El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
domingo, 6 de julio de 2008
Vivir, soñar, no más
En un comentario al texto de días atrás sobre “La Liga de los Cineastas Extraordinarios”, Nicolás decía: “Más importante que soñar es vivir. Soñar es un sucedáneo. El cine es un sucedáneo”. Y después juraba que a partir de ahora, ya no viviría de sucedáneos. “Si llega un momento en que te das cuenta de que sólo tienes el cine, el sueño, nada más,” decía, “¿no es cuestión de empezar a plantearse si hay algo que no funciona?” No conozco a Nicolás ni a su circunstancia, pero creo que su planteo trata de hacerse cargo de uno de los problemas más originales, y más acuciantes, de este tiempo: el del adelgazamiento de la experiencia vital. Formamos parte de una sociedad que hace lo imposible para que ya no suframos dolor, ni experimentemos el cansancio. Formamos parte de un sistema que nos presenta una serie de opciones predigeridas de vida, de las cuales no tenemos escapatoria. (Dios se apiade de aquel que decida dedicarse a la contemplación, o no subirse a la ronda del consumo.) Formamos parte de un orden que tiende cada vez más a aislarnos unos de otros: ¿para qué arriesgarse al albur de la calle, cuando contamos con un sistema de comunicaciones –televisión, ordenador, múltiples teléfonos- que puede traer el Universo a nuestra puerta?
Creo que una de las intuiciones más brillantes de Fight Club (perdón, Nicolás, por referirme otra vez a un sucedáneo) era la que se refería al beneficio del dolor físico. Intuyo que aquellos que resultaban golpeados en el Club de la Pelea extraían mayor beneficio que los que salían intactos; porque hay algo en el dolor, en la piel amoratada, en el diente roto, en el ojo hinchado, que nos recuerda que estamos vivos; y esa sensación, que debería sernos natural pero que ya no lo es en este mundo que nos rodea de algodones, no puede menos que cotizarse como una perla negra.
Hoy sentimos un respeto casi religioso por aquellas personas que viven una experiencia intensa. En estos días que suceden a la muerte por accidente del naturalista Steve Irwin, creo que todos lo envidiamos un poco: el tipo vivía con la adrenalina a tope. Lo cual me recuerda la premisa de una película (perdón again, Nicolás) llamada Crank, que se estrenó en los Estados Unidos el viernes pasado. (La película debe ser una pavada, pero su premisa viene a cuento.) Se trata de un hombre que ha sido envenenado por no sé qué extraña sustancia, y que descubre que para sobrevivir –condición sine qua non para tener la chance de encontrar a su envenenador- debe conservar su adrenalina en un nivel altísimo, o su corazón se detendrá. Lo cual lo obliga a hacer una serie de cosas a cual más disparatadas, para que su cuerpo produzca adrenalina en cantidades industriales, y de forma constante. Sería una excusa perfecta, ¿no les parece? ¿Qué haríamos nosotros si no nos quedase otra que producir experiencias intensas en nuestras vidas? Hoy en día son muchos los que no viven nada más intenso que el tránsito, o que la conversación con un superior en busca de un aumento. Cuando queremos que el corazón bata como tambor, solemos acudir a otras experiencias libres de (casi) todo riesgo: pagamos para hacer bungee jumping, o paracaidismo, o para bucear.
Así que celebro la decisión de Nicolás de salir al camino. Creo que no debe haber nada peor que aproximarse al fin de la vida con la convicción de que no se la ha vivido. Pero tampoco es bueno confundirse. Y cuando Nicolás dice “más importante que soñar es vivir”, yo veo el germen de una confusión, porque vivir y soñar son acciones complementarias, y por ende inseparables: ninguna puede ser valorada por encima de la otra. Hay un viejo cuento de J. G. Ballard, cuyo título no recuerdo ahora, que imagina un experimento científico que garantiza a sus sujetos humanos la posibilidad de vivir de allí en más sin necesidad de dormir. (El wet dream de nuestro sistema: ¡obligarnos a trabajar y a consumir durante las veinticuatro horas!) Por supuesto, con el correr de los días, la imposibilidad de soñar hace que los hombres se vuelvan locos. Experimento o no, estoy convencido de que eso nos ocurriría si dejásemos de soñar, tanto dormidos como despiertos: enloqueceríamos. Porque soñar nos proporciona lógicas nuevas para interpretar nuestra experiencia, para imaginar lo que podría ser: es el borrador de nuestras vidas, y el ensayo que les busca sentido, y la espada del héroe. (Sin la cual no habría conquista ni victoria).
No te cierres a las ventajas de soñar, Nicolás. Se puede soñar intensamente sin que eso implique que se vive dormido.
