El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
sábado, 6 de septiembre de 2008
El retorno del hombre sin cabeza
Ayer volví a verlo en TV por enésima vez, y me pregunté si la imagen no produciría pesadillas a los niños. Para los adultos se trata de una escena habitual en la Argentina, el detenido a quien se traslada de la cárcel al juzgado o viceversa, con las manos esposadas a la espalda y la cara cubierta por una chaqueta o un pullover. Pero para los niños -si es que los niños siguen pareciéndose en algo al niño que yo fui-, la visión de un hombre sin cabeza es aterradora. Ayer Martín Ríos, de 27 años, fue trasladado de un sitio a otro con una chaqueta abrochada hasta el cuello –por encima de la cual no existía cabeza alguna.
Ríos está acusado de haber enloquecido en plena calle y disparado a mansalva a los transeúntes, hiriendo a varios y matando a un joven; según parece, no es la primera vez que estallaba en un frenesí de disparos (se sabe de una balacera contra un ómnibus, y de otra contra los cristales de una confitería llena de gente), pero esta fue la primera vez que el estallido culminó con un muerto. Por lo general solemos asociar estos crímenes de naturaleza freak con los Estados Unidos, o con cualquier otro país donde la abundancia pueda transformarse en anomia. Pero se ve que ya no sólo importamos películas, ropa, Barbies y maquinaria: ahora en la Argentina también importamos crímenes.
El reflejo más obvio sería el buscar la tranquilidad, pretendiendo que el caso de Ríos –de resultar culpable- es tan sólo una excepción a la regla, el exabrupto de un loquito. Pero todos sabemos que un “loquito”, aun cuando esté clínicamente certificado como tal, es además una manifestación del grupo social al que pertenece. Siempre recuerdo que en ocasión del estreno de Pixote, aquella estremecedora película de Héctor Babenco, escuché al abandonar la sala que una señora decía: “¡Qué barbaridad, las cosas que ocurren en Brasil!” Estuve a un tris de explicarle a la señora que esas “cosas” –los niños que crecen en el abandono y la miseria y por ende caen en la droga, en el delito- ocurrían a tan sólo minutos de donde estábamos, y quizás a la vuelta de la esquina. Pero callé, y esa noche la señora debe haber dormido sin sobresaltos, arropada por su negación. Me pregunto si desde aquel entonces habrá sido asaltada en la calle por alguna de esas “cosas” bárbaras que tan sólo ocurren en Brasil. La verdad puede tardar, pero siempre encuentra alguna forma de arañarnos la piel.
Hasta que saltó a la notoriedad, Martín Ríos parecía cualquier cosa menos una excepción. Hijo de una familia de clase media, vecino del acomodado barrio de Belgrano, alumno de colegio privado. Ahora se dice que tenía un historial de problemas psicológicos; conozco a alguien que dice haber sido compañero de Ríos en la secundaria, y que confirma la versión de su adicción a la cocaína –un vicio inalcanzable para los pobres. Lo singular es el hecho de que a pesar de este presunto historial, Ríos haya obtenido permiso oficial para comprar un arma, la misma pistola que utilizó para herir a tantos y matar a un joven de su misma edad, a quien nunca antes había visto. Este permiso, esta arma, son la prueba de una doble complicidad con el crimen. En primer lugar, la de la familia que conociendo íntimamente a Martín y por ende a su conflictiva historia, consideró sensato que estuviese en posesión de un arma. En segundo lugar, la del Estado que le concedió alegremente el permiso para comprarla.
Ahora Ríos, mi hombre sin cabeza, va a diario de aquí para allá, entre declaraciones que se niega a dar, estudios psiquiátricos y pruebas neurológicas. Terminará con sus huesos en la cárcel o en un loquero, pero su drama no acabará entonces. Aun cuando esté encerrado de por vida, la sociedad enferma de miedo que hizo posible el actual boom de la venta de armas seguirá en pie y funcionando. Aun cuando el Estado salió a cumplir su parte proponiendo un Plan de Desarme, lo que demostró es que nuestro país sigue en emergencia y que en esa emergencia el Estado es apenas un bombero: todo a lo que puede atinar es a apagar el fuego una vez que ha estallado. Y aun cuando una condena extirpe a la manzana podrida de su seno, la familia de Martín seguirá siendo lo que es: un grupo enfermo, que apañó y escondió a su hijo negándose a la verdad de su condición –hasta que fue demasiado tarde.
No es un disparate suponer que esa familia forma parte del tejido de clase media cuyo silencio hizo posible el genocidio de los 70. El reflejo fue el mismo de siempre, aquel de la señora gorda que vio Pixote conmigo: negar la realidad, suponer que mientras no me toque a mí en persona no me importa nada de lo que ocurra alrededor, ocultar la mugre debajo de la alfombra. ¿Será por eso que ahora importamos crímenes: porque empezamos a parecernos a esas sociedades que tienen tanto que ocultar? Martín terminará encerrado, pero todos aquellos que hicieron posible que matase –sus relaciones de sangre y los funcionarios del Renar, la oficina que otorga permisos para la compra de armas- seguirán libres.
Este hombre sin cabeza es simplemente eso, un monstruo, el emergente de una sociedad que lo creó y que ahora lo rechaza porque supone que al hacerlo se distancia de su propia enfermedad. Martín Ríos es además una figura triste, como la de la mayoría de los monstruos. Y una víctima de su circunstancia, como también lo eran Frankenstein y Drácula. Ignoro si los niños que lo ven pasar a diario en sus televisores tendrán o no pesadillas, como yo imagino; pero si las tuviesen, no estarían equivocados.
[Publicado el 17/8/2006 a las 10:57]
"La verdad puede tardar, pero siempre encuentra alguna forma de arañarnos la piel"...
