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El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

viernes, 4 de julio de 2008

Blog de Marcelo Figueras

Un país rico en madres

Yo soy de los que creen que los ciclos que no se cerraron tienden a repetirse. Ayer leía un artículo sobre Cristina Rosa Herrera, madre de dos jóvenes que murieron a causa del temible “paco” (la pasta de cocaína invierte la convención de las películas de terror, porque convierte a los chicos en zombies primero y en cadáveres después) y no podía dejar de pensar en otras madres, las de Plaza de Mayo. Hace treinta años, una dictadura militar arrancó a miles de mujeres de sus casas, lanzándolas a calles, juzgados, comisarías y cuarteles en busca de sus hijos. Tres décadas después esa búsqueda encuentra eco en esta de hoy: miles de mujeres humildes se ven obligadas a dejar sus viviendas noche tras noche, para rastrear a los hijos a los que el paco ha sumido en algún infecto agujero.

El eco se torna perverso cuando uno piensa que los jóvenes de entonces eran obreros, profesionales, gremialistas e intelectuales, sin dudas lo mejor de aquella generación, y que las víctimas de hoy suelen ser chicos de la villa, que no han completado su educación y que no consiguen trabajo o bien no se resignan a esclavizarse por un jornal que no alcanza ni para dos platos de arroz. Es un eco perverso por su deliberación: en los 70 se eliminó a los que trabajaban para convertir a este país en un sitio más justo, y hoy se elimina a los que el sistema considera sobrantes, aquellos que no sirven para producir ni para consumir. Se trata de dos momentos complementarios de las misma estrategia político-económica: aquel para conservar el statu quo, éste para ser consecuente con su darwinismo social.

Pero que nadie dude, más allá de las diferencias superficiales aquellas madres y estas madres son la misma cosa, mujeres que sin más armas que su amor y su voluntad luchan contra el molino de viento de la violencia estatal (en los 70) o bien económica y social (hoy). Aquellas madres se enfrentaban a una cruel máquina de destrucción, cuyos responsables todavía no terminaron de rendir cuentas a la justicia. (He aquí el ciclo que no se ha cerrado como debía.) Estas de hoy ni siquiera tienen el consuelo de identificar a los verdugos de sus hijos. En este sentido la perversión del sistema se perfeccionó: ya no hacen falta verdugos que secuestren, torturen y fusilen, basta con condenar a las víctimas a vivir en condiciones inhumanas, tornar imposible que se eduquen, despojarlos de toda esperanza de mejora y entonces, cuando estén caídos, ofrecerles unos minutos de felicidad intensa en la forma de una pipa de paco, al irrisorio precio de un peso cincuenta: ¡treinta centavos de euro!

El artículo de Cristian Alarcón en Página 12 (soberbio, como todas sus crónicas sobre los condenados de esta tierra) no necesita adjetivar porque cuenta con la elocuencia de los hechos. El primer hijo que Cristina perdió, a quien llamaban Ro, se suicidó en medio de un ataque de abstinencia. El otro, Matías, murió de un balazo en la sien al negarse a compartir su pipa. (He ahí el precio de una vida en mi país, cotizado con precisión: alguien puede morir por negarse a entregar algo que compró por un peso con cincuenta.) Si bien es cierto que muchas cosas se están haciendo bien en la Argentina de hoy –la insistencia en llevar a juicio a los genocidas de los 70, algunas políticas económicas y sociales-, a nadie escapa que la tortilla que hay que dar vuelta es grande y pesada. Hasta los más optimistas sabemos que el camino hacia una Argentina más justa, retomado después de un hiato de treinta años, no se recorrerá en un soplo. 

Mientras tanto las madres siguen con su búsqueda. Aquellas madres, respetadas y veneradas pero todavía hambrientas de justicia. Estas madres, casi tan solas y desamparadas como aquellas lo estaban cuando comenzaron a andar en torno de la Plaza. Yo las encuentro bellas a todas, hay algo de justicia poética en esto de haber perdido a mi madre pero vivir en una tierra que es riquísima en ellas, en la que nunca faltan.

