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El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

domingo, 6 de julio de 2008

Blog de Marcelo Figueras

Mi epifanía en el McDonald’s

Me encanta que “Epifanía” sea una de esas raras palabras que mi diccionario incluye con mayúsculas: yo me digo que esas mayúsculas subrayan la importancia del término. Respecto de la definición el diccionario es parco, sólo se refiere a la fiesta del 6 de enero. Necesito consultar la Wikipedia para aproximarme al significado verdadero: epifanía viene del griego y significa “la apariencia, un fenómeno milagroso”. La tradición habla de epifanía para referirse a las ocasiones en que Jesús manifestó su naturaleza divina, el “milagro” al que se refiere la etimología griega: el día de la visita de los Reyes Magos, la ocasión en que se mostró delante de San Juan Bautista (cuando se abrió el cielo y bajó una paloma) y aquella otra en que hizo su milagro en Caná (pobre Caná, tan necesitada hoy de nuevos milagros), señalando el comienzo de su vida pública. Pero aquellos que somos gnósticos, o creyentes de una fe sui generis, o simplemente ateos, empleamos el término para otra cosa: lo usamos para definir esos raros momentos de la vida en que una verdad se nos aparece de la nada, con la elegancia de lo revelado; esos instantes mágicos en que encontramos la respuesta a una pregunta que ni siquiera éramos conscientes de habernos formulado.

Los hijos son grandes productores de epifanías. Recuerdo la primera noche que pasé con mi hija Agustina, que no por nada fue su primera noche respirando sobre esta Tierra. En la madrugada, mientras luchaba para que calmase su llantito (la madre había sucumbido al cansancio propio de la jornada histórica, estábamos solos por primera vez), entendí con claridad celestial que mi vida ya no volvería a ser lo que había sido. Mi existencia acababa de ser redefinida: me había convertido en apéndice de algo más importante que yo, en un prolongador del fenómeno de la vida, en garantizador de otras existencias. Me resigné entonces al descubrimiento de que ya no sería el único dueño de mis días, de que debería bailar con otros ritmos y hacerlo con gusto. Terminé cantándole, nos tumbamos sobre un sofá, se durmió sobre mi pecho y yo debajo.

El amor produce epifanías. Y también el sexo, aunque con menos frecuencia. (Los orgasmos no siempre son epifánicos.) No es extraño sentirse iluminado por una película, o por un texto, o por una música. Mi última epifanía ocurrió hace poco y la música jugó su parte en el asunto. Acababa de salir de ver a un director, que había manifestado su deseo de llevar al cine mi nueva novela, La batalla del calentamiento: leyó el original y le encantó, me dijo que podía dar pie a una maravillosa película. Entusiasmado como estaba, crucé la calle y me metí en una librería. Me puse a buscar un libro que el director había comentado que quería leer: Los cuatro jinetes del Apocalipsis. Esa novela no estaba, pero mirando aquí y allá di con un libro sobre Hildegard von Bingen. La monja Hildegard (1098-1179) no era una extraña para mí, de hecho juega un rol clave en mi novela: supe de ella por primera vez a través de un libro de Oliver Sacks, donde el neurólogo trataba de encontrar una explicación científica a las visiones celestiales que Hildegard tuvo en vida y que quedaron plasmadas en infinidad de preciosas miniaturas. Mi protagonista, una niña llamada Miranda, también sufre visiones que tiene la compulsión de dibujar. Al enterarse de la existencia de Hildegard, el padrastro de Miranda, Teo, encuentra un modo de explicarse el fenómeno. (¿O debería decir, para ser más preciso, que Teo recibe una epifanía al encontrar un libro que habla de Hildegard?)

El libro era el único que había, estaba encima de una pila de ejemplares de otro título. Vi que estaba lleno de ilustraciones (por primera vez podía apreciar las visiones de Hildegard en todo su esplendor) y me lo llevé sin dudar. Cuando lo mostré en caja me dijeron un precio disparatado –era una edición de la Biblioteca Medieval de Siruela, son libros tan cuidados que resultan artesanales-, pero no protesté. Una vez en mi auto, seguí revisando mi ejemplar en cada semáforo rojo y descubrí que el libro incluia algo que yo no había visto, y que sin duda incidía sobre su precio final: un CD. Porque Hildegard no sólo era esa paupercula forma feminea, esa pobre forma femenina a quien Dios había elegido para mostrarle sus visiones: también componía música, en un tiempo en que las mujeres no se atrevían a hacer semejantes cosas –ni desafiaban al clero masculino, ni acometían las artes excelsas que eran patrimonio exclusivo de los hombres.

