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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

domingo, 6 de julio de 2008

Blog de Marcelo Figueras

TV or not TV

Una de mis hijas suele decir que prefiere nadar en aguas turbias, porque no le gusta darse cuenta de que el mar está lleno de peces que le pasan demasiado cerca. Yo, en cambio, prefiero las aguas claras y transparentes, porque la contemplación de las criaturas marinas no sólo me impide olvidar que formo parte de un entorno, sino porque además me produce un placer estético. Cada vez que repetimos este pequeño intercambio de opiniones, no puedo evitar pensar que mi hija y yo hablamos de algo que va mucho más allá de nuestras preferencias natatorias.

Me asombraron algunos de los comentarios que recibí a partir del blog del viernes pasado, donde se hablaba, entre otras cosas, del contacto con la realidad (o de la falta de él) como parte de la educación de los niños. Descubrir que todavía hay gente que considera posible negar a la televisión me tumbó de espaldas. Yo estaba convencido de que esta discusión había caducado hace no menos de tres décadas, y que a partir de entonces habíamos asumido que la televisión (y todas sus extensiones creadoras de realidad virtual, como por ejemplo la internet en que este texto circula) ya formaban parte indivisa de nuestro paisaje mental; la discusión pendiente, en todo caso, era por una parte cómo utilizar esos instrumentos para crear consciencia y comunión y arte en lugar de más barbarie, y por la otra cómo enseñar a “leer” y a relacionarse con los significados que produce. La televisión basura y los usos degradantes de la internet deberían ser un recordatorio cotidiano de que esta discusión está lejos de haber sido zanjada, y que deberíamos aplicarnos a ella en lugar de pretender el regreso a una Arcadia que no sólo es imposible, sino además reaccionaria, porque supone que el precio de nuestra felicidad puede ser pagado a costa de la negación de todos los demás.

Lo que me inquietó fue intuir que detrás del rechazo a la televisión asoma la tentación de cerrar puertas a la verdad; una preferencia por nadar en aguas turbias, aun cuando esto suponga optar por no ver al tiburón que se me aproxima. Yo prefiero ver, qué quieren que les diga. En los años que llevo de vida, no he encontrado nada que me convenza de que la ignorancia es mejor que la consciencia. El otro día leí en alguna parte que envejecer es aprender a contemplar en 360 grados, aprender a ver la totalidad del panorama, y yo creo que medios como la TV e internet colaboran con esta tendencia: nos ayudan a estar más conectados con lo que ocurre, pero en especial nos ayudan a abrirnos a la existencia de los otros. Yo creo que vivo mejor en la certeza de que existe otra gente a la que le pasan cosas de las que me preocupo por tener noción: mi espíritu se siente más conectado y me vuelve más solidario aun cuando no pueda hacer algo concreto por todos ellos, porque me consta que en cada pequeña cosa que hago por mi vecino estoy tendiendo la mano también a mi hermano de Irak, o de Bolivia, o de Ghana. Y que quede claro que no he dicho que vivo con menos sufrimiento, sino que vivo mejor.

A mi la televisión, y la información en general, no me anestesia: me sensibiliza. Estar al tanto de las barbaridades que ocurren sólo es desmovilizador para alguien que de todas formas no pensaba mover un dedo para hacer otra cosa que autosatisfacerse. Si algo bueno hace la televisión es demostrarnos cuán imposible es construir una felicidad individual duradera en el mundo de hoy. Ahora nos consta que la Tierra es una nave que todos compartimos, para la que por el momento no hay repuesto; y que si decidimos dar la espalda a esta responsabilidad no podremos quejarnos cuando la nave se hunda o se convierta en un sitio inhabitable –por catástrofe ecológica o por crueldad política. Esto es algo que ya entendía Edgar Allan Poe mucho antes de la invención de la televisión: es posible jugar durante algún tiempo dentro del castillo (o del barrio privado, o del country) mientras la mugre, la violencia y la miseria campean afuera, pero tarde o temprano la muerte roja encontrará la manera de colarse en nuestro mundo feliz. Y entonces será el fin, y habrá un llanto y un rechinar de dientes que bien podría haber sido evitado de no haber sido tan ilusos, ¡y tan egoístas!, los habitantes del castillo.

