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El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

domingo, 6 de julio de 2008

Blog de Marcelo Figueras

Ser o no ser (Hamlet)

Los signos están siempre; lo que varía es nuestra capacidad de leerlos, de encontrar el camino en el interior del bosque que conforman.

Mi hija más pequeña vino a casa con la tarea de leer Hamlet. Nos sentamos juntos con su ejemplar, el mío y media docena de libros de ensayos shakespirianos, de Frank Kermode a Harold Bloom. Le conté de la muerte por ahogamiento de Katherine Hamlet o Hamnet, en Stratford, cuando William tenía sólo dieciséis y una mente impresionable, capaz de registrar de manera indeleble a esa antecesora de Ofelia. Le hablé del pequeño Hamnet Shakespeare, el único hijo varón del poeta, muerto a los once años, y de la inevitable lectura del Hamlet shakespiriano como una suerte de hijo ideal: el príncipe de Dinamarca como el hijo que Shakespeare había soñado y perdió a mitad de camino. (Que William haya interpretado en escena al Fantasma del padre de Hamlet no hace más que agregar leña al fuego de esta intuición.) Le dije de los orígenes de la historia, tal como fue recogida por Saxo Grammaticus y posteriormente por Belleforest: en esas fuentes el príncipe Amleth es el protagonista de una historia de venganza, un claro antecesor del Montecristo de Dumas. Pero la reinvención que Shakespeare obró muestra a un Hamlet que, a diferencia de su versión original, no se lanza presto a la venganza, sino que la demora. En este sentido, Hamlet opera casi como una aporía: propone un camino pero posterga la llegada todo lo que puede.

Después de dejar a mi hija medio mareada, releí el capítulo que Harold C. Goddard dedica al dinamarqués en The Meaning of Shakespeare. Era un capítulo que ya había leído varias veces, como daban prueba los múltiples subrayados en tinta. Pero al leerlo esta nueva vez, lápiz en mano, fue como si nunca lo hubiese hecho antes: el texto me decía cosas que sin duda ya había leído en el pasado, pero que nunca había sabido entender –hasta ahora.

Yo había sugerido a mi hija que la duda hamletiana era una suerte de anomalía dentro de la estructura del drama, orientado desde el comienzo (desde sus fuentes, debería decir) hacia la obtención de la venganza. Goddard alzó entonces la voz, como si el libro mismo me hablase, para decirme que estaba equivocado: la duda no era una anomalía sino el corazón del asunto.

Lo primero que hace Goddard es describir las cualidades del personaje Hamlet. “A la vez un héroe y un soñador, duro y suave, cruel y gentil, brutal y angélico, como un león y como una paloma. Uno por uno, estos juicios están todos equivocados. Juntos son todos correctos,” dice Goddard. Para después rematar: “Y este hombre es convocado para matar. Es casi como si Jesús hubiese sido reclutado para desempeñar el rol de Napoleón”. Goddard sostiene que Hamlet era el negativo de su padre, un guerrero bestial; y que la misión que ese padre vuelto Fantasma encarga a su hijo entraña una violación, en tanto el asesinato, por más disfrazado de venganza que esté, es algo que repugna a la conciencia del príncipe.

Para probar esta interpretación Goddard revisa las obras que Shakespeare escribió antes y también después de Hamlet. “Injuria privada, disputa doméstica, revolución civil, conquista imperial: en cada una de sus obras Shakespeare demuestra que el derramamiento de sangre fundado en esas causas provoca aquello mismo que quería evitar; cómo, al igual que semillas que propagan su misma especie, la fuerza engendra fuerza y la venganza, más venganza,” dice Goddard, y al hablar parece referirse a Palestina, a Irak. “Las demoras en que Hamlet incurre, pues, no dan lugar a que se lo condene, sino por el contrario, le abren crédito”. Hamlet no duda porque sea pusilánime, duda porque busca razones que le permitan rechazar esa misión que aborrece, duda porque necesita argumentos de peso para negarse a cumplir los deseos de su propio padre: “La dramática lucha de Hamlet simboliza el intento perenne de la vida, enfrentada a fuerzas que quieren hacerla retroceder, por ascender a un nivel superior”.

Goddard contrasta ese Hamlet agónico con aquel que recibe a los actores en el castillo de Elsinore, “un hombre feliz como sólo puede serlo alguien en presencia de aquello para lo que fue hecho”. Este, dice Goddard, es “el Hamlet de Dios”. El artista. El poeta. El devoto de la imaginación como fuerza divina.

¿Y qué es lo que determina, entonces, la caida de Hamlet? Su falta de confianza en aquello que más ama, su falta de fe en el arte. Organiza la obra-dentro-de-la-obra, The Murder of Gonzago, para enfrentar a su tío Claudio a la culpa que debería sentir por haber muerto a su propio hermano, el ahora Fantasma. Pero cuando esa pequeña pieza dramática llega a su climax, Hamlet la interrumpe para anticipar su final y así impide que su tío contemple su crimen en el espejo del arte. La misma incitación con que Hamlet apura al actor que interpreta el crimen: Begin, murderer, es casi una exortación a sí mismo. Comienza, asesino, se dice, desplazando la mejor parte de sí mismo para abrir paso a la peor –al Hamlet del demonio, al asesino, al digno hijo de su padre genocida. Al completarse la venganza, Fortinbras solicita que se le concedan al príncipe muerto honores de guerrero. Es la ironía final: “Hamlet, que aspiraba a cosas más nobles, es tratado en su muerte como si fuese tan sólo una imagen de su padre”, dice Goddard. “Imaginación o violencia, Shakespeare parece decir: no existe otra alternativa”.