Ayer por la tarde, mientras la historia de Cristina me asolaba el alma, vi una película en la que un personaje disuadía a otro de su suicidio diciendo que no vale la pena perderse un mundo donde existe tanta belleza. Yo estoy de acuerdo, es por eso que sigo aquí, es por eso que trabajo a diario. Sólo que a veces desearía que la belleza de este mundo no fuese tan desgarradora.

[Publicado el 28/8/2006 a las 10:06]

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Comentarios (3)

  • "... y padres -seguro que también los hay..."
    no lo he expresado bien, les aseguro que los hay.

    Comentado por: Serpiente suya el 28/8/2006 a las 16:13

  • Sr. Figueras,

    Su escrito de hoy es magnífico. He quedado como el espectador conmocionado en el final de un drama, paralizado por los sentimientos sacados a flote, preferirías no decir ni hacer nada, simplemente quedarte estremecida en la butaca y que aún no se encendieran las luces, pero es imposible porque el público arranca el aplauso y la sala se ilumina, como si no se pudiera soportar un segundo más el silencio.
    Entonces recordé un escrito suyo, el primero en el que me atreví a intervenir “El latido de mi corazón”, en él -permítame que le cite-, decía:
    “…de tanto en tanto sufro la tentación de escribir algo con un protagonista que es como un lobo, un muchacho cool que sufre y hace sufrir en la jungla de la ciudad. Pero después me digo que eso sería una falta de imaginación de mi parte, porque el mundo ya es oscuro de por sí y la gente que sufre y hace sufrir abunda, y entonces me lanzó a buscar historias que van a contrapelo de los tiempos, que apuestan a encontrar un corazón palpitante debajo de tanta armadura: yo quiero encontrar protagonistas que puestos en la situación adecuada opten por tender la mano en vez de retirarla.”
    Las vidas de estas madres y padres -seguro que también los hay que van por la calle buscando a sus hijos, o tratando directamente con los camellos para evitar el mal mayor-, solo emergen a la luz cuando alguien las explica y por lo menos a mí me conmueven profundamente por el claro y silencioso ejemplo que dan de lucha, de vida y de muerte.

    Comentado por: Serpiente suya el 28/8/2006 a las 16:06

  • Esas actitudes de madre, ese dolor y empeño, sin duda, se transforman en belleza... es indiscutible aquello. Pero hay días en los que pienso en las paradojas, porque la belleza es paradójica, un puñado de actitudes y percepciones contrapuestas....

    Hace algunos años, muchos, visité a mi vecina chilena. La señora siempre me contaba historias de Chile (que yo consumía con agrado, pues mi familia viene de allá, era como un primer intento de abarcar mi procedencia). Era una actitud casi de madre, sin duda. Pero un día se puso a prueba esa percepción, al contarme algo luego de decirme que la solución del Ecuador sería un Pinochet.

    "Un domingo estaba almorzando en la casa de una amiga, cuando entraron los militares. Nos pusieron a todos en fila, a ella, sus dos hijos, su padre y su madre y a mí. Estaban buscando al marido de mi amiga, era uno de los que perseguían. Pero él no estaba ahí, ya se había ido unas semanas atrás. "¿Dónde está el hombre de la casa?", preguntaban y ella les decía que se había ido de la casa. Entonces se le acercaron al hijo mayor, que tenía 15 años, y le preguntaron: "¿Eres tú el jefe de la casa?". "Sí", dijo él. "¿Dónde está tu papá?". "No sabemos dónde está". Levantaron sus armas y le dispararon en la cabeza...

    Todavía no me olvido del grito y el llanto de ella".

    Luego mi vecina se puso a llorar. Tiempo después agarró sus hijos y vino con ellos al país. Tenía miedo de que les pasara algo... "ya sabes que los jóvenes pueden hacer cualquier locura... no saben lo que es bueno o malo". Le pregunté que cómo era posible que quisiera algo así para Ecuador... No me respondió, siguió llorando. Le di un abrazo y me fui de su casa. Nunca más la volví a visitar.

    Hay madres y madres, sin duda.

    Comentado por: Eduardo Varas Carvajal el 28/8/2006 a las 14:54

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Biografía

Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.

 

Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).

 

Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.

 

Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.

Bibliografía

La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara

Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil

Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara

El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara

Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura

El muchacho peronista (1992). Planeta

 

Filmografía

Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos

Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti

Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras

Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo

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