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El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

domingo, 6 de julio de 2008

Blog de Marcelo Figueras

Maldito Sigmund Freud

Ayer me desperté enojadísimo con Robert Redford. Mi enojo no se debía, por cierto, a la visión de sus últimas películas como actor o director, que hubiese sido una buena razón en sí misma; ni a la reciente lectura de Down and Dirty Pictures: Miramax, Sundance and the Rise of Independent Film, el libro de Peter Biskind que cuenta el lado oscuro de este abanderado del cine hecho a espaldas de Hollywood. En realidad todo fue culpa de un sueño. En mi sueño (que según se desprende de su trama debía ocurrir durante el célebre festival de Sundance, o en algún taller paralelo), Redford venía a buscarme para que le mostrase un material que yo debía haber preparado para entonces: digamos que podía tratarse de un cortometraje, o de secuencias aisladas de un work in progress. Me arrebataba el par de DVDs que yo llevaba entre manos y metía el primero en un ordenador, con la intención de ver las imágenes que yo debía haber filmado. Mientras el pobre Redford cliqueaba en vano, yo, que sabía perfectamente que los DVDs estaban vacíos (todo lo que yo había preparado era, cuándo no, un guión), balbuceaba excusas ininteligibles. Como era de esperar, Redford advertía enseguida que no había cumplido mi promesa y me decía de todo, para después darme la espalda e irse.

Todavía a medio despabilar, interpreté el sueño como la forma que mi inconsciente encontró para lidiar con las frustraciones en la búsqueda de financiamiento para mi película, una que además de haber escrito quiero dirigir. Conseguir ese dinero es un proceso largo, engorroso y siempre humillante, créanme. Mientras abría la heladera en busca de un yogur, me descubrí farfullando en voz alta la clase de protestas que ya me son familiares. ¿Por qué los productores cinematográficos asumen siempre que un éxito se debe a las estrellas del film, y en todo caso a su director, pero nunca, ni siquiera proporcionalmente, a su guionista? El hecho de haber escrito cuatro películas que funcionaron más que bien no me garantizó el crédito del que gozan hoy, con sus bemoles, los directores y actores de las películas que escribí. Era domingo por la mañana y yo sentía que la vida era injusta. Y eso que todavía no había leído los diarios.

  Llegó el café, y aun en medio de la lectura dominical (llena de muertos y de publicidad) mi cabeza seguía rumiando el sueño de marras. A medida que la niebla de mi malhumor se despejaba, comprendí que mi inconsciente había expuesto con narrativa clara e irrebatible el verdadero estado de las cosas, del que no eran responsables ni los productores en general ni Redford en particular. Mi cabeza me revelaba que yo estaba muerto de miedo, y que en consecuencia me resistía a dar el salto que implica abandonar la seguridad de la escritura de un guión –un registro creativo con el que me siento cómodo y confiado- para lanzarme a la realización de las imágenes en sí mismas, lo cual supone zambullirme en las aguas procelosas de la dirección cinematográfica.

Vivir es, en buena medida, la experiencia de lidiar con los miedos. La vida está llena de miedos sensatos, pero también existen miedos paradójicos: por ejemplo, los que se sienten antes de hacer algo que uno desea intensamente. Una cosa es temerle al dolor y a la muerte, y otra muy distinta es temerle a lo mismo que uno busca con toda su alma. Ese es el miedo que explica los temblores del actor antes de salir a escena, y también el temblor de aquel que está a punto de casarse con la persona a quien ama, o de ser padre por primera vez, o de publicar su primera novela. (O la segunda después de que alguien asesinó su debut, como fue mi caso. O la cuarta, como está a punto de sucederme.)

