El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
domingo, 20 de julio de 2008
A Beautiful Child
Acabo de terminar la biografía de Truman Capote escrita por Gerald Clarke. El domingo por la tarde no fue el momento más apropiado para hacerlo, dada su propensión a la melancolía, pero me dejé llevar por la tentación de las últimas páginas –o por la inercia imparable de la caida del escritor. Qué tristeza, por Dios. Da ganas de parafrasear A Beautiful Child, aquel retrato de Marilyn que apareció en Música para camaleones, y reemplazar el nombre de la Monroe por el del autor para decir: “Truman, Truman, ¿por qué las cosas tuvieron que salir de esa forma? ¿Por qué tendrá que ser tan jodida la vida?” .
Si hay que creerle a Clarke, la vida de Truman fue una miseria de principio a fin. El color y el encanto de la infancia en el sur, donde creció en compañía de parientes estrafalarias como la Sook a quien recrea en A Christmas Memory, palidece al considerar que su madre lo encerraba bajo llave para irse de parranda, aunque llorase hasta desmayarse. La marca que le dejó esa mujer, Lillie Mae Faulk, fue definitiva, y la condena que le dictó su desamor resultó tan inescapable como la de los convictos de A sangre fría: pudieron escapar varias veces de ese destino, pero la muerte temprana terminó asaltándolos igual. Lillie Mae lo hirió con su desamor, condenándolo a vivir una larga cadena de relaciones basadas en la inseguridad, que creía compensar con el dinero que arrojaba a sus amantes; y hasta le señaló la vía de salida, que Truman siguió sin rechistar matándose como ella (¿cómo Marilyn?) con una sobredosis de pastillas.
Es verdad que dejó algunos textos inolvidables, pero me temo que Breakfast at Tiffany’s, A sangre fría y algunos de los relatos de Música para camaleones no justifican tanto dolor. ¿Existe alguna obra de arte, a fin de cuentas, que lo justifique? Para colmo Truman el hombre no parece haber sido lo que se dice un role model. La forma en que a último momento dio la espalda a Perry Smith y Dick Hickock, los criminales que le habían abierto su alma para que pudiese escribir A sangre fría, fue abominable, y de alguna manera espejaba los desprecios que recibió de su madre: como ella, los dejó bajo llave y se apartó, aunque lloraron hasta que el verdugo fue por ellos.
El libro de Clarke está lejos de ser una hagiografía, al igual que la película Capote pinta al escritor con su talento y su miseria a la vez; pero me temo que peca por su diligencia. Clarke cuenta sin iluminar nunca, permanece a una distancia de su sujeto que será prudente tratándose de un biógrafo pero que al final resulta inhumana, como si se negase a rescatar a Capote del mismo modo en que se negaron a hacerlo en su momento los personajes de su vida: Lillie Mae, Jack Dunphy, sus amigas del jet set. Truman debe haber soñado que más allá de sus bajezas alguien le dedicaría una mirada póstuma no exenta de ternura, como la ternura con que retrató a Marilyn en A Beautiful Child. Estoy seguro de que le habría gustado que alguien lo recordase de esa forma, como el beautiful child que también fue alguna vez, cuando era pequeño y se asociaba con Sook para cobrar unos centavos a cambio de la visión de un gallina de tres patas que había nacido en su granja. Le habría gustado tener a alguien que lo consolase en su caída como el pequeño Truman consoló a Sook, diciéndole que ya no llorase, que ella no era tan sólo la vieja rara que organizaba el Fun and Freak Show. (Y durante muchos años, la vida de Truman fue un verdadero Fun and Freak Show.) Quizás le habría gustado elegir por epitafio las frases que atribuyó a Marilyn en aquel texto: Los perros no me muerden. Sólo los humanos. E imagino que le habría gustado que alguien le preguntase cómo quería ser recordado así como Marilyn se lo preguntó a él, para poder decir que él también había sido un beautiful child alguna vez, cuando su madre no había terminado de arruinarle la vida, mucho pero mucho antes de que sus plegarias fuesen atendidas.