Me puse a escuchar su música allí en el auto. Créanme, suena como si Dios en persona se la hubiese dictado a esta mujer que no sabía notación ni tocaba instrumento alguno. Tuve que detenerme en el primer sitio que encontré disponible: fue en (por favor no se rían) el estacionamiento de un McDonald’s. Por primera vez podía “ver” la película de la que el director me había hablado: esa música era la música de La batalla del calentamiento. Y mientras los sonidos inundaban la cabina de mi auto, reviví la sensación que ya me habían sugerido epifanías pasadas: la convicción de que aun cuando somos una paupercula forma, podemos dar testimonio de algo más grande que nosotros mismos, ser transmisores de algo mejor que nuestra simple vida, ya sea como padres, como amantes… o como artistas. ¿A qué otra cosa podemos aspirar que no sea producir algo de luz, aun cuando se trate de un destello, en este mundo adicto a las tinieblas?

Había entrado en la librería buscando el Apocalipsis, pero encontré al Cielo. Eso es una epifanía, a fin de cuentas: un instante maravilloso, una visión que aunque insólita puede presentársenos en el más convencional de los lugares –hasta en el estacionamiento de un McDonald’s.

[Publicado el 08/9/2006 a las 10:30]

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Comentarios (21)

  • Entra con descisión, paso firme. Parece que ha dormido bien, me pregunto como pude conseguir ese afeitado que le deja el cutis tan terso y lustroso. A decir verdad sus dientes son demasiado blancos y tal vez esto le de a su sonrisa un aire de desparpajo y falsa bondad. Mira con brillo lustroso y aire pillin, nos va a sorprender. Temo un poco por lo que pueda decir, ..... lo vuelvo a mirar a los ojos y ..... temo bastante por lo que vaya a decir.

    Desde que estoy en el protocolo de Mister Daddy ó como popularmente se hace llamar Hugo Chavez, por error (ya que mi madre le solicito una plaza para mi en alguan embajada perdida de la mano del mono y sobre todo tranquila sito textual la carta ".... y en lo posible te pido por favor un sitio para mi hijo, tranquilo y soledado... tal vez una isla en alguna embajada, sin horarios y donde pueda liberar toda esa energía mal ahorrada y sobre todo tan mal canalizada.." ) no hago más que procurar que cumpla con al menos un 1% del protocolo que desde luego siempre me encargo de discutir personalmente con él y su asistenta. Pero no...... hoy tampoco lo cumplirá. Tiemblo, es impotencia y de nuevo mi energía mal gastada activa una extraña mezcla de liquidos que cuando abordan la superficie de mi piel me marcan con un olor nauseabundo que me hunde en debilidad y la debilidad traduce el olor en un sudor perceptible para la asistenta que sin querer la obliga a poner distancia física de mi. Otra vez mi sudor hule mal.

    Pienso que hoy definitivamente va ser distinto. Así se lo hago saber. Me mira con afecto. Se centra la corbata, bebe un sorbo de agua y me dice:

    - esto que pronto escucharás se lo he dedicado a Fidel.

    yo- Dentro de protocolo? ....plis Dadyy

    - Tranquilo, que de ésto se hablará más que de lo de Ratznihger.

    Sin titubear llamo desde el celular a John Bolton y le aseguro que lo que escuchará es solo una declaración. Llamo también a Condoleezza Rice y digo:

    -Las palabras de Chávez deben ser contestadas con esta corta declaración Condy:``no correspondían a un jefe de Estado'', por lo que ``no las voy a dignificar'' con un comentario. Esto y no otra cosa debes decir.

    Cuelgo después de una corta y seria despedida. Me dirijo al salón central donde se celebra hoy la asamblea y espero.....

    Todo lo de más está en la prensa.

    Comentado por: jota el 21/9/2006 a las 17:01

  • No suelo pasar por su casa...pero su viñeta ha coronado el fin de semana...EPIFANIA...inmensa palabra, me hizo recordar a una amiga que tenía un poder increíble para asir esos instantes.

    Ojala le vengan más seguido, pero sobre todo, sepa reconocerlas.

    Comentado por: morgan el 11/9/2006 a las 04:42

  • disfrutar con todos los sentidos la libertad de la escritora brasileña clarice lispector y regalarla fue una de las últimas epifanías de mi existencia,
    grazie, marcelo

    Comentado por: Lori el 10/9/2006 a las 22:13

  • No sé... si es de Amenabar, no es... pero por otro sí es...
    Enea
    ( por aclarar que sé que no es, pero es enlazar, una vez)
    Enea

    Comentado por: Enea el 10/9/2006 a las 00:04

  • Esa escena de la mano de ella, N.K., poniendo las piedras en el bolsillo, sólo se ve eso en ese momento: su mano, las piedras, el bolsillo.
    Como puede trasmitir tanto en esa mano, no en la cara donde suelen ser los gestos más simbólicos por biología pura son ahí,en la cara, en cambio humanamente dice tanto una mano con esa pausa de saber lo que hace en cada movimiento pausado,sin pausa, no lento, al poner las piedras señala su muerte. Después sale corriendo, tomó la decisión y es satisfacción aunque sea buscando la muerte.
    Es impresionante esa escena.
    Sólo esa, y después ( dvd) la de él, sentado en un banco de una estación, iendo y viniendo sin saber que no depende de él... es el momento que uno piensa cuando lo ve. así es... no son tus sentimientos son los del otro, aunque te quieran... y sí es... una decisión aún siendo amada tanto... Momentos de ilusión, aunque sea hacia la muerte....
    Las Horas... me recordó su texto
    Enea

    Comentado por: Enea el 09/9/2006 a las 23:59

  • "gnósticos", entonces ya se que fue sin a... y es tan distinto buscar el conocimiento a negar una creencia. tan distinto. que nunca entendí Dumbo, me pareció horrible que fuese una película para niños. gnóstico es distino y entonces es deber ser prudente en Burger... King o sin rey Macd.. nunca me gustó el pato Donald, sí A. J. Kuak mis dibujos preferidos de pequeña, un patito holandes recorriendo la tierra.

    Hermoso su texto

    Comentado por: Enea el 09/9/2006 a las 23:31

  • Pero aquellos que somos gnósticos, o creyentes de una fe sui generis, o simplemente ateos, empleamos el término para otra cosa: lo usamos para definir esos raros momentos de la vida en que una verdad se nos aparece de la nada, esos instantes mágicos en que encontramos la respuesta a una pregunta que ni siquiera éramos conscientes de habernos formulado.
    ..........

    Una película.

    vista una vez.
    después sólo lo que me impresionó. da igual el lugar. la vi y entendí que era encontrar una respuesta distinta para dos.

    sólo puedo ver como ella se pone las piedras en los bolsillos ( la imagen después no, flotando en el rio), él no llegó a tiempo, salió corriendo y no llegó a tiempo y entendí. no se debe llegar a veces a tiempo, si era el deseo de ella. Me impresionó ver como se ponía las piedras en los bolsillos para lograr su deseo. No importa el lugar donde suceda lo que al fin decidimos hacer. No lelgó a tiempo él, menos mal, pensé. Son las imágenes que enlazo al verla otra vez, sólo dos, ella poniéndose las piedras en el bolsillo y él sentado en un banco esperando el tren y entendí el título que no entendí por primera vez.

    La Horas. de Amenabar N. K impreisonante: "con la elegancia de lo revelado;" hace mucho que no me impresionan tanto como ess imágenes de ella tomando una decisión. Las Horas... no importa el lugar.

    Y aveces tampoco la música, sí ese gesto que debe realizar el actor.
    Sí ese sí.

    Enea

    Comentado por: Enea el 09/9/2006 a las 23:28

  • ¡Cuánto me apetece leer ya de una vez "la batalla del calentamiento"! Cada vez que habla de su nueva novela, Marcelo, me muero por leerla. No, ya sé que usted no es sádico a propósito...
    Espero, por otro lado, que la batalla por su financiación ya haya concluido. Debe de ser duro tener que encargarse uno mismo de buscar los dineros por ahí para la nueva peli.

