tratarse de una criatura de costumbres, mis costumbres son bastante volubles.

Hubo una época en mi vida en que sólo usaba transportes públicos, seguida de otra más venturosa en la que sólo utilizaba transportes públicos selectos: vivía a bordo de un taxi. Me compré un automóvil tardíamente, y ahora las extrañas ocasiones que me obligan a subir a un subte me parecen exóticas y llenas de aventura. La frase somos criaturas de costumbres resulta bien corregida por otra del refranero popular: uno se acostumbra a todo, donde se sugiere que aunque nos inclinamos a formar hábitos, no tenemos problema alguno en modificar esos hábitos millones de veces.

En estos días estoy tratando de acostumbrarme a un nuevo cambio de costumbres. Aquí en Buenos Aires (en la Capital, para ser preciso) ha entrado en vigencia la ley que prohibe fumar dentro de espacios públicos. Yo no soy un gran fumador, de hecho soy el único fumador verdaderamente social que conozco: fumo cuando me reúno con gente, o cuando como afuera, pero nunca en mi casa (a no ser que estemos en una reunión o una comida, obvio) y menos aun cuando escribo. (Eso sí, las filmaciones son maratones de tabaquismo: uno recurre a lo que tiene a mano para distraerse en los tiempos muertos.) Esto significa que puedo sentarme en un restaurant o en un café sin sufrir por la prohibición. Pero reunirme a comer como acostumbro con el director de cine Marcelo Piñeyro, que sí es un fumador inveterado, se está convirtiendo en una producción compleja. Antes íbamos al restaurant que nos quedaba más cerca, ahora Piñeyro se toma el trabajo de investigar qué locales conservan una porción de superficie donde encerrar a los viciosos, y allí vamos. Este mediodía, por ejemplo, ignoro dónde iremos a parar, pero estoy seguro de que Piñeyro ya sabe dónde podremos refugiarnos.

El viernes pasado fui a cenar con mi familia a un restaurant que da al Río de la Plata, y entonces descubrí que basta con cruzar la frontera imaginaria entre la Capital y el Gran Buenos Aires (que está a tan sólo tres cuadras de mi casa), para que la prohibición de fumar en espacios cerrados se evapore. La legislación no cuenta del otro lado. No me extrañaría, pues, descubrir que restaurantes y bares del Gran Buenos Aires gozan hoy de un éxito impensado, por el simple hecho de acoger a los fumadores reconvertidos en parias. En lo que a mí respecta, comprendo y respeto el derecho de los no fumadores a protegerse del humo ajeno, pero no puedo evitar sentir que muchos lo esgrimen con la saña del que señala, condena y expulsa a un réprobo. Quiero decir que existe mucha gente a la que le da placer censurar a otro en público, señalar sus presuntas faltas, y que esta prohibición les da carta blanca para fruncir la jeta en una expresión horrible, alzar el dedo índice delante de nuestras narices y gritar: “¡Aquí no se fuma, fuera, fuera!”.

Lo que más me preocupa, en todo caso, es la proliferación de controles de alcoholemia que hay en las calles. A mí me gusta beber buen vino cuando como, que quieren que les diga. Y como basta una copa para ponernos en la zona roja del control, me he visto compelido a modificar mis costumbres (una vez más). El viernes pasado, al regresar a Capital, le cedí el volante a mi mujer. Menos mal que a ella no le gusta el vino tanto como a mí, porque en ese caso me vería obligado a cambiar (por enésima vez) de costumbres, beneficiando al servicio de taxis -o buscándome una mujer abstemia.

Cuán mansos somos, y por todos los motivos equivocados.

[Publicado el 25/10/2006 a las 10:30]

[Enlace permanente] [Imprimir] [Enviar a un amigo]

Compartir: añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  añadir a meneame 

Comentarios (5)

  • acepta mami

    Comentado por: victor el 30/6/2007 a las 04:13

  • ¡Ay, sí, Nicolás! Muy bonito el post de hoy. Y ¿qué me dicen del final? ¿No les parece bíblico? Trae aromas, reminiscencias antiguas. Parce un recordatorio procedente de la cueva de los tiempos
    Me imagino a una voz profunda, el viento casi aullando, viento, mucho viento, el cielo oscuro

    Cuán mansos somos, y por todos los motivos equivocados.


    Cuan mansos somos
    y por los motivos equivocados
    cuantos caminos recorremos
    y cuantos errados
    cuantos hombre amamos
    y cuantos desengaños

    Cuantas dulzuras esperamos
    ¿y cuántas obtendremos?




    Comentado por: Ana María Berasategui el 25/10/2006 a las 20:22

  • A mí si me parece que se discrimina un poco a los fumadores, pero cuando veo a mi hermana ahogándose en un ataque de tos sólo porque se le acerca una persona que estuvo fumando a tres metros de distancia, apoyo el discrimen y la segregación.

    Lo aceptable son los lugares destinados exclusivamente para fumadores: si desean morir, allá ellos. Están en su derecho.

    Comentado por: Fátima el 25/10/2006 a las 19:47

  • Me encanta, Marcelo, cuando escribes tan suelto como hoy, tan relajado. Escribes con alas, de un modo casi ingrávido, etéreo.

    Por otro lado, ¡cuánta sensatez transmite tu post! Estoy de acuerdo contigo, somos animales de costumbres, pero animales de costumbres hasta cierto punto, porque no se trata de que cuando adoptamos una costumbre ya no la soltamos ni muertos, no, cambiamos unos hábitos por otros, nos adaptamos a nuevas circunstancias (¡a esos nuevos espacios sin humos!, ¡a esas carteras más abultadas que nos permiten viajar más en taxi y menos en transporte público!, aunque lo primero, todo hay que decirlo, sea mucho más sostenible), incluso a nuevos formatos.

    Bueno, también dicen renovarse o morir.

    Pienso, a fin de cuentas, que es muy difícil vivir sin determinadas rutinas. ¿Quizás imposible?

    Ya digo que tu artículo me ha gustado mucho.

    Un fuerte abrazo.

    Comentado por: Nicolás el 25/10/2006 a las 18:09

  • Hace un par de meses fui a Canadá, una noche decidimos ir al bar del hotel a tomar una cerveza...tonta de mí que se me ocurrió pedir un cenicero...el mesero me miró atónito, cómo podía pensar en fumar en un bar? y te juro que solo estábamos 4 personas en el lugar. Con la cola entre las patas salí a la puerta a liberar un poco de humo y la sensación de haber sido discriminada.

    En México me ha tocado las revisiones de alcohol o el alcoholímetro, lo curioso es que en algunas zonas de gente de dinero, solo te verifican cuando un médico mete la cabeza a través de la ventana de tu coche y huele (o mejor dicho "le da el golpe") a los aromas que tu cuerpo emana en ese momento y así detectar sustancias sospechosas. Lo siento, pero es la clase de trabajo que no me gustaría tener.

    Comentado por: Amapola el 25/10/2006 a las 16:46

Deja un comentario




Tu correo electrónico:


Escribe los caracteres de la imagen (para evitar SPAM):
captcha


Comentario:


Foto autor

Biografía

Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.

 

Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).

 

Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.

 

Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.

Bibliografía

La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara

Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil

Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara

El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara

Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura

El muchacho peronista (1992). Planeta

 

Filmografía

Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos

Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti

Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras

Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo

Obras asociadas

© 2005 La Oficina del Autor (Grupo PRISA) | Gran Vía, 32 6ª planta - 28013 Madrid | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres