El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
domingo, 6 de julio de 2008
Sobre el encanto de las revistas
La cuestión del aniversario de la Rolling Stone me hizo pensar en las otras revistas que me acompañaron durante mi historia. ¿Alguien recuerda cuáles fueron las primeras revistas que hojeó? Yo no, al menos; por fortuna borré la mayoría de los recuerdos de esa época en que uno no podía ejercer su propio criterio. (Aunque creo recordar la lectura de muchas revistitas producidas por el imperio Disney. La cuestión era un poco esquizofrénica, porque en algunas revistas los sobrinos de Donald eran Hugo, Paco y Luis, y en otras eran Huguito, Dieguito y Luisito. No importa. Sigo). Mi tía abuela me compraba todas las Navidades El Libro de Oro de Patoruzú, siendo Patoruzú un indio que tenía su propia historieta y hasta su versión infantil, Patoruzito, que recientemente ha protagonizado dos películas, la segunda de las cuales acaba de fracasar con todo éxito. (En realidad mi tía le compraba El Libro de Oro a su hija Ana, que aunque me llevaba veinte años me prestaba la revista a duras penas y después me la quitaba para archivarla bajo llave en su placard secreto. Siempre fue medio estreñida, Ana. Sigo).
Las primeras revistas en volverme loco fueron las mexicanas de Editorial Novaro, dedicadas a los héroes de DC Comics: Superman, Batman, Linterna Verde, Flecha Verde… Llegaban de manera quincenal, lo cual significa que cada dos semanas estaba yo allí, al pie del kiosko. Los kioskos que frecuentaba eran dos: el de Fernández, en la esquina de mi casa, y el de Pepe, en la esquina de mi tía abuela. Fernández era antipático y me intimidaba. Pepe era tan simpático y generoso como mi tía abuela. Debo haber llegado a tener miles de esas revistas. (Me pregunto dónde habrán ido a parar. Prefiero no responderme todavía. Sigo).
Después empezaron a fascinarme las revistas de una empresa local, la Editorial Columba: se llamaban D’Artagnan, El Tony y Fantasía, y su ventaja era que incluían un montón de aventuras de personajes diferentes. Los que más me gustaban eran dos: Nippur de Lagash, que era un guerrero sumerio a quien llamaban El Errante y que en buena medida se convirtió en mi primer maestro de ética, y Dennis Martin, que era un agente secreto a la James Bond pero más moderno (pelilargo, pantalones con botamanga de elefante) y con más sentido del humor. Recuerdo que me tomaba el trabajo de arrancar las aventuras de Nippur y de Dennis Martin de sus revistas originales y de armar volúmenes sui generis atados con piolines. (Yo sé dónde fueron a parar estos incunables. Mi padre los tiró a la basura, el mismo destino que deben haber corrido mis revistas de Batman. ¿Cómo hace para lidiar uno con las cosas terribles que nos hace la gente buena, a la que además amamos? Todo un tema para el futuro. Sigo).
Nippur y Dennis Martin tuvieron tanto éxito que se ganaron sus revistas individuales. Mi padre las tiró también, pero esta vez el tiempo ofreció revancha. Me compré tres compilaciones de las aventuras de El Errante que conservo entre mis posesiones más preciadas, junto con el dibujo original de Nippur que me regaló el maestro Lucho Olivera, su creador, poco antes de morir. Y en una librería de reventa encontré varios ejemplares de las revistitas de Dennis Martin, que también atesoro. (Es culpa de Dennis que yo haya obsequiado rosas amarillas a las mujeres de mi vida, eran sus favoritas y se convirtieron en las mías. También fue su culpa que usase pantalones con botamangas anchas, pero esta es una manía a la que me sobrepuse. Sigo).
Después aparecieron otras revistas de historietas, como Skorpio y Tit Bits (reedición de un título clásico), que me permitieron descubrir al Corto Maltés y a joyas históricas como Terry & The Pirates, de Milton Caniff. En la Skorpio también había un personaje llamado Henga, que me interesaba mucho porque Zanotto dibujaba unas mujeres prehistóricas que te dejaban sin aliento. (Esto me hace acordar de algo. Mi tío Tito escondía en el placard de su adolescencia algunas revistas de mujeres semidesnudas que se llamaban Adán. Hoy mi tío es del Opus Dei, vive en Washington y adora a Bush. Es una suerte que aquellas revistas no me hayan producido el mismo efecto. Sigo).
La adolescencia supuso también la llegada de la música. Me compraba una revista llamada Pelo, que era medio pava pero tenía información. (Mi número favorito fue uno especial dedicado a los conciertos de Génesis en Brasil. ¡Era como haberlos tenido cerca!). Pero mi favorita era el Expreso Imaginario, que además incluía artículos sobre cine, filosofía, ecología y demás derroteros del post-hippismo. Allí escribían algunos de mis maestros del periodismo, como Alfredo Rosso y Claudio Kleiman, con los que llegué a trabajar con el tiempo: este es un hecho que me llena de orgullo. Imagino que parte del entusiasmo que me produjo escribir en revistas tuvo que ver con el haberme vuelto parte de este medio tan amado. Con los años terminé dirigiendo Fierro, que durante su primera etapa seguí como lector y que era la revista de historietas más cool que tuvo la Argentina. Estaba tan fascinado con el hecho de ser parte de Fierro que me creí el cuento que me metió el editor: que el director histórico de la revista, Juan Sasturain, había decidido bajarse del barco. Entonces yo fui y escribí un editorial que homenajeaba a Sasturain como maestro, en el que prometía tratar de seguir sus pasos. Lo único que conseguí fue que Sasturain quisiese matarme, porque en realidad no se había ido por propia voluntad, sino a consecuencia de (creo, a ver si meto la pata otra vez) un conflicto gremial o un pedido de aumento no concedido. Estoy seguro de que Sasturain me odia todavía. Aprovecho para pedirle perdón nuevamente. (Ya había salido al mundo y empezado a hacer cagadas, lo cual significa que me había hecho adulto. En este menester sigo).
Con el tiempo llegarían Cahiers du Cinema, Rolling Stone, Esquire, Vanity Fair. A algunas de estas todavía las sigo, a veces por internet, comprándolas siempre cuando viajo. Lo importante es que sigo amando el formato de revista, que sin llegar a la trascendencia que han tenido y tienen los libros (que son como esos amigos que nos iluminan la vida), siempre han sido buenas compañeras. (Vendrían a ser como esos amigos en quienes uno confía siempre para pasarla bien o enterarse de lo último, una función nada desdeñable). Estoy seguro de que rastrear las revistas que uno ha leído es una manera interesante de revisar la propia historia: prueben y me dicen.
Habrán notado que no mencioné ni una sola revista deportiva. Siempre fui un bicho raro.
[Publicado el 24/8/2006 a las 10:00]
es cierto, ha sido detonante de recuerdos.
y me encanto tu "sigo", aquí en nicaragua, generalmente decimos "regreso a la pavimentada", por eso de que nos salimos del cuento por caminos de tierra y de recuerdo (tendrías que conocer mi país...recién terminaron la primera "autopista" (que es un poco pretencioso llamarla de esa manera))...la exigencia de regresar a la pavimentada es que nuestros cuentos muchas veces sólo nos entretienen a nosotros mismos...sin embargo, tus cuentos, tocan recuerdos...no soy estreñida ni mucho menos, pero tengo un tío opus dei, muchos de derecha, muchos de izquierda, primas con deficiencias vitamínicas y cerebrales y al final...es una historia triste mas, como cualquiera.
linda narrativa Marcelo, felicidades
Comentado por: maya el 24/8/2006 a las 17:55
Los bichos raros somos muchos, Marcelo...
En realidad recuerdo que la primer revista que leí fue 'Condorito'... Mi viejo se carcajeaba hasta el cansancio cuando la leía y yo moría de curiosidad (hasta hoy, cuando lo escucho reírse, me escucho reír y escucho reír a mi hermano, recuerdo esa sensación producto de Condorito)... De ahí pasé un tiempo a la 'Selecciones', cuando era un tanto más grande... Nuevamente la influencia de la familia...
Luego llegué a revistas de humor político que circularon en Ecuador... y terminé con revistas musicales de acá... 'La Onda' y 'Generación XXI'...
Las porno las tenía guardada en la caja de un rompecabezas de 1500 piezas, de un paisaje otoñal.... y no me las descubrieron...