    ¿Cuánto nos apostamos que al menos el libro será un gran éxito? Me apuesto con usted lo que quiera, lo que quiera.
    Un abrazo.

    ***

    "La Batalla del Calentamiento"

    Ésta es la batalla
    del calentamiento.
    Había que ver
    la carga del jinete.
    Jinete a la carga:
    ¡Un pie!.
    Ésta es la batalla
    del calentamiento.
    Había que ver
    la carga del jinete.
    Jinete a la carga:
    ¡Un pie!
    ¡el otro!


    Comentado por: Javier Andrade el 09/9/2006 a las 13:43


  • A propósito de todo ese debate que se llevan..., si de lo que se trata es de homenajear a alguien, lo más sencillo, lo más elegante, lo más TRANSPARENTE... es proporcionar en nuestro comentario el blog al que deseamos remitir.
    ¿No te parece, Ofelia?
    Por ejemplo, no es tan díficil:
    http://unagomadeborrar.blogspot.com/
    (hay aquí un comentario estupendo sobre Marcelo)

    ¡Buen fin de semana!

    Comentado por: Pepita Betriu el 08/9/2006 a las 23:42

  • Yo soy tan real como tú, o incluso más, porque no soy diosa o no me hago pasar por tal.
    Utilicé el nombre "Fátima del Río" -supongo que eso quedó muy claro, darling- para hacer una demostración on line de lo fácil que resulta, en el mundo virtual, trasvertirse y hacerse pasar por lo que no se es.
    Saludos.

    Comentado por: Olga Trevijano el 08/9/2006 a las 23:17

  • ¡Que cosa tan graciosa! Me enteré por Fatima (la veridica y real, no Fatima del Rio). Pero es que yo soy Mayté y mi seudónimo es Palas... en este blog siempre comenté con mi nombre, no sé por qué... En todo caso el comentario es que dice (16:20) no es mio, acaso un ejemplo, un ¿homenaje?. Me lo tomo con gracia y como un ejemplo de lo volatil que es esto de las identidades en línea.

    (Gracias Ofelia).

    Marcelo, disculpa el "divertimento" totalmente involuntario de mi parte. Alguien una vez me dijo que los comentarios de un blog son como los invitados a una fiesta, uno nunca sabe qué van a hacer.

    Comentado por: Mayté/Palas el 08/9/2006 a las 22:33

  • Nada, queridos todos, podrá arrebatarme la dicha y el placer que me ha provocado hoy el post de Marcelo Figueras. Nada. Quizás, en otras circunstancias, me escandalizaría lo que plantea "Fátima del Río". Hoy no: hoy sólo tengo ojos y sensibilidad para lo escrito por Marcelo.
    Tal vez en otra ocasión... (y si Marcelo se dedica a tocar el tema...).

    Comentado por: Nicolás el 08/9/2006 a las 22:03

  • Bien por el comentario de Gulius, creo él si entendió mi mensaje, estoy de acuerdo con el comentario de Mayté, además visito el blog de cartas de palas, eso es todo...

    Comentado por: Ofelia el 08/9/2006 a las 21:51

  • Bien, "Fátima del Río" nos ha demostrado, de forma clara y sencilla, cómo es posible, con unas pocas pulsaciones de mouse, unir indisolublemente, si queremos, el nombre que utilizamos para firmar con un blog determinado.
    Impresionante. Ella dice que le parece censurable tal práctica si quien firma no es el titular del blog al que remite su nombre. Podríamos pensar que no es que el firmante del comentario quiera usurpar una determinada identidad, sino que quizás quiera homenajear al autor de un determinado blog.
    No sé, la verdad es que no me apetece, en estos momentos, hablar de este asunto (qel cual, en efecto, dependiendo de la intención que mueve a quien se dedica a tales prácticas) puede ser muy censurable.
    En todo caso, eso no quita que el mensaje en sí de Mayté sea muy respetable.


    "La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero"
    Antonio Machado


    (De todos modos..., parece que todos estamos bajo sospecha excepto, claro, nuestro querido Marcelo, que cada día está más sublime, y lo que utilizan TypeKey o TypePad.)


    Saludos a todos.