[Publicado el 07/9/2006 a las 10:30]
Creo que vivir, estar en este mundo en serio, en la realidad de cada día, implica necesariamente sentir ese dolor de estar vivo, la soledad y la nostalgia de la totalidad que está allá afuera, porque uno es sólo uno, y separado. Entonces ahí surge invariablemente el soñar, como arte, contemplación, búsqueda de conocimientos, lo que sea que nos traiga todo eso que hay allí afuera un poquito más cerca, más adentro.
Comentado por: Julia el 08/9/2006 a las 02:33
Comentado por: Olga Trevijano el 07/9/2006 a las 19:56
"...una reflexion personal de si está cambiando la experiencia viva por la proyección de una experiencia".
Para mí la reflexión no es acertada dentro del contexto en que se la elaboró. Ambas, la experiencia viva y la proyección de una experiencia (sea como sea, cinematográfica, sueño, literaria, como quieras.. cualquier acto de contemplación) son vida...así que no es cuestión de dar recetas, ni de decir que una es mejor que otra.
El asunto de la evasión debe ser manejado como eso: evasión de la realidad (en ese sentido muchas situaciones ligadas con la 'experiencia viva' pueden ser 'evasión', como pasar más tiempo con alguien porque no quieres estar con otra persona, como un ejemplo burdo). Y en ese sentido estoy de acuerdo con el planteamiento, pero exigiría de nosotros mucha autocrítica para darnos cuenta.
Me puedo reír a carcajadas leyendo un libro y me puedo reír a carcajadas hablando con mis amigos... son experiencias, como otras, distintas y valiosas, y siento que en ambas actúo, soy parte de ellas... La contemplación es una acción también...
El equilibrio, que sabiamente refrenda Mayté, me parece lo pertinente, aunque para mí es redundante, pues las dos opciones son iguales: vida.
Comentado por: Eduardo Varas Carvajal el 07/9/2006 a las 19:07
Comentado por: Giulius el 07/9/2006 a las 18:37
Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me ví.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción
y el mayor bien es pequeño,
que toda la vida es sueño
y los sueños sueños son.
Final del monólogo de Segismundo al acabar la 2ªJornada, escena XIX de "La vida es sueño" escrita por Calderón de la Barca en 1635. (El principio tampoco tiene desperdicio)
Quizá era muy evidente, pero no me he podido resistir.
Comentado por: Serpiente suya el 07/9/2006 a las 18:33
Yo te entendí desde el primer momento, Nicolás. A mi no se me pasó en ningún momento por alto el adverbio "sólo" de tu famosa frase: "Si llega un momento en que te das cuenta de que sólo tienes el cine, el sueño, nada más..."
Te ve simplista quien es simplista.
Te ve cura (es decir, dispensador de recetas) quien es cura.
¡Muchos ven la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio!
Yo sí que te aconsejaría que sigas soñando. Más que nada porque de ese modo estás construyendo un dibujo muy preciso de lo que te apetece y de lo que no te apetece encontrar en tu maravilloso y emocionante periplo vital.
Te quiere sobre todas las cosas,
Giulius
Comentado por: Giulius el 07/9/2006 a las 17:38
No escribo desde casa; escribo desde un cibercafé, por tanto no he tenido en cuenta que el tiempo se me acabaría en un momento u otro.
Lo siento. El hecho de no poder volver a revisar lo escrito...
Sólo una corrección:
Sinceramente, muy sinceramente, ¿alguien se imagina a Adán y Eva en el Paraíso viendo películas? ¿No hay algo incogruente en esta imagen? Si su vida está llena de placer, de gozo, no veo que tengan que contemplar "Que bello es vivir": ya lo saben.
_________
Quizás yo sea un indaptado, y sólo el cine (o la poesía que me gusta) me ofrezca la vía para poder experimentar la vida que me gustaría vivir.
El paciente inglés....
Comentado por: Nicolás el 07/9/2006 a las 17:19
Marcelo, no me gustaría empezar a sentirme como un bicho raro tal como tú te sientes tantas veces y no has dejado de repetirnos.
Pero lo cierto es que me siento extraño.
Mi frase "Más importante que soñar es vivir" no pretendía ser una receta para nadie (y compadezco de verdad a quien la haya interpretado así). Partía de mi propia experiencia vital, que, en efecto, Marcelo, no conoces en absoluto, lo cual hace difícil, quizás, conocer la atalaya desde la que escribo.
A lo que me refería (parece inevitable tener que aclarar las cosas) es que nuestra vida, nuestra vida cotidiana, DEBERÍA proporcionarnos los suficientes alicientes o estímulos para no tener que recurrir a ficciones: Sinceramente, muy sinceramente, ¿alguien se imagina a Adán y Eva en el Paraíso viendo películas? ¿No hay algo incogruente en esta imagen? Si tu vida está llena de placer, de gozo, no veo que tengan que contemplar "Que bello es vivir": ya lo saben.