[Publicado el 02/10/2006 a las 10:35]
Dear Olga,
lo que quise decir, y obviamente sólo dije a medias, o con torpeza, fue que acababa de leer la biografía de un hombre muy pequeño de estatura cuya vida aciaga lo impulsó a ser muy pequeño como ser humano -salvo como escritor, claro. Y que la contemplación en continuado de tanto sufrimiento me inspiraba ternura por ese hombre que parecía condenado a no inspirarla, por lo menos de adulto. Quizás tengas razón, Capote se carcajearía de mi pretensión. Pero después de reírse acudiría al bar para emborracharse y llenarse de pastillas, como lo hizo de manera sistemática en sus últimos años, para no sufrir de más al regresar a una casa vacía u ocupada por algún amante de ocasión.
Era eso tan sólo, la expresión de la tristeza que me provocó una vida tan llena de logros, sí, pero también tan sola y desamorada. Yo soy de los que prefiere pensar, como Spinetta dijo alguna vez, que para producir una obra hermosa hay que tener una vida hermosa. (Que conste que no dije trascendente, ni importante: dije hermosa.)
Por lo demás, admito mi impaciencia y me doy por feliz con lo que obtuve al preguntar. La simple comprobación de que el comienzo de la novela funciona, aunque más no sea porque intriga, o porque no repele, me bastará como alimento de alma por estos días.
Gracias por estar,
Figueras
Comentado por: figueras el 02/10/2006 a las 23:32
Marcelo, en efecto, querida Ana María, es un hombre impaciente.
Estimado Marcelo, cuídate.
Y coincido con Ana María: cuando haya acabado de leer "La batalla del calentamiento" te diré lo maravillosa que es, Marcelo de las mil caras, un día dios y otro mendigo.
Comentado por: Giulius el 02/10/2006 a las 22:12
Querido Marcelo:
¡Eres un impaciente! Como buen cineasta que eres, permíteme que te haga una pregunta: ¿Serías capaz, a los diez o cinco minutos de proyección de un film, de interrumpirlo para preguntar al público que qué les parece su comienzo?
Sí, te pueden responder, ¡oh!, que planteamiento tan original e interesante. Pero nada más. Quizás la peli, como bien sabes, empiece de una manera extraordinaria y, a medida que avance, se vaya diluyendo en la nada. O a la inversa. Empieza de un modo un tanto anódino o raro y va creciendo de un modo vigoroso y excepcional ante nuestros ojos.
¿No te enfadarás porque te llame impaciente?
No nos puedes hacer esto, cariño. Al menos no puedes hacérmelo a mí. Tu has escrito toda una novela. Sí, empieza de una manera realmente original e interesante. Pero todo comentario, hasta haberla leído por completo, me parece superfluo.
¿No estás de acuerdo conmigo?
Un gran abrazo.
Comentado por: Ana María Berasategui el 02/10/2006 a las 22:07
Querido Marcelo,
Por supuesto que he leído los capítulos iniciales de la Batalla del Calentamiento, pero no me atreví a opinar por no parecer pretenciosa o simple ya que soy incapaz de articular algo más que no sea un ¡guau! O ¡sisisisisisissiissisis! (que es como decimos ¡guau! las serpientes).
Tan apenas podía unir un ¡Lupus magnificus! -que me parecía poca cosa-, pero ante su interés voy a atreverme, y por supuesto asegurarle, ya de entrada, que mi opinión es irracionalmente subjetiva: Me gusta el toque medieval que tienen los títulos de los capítulos, y el principio mágico-surrealista-mítico, que dura lo que tiene que durar, y que ya me induce a la intriga. Me sorprendió Teo, más gigante aún de lo que me había imaginado (por las pistas que nos iba dando), y me pareció que tanto él como Pat (esa mujer comestible) van a ser muy grandes. Me hizo mucha ilusión, reconocer las piezas del puzzle que nos había ido dando, y que yo me atreví a juntar en un escrito en el cuál me preguntaba si estaba desarrollando un instinto sádico, y me reafirmo en el comentario, ya que con ese capítulo 3.-“En el que se demuestra que la realidad siempre deja marcas” me ha dejado con ganas de seguir, y estoy otra vez como al principio, como si su anticipo no hubiera servido más que para contar los días que faltan hasta el mes de febrero.