No puedo juzgar a la Elizabeth Costello de Coetzee más que por el fragmento que alguien colgó en el blog, pero considero que esos párrafos avalan mi razonamiento. Por supuesto que enterarme de las insondables crueldades que el ser humano ha cometido y comete me hace sentir sucio y lleva a mis labios el mismo grito de ¡obscenidad! Pero creo que no existe forma de arribar a la mejor versión de mí mismo que no pase por la asunción de mis propias miserias; yo necesito entender que ese nazi y ese genocida argentino participan de mi misma humanidad, que su existencia me interpela y me pone a prueba constantemente, porque no se diferencian de mí en nada –en nada que vaya más allá de sus elecciones. Y lo único que se aproxima a una garantía de que yo vaya a tomar decisiones diferentes a las de estos señores en situaciones similares, es la posibilidad de llegar al momento de la decisión habiendo visto en 360 grados, habiendo nadado en aguas claras, habiendo entendido que ese chinito que reclamaba en la Plaza Roja y esa mujer castrada en Mauritania y ese bebé muerto por el cañoneo israelí soy yo mismo, yo, los míos y mis hijas, tan sólo con diferentes disfraces -una consciencia que en buena medida debo a los diarios, a la internet y a la televisión.

Lo que me tranquiliza respecto de mi hija es la consciencia de que sabe, y se preocupa por saber, en qué mundo vive. Su preferencia por las aguas turbias se limita al mar y a algunas zonas de su historia que ya revisará con el tiempo. Yo no sería un buen padre si no le diese margen para crecer a su propio ritmo. A pesar de saber con fundamento cuán necio puede ser, no pierdo la esperanza en el animal humano.

[Publicado el 19/6/2006 a las 10:29]

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Comentarios (7)

  • Me encanta ocultarme, Giulius.
    Como el protagonista de Kamchatka: me encanta coultarme.

    Comentado por: Lucio el 19/6/2006 a las 22:34

  • De acuerdo hasta cierto punto, Amaranta. Porque los compromisarios (es decir, los socialdemocratas), son los compromisarios.
    No me obligue a decir más, Amaranta. No soy dictador, ni marciano, ni negro, ¡ni paleto!
    UN RESPETO.


    P.S. Lucio,¡te necesitamos! No te rajes,por dios. Eres imprescindible. Mi amor.

    Comentado por: Giulius el 19/6/2006 a las 22:33

  • Estoy de muy de acuerdo con Fátima.
    ¡No me obliguen a decir más!
    Abrazo.

    Comentado por: amaranta sarmiento el 19/6/2006 a las 22:28

  • En lo personal, cuando comento mi censura televisiva a mis hijos, menores de 9 años, recibo críticas porque no los considero como adultos pequeños. Yo creo que los niños pequeños no son capaces de asimilar la información tal como la procesamos nosotros. Si un niño tiene la ‘inocencia’ que le permite creer en Papa Noel (figura que no existe en mi mitología casera) , no puede digerir correctamente un “Macheteó a su hermano por mirar a su novia”. Ni que pueda mirar indiferente un “¡Desgraciada, te arrepentirás del día en que naciste, te quitaré a tu hijo, pérfida!”, que se puede ver en cualquier telenovela que se precie de tal.

    El mundo no es eso, esto es, el mundo no es, necesariamente, todo lo que nos muestran en televisión. La triste realidad: policías corruptos (eso es difícil de explicar a un niño que sigue las normas y respeta las autoridades), invasiones a otros países, hambrunas, etc. no la pueden asimilar a cualquier edad. Y más que nada, el “sensibilizarse” frente a esa realidad es algo que los padres deben inculcar (en nuestro caso, también habrán padres que les dirán a sus hijos que no se preocupen por tonteras).

    Por otro lado, yo pienso que como padres deseamos transmitir nuestros valores a nuestros hijos (la decisión final estará en manos de ellos, obviamente). Si pienso que ver telenovelas no aporta nada a mi vida, ni siquiera distracción, no voy a considerar aceptable que mi hijo las vea.

    Además, el mundo está ahí, nada evitará que lo conozcan. Llevarlos de la mano en esa senda de conocimiento me parece maravillosa, pero es una seda, poco a poco, todo a su tiempo.