No, mi visión no es tan simplista. No es que contraponga el sueño a la vida. Sé que el sueño (al menos el sueño fisiológico) es necesario, pero me gustaría tener que recurrir cada vez menos a las ficciones. Estoy hablando desde mi perspectiva, claro está (me da vergüenza tener que remarcarlo, pero lo digo por el Eduardo de turno).
Desde mi perspectiva, el cine puede funcionar como un sucedáneo porque no me atrevo a vivir plenamente. Por suerte no soy tan viejo, aún tengo la oportunidad de ser feliz con lo que me proporciona la vida (y, accidentalmente, muy accidentalmente, con lo que me regala el cine).
No puede ser tan difícil entender mi punto de vista. No soy un extraterreste, a fin de cuentas. No niego en ningún momento el gran valor de las ficciones: lo que me planteaba (¡qué vergüenza tener que volver a repetirlo!) es que algo está torcido cuando ves que sólo "tienes el cine, el sueño, nada más". Lo que te lleva a plantearte "si hay algo que no funciona" en tu vida.
Respétenmer, por favor. Mi sinceridad lo merece.
Y respecto al dolor.... Del artículo de Figueras se desprende una cierta mística del dolor. Yo creo que nadie en su sano juicio lo busca. Sobre todo cuando acaece debido a la maldad de las personas. Pero estoy de acuerdo totalmente con el espíritu que preside el post de Marcelo en el sentido de que no debemos anestesiarnos frente al dolor. Nadie lo busca pero debemos afrontarlo con temple.
Un gran abrazo.
Comentado por: Nicolás el 07/9/2006 a las 17:12
Amigo Eduado, discrepo, temas de interpretación de texto, como siempre. El comentario de Nicolás se puede leer como tu percibiste, pero tambien como una reflexion personal de si está cambiando la experiencia viva por la proyección de una experiencia.
No hay que vivir de sucedáneos, hay que vivir, actuar, participar, no solo observar, pensar, criticar. En eso nadie como tú para estar de acuerdo.
Pero también, como dice Marcelo en su texto, de que sirve la vida sin el sueño, la imaginación. Me fascinó esta frase: "el borrador de nuestras vidas". Yo añadiría "el escenario de las que nunca viviremos". Sueña Nicolás, pero también vive.
Comentado por: Mayté el 07/9/2006 a las 16:20
También me extrañó el comentario de Nicolás, específicamente porque siempre me han llamado la atención (para mal) aquellas personas y actitudes que intentan dar recetas para la vida con cierta prepotencia.
_________
¡Olvídame, Eduardo!
Marcelo, luego te cuento, en serio, hay un par de cosas que me gustaría aclarar.
Comentado por: Nicolás el 07/9/2006 a las 15:09
¿Quién sabe lo que es el cine?
Algunos ven películas por evadirse, otros porque quieren pasar un buen rato, los de más allá para aprender algo...
¿Quién sabe nada?
De todos modos, Nicolás no descubre América cuando señala el contenido opiáceo del cine.
Comentado por: Sandra Coll el 07/9/2006 a las 15:04
Muy buen post, Marcelo. También me extrañó el comentario de Nicolás, específicamente porque siempre me han llamado la atención (para mal) aquellas personas y actitudes que intentan dar recetas para la vida con cierta prepotencia.
La experiencia de vida puede ser lo que sea, sospecho que ninguna más contundente que la otra. Hasta entrar a una sala oscura dos veces a la semana para vare un filme puede serlo...
De ser como dice Nicolás que tiene que ser la vida, nos habríamos perdido de un Borges, en definitiva.
Comentado por: Eduardo Varas Carvajal el 07/9/2006 a las 14:07
Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.
Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).
Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.
Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.
La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara
Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil
Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara
El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara
Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura
El muchacho peronista (1992). Planeta
Filmografía
Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos
Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti
Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras
Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo
05/7/2008 18:46
yo lo admiraba demasiado era...
Publicado por: monica
05/7/2008 18:40
Sorry , no te quize ofender, y...
Publicado por: lilith
05/7/2008 14:17
Dear Lilith, sinceramente no...
Publicado por: figueras
05/7/2008 00:24
Todavia no termino de leer esto...
Publicado por: Lilith
05/7/2008 00:18
Publicado por: martin
04/7/2008 12:27
pusiste a bailar las palabras y...
Publicado por: Alba
04/7/2008 10:37
Publicado por: valeria
03/7/2008 23:55
Marcelo: Ante todo, un saludo...
Publicado por: Daniel
03/7/2008 19:00
Publicado por: gonzalo
03/7/2008 08:42
Publicado por: lolichka
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