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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

lunes, 7 de julio de 2008

Blog de Marcelo Figueras

Mi bárbaro romance con los libros

Es habitual que uno escriba sobre obras y sobre autores, ¿pero por qué no escribir sobre los libros que hacen posible ese contacto? La relación con el objeto libro es física, porque es íntima: lo tocamos, lo maltratamos, lo exponemos a la lluvia, lo llevamos dondequiera que vamos. (La mayor parte de mis libros son libros viajeros: ¡han recorrido mundo!) Cada persona se relaciona con el objeto libro de maneras distintas. Sé de gente que los trata como si cada ejemplar fuese un incunable: cuidando que la sobrecubierta y la cubierta no se ajen, abriéndolo de tal forma que no queden marcas sobre el lomo, negándose a subrayar el texto a no ser que sea con un delicado trazo de lápiz… Comprendo este cuidado, porque expresa amor. Pero claro, al igual que en la vida, existen muchos tipos de amor. Yo amo mis libros, pero con un amor bárbaro. Allí están los pobres, magreados, gastados, subrayados con tinta, llenos de papelitos que en su momento sirvieron como señaladores… Mis libros se parecen bastante a la edición de las Historias de Heródoto que el conde de Almasy llevaba consigo a todas partes en El paciente inglés. En su interior siempre encuentro addendas que me hablan de quién era yo, y cuál era mi vida, en el momento en que incorporé ese libro a mi universo.

Anoche, por ejemplo, terminé de leer Atonement, la novela de Ian McEwan que se publicó en español con el título Expiación. Entre sus páginas encontré papel membretado del Gran Hotel Iruña de Mar del Plata, lo que me reveló que la novela me había acompañado algunos años atrás, durante el tramo final del rodaje de Kamchatka. En aquel entonces no la terminé: quedó postergada hasta este presente, ocasión en la que Marcelo Piñeyro (el director de Kamchatka, para potenciar la coincidencia) me sugirió que la leyese para estudiar su estructura narrativa. Ahora que la terminé se sumó a sus páginas el folleto de un curso avanzado de buceo, que recogí en mi gimnasio con la idea de rendir el examen para subir de categoría. Si en el futuro reviso las páginas de la novela nuevamente, comprenderé que mi relación con Atonement fue atormentada, y que la abandoné en un tiempo para retomarla, por fin con placer, varios años después.

Como Jorge Lavelli acaba de estrenar una nueva puesta y me dieron ganas de ir a verla al Teatro San Martín, esta mañana me puse a releer King Lear, en la vieja edición de Signet que, bajo el título Four Great Tragedies, incluye además Hamlet, Othello y Macbeth. El libro está sucio, a su tapa le faltan trozos y sus páginas están llenas de subrayados temblorosos. (En su primera página figura el escudo que adoptó la familia Shakespeare y su divisa, Non Sanz Droict, que significa no sin derecho: parece un comentario sobre el derecho que me asiste a la hora de maltratar los libros que amo). Me detuve al final de la Escena I del Acto I, usando como señalador un pequeño rectangulito de papel que ya estaba entre sus páginas. Dice Observation Deck, $ 12,50, Top of the World, lleva al pie una fecha casi imperceptible (1999) y tiene por ilustración dos manchas azules que a primera vista parecen tan sólo un motivo geométrico y después se revelan como la imagen de los edificios cuya entrada franqueaban: las torres gemelas del World Trade Center –un sitio que ya no existe, y que hoy suena tan fantástico como la Inglaterra pre-cristiana de Lear.

Cada uno trata a sus libros como puede, o como quiere. Es probable que a mi muerte mi biblioteca carezca de gran valor de reventa, porque sus ejemplares estarán bastante golpeados; pero cualquiera que revise mis libros tendrá fácil acceso a mis obsesiones (los subrayados las revelan), a claves que hablan del momento en que fueron leídos –y lo más importante: entenderán que mi relación con ellos siempre fue intensa, porque todo amor que vale la pena deja marcas.

[Publicado el 05/7/2006 a las 09:46]

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Comentarios (7)

  • te admiro mucho, porque yo tammpoco eh maltratado un libro y cuando lo hago me salen lagrimas del corazon... yo nunca eh sido feliz, y cuando leo un libro imagino un mundo hermoso, en el que jamas vivire...

    Comentado por: mary el 18/10/2006 a las 03:23

  • Todavía recuerdo una discusión que hubo hace años entre mis hermanos, acerca de lo procedente de marcar o no los libros: si los marcas, influencias al siguiente lector acerca de lo más importante del libro, si no los marcas, tú mismo te pierdes de resaltar lo más importante, que te podría servir para revisiones posteriores.

    También discutían acerca de si debía haber o no preguntas después de una charla. Si no hay preguntas, ¿es que quedó todo claro o es que nadie entendió nada? Algo bizantinas, las charlas.

    Comentado por: Fátima el 06/7/2006 a las 16:53

  • Después de leerle, recordé una anécdota personal y publiqué este comentario en mi blog.