Sigmund Freud perdió lustre en los últimos tiempos, pero este sueño dominical reivindica la más grande de sus intuiciones. La ficción escrita por mi inconsciente (dicho sea de paso: gracias, Redford, por sumarse al cast sin haber cobrado nada) me obligó a enfrentarme al miedo que me define en estos días, poniendo en boca de Redford las líneas del guión que me conviene decirme antes que otro lo haga con mayor brutalidad: no te animas a hacerlo (todavía). Sé que antes de fines de año estaré dirigiendo un cortometraje, porque a fin de cuentas mi deseo es mucho más fuerte que mi miedo, pero no quiero dejar pasar esta oportunidad sin agradecerle al viejo Sigmund la claridad que arrojó sobre mi sueño. Lo cual no impide que también lo maldiga un poco al mismo tiempo, como se maldice al espejo que nos devuelve la peor de nuestras imágenes.

[Publicado el 21/8/2006 a las 10:20]

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Comentarios (8)

  • aiiiiiiiii, ya

    El golpe!
    Edipo es el asesino de Layo y a la vez su hijo. Dios santo, me gusta la tragedia griega, no Freud. Uno de mis (mejores) amigos es como diceél.. ortodoxo o algo así de Freud y siemrpe hay que recordarle cuando vamos a comer... Por favor, no interpretes lo que voy a pedir, déjame comer. Ni papa, de Freud, lo que comento con los amigos de ese rango pero ... buf! ah! como diría Pereira, quiere dejarme soñar sin preguntar si es una mujer o mi se o sostiene Pereira.

    Pero... si le sirve a sus sueños, que toque Monteverdi una pieza.
    Un abrazo.

    Enea

    Comentado por: Enea el 22/8/2006 a las 01:12

  • Recuerdo peeeerfectamente como finaliza la película de...

    El Salto?, no, el asalto, no.
    cómo se llama? esa película que aligera la tormenta.
    intentaré recordarlo. Robert Re... do
    ( es ... jugaban al poker? sí)
    Enea

    Comentado por: Enea el 21/8/2006 a las 23:18

  • Y existe, y aún nadie lo entiende, me refiero a los antropólogos, no a los Susurros de los Caballos.
    Enea

    Comentado por: Eena el 21/8/2006 a las 23:15

  • Sólo conozco un pueblo que se salta todas las reglas ancestrales y obliga al incesto.
    Sólo conozco un pueblo
    Enea

    Comentado por: Enea el 21/8/2006 a las 23:14

  • La cuestión está en si soñaste con Redford joven o el Redford de ahora... porque dependiendo de eso entraria en juego el deseo reprimido, la proyeccion y toda esa vaina sexual tan enrevesada que se lanza don Freud.

    Llega un punto, Marcelo, en que uno tiene que meter mano directamente en la olla para que quede bien el guiso. Como decimos aca, parece te ha llegado el momento de mojarte el poncho. Adelante.

    Comentado por: Mayté el 21/8/2006 a las 20:38

  • ¿quién dijo miedo? ¡Adelante Figueras! A tope con la adrenalina.

    Comentado por: serpiente suya el 21/8/2006 a las 19:43

  • Ahh ! Eso es como decirle :"Sos un hijo de puta" a la persona que te pego una patada en el culo para moverte de detrás del árbol que te impedía ver lo frondoso del bosque.
    Aunque en este caso el mérito es todo tuyo.

    Brindo por eso. Salú.


    Comentado por: Walrus el 21/8/2006 a las 19:23

  • AL fin de cuentas una relación de amor no se escribe sin un poco de odio... ¿no?

    Peor aún, no es posible un sueño sin ese poco de amor/odio... este asunto de los deseos ... (también maldigo a Freud, y de alguna manera lo estimo... el efecto de estar casado con una psicóloga fanática de Sigmund).

    Y si me pongo a jugar al analista podría decir: ¿Redford? Ujum... ¿Enojo a Redford? Ujum... y callaría al segundo... ¿frustración?, y asentaría con la cabeza.

    No hay manera de dudar en cómo esas figuras que representan lo peor y lo mejor adquieren cierta importancia, al menos en los sueños... y nos dicen cosas.

    Suerte con el cortometraje...

    Comentado por: Eduardo Varas Carvajal el 21/8/2006 a las 18:09

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Biografía

Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.

 

Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).

 

Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.

 

Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.

Bibliografía

La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara

Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil

Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara

El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara

Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura

El muchacho peronista (1992). Planeta

 

Filmografía

Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos

Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti

Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras

Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo

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