Este post ha sido el detonante de los recuerdos, gracias Marcelo
Comentado por: Eduardo Varas Carvajal el 24/8/2006 a las 16:55
Y al volver la vista atrás, se me ve la senda que nunca se ha de volver a pisar ( exacto, área 40)
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si huiese dicho: que nunca se volverá a pisar, sería nostalgia. Machado aunque así lo presenten en sus biogtafías nunca fue nostálgico dijo: que nunca "ha" de volverse a pisar... y eso es la historia.
por eso toda su vitalidad está en:
caminante no hay camino sino estelas en la mar
Enea
Comentado por: Enea el 24/8/2006 a las 15:44
La cuestión era un poco esquizofrénica, porque en algunas revistas los sobrinos de Donald eran Hugo, Paco y Luis, y en otras eran Huguito, Dieguito y Luisito. No importa. Sigo).
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Sigo
"golpe a golpe, verso a verso, no hay camino sino estelas en la mar"
Antonio Machado
......
Sigo
área 40, y el cerebro procesa. Área 40 aín no comprendemos esa área cerebral, pero si sabemos lo que registra... me recordó a Panero, Astorga y Felicidad Blanch, con Luis Rosales entrando en casa.. es un deporte la literatura, engendra adrenalina, sin estímulos presentes, puro cuerpo o mente en una individualidad de recuerdos (área cerebral 40, casi todo pasa por ella, el problema es que aún no sabemos qué hace que algo no enlace sinápticamente con el afecto)
Entonces fue eso. Estelas en la mar es la libertad según Machado.
Enea
Comentado por: Enea el 24/8/2006 a las 15:29
Lo raro, lo extraño sería que le gustara el criquet. Medieval y sin revistas, con un té en las manos para decidir después
Enea
Comentado por: Enea el 24/8/2006 a las 14:47
¡Cómo me gustaba Génesis!
Y cómo me ha gustado tu texto de hoy... Eres un creador de adicciones, Marcelo.
Y mi madre, por cierto, hizo algo peor que lo que hizo tu padre: a los quince años, haciendo limpieza, tiró un montón de cuadernitos que yo utilizaba para escribir mis cosas. Una especie de diarios...
Comentado por: Nicolás el 24/8/2006 a las 12:25
Comentado por: Ana María Berasategui el 24/8/2006 a las 12:11
¡Cuántas revistas ha tenido en su vida, Marcelo! Casi me da envidia...
Yo he tenido muchas menos. Aparte de las historietas de "El capitán Trueno", "Jabato", que ya mencioné una vez, fui muy adicta a una revista española llamada "Fotogramas" (dedicada básicamente al cine). Y a revistas literarias como "Quimera" o políticas como "El viejo topo". Durante un tiempo también compraba mucho "Elle" o una revista alemana llamda Brigitte. Y ahora...
Ahora, sobre todo, "Letras libres".
Ya ves qué tostón.
*** Me ha dejado un poco preocupada eso de que tu prima Ana sea un tanto estreñida. ¡Tengo una relación algo supersticiosa con los nombres! Como si el hecho de portar un nombre u otro nos terminase conformando de algún modo.
Bueno, en fin. Un beso.
Comentado por: Ana María Berasategui el 24/8/2006 a las 12:06
Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.
Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).
Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.
Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.
La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara
Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil
Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara
El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara
Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura
El muchacho peronista (1992). Planeta
Filmografía
Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos
Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti
Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras
Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo
05/7/2008 18:46
yo lo admiraba demasiado era...
Publicado por: monica
05/7/2008 18:40
Sorry , no te quize ofender, y...
Publicado por: lilith
05/7/2008 14:17
Dear Lilith, sinceramente no...
Publicado por: figueras
05/7/2008 00:24
Todavia no termino de leer esto...
Publicado por: Lilith
05/7/2008 00:18
Publicado por: martin
04/7/2008 12:27
pusiste a bailar las palabras y...
Publicado por: Alba
04/7/2008 10:37
Publicado por: valeria
03/7/2008 23:55
Marcelo: Ante todo, un saludo...
Publicado por: Daniel
03/7/2008 19:00
Publicado por: gonzalo
03/7/2008 08:42
Publicado por: lolichka
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