    Comentado por: Fátima el 19/6/2006 a las 22:01

  • Estimado señor Figueras:
    Como usted entenderá, me expresé en un plan muy absoluto%
    Hay programas de televisión excelentes. Si fuese padre, no osaría prohibir "Barrio Sesamo" a mis nenas.
    No se trata de eso. Me refería a que los medios de formación de masas, de FORMACIÓN, no son en absoluto inocentes: son manipuladores y nos muestran lo que les interesa mostrar.
    No es necesario enchufar el televisor para estar informados. Los diarios no nos muestran la miseria tan en directo como los noticieros.

    Usted dice: "Lo que me inquietó fue intuir que detrás del rechazo a la televisión asoma la tentación de cerrar puertas a la verdad".
    Está usted equivocadísimo, al menos por lo que a mí respecta.
    1) Por un lado la televisión no nos muestra ninguna verdad. Nos muestran imágenes. Una imagen no es por definición verdadera. Las imágenes que vemos son las que interesa que veamos.
    2) Mi verdad no es la verdad de los noticieros.


    Mi Arcadia no es reaccionaria. Mi Arcadia es bella. No soy reaccionario. Le asombraría saber cuantos me tachan de amoral. Porque no sigo la corriente, eso es todo.
    No necesito estar conectado a mis semejantes mediante la tele.
    Sí, ahora estoy conectado a usted a través de la internet (¡todos tenemos contradicciones!).
    No deseo huír de la verdad. deseo un mundo más justo y bello. La televisión me contamina. Me desanima (hable en general, se lo repito. es genial que usted disfrute con "Lost": nadie se lo discute).
    Los medios de comunicación de masas conforman a la gente: la hacen a su imagen y semejanza (a imagen y semejanza de los asesinos del alma).
    No desconozco los medios de formación de masas. Los conozco muy bien, incluso demasiado bien. Sé de verdad -y perdone lo que quizás usted considere inmodestia- muy bien de lo que hablo.

    ¿No leyó a Elizabeth Costello de Coetzee? No sabe lo que se pierde. Se la recomiendo fervientemente. Se aleja de los tópicos que alimentan a tantos.
    Quizás sí leyó a Frédéric Beigbeder: "13,99 euros". Vale realmente la pena. Es la historia de un publicista que deja de serlo asqueado de ese mundo corrupto en el que trabaja (la publicación del libro le valió, por cierto, a
    a Frédéric, la expulsión de la empresa en la que trabajaba como publicista). Publicidad y televisión son un binomio indisoluble.
    Un abrazo.

    P.S. Soy un personaje de ficción: no lo olvide nunca. A veces me obligan a decir unas cosas... Unas cosas tan, tan absolutas...

    Comentado por: Giulius el 19/6/2006 a las 21:51

  • Concuerdo con Marcelo, es mejor el conocimiento que la ignorancia, sin embargo, también creo en que se puede elegir las fuentes de ese conocimiento. Como tal, en el tema noticioso, la mas morbosa y sangrienta fuente suele ser la televisión, al menos lo es acá en Ecuador y por lo que he visto en gran parte de Sudamérica. Se maneja un estilo que privilegia el sensacionalismo y la sobreexposición del dolor. Por eso, elijo no ver noticieros a diario y si, leer los periódicos y el internet.

    Respecto a los niños frente a la tv y otros medios, yo creo en la educación crítica, que se logra, si, acompañandolos pero se que no se los puede acompañar siempre. Se impone darles criterios de juicio, enseñarles a cuestionar, a diferenciar lo real de la fantasía y sobre todo a no abandonar la humanidad frente a la violencia, la indiferencia, el consumismo.

    Ademas, la tele tiene cosas lindas que pueblan nuestros propios recuerdos, ¿por que iba yo a privar a mi hija, por ejemplo, de un Plaza Sésamo?

    Comentado por: Mayté el 19/6/2006 a las 16:55

  • Es problema no es prohibir o no la televisión, el verdadero problema es dejarlos solos frente a ella, sin acompañarlos, sin ayudarlos a descubrir la realidad.

    un abrazo

    Comentado por: maria guilherme el 19/6/2006 a las 12:50

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Biografía

Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.

 

Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).

 

Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.

 

Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.

Bibliografía

La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara

Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil

Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara

El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara

Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura

El muchacho peronista (1992). Planeta

 

Filmografía

Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos

Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti

Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras

Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo

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