Al releer el ensayo de Goddard creí entender al fin el motivo por el que Hamlet me conmovió desde pequeño, la razón que me impulsaba a releer la obra tantas veces a lo largo de los años a pesar de –ahora era evidente- no entenderla del todo. Goddard me enseñó que Hamlet nos insta a perseverar en el intento por ascender a ese nivel superior de la conciencia –aun cuando nuestro embajador más brillante, el príncipe de Dinamarca, haya fracasado en el intento. Por algo el Hamlet moribundo solicita a Horacio que cuente su historia: porque entiende que su destino, aunque aciago, encierra la más valiosa de las enseñanzas. “Dos guerras mundiales en tres décadas –escribió Goddard, que moriría antes de ver su libro publicado y por ende antes de que ocurriesen tantas otras guerras- deberían habernos enseñado que no hemos interpretado la historia con la profundidad suficiente. Pero la poesía sí lo ha hecho. La más grande poesía describe al mundo como una pequeña citadela de nobleza amenazada por una barbarie inmensa, una vela temblequeante rodeada por una noche infinita”. Para Goddard, esa es la función última de la poesía, y por extensión del arte: “Defender al hombre de su propia brutalidad”.

Les pido perdón por la extensión de este texto. Es que creí encontrar lumbre en esta noche infinita, y no se me ocurrió otra cosa que compartirla.

[Publicado el 06/10/2006 a las 10:44]

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Comentarios (5)

  • Pues es cierto, los signos están siempre. Linda recuperación de Hamlet. Saludo!

    Comentado por: ra el 08/10/2006 a las 17:50

  • Marcelo, no caben las disculpas cuando compartes la luz a una de las obras mas fuertes e impresionantes de la literatura. Recuerdo haberlo leido en la adolescencia y haberlo disfrutado por los giros, la intriga, la genialidad de los dialogos. Recuerdo haber pensado "mejor que cualquier telenovela que jamas se haya escrito".

    Con tu descubrimiento recuperaré ese ejemplar gastado de la casa materna y atacaré una nueva lectura. Sé de antemano que lo disfrutaré de una manera distinta y acaso más intensa. Gracias, como siempre, por compartir.

    PD: La pregunta que queda sin resolver es ¿como lo asimiló tu hija? Espero que, con el permiso de ella, nos cuentes eso también.

    Comentado por: Mayté/Palas el 06/10/2006 a las 16:32

  • Pues.. en el College siempre nos decían con "H", eso sí... en inglés antiguo ( horror, ni idea entendíamos) y luego interpretar con "h" y sin "H" ( es que me lo sé de memoria, quiera o no)

    El Rey.- No pierdas el sueño por eso, no pensarás que estamos hechos de materia débil y muerta, ... yo quería a tu padre...
    ( entra un mensajero)

    Señor una carta de Hamlet...
    El Rey.- De Hamlet?
    leyéndola...sabéis que me han dejado desnudo en vuestro reino.....
    ...
    ...El Rey.- Sí es la escritura de Hamlet"Desnudo" y en un post-scriptum dice: "solo". Puedes aocnsejarme?

    Es imprsionante, Hamlet ( lo leí tanquilamente de adulta)

    Qué le pasa a la Reina!, no... no.. no la bebida.. no... no....
    Impresionante
    realmente Hamlet es impresionante el texto

    ( increíble, vital, fuerte, entre cuerdas no dudas yace su muerte)

    Me gustó recordarlo.
    Enea

    Comentado por: Enea el 06/10/2006 a las 16:11

  • No hay necesidad de disculparse, Marcelo... Quizás nunca me había acercado del todo a esa visión del Hamlet, en particular por tantas lecturas un tanto similares que se han hecho, pero siempre tuve esa duda sobre la movilidad de los acontecimientos y de si Hamlet queria o no vengarse... porque lo hubiese hecho desde un principio (esa fue mi primera actitud ante el texto). Rescatar esa lucha por trascender, por ir a un nivel superior, es sin duda el sentido más completo que se le pueda dar a la obra.

    Y no es caer en posturas doctrinales, eso sería absurdo, sino en el entendimiento de que luego de tantos años transcurridos seguimos sin comprender esa lucha..

    Saludos

    Comentado por: Eduardo Varas Carvajal el 06/10/2006 a las 14:24

  • La noche infinita (anche su lumbre) no debería dejar fuera de este racconto de los Hamlet de nuestra vida la brillante peli "Hamlet vuelve a los negocios" de Aki Kaurismäki.
    salud,

    Comentado por: ana el 06/10/2006 a las 10:54

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Foto autor

Biografía

Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.

 

Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).

 

Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.

 

Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.

Bibliografía

La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara

Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil

Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara

El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara

Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura

El muchacho peronista (1992). Planeta

 

Filmografía

Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos

Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti

Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras

Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo

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