Me gustan especialmente los diálogos fluidos (¡a mí que tanto me cuestan!); me reafirmo en lo de la prosa vaporosa, ese bosque emana niebla, humedad y olor a corteza de árbol rasgada; el lobo que habla y esa rama clavada convirtiendo a Teo en un dolorido hombre vegetal que podría convertirse en un buen nido para pájaros; también decirle que me arrancó la sonrisa que llegó a risa, risa. Será mejor que pare ¿no?
Gracias por el beso.
Comentado por: Serpiente suya el 02/10/2006 a las 19:54
Una vez enviado mi comentario anterior, veo el de las 19:23. Hay tanto neonazi suelto por aquí que de verdad que a veces me entran ganas de no volver nunca más al boomeran(g), pero me gusta lo que escribes, Marcelo, y tengo muchísimas ganas de tener ya entre mis manos "La batalla del calentamiento".
Comentado por: Olga Trevijano el 02/10/2006 a las 19:33
No he acabado de entender su artículo de hoy, querido Marcelo. Lo que no he entendido en concreto, Marcelo, es su perspectiva.
Capote hizo una gran obra. Y ya está. Capote murió. Y ya está. ¿Que Capote debe de haber soñado "que más allá de sus bajezas alguien le dedicaría una mirada póstuma no exenta de ternura"? Eso dice usted, Marcelo. Yo no lo creo. Probablemente, si ahora nos oyese hablar así sobre él se partiría de risa.
Un beso.
Comentado por: Olga Trevijano el 02/10/2006 a las 19:29
Querida Serpiente,
¿leíste los capítulos iniciales de La Batalla del Calentamiento, que están colgados en el blog en la parte de Novelas en Gestación? Ustedes no se dan cuenta, pero uno se pone ansioso con estas cosas. La mayor parte de las veces publicar una novela es como echar al mar una botella que nunca vuelve. ¿Cómo puede hacer uno para saber qué le ocurre a la gente cuando lee sus cosas? Ojalá este blog y muchos otros ayuden a acortar la distancia entre escritores y lectores. ¡Al menos yo lo agradecería!
Un beso,
Figueras
Comentado por: figueras el 02/10/2006 a las 18:36
La vida es como el Scalextric. Los coches salen de la meta, para volver a llegar a la meta. Pasas parte de la vida queriendo crecer para ser mayor, adulto, y un día te das cuenta que eres el árbol que hayas podido desarrollar de esa semilla que eras tú mismo, tu niño, que casi todo lo que eres, ya estaba en él (si, ya sé que está un poco usada la imagen del árbol, pero ¡es tan perfecta!) Algunos saben seguir sus trazos firmemente, otros se pierden de una manera irreparable, hay otros que reencuentran su ADN en la mitad del camino, y algunos que ni se enteran de que es así. Parece que casi todo está en esos momentos que te marcan de una manera decisiva; aquellas cosas que la mente elige recordar, muchas veces de una manera incomprensible, sin saber demasiado bien cómo ni porqué. ¿Qué curioso, verdad?
Después de leer su escrito de hoy no deja de revoltear por mi cabeza la resilencia y Boris Cyrulnik . Y como he hecho avances informáticos, me atrevo a dejarles una nota http://www.muyinteresante.es/canales/muy_act/entrevi/entrevis29/entrevis.htm
A sus pies.
Comentado por: Serpiente suya el 02/10/2006 a las 16:29
Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.
Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).
Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.
Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.
La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara
Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil
Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara
El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara
Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura
El muchacho peronista (1992). Planeta
Filmografía
Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos
Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti
Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras
Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo
18/7/2008 18:30
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Gracias Serpiente! Es un caso...
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Eduardo olvido mencionar que el...
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