    Comentado por: Giulius el 08/9/2006 a las 21:38

  • ¿Y yo que vela toco en este entierro???

    En todo caso, yo soy yo y no soy ella.

    Sobre las epifanías, he tenido unas muy pequeñas, hasta podría catalogarlas como cuasi-epifanías.

    Voy a probar con el parqueo del Burger King.

    Comentado por: Fátima el 08/9/2006 a las 21:22

  • (20:14)
    ¡No, por favor! Nunca me hubiera imaginado algo así. Es broma, ¿no? ¿Llegó la hora de sufrir un poco?
    ¿Qué pasa?
    ¿Puede suceder que yo elija un nombre al azar, dígamos "Fátima del Río"; que después me dedique a buscar un blog que no me acabe de desagradar, digamos http://www.fatimaprotesta.blogspot.com/; que copie esta dirección en el menú edición; que a continuación, ya en otro cuaderno de bitácora, pegue la dirección del blog seleccionado en el espacio URL, lo que conlleva que quien cliquee en mi nombre con el mouse sea redireccionado al blog http://www.fatimaprotesta.blogspot.com/ para que así parezca que yo soy la autora de este blog?
    No sé; una práctica así sería muy muy censurable, pero no caigamos por favor en la paranoia.
    ***************
    Hago la prueba descrita arriba.
    *************
    El recuerdo del artículo que hoy nos ofrece Marcelo me acompañará muchos días.





    Comentado por: "Fátima del Río" el 08/9/2006 a las 20:42

  • (16:20)
    Yo no soy yo.

    Comentado por: Palas el 08/9/2006 a las 20:14

  • Comparto la opinión de Mayté (a la que siempre "visito" en su blog) es un texto hermoso... que privilegio tienes de poder trasmitir tanto en un pedacito de pantalla...

    Comentado por: Ofelia el 08/9/2006 a las 17:36

  • Sincronías, Marcelo, tan solo sincronías. Atisbos (palabra hermosa) del destello de luz del que nos agarramos para justificar la sonrisa.

    Qué hermoso texto y aun mas hermosa experiencia. Cuando salga esa película será tan nuestra como tuya. Gracias por compartirla desde adentro.

    Comentado por: Mayté el 08/9/2006 a las 16:20

  • Las dos palabras más hermosas que aprendí en mi etapa de colegio fueron "epifanía" y "agnóstico". Nunca antes las había escuchado y esa posibilidad sonora (a mí las palabras me llegan por su sonido) me hizo considerarlas afines, casi hermanas.

    Hasta el día de hoy sigo creyendo en esas epifanías, como esos momentos en los que todo surge de la nada, como señalas Marcelo, trascendiendo a la idea de milagro (por eso de lo agnóstico, que no lo puedo separar). Los ejemplos que tú pones son los mejores.

    Los sentí hace poco cuando en un colectivo estaba leyendo una novela y encontré una palabra que me servía como concepto para uno novela que escribo. En eso momento todo se vio más claro y fue inevitable la sonrisa, la placidez, el juego concreto de la creación. Las epifanías rodean lo creativo, los milagros son un acto de creación.

    Y más aún cuando se trata de hijos. Aquella mañana cuando mi mujer me dijo: "Creo que estoy embarazada", sentí una de las claridades más fuertes de mi vida, la certeza de la vida, en definitiva. A los pocos días ella se acercó y me dijo que había sido falsa alarma... No puedo negar la desazón, pero cada vez que pienso en ese momento recurro a la sensación, a esa epifanía que me dio vueltas... porque nadie me puede quitar eso que ya bailé.

    Saludos

    Comentado por: Eduardo Varas Carvajal el 08/9/2006 a las 14:01

  • Hacía tiempo, querido Marcelo, que no leía algo tan bello como lo que has escrito hoy. Me ha gustado muchísimo y lo leeré mil veces.
    ¡Cuánto me gustaría tener hijos!
    Un abrazo.

    Comentado por: Ana María Berasategui el 08/9/2006 a las 10:19

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Biografía

Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.

 

Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).

 

Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.

 

Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.

Bibliografía

La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara

Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil

Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara

El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara

Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura

El muchacho peronista (1992). Planeta

 

Filmografía

Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos

Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti

Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras

Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo

Obras asociadas

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