    Sobre escritores y libros

    Tengo la costumbre de leer lo que otros me recomiendan, sobre todo si se trata de novelas. Estoy convencida que al aceptar la lectura sugerida, conozco un poco más a quien la invita. Si me prestan el libro, examino las acotaciones del dueño como si fuera parte de la trama. Por eso, me pareció muy interesante el comentario de Marcelo Figueras en su blog.

    De acuerdo a Figueras, quien revise sus libros tendrá fácil acceso a sus obsesiones debido a las marcas y subrayados que deja en éstos. Yo añado, que quien explore los libros que otro ha leído también se topará con las frases e imágenes que tomó prestadas. Eso no tiene que ser malo, pero, como lectora, sé que es decepcionante descubrir que la obra más ingeniosa de un novel escritor estaba noventa por ciento plagiada de otro autor, uno muy admirado por él y poco reconocido por muchos. De primera instancia, me sentí engañada, luego justifiqué su falta de originalidad con el viejo método de aprendizaje que es la imitación.



    Comentado por: Atelier409 el 06/7/2006 a las 03:22

  • pues sí, los libros son los mejores compañeros de cama. te abrazan con sus historias o se dejan abrazar hasta cuando ya no puedes más y simplemente te duermes, sin necesidad de explicar nada, ni de fingir nada si lo único que quieres es entregarte a Morfeo (o Morbonito como le digo yo;)
    todos los que nos relacionamos de manera muy cercana a los libros, tenemos nuestros propios códigos con ellos. yo también soy de las que subrayo con lápiz o esfero, con resaltadores de colores, vertical y horizontalmente, por eso también mis libros registran parte de mis impactos al entrar en contacto con ellos. por eso sufro cuando leo libros prestados, porque no puedo hacer esto. a veces, si el libro me es muy crucial (será esta la palabra?;) lo compro, lo vuelvo a leer y allí sí, me entrego al placer mezquino de gozármelo todo nuevamente. My way, já!! ;-)

    Comentado por: lolichka el 06/7/2006 a las 01:16

  • Di quell´amor ch´è palpito
    Dell´universo intero

    Misterioso, altero,
    Croce e delizia al cor
    ( De La Traviata, de G. Verdi)
    Es una cita en un libro
    no lo traduzco, pues se entiende

    Croce!

    Sí, es curioso lo de los libros, a veces los leo con guantes, otras en el atril, otras arranco páginas, subrayo, y lo aparto para vivir... qué curioso leer
    Estoy releyendo La Señorita Smila de Peter Hoeg (Fabula Tusquest) y su especial percepción de la nieve(con la "o" partida)

    "Creo-dice lentamente- que lo de ayer fue una prueba. Porque lo que está claro es que no resulta nada fácil de echar una carga de tal envergadura por la borda.."

    ...Te puedo dar mi palabra ( dice unos párrafos después)

    Lo sé todo sobre el mar...
    Y recuerdo el libro "El callejónde los milagros" de Naguib Mahfuz

    En un momento dice:
    - Los libros!- exigió con expresión tajante

    un párrafo y dice: Queda absolutamente prohibido fumar en la casa 8 ni puros Habanos)Ahora tráeme los libros, aprisa!
    ( no son mis preferidos los escritores del Cairo... pero Mujer y Mirra... bueno...)

    Es cierto que te atrapan los libros...
    Enea

    Comentado por: Enea el 05/7/2006 a las 16:29

  • “Cada uno trata a sus libros como quiere, o como puede”
    …e incluso pudiera ser que les dejáramos nuestra olor impregnada, igual que se nos queda en el cuerpo el olor de los amantes con los que nos revolcamos.
    Cuando me los prestan los huelo, para saber más. Al prestarlos intento borrar todos los rastros, menos los imposibles. En los de las bibliotecas, el olor es de orgía, demasiado fuerte. Demasiadas sorpresas o decepciones en los que heredas. Y en ellos a veces veo el tiempo, como en un espejo, viajando por los diferentes tonos de amarillo, desde el más añil de mi primer “Las mil y una noches”, principio de mis cuentos, hasta los de hoy mismo, inmaculados, blancos, de Sándor Márai.

    Comentado por: serpientesuya el 05/7/2006 a las 16:21

  • Comparto con vos. Soy de las que subrayan los libros, escribe en los márgenes (con mis Pilot G-2, tinta azul) y también guardo papelitos en medio. Una época hasta guardé dinero entre algunos libros (dizque para ahorrar), y después se me olvidaba y meses o años después, buscando algún dato en el libro, oh sorpresa, me encontraba un billete de 20 o 50 dólares. Esas sí que eran buenas sorpresas.
    Muchos saludos.

    Comentado por: Jacinta el 05/7/2006 a las 14:52

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Biografía

Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.

 

Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).

 

Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.

 

Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.

Bibliografía

La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara

Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil

Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara

El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara

Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura

El muchacho peronista (1992). Planeta

 

Filmografía

Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos

Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti

Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras

Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo

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