El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
domingo, 6 de julio de 2008
El señor del Infierno
Confesémoslo: la mayoría de nosotros lleva adelante una vida esquizofrénica. Por una parte nos consta que el universo que habitamos es frío e indiferente, en su vasto marco lo humano constituye apenas un fenómeno marginal: todo lo que podemos agradecerle es que haya adoptado el rumbo que hizo posible nuestra existencia, pero no es sensato esperar que nos conceda alguna otra gracia. Por otra parte, nos gusta creer a diario que existe en nuestra vida algo así como una tensión de finalidad: una dirección que no es tan solo la del camino a la muerte, sino la del sentido. Amamos pensar que las cosas ocurren por algo y para algo, nos gusta pensar que construimos, que aprendemos, que avanzamos –aun cuando el universo irrumpe también a diario para sugerirnos, o enrostrarnos a lo bruto, que las cosas simplemente son, y porque sí.
Que el universo me perdone el atrevimiento, pero hoy es de esos días en que estoy convencido de que existe un sentido. La condena a cadena perpetua del represor Miguel Etchecolatz significa un triunfo de los mejores rasgos de nuestra especie: la perseverancia en la verdad, el rechazo a toda violencia y la búsqueda de justicia. Durante la dictadura Etchecolatz manejó una veintena de campos de concentración de la provincia de Buenos Aires, lo cual lo convierte en responsable por el destino de miles de argentinos que fueron secuestrados, torturados, violados, asesinados e incluso algo peor: despojados de su identidad, como los bebés que fueron arrancados a sus padres para ser entregados sotto voce, es decir ilegalmente, a nuevas familias. Entre los campos que Etchecolatz dirigía estaba el Pozo de Bánfield, al que también se llamaba El Infierno. Allí fueron encerrados y después fusilados, entre tantos otros, los adolescentes que habían tenido el descaro de reclamar que los estudiantes pagasen menos al usar el transporte público, un episodio ignominioso al que todavía se llama La Noche de los Lápices. Que la condena de Etchecolatz haya llegado a treinta años de aquel crimen imperdonable es algo que huele a (perdóname, universo) justicia poética.
Más allá de la pena otorgada a este monstruo, el dictamen incluyó un elemento que resultará importantísimo en los juicios que de aquí en más se sustanciarán a otros represores: la especificación de que Etchecolatz no cometió, ordenó o permitió esos crímenes de acuerdo a su antojo personal, sino “en el marco de un genocidio”. Desde el comienzo la Fiscalía apuntó a demostrar que todos esos delitos de lesa humanidad habían sido perpetrados para cumplir con un plan específico, a cuyos efectos se había organizado una fuerza ad hoc con efectivos de las Fuerzas Armadas y de los organismos de seguridad del Estado. Si existe la intención de matar a miles y si se organiza una pandilla para hacerlo, ya no se trata de delitos aislados sino de genocidio: exterminio sistemático de un grupo por motivos de raza, religión o políticos, reza mi diccionario, nunca más apropiado. Ahora que al fin ha sido impuesta, la calificación legal de genocidas dificultará a los represores esquivar sus condenas mediante los artilugios doctorales que hasta hoy habían intentado utilizar en su favor.
Para ser sincero, cuando lo pienso bien me digo que en realidad no somos tan esquizofrénicos. Es verdad que el universo no sabe nada de justicia humana, pero el texto que recita a diario debería inspirarnos: existimos en un sistema solar que favorece la vida, una vida que brota por doquier y se multiplica con pasión; este fenómeno depende, además, de la armonía entre infinidad de componentes, de su sociedad siempre perfectible. Si los humanos leyésemos más a menudo ese texto original, privilegiando la vida tal como lo hace el universo y entendiendo que la armonía entre las partes es condición sine qua non, nos iría mucho mejor. Por lo general ignoramos lo que el universo nos cuenta y reescribimos la existencia caprichosamente, convirtiendo la excepción –por ejemplo la violencia que este universo sufrió pocas veces en milenios, como ajuste para reformular su equilibrio- en norma, y atacando la vida que el universo consagra. Al menos esta vez, el fallo de los jueces Rozanski, Insaurralde y Lorenzo reescribió la Historia siguiendo el libreto que el universo tuvo la grandeza de inspirarnos.
[Publicado el 21/9/2006 a las 17:00]
Gracias por la noticia, Marcelo...
Es bueno reconocer que al final existe justica y mejor que sea así: poética
Saludos
Comentado por: Eduardo Varas Carvajal el 22/9/2006 a las 00:06
Decir que las veces que mi vida ha perdido su sentido ha sido mucho más difícil vivirla. Si he conseguido hallarlo, recuperarlo o reconvertirlo he podido soportar incluso el dolor.