Me impresiona saber cómo la ineptitud de un Estado puede ser el detonante de una tragedia...
Pero me aterra que sea un núcleo social y familiar el que geste a los 'monstruos'... que al final de cuenta termina siendo la víctima de algo más... como lo fue el monstruo de Frankenstein...
Comentado por: Eduardo Varas Carvajal el 17/8/2006 a las 20:21
Martín Ríos es además una figura triste, como la de la mayoría de los monstruos. Y una víctima de su circunstancia, como también lo eran Frankenstein y Drácula. Ignoro si los niños que lo ven pasar a diario en sus televisores tendrán o no pesadillas, como yo imagino; pero si las tuviesen, no estarían equivocados.
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¡Prefiero a Dracula, querido Marcelo! Además Drácula es un mito erótico de primer orden; no lo olvidemos. A los trece años nunca me provocó pesadillas; algo de miedo sí, por supuesto, pero no hasta el punto de alterar mis sueños.
Pero los monstruos de hoy... Esos que obtienen tanto espacio en los noticieros...
Tanta tristeza...
Comentado por: Nicolás el 17/8/2006 a las 19:46
Alicia, Wendy, Dorothy, Peter son mi antídoto.
La violencia televisiva a mí no me aporta nada. De hecho hace mucho que ya no veo la televisión. Me mantengo informado de otros modos.
Comentado por: Javier Andrade el 17/8/2006 a las 19:33
Yo veo poco los noticieros nacionales porque pasan demasiada crónica roja (enfocan los cuerpos en la morgue, los familiares llorando, etc.), pero ayer me tocó ver y quedé afectada: madre mató a sus 3 hijos y luego se suicidó, hombre mató a su hermano (aparentemente en un momento de locura religiosa), una pareja de esposos asesinados supuestamente por haber denunciado un robo meses atrás.
¿Cómo podemos interpretar eso? ¿Son hechos aislados o forman parte de toda una sociedad enferma? Pero si es así, esta sociedad lleva enferma años, porque desde hace siglos se han producidos crímenes similares.
Mientras veía el noticiero me preguntaba: ¿qué me/nos aporta ver noticias cómo éstas? ¿Conocer más la maldad humana? ¿Asustarnos más? No tengo la respuesta.
Comentado por: Fátima el 17/8/2006 a las 16:09
Marcelo
Ayer encontré un libro para niños bastante interesante, sobre una mujer que anda por la vida con la cabeza metida dentro de su bolso. Creo que sería la imagen opuesta a la que se puede acceder en los medios de esta persona siniestra que hoy ocupa la pantalla.
El libro se llama "La Cabeza en la Bolsa" y lo escribió e ilustró Marjorie Pourchet. "Fondo de Cultura Económica" es la editora y está dentro de la colección de libros infantiles "A la Orilla del Viento" Tal vez la lectura del mismo alivie las pesadillas de muchos niños y de algún adulto, y evite que, al menos por un día, sigamos alimentando al monstruo que crece debajo de la alfombra con la basura de cada día.
Aclaro que esto no es ningún chivo. solamente quiero aportar una gota de agua a esta corriente de voluntades por un mundo mejor.
Un saludo.
Comentado por: José el 17/8/2006 a las 16:07
Su artículo de ayer era muy alegre; en cambio el de hoy... Claro que ayer hablaba de Alicia, de Wendy, de Dorothy... Unas figuras que animan a cualquiera, que nos devuelven a los niños que una vez fuimos y que quizás aún seamos. Al leer los comentarios de ayer, me dejó literalmente estupefacta, por cierto, que haya personas que no aprecian estos personajes. ¡Increíble!
Y también me asombró que el tratamiento que Moore les da en "Lost girls" pueda escandalizar a alguien. Bien, en los Estados Unidos seguro que esta obra puede causar mucho revuelo (ya sabemos que el rasero norteamericano a la hora de enfrentarse a obras con contenido erótico o pornográfico es mucho más estricto, más rígido que el europeo, que las acepta con mucha más naturalidad y comprensión. No es un tópico, creo yo, lo del famoso puritanismo yanqui). No les cuesta nada aceptar la violencia visual que contienen tantos de sus films, pero, ¡ay!, cuando se trata de ser un poco explícito por lo que se refiere a la pasión erótica...
Su texto de hoy me ha hecho pensar en una cuestión de la que se habla mucho desde hace unos años: la globalización; que en realidad, como es evidente, supone el intento de implantación a escala global del modelo socioeconómico-cultural norteamericano. La violencia freak ya no es privativa de los yanquis. También en España hay cada vez más violencia de este tipo. A otro nivel -pero relacionado con lo anterior- en los institutos españoles, por ejemplo, se observan cada vez más conflictos de tipo violento protagonizados por los alumnos (agresiones a profesores). Parece que se haya pasado de la balsa de aceite (al menos aparente) de hace unas décadas al total desconcierto actual. (De momento, sin embargo, en España aún no se hace pasar a los alumnos antes de entrar en el instituto por un detector de metales a fin de comprobar si llevan armas).
Bueno, querido Marcelo, ¿no cree usted que la revolución pasa por dar una nueva oportunidad a los personajes que pueblan nuestros sueños? Que no tiene por qué tener connotaciones eróticas...
Un abrazo.
Comentado por: Olga Trevijano el 17/8/2006 a las 12:01
Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.
Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).
Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.
Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.
La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara
Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil
Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara
El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara
Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura
El muchacho peronista (1992). Planeta
Filmografía
Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos
Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti
Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras
Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo
05/9/2008 17:20
Marcelo , porque no estas en...
Publicado por: Lilith
05/9/2008 15:33
Uy, Marcelo, tanto por leer, tan...
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