Decir que la vida me ha dado ejemplos de que la perseverancia, el buen trabajo –muchas veces silencioso-, la paciencia, el no perder los nervios, la insistencia ante lo que se cree justo, la no pereza, la no vergüenza, tener memoria,… son modos con los que se pueden conseguir cosas. ¿Cómo agradecer el papel ejercido por las valerosas madres argentinas?, ¿quien le hubiera dicho a Pinochet que lo iban a detener en un viaje inocente a Inglaterra…? adoro a todos los que hay detrás trabajando para que esas cosas puedan llegar a suceder; y no cesa mi esperanza de despertarme un día con la noticia de un juicio contra los responsables de la guerra en Irak. Sé que aún falta, que cambiaré varias veces mi camisa, pero como ya les he dicho antes, he visto cosas que también parecían imposibles.
Comentado por: Serpiente suya el 21/9/2006 a las 23:20
Más allá de la pena otorgada a este monstruo, el dictamen incluyó un elemento que resultará importantísimo en los juicios que de aquí en más se sustanciarán a otros represores: la especificación de que Etchecolatz no cometió, ordenó o permitió esos crímenes de acuerdo a su antojo personal,
.....
sí, esperemos que sea así, es más cruel ordenar y dejar a los Hannibales sueltos...
( La noche de..., buf! vi una película y ... ni recordarla puedo qué bestias, el bestia que permite que anden sueltos)
Bien hermosa es la naturaleza... pero también tiene tsunamis... bueno y no son tan creueles aunque hagan tanto daño)
como dicen los antropólogos... el humano se está humanizando.
Enea
Comentado por: Enea el 21/9/2006 a las 21:00
Aunque no acabe de saber definirlo con precisión, me encanta el concepto de "justicia poética" (siempre me ha encantado) que manejas hoy en tu blog. La condena a Etchecolatz, aunque con retraso, es un acto, sí, de justicia poética.
En mi opinión, también sería un acto de este tipo que, de una por todas, se dejase de imponer CUALQUIER TIPO de trabas a la entrada de inmigrantes en los países más desarrollados. Sería un acto de compensación, un acto de justicia poética que hubiese una mucha mayor (por no decir una absoluta) libertad de movimientos entre países. Compensaríamos todas las desgracias que ha traído consigo la colonización..
Abrazos.
Comentado por: Ana María Berasategui el 21/9/2006 a las 18:48
Me alegra mucho lo que está ocurriendo en Argentina. Aun queda mucho por hacer, pero que criminales como estos sean apresados demuestra que hay algo de justicia en este mundo.
Comentado por: Fátima el 21/9/2006 a las 18:34
quizá, efectivamente, algo tenga sentido en este universo... esa misma sensación tuvo la escéptica que habita en mí cuanto se derogaron las leyes de Punto Final y Obediencia Debida en mi país, aunque hace tiempo que yo no vivo allí. Entonces, sentí una cierta satisfacción histórico-emocional retroactiva: los que en los '80 fuimos tercos teens resistentes habíamos estado todos estos años creyendo que nuestras reivindicaciones por los derechos humanos ya eran parte de un folklore olvidado y prescindible. Pero NO, efectivamente, en algo hemos contribuido cada uno de los que no nos rendimos al inevitable pavor argentino.
Comentado por: Cloe el 21/9/2006 a las 14:05
¿Pero el señor del infierno no dijo ayer Chavez que era Bush, que todavía olía a azufre a su paso por el atril de Naciones Unidas?
Comentado por: ppv el 21/9/2006 a las 13:24
Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.
Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).
Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.
Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.
La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara
Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil
Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara
El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara
Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura
El muchacho peronista (1992). Planeta
Filmografía
Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos
Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti
Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras
Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo
06/7/2008 20:06
Publicado por: figueras
05/7/2008 18:46
yo lo admiraba demasiado era...
Publicado por: monica
05/7/2008 18:40
Sorry , no te quize ofender, y...
Publicado por: lilith
05/7/2008 14:17
Dear Lilith, sinceramente no...
Publicado por: figueras
05/7/2008 00:24
Todavia no termino de leer esto...
Publicado por: Lilith
05/7/2008 00:18
Publicado por: martin
04/7/2008 12:27
pusiste a bailar las palabras y...
Publicado por: Alba
04/7/2008 10:37
Publicado por: valeria
03/7/2008 23:55
Marcelo: Ante todo, un saludo...
Publicado por: Daniel
03/7/2008 19:00
Publicado por: gonzalo
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